Revista Antioquia

Fernando González

1936 – 1945

Antioquia 15 / 1945

Veinte de julio de 1945

La renuncia

¡Ya renunció este pícaro! ¡Ya se va! Vine de madrugada a contárselo a mi cuaderno. Te digo, panfleto, que ya no estoy viejo…; que anoche se paseaba por mí el remordimiento, porque ese hombrecito estuvo en casa, y luego estuvo parado en la cerca, cuando vino dizque a regalar un parque… Fui lopista…, porque un día me enojó el trasudor de mi sombrero y me grité: «¡Yo también…! También seré como estos “industriales”, como estos “primados”; yo también soy “antioqueño”; seré del “régimen”; seré amigo de Chicharrón, el que maneja las escuelas y que le escribió a López, así: “Ya se está muriendo Alejandro Ángel… Aquí hay un amigo suyo para perito en esa sucesión”».

¿O es que ustedes estaban creyendo que soy un santo? ¡Un atado de remordimientos! Un enredo de remordimientos que oye un ruiseñor por la mañana y un búho en las noches oscuras.

El sucesor

Oh, Virgen del Perpetuo Socorro, ¡que no vaya y este «régimen», al no poder imponernos al paje N° 1, Echandía, nos imponga al paje N° 2, Lleras Camargo…! ¡Lleras! Así se llamaba el editor y comisionista de las boletas anónimas y de los «negocios» de aquel cobarde soldado, Santander.

La herencia

¡No deja nada! ¡Acabó con todo! Ni juventud, ni maestros, ni religión, ni vírgenes… No deja sino «negocios». Campos desiertos; negros atarugados: un materialismo histórico propio de los hijos de Miguel (Michelson). Loterías, empréstitos; las mujeres, con una cadera caída, y los hombres, con todo caído.

Sólo uno permaneció firme: Laureano Gómez. Yo no. Le escribí carta a uno (¡si supieran quién es!), en que decía: «Admiro sus virtudes»… ¿Sus virtudes? Pero fue, hijos míos, porque Marco Arango, un gerente de un banco, no quiso prestarme plata «para una necesidad», y se la prestó a otro que era del «régimen», porque no la necesitaba. ¿No veis? Soy pobre, pero honrado, «si acaso el pobre puede ser honrado» (Cervantes).

En fin, ya este hombrecito se va, con la plata y con el muerto, pero se va… ¡Está cantando un «cucarachero»!

¡Sea glorificado el Señor! Viviremos de nuevo. Comienzo a recordar aquella muchacha que me tentó, muy despacio… ¿En dónde tenía el quid? ¿Sería en los dientes mamones, algo montados el uno sobre el otro, o sería en ese cierto caminar algo de lado, echando para adelante el sexo…? Caminaba como desafiándome, o como burlándose y a ratos despreciando mis tentaciones… ¡Cómo me hizo padecer! Era un infierno en llamas, pero deleitoso, e incitó mi progreso moral… En fin, ya se va este hombrecito que nos secó el vino de la vida… ¿No resucitaremos? ¿Dónde estás, Carolina? Se llamaba Carolina.

Carolina

Tenía los dientes mamones algo montados el uno sobre el otro, y creo que allí estaba el secreto de mi obsesión. Pero no estoy muy seguro, porque también caminaba de un modo desafiante.

¿Cómo era? Su imagen es ya borrosa; pero creo que en su caminar algo de lado y prognata la región sexual estaba el quid.

Creo verla, pero no es bien preciso el recuerdo, porque tres años de gobierno de este pícaro me han envejecido.

Ella era algo desafiante, un no sé qué burlón o despreciativo, o quizá provocadora.

Ella vivificó (esto sí lo sé) al demonio que habita en mí, enloquecedor, rey de infierno deleitoso: infierno, porque no podía atender sino a la imagen de la muchacha, y deleitoso, porque cada partícula mía la anhelaba. ¿Con qué voy a compararla? Con la imagen del agua en un desierto. Era un deleite en llamas.

Sí, la vergüenza me ahogaba, pero era lascivia pánica, enfocada en esa imagen desafiadora, echada la región sexual para adelante.

¡Perderse, anonadarse en deseo ciego! Quisiera repetir esta experiencia.

Vino luego el viaje a la región de los dioses pétreos. Al partir, sentí un desgarrón, como si mi conciencia se hubiera arraigado en la muchacha. No volví a recordarla voluntariamente, pero habitaba en mí. Por las llanuras ardientes de los ríos sedientos, la llevaba. Bajo el viejo puente de uno de ellos, encontré una joven, esa sí diosa de mundos extraños: descendió, solemne el paso, majestuoso e inocente el sexo, pies desnudos y tentación desnuda, acristiana, por el sendero entre el arbolado. ¿Una reina, acaso? Iba a lavar ropa…

Cuando volví, el demonio había muerto, y una tarde contemplé cómo Carolina buscaba al peón… ¡Qué vergüenza cristiana…! Y así fue como murió en mí ese demonio que ahora evoco con pena y con amor: son regiones por donde pasa el espíritu, padeciendo.

Ahora, cuando se va este pícaro de López, me agrada comparar las conciencias con los imanes: cada una tiene su campo. Una conciencia que ocupe nada más que la calle de Junín: esa es la de estos medellinenses, Londoños hijos de Gelo. Qué nombres tan raros estos de la raza maldita, de la tribu perdida: ¡Londoño, Jaramillo, Arredondo…! Conciencia que cabe en un peso papel moneda. Otra conciencia que ocupe de Ancón de La Estrella a Ancón de Copacabana, y los sucesos y emociones del pueblo. Otra que ocupe del Caribe al Amazonas, y así, hasta conciencias de toda la Tierra y humanidad; de la historia humana y su futuro; de los macroorganismos y microbios, y una conciencia pánica, la del animal completísimo…

Y mi perro Mamatoco ha estado ausentándose de día y llorando todas estas noches: lloro muy triste, invocando. Padece lo que padecí. Llama a Carolina. ¡Pobre animal! Al fin y al cabo, yo sabía que pasaba por el reino de un dios elemental y que «pasaría», y eso me ayudó…, mientras que este pobre perro, ciega la conciencia, es todo él Carolina. ¡Qué horrible su llanto desolado en la noche!

Pero, cómo estoy de contento porque se va este pícaro de López y porque sé que todo pasa, que padezco, luego asciendo.

¿Dónde estará Carolina?

En 1943, cuando estaba en su apogeo el reinado de este pícaro, me sentí tan envejecido, tan manoseado, tan prostituido, que una noche sobre el puente viejo de La Ayurá compuse estas quejas que siguen y que deseo publicar para que después sepan lo que padecieron los universitarios cuando gobernó o maltrató este Mal Hijo Coronado:

Vejez

(Octubre de 1943)

Triste equivale a viejo:
inútilmente pasan las horas;
metal sin eco, campana rota,
vaso con fisura
es el cuerpo viejo.
El cansancio del viejo es anticipado:
es desgano
como de líquido espeso en el tubo.

Hay cansancio, y cansancio de viejo:
aquél, hasta cosquillas hace de gusto.
Y hay tristeza y hay mil cosas,
pero sólo hay una vejez,
asquerosa,
lo único asqueroso y lo único infernal.

El aura del viejo es húmeda y fría
como los vientos de noviembre,
que son brujas
arropadas en sudarios
sudados por muchos muertos
colombianos.

Lo más asqueroso que hizo Dios
es Colombia 1943.
¿Comprendéis?
¡Llegar a viejo en Colombia…!
«¿Dónde está el maestro?»,
preguntan unos borrachos colombianos
en mi puerta…
El maestro será vuestra p… (1) madre,
vuestra p… (1) patria y
vuestra p… (1) crónica,
alias «historia».
Un hálito de sudarios sudados
por muchos muertos es Colombia;
muertos ensuciados, hedientes,
presidentes muertos,
y sus hijos y sus madres
que fueron unas trilladoras.

Choferes, de automóviles traídos de U.S.A.
a cambio de todo…
El hijo del Manco es del Sindicato;
es rey de choferes,
y el hijo de Eugenio
es el que manda las escuelas…
Un hálito de sudarios nos enfría.
Y mi vecino Chucho Marulanda
está bebiendo con Arango Tavera
hace días… Ahítos de ganancias,
vinieron a digerir lucros,
y sus almas son frías y húmedas,
y lisas y se sienten en
La Huerta del Alemán.

Lo peor fue que ese López
se paró en la alambrada
de mi Huerta del Alemán,
y enantes vino y entró a casa
«a ver al maestro»…
«Maestro» será vuestra crónica,
alias historia,
¡vuestra… madre!

Y creí que bebiendo olvidaría
y no sentiría los hálitos.
Beba, beba la bebida
y reciba las escupas,
¡las babas de las Américas!

El ministro es uno gordo
como un tonel;
contrata las carreteras
y trabaja con la lengua.
Vuestra crónica,
vuestra madre,
¡patria de los «Santos»…!

— o o o —

El mal hijo coronado

I

No hay que afanarse por comprobarle el delito, pues la actuación sucesiva del asesino es asesina y es la prueba. Así es como se expresa el rey asesino Ricardo III:

«… But I am in so far in blood, that
sin will pluck on sin».

«… pero estoy tan metido en sangre,
que el pecado brotará del pecado».

II

Y llegado a este abismo, el asesino no encuentra a su alrededor sino pajes, porque

I will converse with iron-witted fools,
and irrespective boys; none are for
me that look unto me with considerated
eyes… ¡Boy!

Me rodearé de pajes, pétreas conciencias,
porque ninguno bueno me mira
con ojos amistosos… ¡Paje!

Page

¡My lord!

Paje

¡Señor!

King Richard

Know’st thou not any whom corrupting
gold would tempt into a close
exploit of death?

¿Conoces alguno a quien el oro
corruptor tentaría para un secreto
asesinato?

El Paje busca asesinos para «close exploits of death». Veamos:

Page

I know a descontented gentleman,
whose humble means match not his hauthy mind.
Gold is as good as twenty orators,
and will, no doubt, tempt him to any thing.

Paje

Conozco un caballero descontento
cuyos humildes medios no casan con su ambición:
el oro es tan bueno como veinte oradores
y lo tentará para cualquier acción.

Grabemos estas sentencias:

Los tiranos se valen de los pajes para buscar ejecutores materiales. Los pajes los hallan entre los descontentos cuyos bolsillos no casan con las ambiciones, y los compran con oro, porque:

El oro es mejor que veinte Cicerones.

III

El Mal Hijo Coronado se aprovechó de la guerra universal para robarse el Banco y dárselo al jefe de los judíos de «la oposición» en esta caja Marvin que es Antioquia, porque:

Gold is as good as twenty orators.

Se robó la cervecería holandesa, para los Chuchos, para los hijos y para todos los salteadores del camino…, porque

I know some descontented gentlemen…

IV

Pero… ningún odio es la milésima parte del que siente la prostituta por su corruptor.

Por eso, el tirano vive solo entre sus remordimientos y es monologuista. Mientras dispone del oro y de las otras vanidades del poder, tiene pajes y ejecutores que lo llaman:

«La conciencia moral y política más alta de Colombia».

[Un diario de Medellín, número de hace pocos días].

Pero…

Yet remember this:
Those who follow him hate him.
For what is he they follow? Truly, gentlemen,
a bloody tyrant and a homicide.

Porque, recordad esto:
los que le siguen lo odian.
Porque ¿quién es ése al que siguen?
En verdad, caballeros,
un tirano sangriento y un homicida.

V

¿Quién ama al tirano? Ni siquiera él se ama, pues la conciencia (él mismo) no lo deja dormir. Por eso

King Richard’s monologue

What do I fear? Myself?
O, no, alas, I rather hate myself
for hateful deeds committed by myself!

¿Qué temo? ¿A mí mismo?
Oh, no, ay de mí, me odio
¡por odiosos hechos de mi yo!

VI

¿Quienes odian más al tirano? Sus «amigos», pues lo miran como causa de su prostitución.

«Odio es el sentimiento que acompaña al paso de una mayor a una menor perfección, asociado de la idea de alguien como su causa». (Spinoza).

VII

¿Cómo acaba el tirano? Así

King Richard’s last monologue

I have set my life upon a cast
and I will stand the hazard of a die…
A horse! A horse! My kingdom for a horse!

Jugué mi vida a los dados… y
¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!

VIII

Anuncian que ese «hombrecito» se va; que los dos designados [boys] renunciaron.

No se irá. Sus boys compraventan. Los «ricos» y «todos» le suplicarán que se quede. Los ladrones guardan su tesoro y tiemblan. Pondrán ahí al paje Lleras Camargo para tapar los hoyos en que están los muertos.

My kingdom for a horse! Eso gritan angustiados los tiranos en Europa, porque allá hay hombres. Aquí hay homínidos.

IX

La muerte les tiene asco a los tiranos de Colombia.

X

Los generales Piedrahíta están blindados con cruces de Boyacá. Los Lleras tienen cordones, grados honoris causa, y «todos» creen todo lo que leen.

Parece mentira que esto se llame así, tan hermoso: Colombia. Debía llamarse… ¿Cómo?

Finisterrae.

— o o o —

Diario de Atehortúa [I]

Explicación

Cuando el buque principió a moverse, Atehortúa me arrojó este cuaderno que publico, gritándome: «Déjalo, que no quiero recordar a esta gente».

Antes, en el cafecito, me había dicho: «El que haya leído los escritos que se publican en Colombia y haya oído las frases hechas de que esta gente usa comprenderá lo que te digo, que sólo en mil años de estar manoseándose podrá aparecer aquí hombre que sienta lo que dijo el obispo Chichester al espíritu de su mujer, muerta ese día: “Espérame ahí…; no dejaré de ir a encontrarte, en el hueco valle”. Aquí, en esta montonera, dicen: “Se la comió”, “se lo pidió”, es decir, que todos, políticos, literatos, industriales, son materia amorfa de humanidad».

Atehortúa se fue para la Argentina.

Publico su cuadernito, en el cual trata de los últimos quince días de la presidencia de Eduardo Santos.

* * *

Julio 14 de 1942.

En el bolsillo de sobre el corazón guardé dos cigarrillos.

¿Cuántos de esos dos traeré mañana?

Veo al brujo, carón, emanante, dueño de sí mismo, del universo.

Poseo $1,00 en mi bolsillo. Debe durarme cinco días: 0,10 para venir y 0,10 para ir.

Cada década $2,00.

Si llegare a no necesitar, no seré santista, ni lopista, ni nada. Seré yo.

7 y 30 noche. He fumado tres cigarrillos desde las nueve y media. «El emperador Cómodo es muy hermoso en su estatua de mármol». ¡Triunfo! Mejor que todo es triunfar sobre sus pequeños hábitos.

Leyenda a la entrada de mi habitación: «Hacer de preferencia lo que más trabajo interior me cueste». Todo en orden de dificultad. No hay desocupados: hay muchas viejas que se caen y hay que levantarlas, por ejemplo.

* * *

Julio 15.

Cumplí programa, menos en que fumé tres cigarrillos.

Alegría, hija del dolor.

Tristeza, hija del placer.

Gocé mucho, porque el secretario de ese juzgado me maltrató con sus groserías y me contuve… Sobreponerse es un verbo muy hermoso. Colombia es lugar precioso para aprender a sufrir.

Eché dos cigarrillos en el bolsillo de sobre el corazón, para no fumarlos y para consolarme así de este don Antonio, a quien aguanté, como hace ocho días aguanté, paladeé y fui beato con el algodón que el dentista me metió entre los dientes.

Otro hubiera salido llamando mentalmente hideputa al secretario… No, hay que agradecer al Señor el haber creado así a Colombia, lugar precioso para llegar a la beatitud por el padecimiento.

No hablaré hoy. No montaré una pierna sobre la otra. Higiene mental, emotiva, fisiológica, espiritual.

Resultados: sensación de frescura; piel seca; sensación de euforia; cesación de ruidos arteriales; mejores audición y visión; nada de dolores reumáticos. La gente me parece hermosa necesidad. Deseo de trabajar. ¿Dormir? No sabe lo que es dormir sino el que se ha sobrepuesto.

Sólo es maestro el que a sí mismo se hizo, pues entonces enseña sin palabras a los otros a sobreponerse.

El pénsum es el siguiente:

1º. Salud.

2º. Atracción.

3º. Convencer sin palabras.

4º. Presencia salutífera. Ancha presencia.

5º. Belleza.

6º. Dormir, comer, conversar, caminar, etc.

«La gente» se imagina que nada vale si no tiene un nombre grande, como teología. ¡Pero si caminar es cosa de dioses! ¿Quién sabe caminar? Gautier tenía ancha presencia: era un dios. En Génova vi a otro dios. He visto como cuatro dioses, así, tan fugaces como el relámpago, y no pude averiguarles. El dios está escondido. El dios inmane y está dormido en todos nosotros. Lo malo estuvo en haberme casado, pues la familia necesita mucho y me hace santista y lopista. El filósofo no debe tener sino una donna di tempo, una «dentroderita» impetuosa. Lo demás es para ganaderos o para los del almacén, gentes sin cerebro.

* * *

Julio 16.

Cinco cigarrillos ayer. Suprimí el café. Hoy no hablaré. Emoción, ninguna; tristeza, nada; enojo, ninguno; preocupaciones, no. Iré donde el Secretario del Juzgado, adrede, para padecer.

El pénsum de hoy es el siguiente:

Conversar sin palabras. Convencer. Atraer. Atracción es la misma ley de la afinidad: nos suceden los acontecimientos que son de nuestra familia. Salud, fortaleza, belleza, poderío.

¡Qué mal, qué mal estoy! Fui donde Ospina. Dice que es congestión hepática evidente; que no hay cálculos; que ahora me llamará, apenas llegue Fernández Quevedo, que dizque sabe mucho de hígado y que «es amigo de la cuchilla».

Fernández Quevedo preguntóme de antecedentes clínicos; paludismo, sífilis, alcoholismo… Que va a tratarme muy bien, con mucho cuidado. Son amables. Yo creo que mi enfermedad es el haber aguantado al Secretario. El insulto que no dije me opiló el hígado.

* * *

Julio 18.

Dormí. Menos dolor.

Sirve el que sepa hacer alguna cosa. El valor humano se mide por el servicio. Aquí lo miden por los honores.

La energía que no se gasta se trasmuta.

La castidad convirtió al sexo en inteligencia.

El colombiano de hoy es un falo borracho y pretencioso. Aquí, el sexo lo trasladaron a la mano.

Todo curso universitario debe comenzar con ejercicios.

El brujo, el hombre milagroso, carón, peludo, pletórico, está delante de mí en el espacio y el tiempo, pues es proyectado por mí (pro-yec-to), (es mi hijo), y es mi padre, porque me engendra a su imagen.

Todos buscan al brujo

Sus deseos se cumplen. Es amable (digno de amor). Miles de seres esperan a su puerta. Es el millonario. Salutífero.

¡Dizque preocupados! ¡Qué idiotas! ¡No realizan que son dioses! El brujo puede. Sale y hace reír, llorar, esperar… Es creador o proyectista. El secreto está en que la imagen nazca en uno, nítida, y proyectarla. Proyectar la creación.

El brujo. ¿La brujería? Influir. Bendecir. Tejido sanguíneo. Crear, crear. Juventud. Poder… ¡Eres poderoso!

Serás grande (realidad). ¿Serás? Eres. Eres el potente. Inmanes.

El manto de Dios te cubre y cubre tu casa.

* * *

Julio 22 de 1942.

Dos días festivos. En casa, padeciendo, digiriendo a mis conciudadanos. Estúpido, purgado.

El brujo. Carón abstinente. Cementerio y sementera. Cementerio de reacciones y sementera de dioses. Es hijo y padre de sí mismo. Se asimila la imagen delantera: hijo de su imagen y padre de su imagen. ¿Cuál su alimento? La imagen milagrera.

Hoy, bien y mal son creados por la propaganda. ¿No podré crearme? Haré propaganda dentro de mí…

¿Autosugestión? No. ¿Me engaño? No. Me creo. Soy el brujo.

El placer es veneno. El placer es veneno. El placer es veneno. El placer es veneno. Vivid esto y seréis eternos. Esto venció a la muerte.

* * *

Julio 23 de 1942.

Dentro de 15 días bajará a las sombras Eduardo Santos.

Aquí glorifico a Dios y reconozco que me llena de gloria, aunque me haga morir. Si manco, poseo vida; si muerto, lo poseo a Él y, si me hizo nacer en Colombia, fue para que padeciera a este pasador de hombre, coronado.

Dios es santo. Dios es la verdad. Es la vida. ¡Alíviame, Señor, de este miedo que le tengo a los pasadores de hombre! ¿Por qué habrá tantos ahora, y exitosos? Presidentes, ministros, alcaldes, concejales, profesionales, las sociedades de MM.PP. y los clubes rotarios. En Envigado hay como ocho. Muchos sacerdotes lo son: hay uno por ahí, joven, que dice misa en el altar del Señor Caído y que persigue a los emboladores. Hay como diez millones de pasadores de hombres en Colombia, y todos están ricos.

El placer es veneno. El placer es veneno. El dolor es alegría. Eres humilde. Eres humilde. Eres silencioso. Eres cementerio… de reacciones. No eres pasador de hombre.

Cosas buenas: Silencio. Humildad terrena y leticia.

Cógeme con tu mano, porque el camino está oscuro. No veo nada; no veo ni siquiera el sol. Veo al rey de los cacorros, que dentro de 15 días bajará del trono.

Pénsum: No opinar. No malpensar. No entristecerse. El dolor es santo. Reconozco que el camino es el dolor. El Señor está en la amargura. Por eso es por lo que no somos cacorros.

* * *

Julio 23 de 1942.

Faltan quince días para que Eduardo Santos baje a los abismos de su insignificancia.

Pesé ayer 126 libras de a 460 gramos. 58 kilos. ¿Estará mala la báscula de Botica Junín, o será por habitar en la patria de los pajes?

Ritmo viene de un verbo griego que significa fluir. ¿Cuál es tu ritmo? Ahí tienes un problema vital. Según tu ritmo, así será tu vida en todos sus aspectos de duración y modos.

Nada milagroso he visto o sentido en Colombia: apenas una «dentroderita»: tenía un no sé qué en sus dientes montados el uno sobre el otro (los mamones) y caminaba algo de lado, como avanzando desfachatadamente la protuberancia sexual. Todo lo demás ha sido invertidos: Olaya Herrera, los consejeros de Estado, los gobernadores y los ministros. ¿Dónde habitará ahora la «dentroderita»?

* * *

Julio 24 de 1942.

Catorce (14) días faltan para que Eduardo Santos se hunda en su miseria nativa.

Los ojos de aquel brujo no eran de ningún modo, pero lo eran todo. Ni bondadosos, ni apasionados, ni rencorosos ni nada: eran energéticos.

Había llegado a la serenidad trágica. Toda su persona era esclava de su yo, un dominador, y los dominados ya no se rebullían. Por eso, era homo a se.

El dinero es el barco de la salud para pasar el mar de la vida.

Salud y plata, ¡cacorros!

* * *

Julio 25 de 1942.

Faltan trece días para descender de su vanidoso trono el rey de los cacorros, Eduardo Santos.

Almártaga. Cabezada (del árabe almártar, atadero). Cabezada sobre el freno, para tener asidas las caballerías cuando los jinetes se apean. También significa litargirio, piedra de plata, óxido de plata. También es cobarde, así: es un almártaga este Santos. Se puede decir también almártega.

Hablé mucho. Opiné de Santos y de López. Castigo por estas dos miserias: aguantar un algodón entre los mamones, por dos días.

* * *

27 de julio de 1942.

Faltan 11 días para que Eduardo Santos recupere su naturaleza.

Me tolero. Tolero mi propia debilidad

Aquí no hay sino parlantes y ladrones. Yo seré silencioso.

Hoy no comeré ni beberé. Quiero ser trágico, sobre todo paciente, pues me aguantaré a mí mismo.

* * *

28 de julio de 1942.

Faltan 10 días para que Eduardo Santos vuelva a ser lo que es de suyo: zambo hijo de su bendita madre.

Cobarde hace tres días, y muy enfermo, por consiguiente. ¡Ánimo, fogoneros! ¡Ánimo, trágico! ¡No gozar! El goce es veneno.

No comer. No beber. No comer. No beber. No fumar. No gozar, no hablar, no parlar, no comentar, no contar, no esperar. ¡Ánimo, fogoneros!

* * *

Julio 29 de 1942.

Faltan nueve días para que Eduardo Santos se hunda en su natural: Eduardo-Lorencita.

No beber café. No fumar mucho. ¿Qué cuentos de que estoy o no estoy enfermo? Eso es de beatas y desocupados, y estoy ocupadísimo aguantándome a mí mismo. ¿Dónde estará aquella «dentroderita»?

No quiero más jurisdicción que la sobre mí mismo. Ser jefe de mí mismo.

El brujo: carón, sano, potente, silente. No es un pasador de corbata.

No me sucederá sino lo mío y nadie podrá robármelo.

* * *

31 de julio de 1942.

Faltan siete días para que descienda el Santos a su vergüenza.

Ser el rey de sí mismo, conductor de su cuerpo y de su alma. ¿Por qué desear jurisdicciones políticas o civiles, si hay ésta, el reino de los reinos? ¡Y pensar que los jóvenes colombianos se venden por una inspectoría! ¿Cómo le parece?

¡Qué alegre pone a uno esta idea! ¡Qué feliz, con esta idea! ¡Si me dieran la Universidad para enseñar esta idea! ¡La más hermosa, más que toda muchacha! ¡Ánimo, fogoneros!

* * *

Agosto 3 de 1942.

Faltan cuatro (4) días… ¿y qué hay en mi conciencia? Ni amor ni odio por este Presidente ni por el sucesor. Angustia de que por aquí no puedan comprender a Giordano Bruno, a Chichester y a los grandes navegantes portugueses, pues los colombianos viven en el ambiente que corresponde a su idioma: «Se la comió».

¿Qué hay en Colombia? Serie de animalejos tímidos, débiles.

* * *

Agosto 4 de 1942. Faltan tres (3) días para que el Santos vuelva a ser el director de El Tiempo. Lo ha sido, pero llamándose presidente de Colombia.

Con los gobiernos de éste que llaman «el régimen» se acabó el hombre colombiano. No hay ya sino ladrones muy cobardes, y las mujeres tienen una cadera caída. ¿Por qué se les caería una cadera?

Dicen los sabios que hay que aceptar lo que sucede; que lo malo es lo que no sucede y esperábamos, pues era imposible [carente de ser].

* * *

Agosto 5 de 1942.

Faltan dos días para que este pasador de corbata deje de llamarse Presidente.

Oratoria: crear dentro de uno la imagen y luego proyectarla. Una vez nítida la imagen, no temer, no desviarse.

Todos somos semejantes por aquí. Me parezco a don Pedrito, a Aranguito, el enmozado, a Aquileo, a Colís y a Arango, el Srio. de Hda. ¡Ay, fogoneros!

7 de agosto de 1942.

Acaba de terminar Eduardo Santos su vanidad. ¿Para qué, ya? Todos son ladrones. Y acaba de subir al taburete el rey de los ladrones, Alfonso López.

Me voy. Au revoir. ¡Cómanse su patria, tan buena, tan limpia! (2)

— o o o —

Monólogos en un puente

(Continuación del número 14)

Benito Mussolini

VII

¡Qué asco, Señor! Yo soy don Eulogio, maestro en la escuelita; ¡enseño el libraco este de la «Historia de Colombia»! ¡Chicharroncito es director de las escuelas y don Eulogio es maestro…!

El 28 de abril de 1945, a las cuatro p.m., dizque asesinaron a Mussolini en las cercanías del lago Como. Anoche, al llegar de Itagüí, lo supe, y que llevaron su cadáver a Milán, junto con el de Claretta Petacci, su amante de 25 años, y lo expusieron, escupieron y patearon. Muy triste. Mucho asco, porque soy don Eulogio, maestrico, una escupa humana, pero nadie tiene más gana de ser bueno y nadie ama así a los hombres grandes. Dizque decía: ¡No…! ¡No…! Una bala le entró por la sien izquierda y salió por sobre la oreja derecha.

Ahora, 30 de abril, leo que lo asesinaron esos que se llaman «comunistas». Su cadáver está allá en el suelo, con la cabeza sobre el pecho de Claretta. Lo único grande hoy en Italia es el pecho duro de Claretta, veinticinco años, dura, elástica, hija de un médico romano. Todo lo demás patea, escupe y aplaude a los que «ganaron». América tampoco se envileció, pues el reportero americano comunica que el cadáver de Mussolini tiene «una mueca de desdén». ¡Siempre la tuvo! Era lo grande en Italia, junto con las ruinas. Oh, hideputas que lo insultáis: fue muy grande y bregó como gigante por engrandecer al pueblo suyo. Dice el reportero que la cara es de color de ceniza. Chaqueta militar, calzones grises de caballería y botas altas, negras. Claretta (el cadáver) con blusa blanca, teñida con hilillos de sangre. En su pecho, la cabeza del Duce. La Curia Romana se mostró disgustada por el asesinato. Dos grandezas hay pues en Italia: Claretta y el papa. Lo demás son escupas. También los norteamericanos se salvaron con ese reportero que dijo el gran detalle: el cadáver tiene una mueca desdeñosa. La Iglesia envió a un cardenal a informarse en Milán.

La narración que publican estos «periodiquitos» colombianos es un relato de un tal «Eduardo», dizque el jefe de la banda de comunistas que lo asesinaron.

El cadáver expuesto en Piazza Loretto, tirado en el suelo fangoso, en el centro de otros muchos cadáveres. La gente pasa y empuja a los guardias, para ir a pisotear y escupir. Al reportero yanqui casi lo tumban sobre el gran cadáver. Que dijo: «Perdonadme la vida y os daré un imperio». Que luego, cuando le iban a disparar, exclamaba: No… No…

Amó a Italia y bregó por hacerla grande, reina del Mediterráneo, africana.

Como toda apariencia, nació, creció y declinó; pero iluminó entre las dos insondables oscuridades. Ya murieron dos: Roosevelt y Mussolini. Dicen que Hitler murió. Faltan Stalin y Churchill. No va a quedar sino el rebaño de humanidad. Asco, está haciendo mucho asco por los «comunistas», no por el amor al prójimo, no por el comunismo glorioso. He orado mucho por él: Padre Nuestro, dale paz, porque bregó mucho. Estos hombres, los cinco, han bregado mucho, amaron mucho.

Benito Mussolini. Claretta Petacci. Starace. Doña Rachele y sus hijos menores Romano y Anna María. Edda. El papa es noble… ¡También se va a morir! Estos abril y mayo son terribles este año. Paja es lo que va a quedar: Eden, Stetinius, Lleras Camargo, discursitos, traguitos y negocitos. Qué asco Colombia y toda Suramérica, menos Argentina, con este espectáculo que venimos dando desde que comenzó la tragedia: ¡todos por allá padeciendo gigantes dolores y nosotros cogiendo platicas! Todo este continente negroide era fascista y nazista, y apenas se llevaron a estos presidenticos y «dirigentes» a graduarlos honoris causa y a meterles en los bolsillos dineritos, nos dedicamos a robarles los bienes a los extranjeros, a patear los cadáveres, glorificar las venganzas y comer carnes muertas… Y a todo esto lo llaman en Bogotá, en Lima, etc., «participar de la victoria de las Naciones Unidas».

Han muerto Roosevelt y Mussolini, dos hombres, es decir, dos mártires. Porque Roosevelt fue un mártir… ¿O habrá alguien que crea que lo amaban por su grandeza? Lo amaban estos suramericanos, a cambio de papel periódico, becas, borradura de la lista negra, viajecitos a admirar el esfuerzo bélico, y «demás» como dice Rafael Arredondo.

VIII

Era hermano o avatar de Nerón. La manifestación neroniana fue, como la mussoliniana, la de un espíritu actor insuperable. Ambos, grandes cómicos. La misma cabeza hermosa; la mandíbula y los ojos trágicos. Aenobarbus y Benito Amílcar amaron la vida. El Emperador también se resistía a la muerte: Qualis artifex pereo!, exclamó cuando Epafrodito le ayudaba a hundir el puñal en la garganta. Y el Duce: «Perdonadme la vida y os daré un imperio». Ambos, rodeados de esclavos… El mundo está lleno de esclavos, esclavos libertos a lo sumo. En Bogotá deben tener mucha gana de ir a patear el gran cadáver.

Bonomi, buenhombre, primer ministro de un reyezuelo, dijo que había muerto un aventurero… Quedaron Bonomi, Lleras Camargo, Los Toros de Sonsón y de Manizales, Eden (el señor Eden), Antonio Eden y Echandía Olaya. La cuestión es que quede mucho fango humano, para que haya elecciones y «demás».

Una noticia buena: los niños de la escuela lloraron al leer los detalles de la muerte de Aenobarbus Benito Amílcar.

El mundo y la paz

IX

¡Muchas noticias! ¡Todo este 1° de mayo, al lado del receptor Telefunken! Tantas imágenes, que me parece que hace mucho que murieron Mussolini, Roosevelt y Hitler. Por la tarde murió Hitler, combatiendo.

En San Francisco, el delegado del Ecuador se enojó mucho con Antonio Eden, porque le concedió «el uso de la palabra cuando ya no había gente».

Todos nos vamos a morir, y van a quedar Antonio Eden, el otro del Ecuador, el «Director de I. P.» y los «demás», ciento por ciento, como dice don Pedrito Olarte. Don Pedrito Olarte tampoco se va a morir: ¿para qué?

También en este día triste hablaron unos, luego el López, y dijo que esta gran riqueza, esta maravilla que somos, era cosa suya. Apenas acabó éste, fue cuando dijeron que Hitler había muerto.

Antonio Eden y otro inglés que exigen que se lo muestren… Ahora, todo el que tenga algo grande debe abrirse el pecho y mostrar el cadáver.

¿Qué pasa? Que toda la gente, «el ciento por ciento», se volvió el metro. Los Lleras están convertidos en metro y dicen: «Eran unos asesinos».

¡No faltaba sino que la moral fueran los Pedritos electoreros, que ellos fueran el metro! No somos nazistas, pero sabemos juzgar. No somos hierro, pero sabemos que el hierro es muy pesado. No somos esmeralda, pero sabemos que es verde y que se la roban en Bogotá. No somos hitleristas, pero sabemos que era un gigante. Amamos a Francia, pero sabemos que desde hace años no produce sino a los que se entregaron para que no les dañaran la cama. ¿No fue grande Boves? Cinco actores hubo en este drama, insuperables, absolutamente diferentes. ¿Por qué patean a los que van muriendo?

Hoy, primero de mayo de 1945, comenzó ya el cansancio de la raza humana. Llegó la calma, el reinado del último hombre. ¿Por cuánto tiempo?

Ahora los van a llevar «a ver la paz», todos becados, a los suramericanos, así como los llevaron «a ver el esfuerzo bélico». ¡Corran, suramericanos, escupan bastante a los cadáveres, para que los lleven! Por ese lado humean las comodidades. ¡Corra, Calibán, el hijo de la bruja!

Van a padecer mucho estos lopistas colombianos: 1° La reina Guillermina ya dizque va a venir por las acciones de la Handel; 2° Se van a llevar a Eduardo Santos a presidir el día del remordimiento en Alemania; él será el reeducador de ese pueblo.

También habló un viejo llamado Alejandro Sux, desde Nueva York. Ese tampoco se va a morir. Son como eternos estos Toros de Sonsón y de Manizales.

¡Que muestren el cadáver! Este es el grito del júbilo. Abran el pecho todos los que tengan un grande amor hecho cadáver, porque los «santos» quieren ver al muerto. ¿Por qué corréis? Fue apenas que el viento movió el cadáver colgado… ¡Ánimo, último hombre!

Este también habló en el «Palacio de Calibío». Dijo que viviera Alfonso López. ¿Para qué gritar, si no se va a morir? Todos los hombres nacen muertos. Chicharroncito, don Pedrito y todos nacieron muertos.

Parece que todo se hubiera muerto hace tiempos. Lo bueno de Roosevelt era la sonrisa bondadosa; era como muy cercano a uno.

Una vez murió aquí un Señor. Los telegramas dicen así: «Nueva York, julio 26 de 1943. Alfonso Villegas Restrepo. Bogotá. Ruégote visitar a Margarita y decirle cuanto yo no puedo decirle. Anonadado por una pérdida que oscurece mi vida. Abrázote. Eduardo Santos». «Bogotá, julio 26 de 1943. Eduardo Santos. Nueva York. Y ahora sin él, Dios mío, ¿qué hacemos? Alfonso».

¡Muestren el cadáver!

Monólogo en un cementerio

X

Cuando murió, vio que él mismo era la explicación.

¡El niño murió asesinado! Este aire tiene burbujas, y los ojos que ven saben que allí están ellas o ellos, pues no tienen sexo, las sombras, las hijas del alma humana. El niño cayó de la cama, lloró y nada más. Sus ojos se fueron agrandando. Le hicieron un hueco en el cráneo; el líquido brotó violento… Los huesos se habían ido separando; el infernal se expandía, así como las raíces de las palmas encerradas en cercos, que resquebrajan al abrazador.

¿Quién fue? ¿Podíamos ser así, alimentados con alcohol, el sexo trasladado a las manos, el robo coronado, el lacayo adornado con diez cruces de Boyacá, y esta fila: Olaya, López, Santos, López, Lleras, y que el niño no cayera de la cama, que un ángel durmiera en Colombia-Sodoma?

Porque las brujas son nuestras hijas. Siete sub-conciencias tenemos, y allí engendramos y gestamos las malditas sombras. Y luego a gritar: ¡Ellas fueron! ¡A ellas!

El Presidente, el General, el hijo y el cuñado son nuestro engendro. Padecemos nuestra hedentina. El asesinado es padre del asesino, el oprimido, el opresor y el asustado, del espanto.

¿Dónde están los fantasmas? Tú mismo eres tu fantasma. Es tu doble.

El oprimido pide castigo para el opresor, sin saber que son uno mismo. Por eso se ha dicho que el delito apetece la pena.

¡Ven, pues, pena, y sáciate! Mi remordimiento es mi único tesoro.

La causalidad es el dios potente, el dios serrucho, invulnerable, para cuya derrota se necesita la muerte en cruz infamante del padre de los dioses (La Redención).

Si coronamos a José María Obando, el asesino de Sucre, ¿qué historia? De un huevo nace un pollo, y de Obando nacen estas sombras espesas, de cloaca. Este libraco, este cronicón es la historia de Colombia. Pero… Sodoma era mucha maldad y esto de aquí son robitos, brujitas, borrachitas, buenitas y puticas. Traed un balde que sea como el cráter del Ruiz, o mejor, traed el cárcamo del Pacífico para vomitar.

¡Este es el infierno! Fue que ya nos morimos en otra parte y estamos en la infinita concavidad, infinita ausencia. ¿Ya para qué el remordimiento?

¡Muestren el cadáver!

XI

No olviden que los primeros años de esta guerra vieron juntos, en compañía nazi-fascista a Italia, Alemania y Stalin. El «Padrecito» fue coautor de la destrucción, invasión y repartición de Polonia; por ahí están las fotografías de los encuentros y abrazos del Oso y de la Hiena en la tierra hollada de los Nietzky, ascendientes del Superhombre. En buena compañía destruyeron a Rumania. El «Padrecito» se llevó los países bálticos e hizo una guerra linda en Finlandia. Por el latifundio del «Padrecito» penetraron a Alemania materias primas y los aviadores idos de aquí, de la Scadta. No olviden los jóvenes que las atrocidades del nazifascismo fueron de los tres del puñal largo. Que apenas Alemania atacó a Rusia cuando la «bondad» se convirtió en «crimen».

¡Qué largo es ese puñal! Alcanzó a Trotsky en México. Y cuando no alcanza, lo lanza como dardo.

Quien aconsejó, suplicó, ofreció e imploró para que se evitara la guerra fue América. Quien entró en ella por amor, por verdadera caridad, fue América. Quien venció al genio de la propaganda con otra propaganda fue América. Y ni una sola crueldad, ni una sola cobardía. De todo esto fue pensamiento y brazo Delano Roosevelt.

Por eso, hoy todos los vencidos corren a entregarse a los americanos. Parece que don Quijote vivió en América. Esta es la defensora de Polonia mártir. Su conducta con Argentina fue tan noble y discreta que logró ya conseguir la unidad continental, casi milagro en medio de tanto azuzador. En los bombardeos (apenas los absolutamente indispensables) a Roma, actuaron sólo aviadores católicos.

¿Dónde está la libertad, la justicia, el heroísmo inteligente? (heroísmo inteligente es pleonasmo).

Tan visible como ese sol; tan tocable como este acero, es nuestro deber de estar unidos internacionalmente aquí en las Américas y tener la conciencia de que este «Occidente» es el «Oriente», tierra bendita en donde no se exigen los cadáveres, en donde la venganza no ha pordebajeado al amor, en donde se piensa, obra y vive con ancha presencia humana.

Es cierto que por aquí, en nuestra patria negroide, imperan unas cuatro brujas y la desolación. Pero son brujitas que hablan de virtud, quiero decir, con mala conciencia. Son castigo, y los castigos pasan. Padecemos oscura tristeza, quizá por haber hecho Presidente al que asesinara al Buen Caballero en la oscura montaña con ojos y manos ajenos.

Estemos alertas. Amar al prójimo lo van a reemplazar por muéstrenlo, muestren el cadáver, escupir y patear el cadáver. De un témpano de hielo sale un oso con diez mandamientos nuevos, y el primero es: nadie puede habitar la Tierra sin mi permiso. El segundo es que somos marranitos engordados de Nochebuena.

XII

Hoy admiramos mucho a Emilia, por sus dientes postizos. ¡Qué naturales! ¡Nadie creería que son hechizos…! Entonces nos contó que los quince primeros días maltrataban mucho, como zapatos nuevos…, y que ella le ofreció ese dolor a Jesucristo…

Es tan comprensivo y tan padre de los dioses este Jesucristo, que recibirá beatamente ese regalo del dolor de las encías de Emilia.

Nos narró que una mañana, ya, ya se iba a quitar las cajas de dientes, y que de pronto recordó una frase de San Agustín, a saber: que todo pasa, y que todo es, por consiguiente, soportable, pues a cada instante se acerca la liberación… Y que así, a los quince días, esos dientes eran ya como naturales, etc.

Me gustó mucho todo esto, pues: uno, dos, tres, cuatro…; todo va pasando, y dicen que el espíritu queda, tal como es en el instante en que muere el hombre, y para la eternidad.

Si así fuere (y todo parece verificarlo), el dolor es más valioso que el placer y que el dinero, y Emilia hizo bien en ofrecerle el dolor de sus encías a Jesucristo.

Es porque a Jesucristo no se le puede ofrecer montarlo en automóvil, o unos tragos de aguardiente, o llevarlo donde las mujeres. Jesucristo, padre de los dioses, recibe como regalo-tesoro el dolor del canceroso, el dolor de los potrudos, el dolor en las tetas, en el falo y en las encías arrugadas de las viejecitas; y lo que más recibe es el dolor de los que padecen hambres e injusticias, el dolor de los piojosos, ulcerados, podridos, hedientes… Para Jesucristo, una «dama» perfumada, pintada, afeitada, mirada, manoseada, cineasta y… es una ramera vieja.

Este Jesucristo es el Dios de los maestros de escuela, y, para purificarnos bien, nos ha puesto en manos de Chicharroncito, el jefe de las escuelas.

XIII

Gravísimo es que se pierda por desgaste, por el uso, la pecaminosidad. Entonces se trata ya de impotente, y para éste no hay ya la dialéctica de la tentación. Ese depósito precioso, la sexualidad, es al espíritu lo que el aire al ala: la resistencia en el ala produce la elevación. El ala aquí es la represión.

El que no peca ya, porque no puede, por acabado, está muerto para el ascenso. Muerto para el remordimiento, para la tentación, para todo. Perdió la posibilidad.

Los impulsos instintivos son trampolín. No se debe uno consumir en hábitos. Eternamente revolucionario, ¡oh joven!

No entiendo el pecado original, pero la vida humana sucede como si ese pecado hubiese acaecido.

Al que está en la Fuente nada le sorprende, ni el terremoto. Pero me sorprende que Colombia tenga estos gobernantes. Algo raro sucedió… Los colombianos debimos haber cometido algún terrible crimen en otras vidas.

Fernando González

Notas:

(1) ¡Qué lástima!
(2) Atehortúa vive en la Patagonia, ahora, y recibí carta suya, en que me dice: «Saludes [sic] a “los industriales”, a los pasadores de corbata, a los obispos “colaboracionistas”: todos son mujeres-hombres y “santos”. Si vieras lo que se siente apenas se dejan atrás las indecisas fronteras colombianas: un gran asombro de que eso exista».

Fuente:

Antioquia. Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, marzo de 1997. Introducción por Alberto Aguirre.

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Revista Antioquia - (1936 - 1945)

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Ultima revisión en junio 28 de 2013