El filósofo y el estadista

Por Orlando Cadavid Correa

El escritor envigadeño Fernando González Ochoa —llamado por unos biógrafos El Brujo de Otraparte y por otros El filósofo de la autenticidad— tuvo no sólo como suegro sino como lector voraz, crítico sin ambages de sus obras y bálsamo para sus molestas erratas de imprenta al Presidente republicano Carlos E. Restrepo, quien rigió los destinos de Colombia entre 1910 y 1914. Dieciséis años después, en 1930, aceptó ser Ministro de Gobierno del presidente Enrique Olaya Herrera, atendiendo un encarecido ruego de su amigo personal de Guateque.

En la tercera década del siglo XX la ya famosa Editorial Zapata, de Manizales, imprimía y vendía como pan caliente dos de las obras literarias del original autor antioqueño: Cartas a Estanislao y El remordimiento.

Casado con Margarita Restrepo Gaviria, circunstancia que lo convirtió en yerno del estadista maicero, el parentesco jamás fue óbice para que los dos personajes caminaran civilizadamente por distintas orillas ideológicas y que mantuvieran un fluido intercambio epistolar que incluía comentarios tan coloquiales como los relacionados con los errores descubiertos en los libros.

El 9 de octubre de 1930, desde su despacho, el ministro Restrepo se dirigió al esposo de su hija que era la luz de sus ojos:

Mi querido Fernando:

En una obra técnica sobre libros leí que todavía no existe ninguno sin algún error, y ahora pretende usted que en Manizales no le cambien el cónyuges por los cónyugues. Como yo soy viejo en eso de publicaciones, le digo que sólo al principio me preocupaban mucho los errores de imprenta, pero luego observé que el escritor los nota todos y el lector no advierte ninguno. Fuera de que “Mi Simón Bolívar”, así como “Viaje a pie”, tienen pasajes en que se recomienda la posesión de sí mismo y la impasibilidad como virtudes dignas de un Lucas Ochoa, al cual debe importarle un ardite un error tipográfico que pasa desapercibido.

He seguido leyendo su libro con escándalo, regocijo y admiración. Eduardo Santos lo encuentra delicioso y admirable. Al doctor Olaya Herrera le entregué un ejemplar en nombre de usted y después se lo vi sobre la mesa de trabajo y me dijo que lo estaba leyendo con deleite. De modo especial le manda unos agradecimientos muy expresivos.

El suegro ministerial no desaprovechaba misiva para rayarle las espuelas a su yerno por su antisantanderismo enfermizo, derivado de su admiración sin límites (sic) (1) por el libertador Simón Bolívar:

Me escribe Alfonso de Manizales que ya se empezó la impresión de Mí Bolívar, espero que sea tan sensacional como Viaje a pie. Póngales mucho cuidado Fernando a sus juicios sobre Santander, a quien no puede conocerse completamente sino a través de su copiosa correspondencia; allí sí está el hombre en sus días de inapelable grandeza.

González, quien fue postulado en 1955 para el Nóbel de Literatura por el francés Jean Paul Sartre y el estadounidense Thornton Niver Wilder, hacía caso omiso de las amonestaciones que recibía de las alturas del poder y afilaba más su pluma para menospreciar y atacar con sevicia al Hombre de las Leyes. La nominación del filósofo nacido en Envigado, en 1895, y desaparecido en el mismo municipio, en 1964, no prosperó porque se opusieron a ella el gobierno y el clero de la época, según informó El Espectador, el 10 de octubre de 2008 (2). La reseña del diario agregó que el Maestro lloró, “pero —según explicó después— su amargura se debió a la constatación de la condición humana de sus coterráneos, y no al hecho de que le hubieran negado el Nóbel” (sic) (3).

La apostilla: Como entre cielo y tierra no hay nada oculto, se acaba de saber que no es de su autoría una de las frases más famosas pronunciadas durante el cuatrienio de las angustias presidenciales de Samper. Salió del magín del presidente Carlos E. Restrepo, el 6 de septiembre de 1911, en un lacónico mensaje que dirigió a un puñado de copartidarios republicanos para tranquilizarlos porque temían que se separa el poder. “El Telegramista insigne” les dijo: “Refiérome carta primero. Será el caso de repetir: aquí estoy y aquí me quedo. Agradecido. C. E. Restrepo”.

Fuente:

La Patria, Manizales, domingo 19 de octubre de 2008, columna de opinión Contraplano.

* * *

Notas de Otraparte.org:

(1) Primer párrafo de Mi Simón Bolívar: “Soy amigo de Lucas Ochoa. Algo así como su discípulo, aunque a ratos me burlo de él. Estoy convencido de que es necesaria cierta dosis de ironía para la admiración inteligente. Me explicaré: sólo los inferiores admiran con seriedad. La vida es en todas sus fases movimiento. Todo vibra. Por ejemplo, la densidad proviene del grado de vibración de las moléculas, o mejor, de los electrones. De ahí que un sentimiento puro, la admiración pura… ¿Qué mujer ama a quien la adora ciegamente? Una pasión así carece de gracia”.
(2) El periodista de la referencia se basó en “El loco de Envigado”, artículo publicado por Fernando Araújo Vélez en El Espectador el 8 de enero de 2006.
(3) Aunque existen indicios sólidos, la nominación al premio Nobel no está confirmada. A Fernando González le llegaron rumores que consignó en su último libro y en una de sus libretas: “Me envió Gonzalo Arango el 1º manifiesto nadaísta con Fernando [hijo], a quien contó que el escritor o pintor Rojas Erazo les había dicho que en París, junto con otros colombianos, había ido a visitar a Sartre y que éste les había preguntado por mí. ¿De dónde me conocerá Sartre? ¿Por Miomandre? ¿Por Bréal? ¿Por Valery Larbaud? Yo no puedo creer que él me conozca, a menos que por uno de esos haya leído algo mío… También puede que Thornton Wilder, que viaja tanto, le haya prestado algún libro mío. Pero más bien creo que éste es algún sueño inventado por Gonzalo Arango o por Rojas Erazo. Y si fuere cierto ¿qué gano yo? ¿Qué saco yo con que eso guste o no? Vanidad, pues mañana me iré, pronto me iré. Y olvidado, y si no soy olvidado, qué a mí que estaré o lejos o en ninguna parte. ¿Qué a mí fuera de la Intimidad?”. Queda claro que Fernando González no “lloró desconsolado” ni sintió “amargura” por este supuesto hecho. Más información en “El Nobel de Fernando González”.
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