Boletín semanal con la vida
y obra de Fernando González

Decimoquinta entrega

De la parroquia al cosmos

Los viajes de Fernando González
Alberto Saldarriaga V.
(1964)

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Mi Compadre

~ 1934 ~

Y mientras Fernando se detiene en el estudio de sus personajes, nosotros anotamos que ese estudio lo hace con deleite; parece que él quisiera ser esos personajes, hombres de acción, y que, en el fondo de sí mismo, experimentara un sentimiento de envidia para quienes poseen ese tipo de personalidad. Lo que envidia, en ellos, es la metodología para adquirir la fuerza y para irradiarla. Sus métodos de perfeccionamiento personal, esto parece ser una idea obsesiva en Fernando.

Detengámonos sobre el telón de fondo sobre el cual se destacará la figura del Brujo. Detengámonos sobre las grandes síntesis de Fernando. En primer lugar, anota:

«Sólo la historia de Venezuela puede escribirse en tres capítulos que tienen por títulos tres hombres: Páez, Guzmán y Gómez. Hay otros tres de menor importancia: José Tadeo Monagas, Crespo y Cipriano Castro. El primero sirvió de puente para el advenimiento de Guzmán, o el liberalismo; y los otros dos para el de Gómez. Los demás —unos trece— han sido suplefaltas y ensayos desgraciados».

«[A Páez le] gustaba el dinero y le gustaba matar a los enemigos. […] La misma fuerza que se manifiesta en Teresa de Jesús, se manifiesta en las cortesanas; la misma que se manifiesta en Bolívar, está en el León de Payara: hay diferencia de evolución. La energía es siempre promesa. En los presidios están los indicios de los grandes hombres. […] ¿Qué más podría exigirse de Páez, que aprendió a coger el tenedor y a usar cuchara al lado de Bolívar? Dios carnicero de los Llanos, jinete inverosímil, orgullo del organismo. Era epiléptico. ¿Por qué exigirle que fuera también santo y un Solón?».

«[Guzmán Blanco es] el hombre de las estatuas. Liberales del trópico en donde la luna y el sol alborotan la savia, la imaginación, todos los jugos vitales. Estatuas que derrumbaban cuando se enojaban con él y que reponían luego. Es el rastacuero simpático que compra un palacio en la calle Copérnico, en París, casa sus hijas con marqueses de allá, construye teatros, concede el país a los extranjeros. Botarate, enamorado, verboso. En suma, la generosidad inconsciente del trópico».

«En Venezuela y en América en general lo admiran los que tienen aún la sugestión europea. Guzmán Blanco no podía hacer ningún bien porque no sentía a Suramérica, no la tenía arraigada en la conciencia. Por aquel tiempo no hubo americanos; fuimos colonia literaria. Se define su gobierno, en cuanto fue bueno, por cierta cultura, pero europea, que antes perjudicó, y por un prejuicio que ha llevado a nuestro continente al borde de la ruina: progreso material por medio de concesiones y de capital extranjero. Guzmán casi entrega a Venezuela».

Fernando anotó:

«Debía aparecer el remedio de cuatrocientos años de guerra a lanza, espada y fusil».

Antes de acercarse al Brujo de los Andes estampó el siguiente prólogo:

«A ratos pienso que los grandes hombres son más fatalidad que todos. Son instrumentos de Dios. No se detienen a meditar; el acto sigue a la idea, mezclados, sin espacio entre ellos. Van como llevados de la mano. Más que ninguno, no saben para dónde van. Obedecen. Pienso que el secreto de la grandeza es obedecer a las voces. Tienen una gran voz interior que no les permite oír otras. La prueba está en que no se cansan, son como posesos. No se fatigan de oír y ver a la misma gente.

Una gran voz que los llama, les sirve de columna vertebral o de bastón. Mientras que nosotros, humanidad amorfa, somos llamados por mil cosas contradictorias y nos fatigamos y cambiamos; nada nos enamora.

Los grandes hombres son posesos de la divinidad. No saben para dónde van; obedecen.

Buscaremos luego cuál es la voz que oye este brujo. Digamos ahora que fue hecho para oírla, pues tiene una facultad que compacta los detalles de su personalidad. […] Para mí, Gómez es una facultad racial al servicio de los destinos de Suramérica. […] Gómez es la facultad de intuir a Venezuela y a sus habitantes tales como los encontró. Es la inteligencia astuta».

«Por qué apareció – Porque el ataque llanero, despótico, directo, es vencido por la astucia dúctil. […] En la naturaleza, cada cosa crea su remedio […]. Venezuela fue llanera hasta 1908. El llanero tiene facultad para el ataque, amor a la guerra, al horizonte, pero carece de inteligencia, entendiendo por tal, la comprensión de los secretos. Para esto, un montañés. El llanero cumplió su obra: mezclar las razas, en sus correrías. En 1908 ya no tenía misión y arruinaba al país. Tal espíritu de rapiña, guerrilla, desorden, debía crear su propio remedio».

«Dónde apareció – Venezuela tiene una parte de los Andes, al occidente. Tal región permaneció en la miseria y oscuridad durante Páez, Monagas y Guzmán. […] Debía aparecer en la montaña. En la pobreza, en familia de trece hermanos huérfanos. Debía levantarse en medio de los negocios lentos y rumiados del campesino, en los cuales se gasta más pensamiento que en la Sorbona. Debía aparecer en la frontera colombo-venezolana, para aprender la neutralidad. Exigía también el destino, para que su fruto fuera digno, que acabara de formarse bajo Castro, disciplinándose con el sombrío déspota, aprendiendo a callar, a entender, a manejar hombres, bandidos, ladrones, mujeres, etc. […] ¿Para qué decir ya que es zahorí? ¿Que parece relacionado con las fuerzas elementales de la naturaleza? Llega su comprensión de los hombres y cosas de Venezuela hasta actualizar el futuro e intuir los sucesos. No se diga que en Venezuela, que en Suramérica, después de Bolívar, ha estado la inteligencia en el poder. La ilustración, sí. Ilustrados eran Vargas, Gual, Marco Fidel Suárez…, pero no eran inteligentes. Más inteligente era Páez».

«El hijo de los caciques – ¿Por qué dicen tantas cosas, entonces? Porque las carreteras las hizo con los vagos, porque quemó los ranchos de los guerrilleros, porque dio orden de acabar con los matones. En cada aldea había un gamonal y diez matones; en cada rastrojo, diez bandidos. ¿Quiénes protestaron? Había muchos del tiempo de Guzmán y los otros, que darían sus vidas por escribir un libro en francés. El liberalismo europeo estaba en todo su esplendor. Colombia y toda Suramérica eran presa de la literatura extranjera».

«Primera virtud: la paciencia – Esperar ocho años, sin cometer un error, ganándose al país por la fidelidad en sus compromisos y en la amistad, haciendo bienes, desempeñando a plena conciencia gobernaciones, presidencias, vicepresidencias, campañas militares».

«Segunda virtud: realismo – A pesar de ser hombre de orden, economía y trabajo; a pesar de tener como ideal un nacionalismo consciente, trabaja con lo que el destino le pone en la mano: guerrilleros que buscan el tesoro para bañarse en él. Les da dinero, funda fábricas, establece empresas, para enriquecerlos».

«Tercera virtud: sacrificar todo al fin – “Al principio me decían —palabras suyas cuando lo visité en 1931—: ¿Cómo va a acabar con los vagos? Yo quería hacer las carreteras con los vagos. ¡Vea que lo matan!, me decían. Yo les contesté: ¿Qué le hace que me maten, si estoy haciendo el bien? Y ya ve que no me han matado, porque Dios no deja que maten al que está haciendo el bien”».

«Es duro cuando su fin de trabajo y paz en Venezuela, lo exige; es manso, cuando el fin lo exige».

«“Yo recorrí toda la sierra y llegaba a los ranchos de los guerrilleros y les decía: vénganse con nosotros a trabajar, ustedes y sus hombres, o les quemo los ranchos. Quemé muchos…”».

«A los presidentes de los Estados les dijo textualmente: “A todos los guapitos de barrio o de municipio que usted no pueda emplear, mándemelos para el Castillo”».

«Cuarta virtud: suramericanismo – Métodos, sangre, formación e ideas son suramericanas. Ni ha salido, ni es letrado, ni tiene dinero fuera del país».

Continuará…

Fuente:

Saldarriaga V., Alberto. De la Parroquia al Cosmos – Los viajes de Fernando González. Medellín, separata de la Revista Universidad de Antioquia, n.º 158, julio / septiembre de 1964, p.p.: 373 – 449. (El ensayo va hasta la página 569).

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