Presentación

Caído del zarzo

—24 de agosto de 2021—

Portada del libro «Caído del zarzo» de Elkin Obregón Sanín

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Ver grabación del evento:

YouTube.com/CasaMuseoOtraparte

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Elkin Obregón Sanín (1940-2021) derramó su ingenio durante diez años en las noventa y nueve columnas que publicó en «Universo Centro». Hoy, gracias a los lectores del periódico y al apoyo de Confiar Cooperativa Financiera, «Caído del zarzo» es el primer libro publicado por el Fondo Editorial Universo Centro en homenaje póstumo a este polifacético artista que se destacó como dibujante, pintor, poeta, melómano, narrador, traductor, editor y columnista.

Conversación sobre música, artes y letras con Luis Alberto Arango, Juliana Arango, Sergio Valencia y Sebastián Mejía.

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Universo Centro

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De tu obra [Elkin Obregón] ya se ha hablado bastante, de tu vena humanística, variopinta. Pero yo quiero recordar ese amigo simple, gozador, también implacable con la crítica. Curioso con el universo que le atraía, el de los libros, los cómics, la música, el cine, el ajedrez, la crónica, la anécdota, el arte en general. El versificador, el traductor, que gozaba una tarde de conversación alrededor de la palabra precisa que acababa de encontrar para el libro de Ferreira Gullar o de Rubem Fonseca, Nélida Piñón o Machado de Asís; o los tres poetas brasileros que te cautivaron y te hicieron rezumar todo el poeta que tenías dentro. Y agrego el gourmet, el bon vivant, el degustador de helados en la San Francisco; el comprador de libros de arte donde Rafael Esteban, el español. Siempre afirmaste que tu profesión por excelencia era la bohemia, que la personificabas. (Yo diría que la dignificabas). Ir de copas contigo era una delicia, porque echábamos el aburrimiento. Toda la chispa salía a flote, lo solemne estaba descartado, pero lo inteligente era bienvenido.

Luis Alberto Arango Puerta
Universo Centro

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Elkin Obregón Sanín (1940-2021) - Foto © Max Douglas

Elkin Obregón Sanín
Foto © Max&Douglas

Elkin Obregón Sanín (Medellín, 1940-2021) fue caricaturista, dibujante, escritor, traductor y editor. Durante casi medio siglo fue caricaturista de prensa e ilustrador en diversos medios y por más de diez años fue el editor y compilador de la colección de relatos y textos temáticos de la Cooperativa Confiar. Realizó seis exposiciones individuales de caricaturas y dibujos en diversas salas de Medellín, una en Bogotá y otra en una muestra colectiva en São Paulo, Brasil. Publicó libros de prosa, poesía y dibujo en diversas editoriales antioqueñas. Entre otros: Trazos, Grafismos, Más grafismos, Los invasores, Versos de amor y de los otros, Gramófono y otros borrones, Papeles seniles, Memorias enanas, Vejeces del cancionero colombiano, Cine, Sobre las cartas de amor, Los amigos, Crónicas y Los misterios del Hotel Roc Blanc (en coautoría con Nora Arango). Fue traductor del portugués de más de cuarenta libros y textos para las editoriales Norma, Frailejón, La Balsa, Universidad de Antioquia, Eafit y el Fondo de Cultura Económica de autores como Ana María Machado, Cabral de Melo Neto, Clarice Lispector, Drummond de Andrade, Ferreira Gullar, Graciliano Ramos, José María de Eça de Queirós, Lygia Bojunga Nunes, Machado de Assis, Manuel Bandeira, Nélida Piñón y Rubem Fonseca. Recibió los premios C.P.B. de Bogotá (caricatura), Instituto Danés Hans Christian Andersen (traducción) y Vida y Obra de la Secretaría de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín. Caído del zarzo —antología de crónicas de su columna en el periódico Universo Centro— fue el último libro publicado en vida en diciembre de 2020, y Otrabalsa su último proyecto literario.

Ver Boletín n.º 185:
Elkin Obregón Sanín
(1940-2021)

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Pase maluco con el bambuco

Primera columna de Elkin Obregón Sanín en Universo Centro, publicada en la edición número 23 de mayo de 2011.

Sergio Valencia, un activo hiperactivo, como todo el mundo sabe y padece, ha tenido desde hace muchos años el proyecto recurrente (medio en serio, medio en broma, pero me temo más que lo primero), de hacer un programa radial llamado «Pase maluco con el bambuco». Sospecho de buena fuente que el responsable de libretos y elección de repertorio sería yo, y confieso que la idea no me desagrada del todo. Para empezar, sólo pondría bambucos viejos (el bambuco maluco es el nuevo), y creo que empezaría con uno muy anciano, Me acuerdo de ella, y que dice, en su parte pertinente:

«Cuando la aurora tiende su manto
y allá en los cielos su luz destella,
cuando las aves alzan su canto
me acuerdo de ella…
».

Después seguirían otros ejemplos (bambucos de serenata, descriptivos, de cementerio, nostálgicos, idílicos, pocos de despecho —casi no existen—, y hasta fiesteros, que también los hay, y muy bellos, con letra o sin ella). Y el programa, tal vez por suerte o desgracia el único, cerraría con el hoy olvidado Acuarela, que en su parte pertinente dice:

«Un alma de amor avara,
al alma tuya pregunta:
¿Por qué la tarde nos junta,
si la aurora nos separa?
».

Lo cual viene a significar, si de eso se trata, que en bambucos, al menos, el tigre se muerde la cola, y viene a decirnos al final lo opuesto a lo dicho al principio. Expresado con los versos del gran Simón Díaz, «quererse no tiene horario». O sea, para el amor no hay sol ni luna. Es ciego.

Coda, también musical.

Cuando uno oye en radio a Darío Gómez, o apaga el aparato, o cambia de emisora. Y, sin embargo, pensándolo bien, estos dos versos, tan oídos, son quevedianos:

«Nadie es eterno en el mundo,
nadie vuelve del sueño profundo…
».

Fuente:

Obregón Sanín, Elkin. Caído del zarzo. Fondo Editorial Universo Centro, Medellín, 2021.