Entre Kempis y Epicuro

Por Ernesto Ochoa Moreno

Con motivo de los noventa años de la publicación del libro El Hermafrodita dormido, de Fernando González, me parece interesante empezar a transcribir algunos conceptos sobre esta obra emitidos por algunos de los más reconocidos estudiosos del filósofo de Otraparte.

Javier Henao Hidrón (1937-2021) le dedica el capítulo octavo de su libro Fernando González, filosofo de la autenticidad, a mi juicio la mejor introducción a la vida y obra del escritor envigadeño. Este libro, publicado por primera vez en 1988, y cuya séptima edición data del 2018, es infaltable a la hora de acercarse al maestro. «Antinomias del consulado» es el título del capítulo que nos ocupa. Se pueden leer ahí las peripecias y experiencias de González en 1932, cuando fue nombrado cónsul de Colombia en Génova y de donde fue expulsado por el gobierno fascista de Mussolini por causa de lo que decía sobre el Duce en las libretas privadas que servían de base a su obra y que cayeron en manos de la policía italiana.

Había recibido el exequatur para su nombramiento como cónsul colombiano en Génova el 7 de marzo de 1932 y el 12 de agosto del mismo año le fue revocada la autorización. Había viajado con su esposa y sus cinco hijos y, expulsado, con ellos deja Italia y va a Marsella, también como cónsul. Su suegro, Carlos E. Restrepo, evitó que su experiencia europea fuera un fracaso mayor.

Esos meses en Italia nos dejaron como fruto El Hermafrodita dormido, publicado en Barcelona en 1933 por la Editorial Juventud. También, de estos días, son los «Pensamientos genoveses», publicado cuatro años más tarde como parte final de Los negroides. Marsella, adonde llega a principios de septiembre de 1933, es otra historia. Y de ellas nos ocuparemos en otra oportunidad.

En este capítulo sobre El Hermafrodita dormido, Henao Hidrón trae a colación dos citas que me parece importante rescatar. La primera es de Pedro Nel Gómez sobre el libro que nos ocupa. Dice el gran pintor y muralista: «Son tal vez lo más precioso que yo haya leído en Colombia en materia de estética y crítica de arte». Y esta otra, de Tomás Carrasquilla, que Henao Hidrón encuentra en una carta inédita conservada en los archivos de Otraparte: «Acaso haya invocado usted los manes de Miguel Ángel y por eso le ha salido su creación muy del Renacimiento. Ya sospechaba yo que era usted muy greco-latino, de una nerviosidad muy sutil, y que fluctuaba entre Kempis y Epicuro. Usted sabe sentir la naturaleza y la belleza de la realidad; pero acaso siente mejor el arte, especialmente el plástico».

Me gusta esa intuición de Carrasquilla que coloca a Fernando González entre Kempis y Epicuro. De hecho, el pensamiento de solitario de Otraparte se balancea entre el epicureísmo y el ascetismo del autor de La imitación de Cristo; entre el paganismo y la mística cristiana; entre el Señor de la Piedra de la iglesia de Envigado y la estatua griega del hermafrodita dormido que visitaba en el Museo Nacional de Roma.

Fuente:

Ochoa Moreno, Ernesto. «Entre Kempis y Epicuro». El Colombiano, columna de opinión «Bajo las ceibas», sábado 9 de diciembre de 2023.