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A la sombra de lo diferente con amor y asombro: cincuenta años del Congreso Mundial de Brujería en Bogotá

Por Cristina Rojas Tello

Ponerse a la sombra de la diferencia nos invita a escuchar lo que es disímil a nosotros, colocarse en un lugar de escucha y atención. El asombro por dejarse cubrir y permear, si se quiere, con dulzura. Permitirse la sorpresa.

Dieciséis años antes de la Constitución de 1991, las y los más sobresalientes intelectuales de la época de la contracultura en Colombia lograron hacer un evento pluriétnico y multicultural cuando todavía estos términos no se habían insertado en la discusión por la diversidad, que estaba a casi medio siglo de iniciarse. Estoy hablando del Primer Congreso Mundial de Brujería que se realizó en Bogotá entre el 24 y el 28 de agosto de 1975 en lo que hoy se llama Corferias.

El nombre del evento parece una apología a demonios y brujas medievales, las imágenes de El aquelarre de Goya nos vienen a la mente. Sin embargo, lejos de ser un evento aterrador, resultó ser un escenario que para algunos(as) investigadores, como el historiador Julián Sánchez González, una de las personas que más han investigado sobre este congreso, significó la entrada de Colombia a la posmodernidad.

Tuvo entre sus organizadores a las personas más visionarias en ese entonces de este país. Me interesa exponer esos primeros acercamientos que desde la década de los setenta se hicieron para entender la diversidad, un tema ahora presente en las discusiones políticas, culturales e incluso económicas.

Julián Sánchez González, la Corporación Otraparte, Roberto de Zubiría, entre otros investigadores, comenzaron a remover los documentos que dan fe de la ocurrencia de este evento y gracias a ellos existe ya una serie de tres capítulos, un documental producido por Ana Greiffestein y varias investigaciones.

Otro de sus organizadores fue el político y escritor Simón González Restrepo, hijo del filósofo antioqueño Fernando González, el Brujo de Otraparte, que dejó una extensa obra filosófica y literaria; fue amigo cercano de intelectuales como Estanislao Zuleta y maestro de varios(as) escritores y artistas que más adelante conformarían lo que se conoció como el Movimiento Nadaísta en Colombia, quienes también estuvieron presentes en la organización de este evento, como Gonzalo Arango, Eduardo Escobar y Jota Mario Arbeláez.

El lema del congreso era: A la sombra de lo diferente con amor y asombro. Detrás de esta frase está el ingenio de Gonzalo Arango, quien pudo imprimir en una frase la idea de la inclusión que hoy, cincuenta años después, es la bandera de organizaciones, ONG y líderes y lideresas sociales.

Ponerse a la sombra de la diferencia nos invita a escuchar lo que es disímil a nosotros, colocarse en un lugar de escucha y atención. El asombro por dejarse cubrir y permear, si se quiere, con dulzura. Permitirse la sorpresa.

Invoca el asombro que nos permite ver la belleza en la diversidad en lo diferente y lo raro, lo que hoy llamaríamos lo queer. Por eso la importancia de ese grito emitido hace cincuenta años hoy parece tener más sentido que nunca.

La Bogotá que dio vida a este congreso tenía poco menos de tres millones de habitantes, en apariencia pacata y conservadora. Vio cómo desde los púlpitos se lanzaron amenazas de excomunión a quienes organizaban el evento, y el castigo del pecado mortal a quienes asistieran. Era la Colombia del Concordato. Sin embargo, asistieron alrededor de 300.000 personas.

La defensa por la diversidad en el año 1975 se entendía como la rebelión ante lo establecido como realidad. Por eso se pensó en poner a dialogar diferentes creencias con la ciencia. Logró sentar en la misma mesa a científicos, chamanes, astrólogos, poetas y ufólogos. Un encuentro como este solo podía suceder en la época de la contracultura.

La mirada interseccional y el sincretismo estuvieron presentes en el congreso cuando estos conceptos aún no se conocían; se propició el diálogo entre los saberes indígenas, la sabiduría que venía de la diáspora africana y los conocimientos ancestrales de diferentes países del mundo. Un grito profético de las luchas de ahora estuvo presente esos cuatro días de agosto en Bogotá. Varios nadaístas eran públicamente homosexuales en un país al que todavía le faltaban años para sacar la homosexualidad del Código penal.

Muchos de los organizadores de este evento, con el tiempo, se convirtieron en los más influyentes intelectuales de nuestro país. La imagen del afiche fue elaborada por Alejandro Obregón. Al frente del salón de danza y rituales estuvo Delia Zapata Olivella. María Teresa Guerrero, que en ese momento era la subdirectora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, estuvo a cargo del salón de Artes Visuales (salón de Arte Brujo), que contó con más de 675 piezas en exposición, aún recordada por controvertir todos los cánones artísticos del momento. Gustavo Nieto Roa fue el director de fotografía del documental que realizó el cineasta Francisco Norden sobre el congreso y que se constituyó en otro de los misterios de este evento, porque nunca se ha podido encontrar.

Entre los y las invitadas nacionales estuvieron Jota Mario Arbeláez, Eduardo Escobar, Gonzalo Arango, la escultora Feliza Bursztyn, Hernando Tejada, Manuel Zapata Olivella con una charla titulada «La Medicina y la Brujería», el ufólogo William Chávez Ariza, Profesor Numar, Álvaro Soto Holguín, Enrique Castillo, experto en contacto con extraterrestres y famoso abducido. Entre los asistentes estuvo la periodista Patricia Lara.

Como la entrada a la Feria Exposición Internacional solo era permitida para mayores de edad, se sabe de espacios informales sobre ufología que se desarrollaron con jóvenes, de esto da testimonio el escritor y filósofo colombiano Hugo Reyes Saad, quien asistió a los eventos fuera del recinto ferial.

Eduardo Escobar, poeta nadaísta, fue jurado en el Concurso Internacional de Cuento y Leyenda (concurso de Literatura Mágica), donde la ganadora fue la escritora María de las Estrellas con su novela La casa del ladrón desnudo. Ella, con apenas 7 años, participó junto a otros adultos concursantes.

Entre los invitados internacionales se encontraba la escritora brasilera Clarice Lispector, quien compartió uno de sus cuentos más crípticos: El huevo y la gallina, «un misterio incluso para mí», diría la autora. También estuvieron el mentalista israelí Uri Geller (su presentación fue transmitida a todo el país por el Canal Nacional), Andrew Well, Livio Vinardi, Luis Pellegrini, entre otros.

Los objetivos de este congreso estaban en acercar a los opuestos y a los disímiles; observar la relación de la brujería con el arte, la política y el amor; hacer un llamado a entender al otro, acercar a otras formas de mirar la medicina y aprovechar el 80% del cerebro que no usamos.

Muchos espacios de este inolvidable congreso quedaron plasmados en las imágenes que se han podido rescatar y otras que aún esperan ser recuperadas en la Fundación Patrimonio Fílmico colombiano.

Hoy día, con los medios y los recursos existentes, difícilmente se podrían reunir en un escenario 32 brujos de Haití, China, Vietnam, Brasil con las más variadas prácticas espirituales, artísticas y de diferentes disciplinas científicas.

Su impacto internacional llegó a varios países. Como anécdota de su influencia podemos remitirnos al capítulo 29 de la primera temporada del Chavo del Ocho, que para el año 1975 estaba en su máximo furor y era visto en varios lugares del mundo. En este capítulo, don Ramón asegura que doña Cleotilde viajó a Bogotá para asistir a este congreso.

Junto a rituales de candomble, limpias chamánicas y una pista de aterrizaje de Las Pléyades montada por varios ufólogos esperando la presencia de asistentes de otras dimensiones, se congregaron las y los espectadores rodeando un monumento erigido en honor a la ciencia y a la magia. Tal vez el acto más hermoso y recordado del evento fue el abrazo colectivo entre más de 2.000 personas. Científicos, médicas, astrólogos, ufólogas, chamanes, practicantes afrocubanos, vudú, religiosos católicos, curiosas, artistas y poetas se abrazaron luchando contra la censura, lanzando al futuro, a nuestro presente, un consejo en palabras del propio Jota Mario Arbeláez: Amar incondicionalmente lo que no podemos entender.

Fuente:

Rojas Tello, Cristina. «A la sombra de lo diferente con amor y asombro: cincuenta años del Congreso Mundial de Brujería en Bogotá». Razón Pública, 24 de agosto de 2025.