Boletín semanal con la vida
y obra de Fernando González

Centésima vigésima séptima entrega

Para leer a Fernando González

Alberto Restrepo González
(1997)

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~ 18 ~
Teología moral

(Continuación…)

Moral cristiana

De la instintividad a Cristo

El camino moral, recorrido desde la intuición inicial del remordimiento en Pensamientos de un viejo, llevó a González hasta la comunión con la Presencia, Intimidad o Ser Vivo, más allá de todo fenómeno o representación.

En la etapa de la filosofía del determinismo causal, González pensó que la moral griega, encarnada en los valores estéticos, como moral de la sinergia orgánica, había sido ajena a los fenómenos morales de pecado y remordimiento:

A [los griegos] no les remordía la conciencia casi nada, únicamente a causa de estar feos, y suprimieron este problema, en Esparta, matando a los niños deformes o débiles. En Grecia, la piedra de toque de lo bueno y lo bello era la sinergia orgánica; el espíritu, entre ellos, era, por decirlo así, la sonrisa de la carne organizada. (er)

Me admira mucho que Sócrates no tratara del remordimiento, de la guerra interna. (er)

Atribuyó al catolicismo la invención del conflicto entre sentidos y espíritu, la teoría del pecado, la conciencia de culpa, la imaginación de ideales contrarios a los de la vida terrena, la desadaptación del hombre a su condición terrena, y el tormento del remordimiento:

Con el aparecimiento de la teoría del pecado y con la creación de vidas ideales contrarias a la de la Tierra se rompió el vivir normal en que estaba el hombre desde hacía muchos siglos, desde que logró dominar a la naturaleza enemiga con sus invenciones. El catolicismo, al establecer una contradicción invencible entre los sentidos y el espíritu, hizo imposible para el hombre el ambiente de la Tierra y desde entonces es un ser atormentado, un judío errante. El hombre no duerme ya tranquilo y lucha por amoldarse, lo que es imposible. […] ¡Gran poder el del pecado! Por él somos desadaptados y aguzamos la inteligencia. (vp)

Entendió la moral cristiana como moral de la hipertrofia de la conciencia del espíritu, del sentimiento de cielo y del dolor del remordimiento, generadora del combate contra la Tierra, la condenación de la alegría vital, y la concepción de la santidad como el ensimismamiento del hombre a la búsqueda del espíritu indestructible:

Los actos son agradables cuando son pecado. (vp)

Esto del remordimiento apareció con el cristianismo, es el gran beneficio de esta religión. (er)

Luego vino el cristianismo. La esencia de esta moral consiste en hipertrofia del instinto del cielo, lugar en donde no hay muerte, cambio de sentimientos, infidelidad en todo sentido. La Tierra es infiel. El hecho protuberante de esta moral es el remordimiento. Aparece el cristianismo porque el hombre se resiste a desaparecer; se hipertrofia su miedo a la muerte, a dejar de ser propietario. Y para lograr el cielo, ¡guerra a la Tierra! […] Por consiguiente, el hombre abandona la Tierra y se mete dentro de sí mismo a buscar el espíritu, la parte inmutable, la indestructible, aquella que no es el deseo, ni la pasión, ni el pensamiento, aquella que no pueden encadenar ni matar. Pero el hombre, así encerrado dentro de sí mismo, siente que es terrenal; el amor lo tienta en las primaveras, lo tienta el odio, la carne reclama; cae, tiene remordimientos, enflaquece, se tortura, el cilicio, las hambres: ahí me tenéis al santo, al que se convirtió en campo de batalla entre la Tierra, repleta de las bellas apariencias que nacen, sonríen al sol y mueren, y el cielo, paraíso de la beatitud, de la eterna y completa satisfacción. La piedra de toque de lo bello y lo bueno consiste ahora en lo que sea inmutable, lo que no se parezca a la Tierra y sus fenómenos. El grito del cristianismo es ¡odio a la Tierra! (er)

[El Renacimiento fue] una transacción entre la Tierra y el Cielo. Se convino en que las Venus servirían para estatuas de santas; que los Padres de la Iglesia aprenderían de los maestros griegos, para servir al arte, a las letras y ciencias cristianas. Que se podría pecar, pero con un poco de remordimiento y para confesarse. Se inventó el Purgatorio, el pecado venial, la compra de indulgencias. Grecia iba triunfando, cada día conquistaba posiciones, pero vino el atormentado Lutero y la parte bárbara de Europa, el norte, se opuso, y el cristianismo tomó su antiguo aspecto de tormento. (er)

Pero, a la vez que iba deviniendo su vivencia del cristianismo como el creador de la conciencia de pecado, remordimiento y desprecio a la Tierra, González fue vivenciando a Cristo, superador de la necesidad fenoménica, como un camino posible para la liberación de las limitaciones espacio-temporales del hombre. Se hizo consciente de la validez milenaria de la propuesta moral de los grandes liberadores o superadores de las limitación, Buda, Sócrates y Cristo:

El método es un camino. Por eso Jesucristo, cuando quiso manifestar su infinita importancia, dijo que Él era El Camino. […] Hay en el corazón humano el deseo extraño de librarse del límite. ¿Será este el secreto de la grandeza de Jesucristo y de Sócrates? […] ¿Cuánto hace que le dieron la cicuta a Sócrates o que crucificaron a Jesucristo? De ahí para acá no hay sino sudor y deseos de rapiña. […] ¿Quién se atreve a modificar el camino? ¿Cuánto hace que los caminos de la humanidad son Jesucristo y Sócrates? (vp)

El destino es la ley que nos limita. ¿Podemos subir y hacer cada vez superior nuestro destino? Quizá con la contención. Esa es la esencia de las doctrinas de los superadores, tales como Siddharta Gautama y Jesucristo. (vp)

A partir de la vivencia de la resurrección entrevió que el camino de Jesús, vencedor de todo lo fenoménico, incluida la muerte, era el camino para el hombre necesitado de supervivencia, sujeto de responsabilidad moral, viajero hacia lo inespacial:

Jesús es el camino; Jesús que triunfó de lo fenoménico. ¿Quién otro ha vencido a la muerte? Esos pobres campesinos de Galilea no pudieron inventar la resurrección de Jesús y sus conversaciones de resucitado. […] ¿Sería verdad que Jesús venció lo fenoménico? ¿Sería verdad que Jesús no era su cara judía y su cuerpo virgen? […] ¿Quién superior a Jesús? Vivió como eterno; fue quien consideró la forma corporal como accidente, fue el Superador. ¡Nada de Siddharta Gautama, ni de Sócrates, ni de Confucio! Jesús fue el primero que venció a la muerte. Nosotros […] aún sentimos que al morir nos pudriremos y queremos estar con nuestros parientes y conciudadanos en la bóveda. ¡Es que el soplo divino es muy escaso! Pero el día en que logremos percibir que fue natural que Jesucristo resucitara y se fuera para el Padre, Él, un yo, cambiaremos nuestro título de ciudadanos del universo por el de ciudadanos de lo inespacial. (vp)

Parece que lo único que satisface es plagiar a Cristo. ¿Será el camino? (ant vii)

Mi conciencia es cristiana. Todo lo que he escrito me causa remordimiento. ¡Cógeme, Señor! ¡Tranquilízame! En mi interior oigo una voz que me reprocha y que me dice que Cristo es el único cimiento. (ant vii)

Desde la vivencia de liberación total de las representaciones, vive la propuesta moral de Cristo como moral liberadora:

Queridos hermanos y colegas: somos unos putos, es decir, juzgados, pues tal adjetivo viene del verbo puto, putas, putare, que significa juzgar. […] Sólo Cristo nos ofrece la salvación. Él es el camino. Santo será quien bregare por imitarlo, porque sólo Él puede abstenerse de tirar piedras a la mujer adúltera. Cuando estamos alegres, ágiles, lleno el pensamiento, la campesina burda nos parece una deidad: nos tienta. Esta carne, amadísimos, es nuestro centro de gravedad: la Tierra se opone a que ascendamos. […] ¿Quién nos liberta de la gravedad? El ejemplo de aquél que permaneció solo, agachado melancólicamente al lado de la mujer adúltera. Cristo nos hace libres, y pegados a Él podremos abandonar esta pelota terrestre. (db)

El hombre complicado (héroe, santo) es el rico en instintos, en herencias, en ideales; es el creador de la moral de mañana. Tiene muchas tentaciones, caídas y remordimientos. Es una víctima ofrecida al futuro humano. Allí está Cristo, crucificado para que el hombre progrese. Tales individuos representan la parte revolucionaria, atormentada y llena de futuro. Para el presente son enemigos, anormales y no gratos, pues tienden a perturbar. De ahí que se les llame locos y criminales. Por eso la paradoja de Dostoyevski acerca de que en los presidios están los genios. Pero son la sal de la vida; hacen progresar a la humanidad y una vez llegada ésta al punto a que tendían esos genios, se les coloca en los altares y se dice: «¡Qué ingratos fueron los hombres!». (er)

Y llega a la vivencia nítida de que Cristo es El Camino:

¿Quién es Jesucristo? Es la Intimidad o Padre, manifestado al hombre por el Espíritu Santo. Es la manifestación reconciliada con la Intimidad: el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre. Porque la representación es la Intimidad no reconciliada. Por eso, Cristo resucitó en cuerpo glorioso (reconciliado), y así nos mostró el camino, la verdad y la vida. Seremos representación reconciliada con la Intimidad, si cargamos la Cruz y lo seguimos. ¿Cuál es la escuela, la única escuela, y el libro? La vida de Jesucristo y el Evangelio. […] ¿Cómo se debe vivir, pues? Aceptándote en tu suceder, vivir tu vida, meditarla en el recogimiento, llamando a la Intimidad. En palabras de este libro: haciendo con honradez absoluta tus viajes pasionales, mentales y de beatitud. No mentir nunca. (lvp)

Sólo hay un Maestro, que es vuestro daimón que os conduce al Espíritu Santo o Inteligencia. Por eso dijo el Cristo: Cuando os recogiereis en la Presencia (orar), El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo moraremos en vosotros. (t i)

Continuará…

Fuente:

Restrepo González, Alberto. Para leer a Fernando González. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana / Universidad de San Buenaventura, Medellín, 1997, pp. 1-708. Número total de páginas: 827.

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