Boletín semanal con la vida
y obra de Fernando González

Quincuagésima entrega

Para leer a Fernando González

Alberto Restrepo González
(1997)

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~ 13 ~
El método

(Continuación…)

Fabricio

Es el doble que encarna el alma pagana de González:

… Fabricio Sacristán, el ídem y acompañante de toda la vida del padre Elías […]. (t i)

Diremos de Fabricio Sacristán que es entremontesino, nacido el mismo año que el padre Elías, 1895, abril 24, mes y día en que nacieron Shakespeare y Cervantes, de cuyos horóscopos hubo indudablemente su amor a la novela, pues de la genialidad corresponde a los de Salónica el decidirlo. Entró al seminario de la Arquidiócesis de Medellín el mismo día que el padre Elías y recibió las órdenes menores; pero el arzobispo Cayzedo y Cuero y el rector Ulpiano resolvieron que no continuara a mayores, porque era cojo de nacimiento, feo también, por la poliomielitis que tuvo su madre cuando estuvo gestándolo. (t i)

… el padre Elías le dijo: Fabricio, esto te sucede porque tú serás y has sido mi alter-ego. Tú serás mi sacristán y mi inseparable aquí, allá y acullá; lo mío es tuyo y lo tuyo, mío; tu cruz es mi cruz y la mía es tu cruz, y uno solo seremos en la vida eterna: Fabricio-Elías; prosigue con tus presencias helénica, romana y de Montalbán. Lo último fue porque Fabricio, en el seminario, se esmeró apasionadamente por «aquellos dioses» y «sus moradas» (idiomas), y por ciertas reminiscencias del sefardita Fernando de Rojas… (t i)

Es curioso, dirán, que sean como uno solo el padre Elías y Fabricio: el uno, presencia pagana; el otro, presencia de la cruz. El padre Elías explica así: Vías al mismo lugar; las presencias conducen siempre al Cristo. Praesentiæ semper ad Christum. (t i)

2.º Los dobles que encarnan el hombre ideal y sirven de punto de referencia para el crecimiento en conciencia.

Encierran las ansias espirituales superiores del Fernando González ideal y posible: vital, enérgico, personalidad plena, unidad interior, voluntad capaz de acción, hombre espiritual.

A través de ellos, el González falto de vitalidad y personalidad se observa y critica; de ellos recibe órdenes.

Son: Bolaños, Jacinto Salazar, Lucas Ochoa, el maestro de los años finales; el padre Elías, presencia cristiana de la cruz, heredero de confusiones ancestrales, solitario y tragicómico, que llega a ser las Bienaventuranzas en su huerto del pueblo de Entremontes.

Bolaños

Al término de Viaje a pie, en «la casa de un pelabolsillos italiano», como «maestro de ceremonias», aparece Bolaños, «zambo suramericano», convencido de que «en América hay grandes escritores y artistas». En Mi Simón Bolívar, Bolaños se convierte en «mi querido amigo Bolaños»; un doble: el yo fuera de los deseos, rebosante de energía, dominador, frío, asexual, portador de todo lo bello y bueno de González, que delega en él el juicio y la racionalidad para que mirando, decidiendo y orientando, desde más allá de los deseos, lo dirija y lo salve, haciéndolo según su ideal:

Ahí está mi doble. Es el único que puede salvarme, porque está detrás y me mira, critica y dirige. Él es todo lo bueno en mí: voluntad, deseo de belleza, etc. Si lo olvido, pierdo.

¡Grandes noticias! Para hacer mi persona como lo quiere mi yo o socie tuve que adoptar medidas violentas. Desde las cinco de la tarde del 8 de junio no volveré a sorprenderme. ¡Cuán sucio y miserable soy! Es preciso rescatarme.

He logrado desdoblarme y percibir a mi yo fuera de mis deseos, y por lo tanto como juez imparcial y a quien no afecta la lucha.

Mi yo va detrás de mí y me dirige en todo. Lo llamo «mi querido Bolaños».

A ratos, por ejemplo, el ansia de nicotina se lamenta y sofistiquea. Entonces grito: «Oiga, amigo Bolaños, dice éste que la vida sin fumar es una estupidez…». Bolaños sonríe, pues comprende que es la necesidad fisiológica pasajera la que se expresa en esos términos, y que muy pronto el pobre cuerpo con sus instintos elementales será feliz.

(Bolaños es ancho de cara, ágil; con tanta vida que produce la impresión de que está derramando energía por ojos, por sonrisa, por todo su cuerpo).

¿Cuál es el oficio de mi querido amigo Bolaños?: dirigir a Lucas y hacerlo a su imagen, según su ideal. Es el crítico personificado. Cuando algún movimiento nace en Lucas, se lo lleva a Bolaños para que lo juzgue como hecho ajeno. Y es segurísimo el acierto. No se puede uno juzgar a sí mismo; debe ser otro el juez. Cuando uno está solo, se pierde, pues la razón se confunde con el deseo. ¿Cómo podría uno dirigirse, si el que desea y el juez fueran uno mismo? ¿En dónde podría admitirse un juez que fuera interesado en la decisión? Si yo soy la razón y yo soy el deseo, estoy perdido, pues el deseo arrastrará todo.

Por eso he sacado afuera todas mis facultades críticas y racionales, personificándolas en el frío y dominador, en el dandi y asexual Bolaños. Él, a todas horas, va detrás de mí, criticando y ordenando, burlándose a veces, pues Lucas, enamorado, mujerero, blando, amigo del gusto, hace mucho caso de las burlas de Bolaños.

¿Qué será del hombre solitario? No es bueno que el hombre esté solo, dijo Dios. Todo esto ha dado nacimiento a «mi querido Bolaños».

¡Camina despacio, come despacio, vive despacio!: estas son órdenes terminantes. Creo que dentro de poco, yo pasaré a ser Bolaños y podré dirigir mejor mi persona. (msb)

Jacinto Salazar

En Mi Simón Bolívar, Jacinto es el doble que personifica la armonía vital y la voluntad de poder, y, con la dureza con la que se educa a un perro, va educando a González (Lucas Ochoa) en la libertad:

Estoy pensando en cambiarle el nombre a Bolaños por Jacinto. Mi yo se llamará Jacinto desde hoy. (msb)

Lucas progresa. Es indispensable que no tenga miedo a hombres, acontecimientos, perros… Lucas tiene miedo, pero obedece a Jacinto; es poltrón, pero teme a Jacinto; es un puto, pero tiembla ante Jacinto. ¿Cómo se educa un perro? Así hay que formar a Lucas. ¿Cuándo será un perro sabio? (msb)

Yo soy el animal sometido a milicia. Deseo ser una voluntad. Se puede llegar a donde no imaginamos; todos los comienzos son oscuros. Podré llegar a tener esa voluntad que casi se materializa en el cuerpo y que produce impresión de misterio. (msb)

Jacinto tiene la cara ancha y los ojos separados. La voluntad hermosea su rostro y cuerpo, porque mantiene elásticos los músculos que regulan los poros y todos los esfínteres. Su boca está delineada por la constante voluntad; los músculos que forman las mejillas y crean la expresión humana, están empapados en dominio y por eso su cuerpo es tan atrayente. Llegaré a vivir en medio de un mundo muy agradable, en las vecindades de la esencia que subyace bajo los fenómenos. (msb)

Mi amigo Jacinto ha dicho hoy lo siguiente: «Te atormentaré, querido Lucas, hasta que nada de tus oscuros deseos se perciba sobre mis voluntades. No quiero que el ruido de tus aullidos borre mis órdenes claras. Cuando sólo yo, Jacinto inespacial y sin amos, libre absolutamente, impere en los dominios de tu vida, tú gozarás, porque estarás muerto. No puede haber paz entre tus instintos y mi ansia de belleza […]». (msb)

En El remordimiento, Jacinto Salazar es el hombre que González, en cambio permanente, desea llegar a ser, hasta libertarse de sí mismo:

En cuanto conocemos, deseamos, y en cuanto deseamos, estamos descontentos de la realidad. […] De ahí viene mi antigua práctica de echar delante, materializado, a Jacinto Salazar, el hombre carón, risueño, fornido pero muy ágil: es la persona que deseo llegar a ser, y cambia cada semana. Obrar, meditar, arrepentirse, anhelar: ahí me tenéis la vida del hombre. El fin es irnos libertando de nosotros mismos. (er)

Es el maestro, creado como doble para tener a quien imitar, en su soledad de latinoamericano que quiere realizar su ideal:

Todo ideal es maestro. Maestro es aquello que despierta la emoción y nos incita a devenir. El maestro nos incita, nos hace a su imagen. El hombre debe escoger sus maestros, si no quiere extinguirse. Jesucristo es el maestro. Para que aproveche, el maestro debe estar encarnado, debe ser un hombre. Y como vivo en completa soledad, como en Colombia no hay a quién imitar, me he creado a Jacinto, el hombre que deseo llegar a ser. Va delante de mí en mis paseos; le consulto en mis propósitos… Me he desdoblado para salvarme. Como el hombre es hechura, no puede estar solo; necesita de un ideal y es llevado a crearlo. De ahí mi teoría de que Dios es padre e hijo del hombre al mismo tiempo. Ya lo veremos más adelante.

En la cara de Jacinto está el ideal de la mía; en sus ojos, los míos; camina como yo deseo hacerlo, reacciona en cada circunstancia como yo desearía reaccionar y no como lo hace este Fernando de pierna temblona que está prisionero en cuerpo detestable. ¡Qué seguridad la de Jacinto en todas las cosas! Y es al mismo tiempo gran maestro de soledad…

Así, yo puedo soportar mi soledad. Ningún ser humano comparte mis problemas y mis cargas.

Solo; a nadie le importa mi bien y mi mal. No hay en el mundo un hombre tan solo… Pero tengo a Jacinto. Me he desdoblado para defenderme y nuestros diálogos serán eternos y benefactores. (er)

En la revista Antioquia es el hombre vital, que vencerá la muerte:

Hay un ser que va detrás de mí, viéndome actuar, criticando y dirigiéndome; se llama Jacinto, hombre carón y vital, tanto, que no lo enterrarán los hombres de telegramas y de oraciones fúnebres. ¡Vayan a opinar a sus madres, a erectarse sobre los féretros de sus madres! (ant ix)

En El maestro de escuela, Jacinto es el ejecutor del remordido Manjarrés, cuyo yo se descompone:

Parió su doble; le puso el nombre de Jacinto. […] El mecanismo fue el siguiente: la inteligencia sería Manjarrés, y el ejecutor, Jacinto. Así quedó desdoblado el hijo de Holofernes. (me)

Continuará…

Fuente:

Restrepo González, Alberto. Para leer a Fernando González. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana / Universidad de San Buenaventura, Medellín, 1997, pp. 1-314. Número total de páginas: 827.

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