Mi Compadre

Fernando González
1934

Mi Compadre - 1934

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Tras una grave enfermedad que lo llevó al borde de la muerte, surgió en Fernando González, más incontenible que nunca, el ansia de plenitud vital. Mi Compadre es el símbolo de este renacer. Desde mucho tiempo atrás, Juan Vicente Gómez había sido un estímulo para estar enamorado de la América primitiva. González viajó en 1931 a Venezuela para conocerlo, y sintió «por ese gran americano un inmenso cariño y admiración», pues todo en él era «métodos, sangre, formación e ideas suramericanas; ni ha salido, ni es letrado, ni tiene dinero fuera del país». Sin embargo, este estudio biográfico es realmente una burla de los sistemas políticos, de la parlanchinería senatorial inoperante; de las democracias americanas, títeres de los poderíos internacionales, que perpetúan castas y privilegios. Gómez, la ignorancia y la fuerza, la acción y la decisión, la intuición y la determinación advenidos al poder, es la antítesis de todo lo que se ha llamado en Suramérica cultura, poder, progreso y civilización. La llegada de este nativo iletrado a la presidencia venezolana y su capacidad de trabajo, progreso material y orden, frente a los poderes tradicionales, inoperantemente activos durante casi cien años, es el desnudamiento mayor de la mentira sociopolítica de América. González se burla de las falsas culturas nacionales suramericanas y alaba a Gómez, pues él, terco, despótico, ignorante, es la encarnación del momento histórico continental.

Explica Fernando González: «En este libro di un paso más en la convivencia con la Gran Colombia. Estuve al lado de un hombre suramericano. Durante la gestación y la realización de esta obra nada me importaba la moral: bueno, malo. Me importaba el hecho, era biólogo. Y en presencia del general Gómez, cuando el viejo dilataba esos ojazos hipnotizadores que normalmente parecían dos cortadas, sentía orgullo de mi Suramérica que puede producir, con la mezcla de sangres, protuberancias vitales. ¿No es grande un río porque sea sucio? ¿No sería grande Juan Vicente Gómez si tenía grandes capacidades: para encarcelar, para hipnotizar un pueblo, para humillar, para apoderarse de un conjunto de llaneros soberbios hasta el punto de manejarlos como niños? Tanta era su capacidad (depósito de energías) que su cadáver continuó haciendo el silencio durante tres días: ya no abría los ojos, pero todavía reinaba. La cantidad de energía es lo esencial; aplicarla a lo que llaman bien o mal, eso es cuestión de disciplina. Mi conclusión fue: prometedores somos, puesto que producimos estos seres humanos. ¿Qué me importa uno de estos hombres que llaman buenos si lo son por falta de gana? Son eunucos del espíritu».

(Reseña basada en un ensayo del sacerdote Alberto Restrepo González).

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«Estoy en Venezuela, entre su gente y recuerdos, empapándome de ella, con una libreta en cada bolsillo. Los de la Academia de Historia me llaman “el hombre de las libretas”. Todo lo apunto, de amigos y de enemigos de Gómez, de guerrilleros y de hijos de próceres, de letrados y de rameras. Me definiré: creo ser detective de la filosofía, de la teología y de la virtud. Mi madre me parió cabezón, pero infiel; Dios me atrae, pero las muchachas no me dejan. Me explicaré: unas diez veces he creído acercarme a la verdad, y las muchachas me han hecho caer. Ocho por ciento tengo, pues, de filósofo. El resto está entregado al mundo y al demonio, pero nunca he dicho una mentira. Resumiendo, diré que soy un hombre, espíritu que desde la carne y por medio de los sentidos atisba con fruiciones a la verdad desnuda. Soy, pues, retratista».

Fernando González

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Primera edición: Barcelona, Editorial Juventud S. A., abril de 1934. Con dibujos de Barsó.

Segunda edición: Medellín, Bedout, s.f. (1970 aprox.).

Tercera edición: Medellín, Bedout, junio de 1975.

Cuarta edición: Medellín, Bedout, 1976.

Quinta edición: Caracas, Editorial Ateneo, 1980.

Sexta edición: Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, noviembre de 1994. Prólogo de José María Velasco Ibarra.

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