Para leer a Fernando González

Alberto Restrepo González
(1997)

~ 1 ~
Introducción

Fernando González es fenómeno humano único entre nosotros.

Desde niño estoy inquiriendo el proceso de su aparición y repudio; el sentido y el objeto de su búsqueda, tan dolorosa, solitaria y difícil; el significado y la validez de su mensaje, tan contradicho y deformado.

Luego de mucho cavilar sobre el enigma de su existencia, creo haber dado con las líneas esenciales de su búsqueda y con el significado de la metafísica vivencial, que constituye su hallazgo.

La filosofía de Fernando González sólo puede entenderse desde su drama vital, pues González no vivió para pensar y escribir, sino que, en razón de búsquedas y agonías personales y concretas, escribió y pensó lo que fue viviendo.

Nada hay en la obra de Fernando González que él no hubiera padecido y meditado, con dolor y gozo. Jamás intentó sistematizar conceptualmente pensamientos ajenos a sus emociones y problemas vitales de cada día: no le interesó, ni trató de conceptualizar lo que no hubiera vivido pasionalmente, surgido de su fisiología e instintividad más primarias.

Entre angustias y gozos, sin elusión alguna, vivió toda su filogenia, instintividad, emocionalidad y pasionalidad, y en un lenguaje totalmente suyo, sin otra intención que vivir intensa y auténticamente cada instante, fue consignando sus vivencias en las libretas que siempre lo acompañaron y que constituyen el germen de sus libros.

Sus obras son su confesión y su itinerario, no un elenco de pensamientos y conceptos ajenos a su experiencia, pues para él vivir fue afrontar instante a instante, desde su individualidad más desnuda y su solidaridad más comprometedora, sin elusiones especulativas ni sistematizaciones meramente intelectuales, la agonía de las vivencias fisiológicas, instintivas, pasionales, mentales, religiosas y espirituales.

Por todo ello, rechazó la lectura y la interpretación de su obra al margen de las vivencias que originaron su pensamiento y su palabra:

El libro tiene que quedar tal como me nació, sin cambios, sin supresiones, porque si no, tendríamos sermonario para señoritas histéricas. […] Yo soy artista de la vida, pintor de animales en celo. (er)

La obra de González sólo se puede comprender en la convivencia y la unificación vital. Para poder asimilar integralmente su mensaje, es preciso estar tan vivo como él, participar de su arrolladora capacidad de apasionamiento por la vida; su ilimitado sentido de convivencia con las múltiples formas de la manifestación vital; su asombroso poder de penetración psicológica; su desmedida lucidez de pensamiento y análisis; su aguda percepción del futuro en las latencias del presente; su fuerza ilimitada de enfrentamiento crítico consigo mismo y con la sociedad; su incontenible voluntad de sinceridad y desnuda inocencia; su ansia inagotable de verdad; su generosa capacidad de sacrificio de todo lo bello y lo grande a cambio de la dulzura del conocimiento; su inmenso poder de profundidad metafísica y vivencia mística; su decisión inquebrantable de llegar a la comunión con la Realidad, más allá de toda representación.

El valor, la vigencia, el poder de convocatoria y la perdurabilidad de la obra de Fernando González radican en su exuberante capacidad de vivencia y pensamiento, encarnados en su inconmensurable capacidad de goce vital, poder de afrontamiento de la condición humana, inquebrantable fuerza interior para vivir luchando en angustia, contención, renunciación y sacrificio; inusual capacidad de penetración crítica a la búsqueda de la realidad esencial; asombrosa capacidad de trascendencia, al margen de sistematizaciones conceptuales y de especulaciones teóricas.

Así parezca simplismo, la única manera de clarificar qué se preguntó, qué buscó, qué encontró y cómo logró sus hallazgos Fernando González, es recorrer, paso a paso, las experiencias de su vida, instintiva y emocional, minuciosamente consignadas por él como viajes pasionales; seguir pormenorizadamente el itinerario de sus viajes mentales, en el análisis implacable a que durante sesenta años, minuto a minuto y acontecimiento por acontecimiento, sometió la emocionalidad, la conceptualidad y los juicios con que expresaba sus vivencias; penetrar, con él, al universo de la Realidad no representativa o fenoménica, en el viaje espiritual.

Por no tomarse el trabajo de deslindar lo que en la obra de González pertenece al mundo pasional y lo que pertenece al mundo mental, que dialécticamente la constituyen, y por hacer caso omiso de la dialéctica itinerante hacia la Intimidad, que la vertebra y orienta, muy comúnmente los críticos la han presentado como un cúmulo de contradicciones desvertebradas, antinomias irreconciliables, rebeldías sin causa válida ni objetivo definido y esoterismos sin fundamento.

Frecuentemente, los lectores de González, al adentrase en el laberinto de «nimiedades trascendentales», agónicamente vividas, que constituyen el material de sus viajes pasionales, tan sensitiva, emocional, apasionada, angustiosa, contradictoria, temática, viva y detalladamente presentados en sus libros, acaban creyendo que sólo se trata de una maraña asistemática de atisbos, indicios, críticas, burlas, diatribas y contradicciones, que se anulan entre sí en impresionante mezcla de penetración intuitiva y ligereza crítica, primitivismo léxico y belleza conceptual, rigor dialéctico y vacíos metodológicos que no llegan a estructurar mensaje o doctrina filosóficamente válidos, ni constituyen síntesis coherente, ni conducen a meta alguna.

Otros, al tratar de analizar su obra como mero sistema mental, conceptual y racional, estructurado, según los cánones de la filosofía especulativa de Occidente, al margen del proceso vivencial que constituyó la vida y generó el pensamiento de González, al encontrarse en presencia de reactividad y actitudes emocionales primarias, personajes populares, entorno aldeano del trópico y lenguaje terrígeno, para ellos insignificantes e impropios del rigor filosófico, han encontrado imposible la inteligencia de un proceso dialéctico válido en la filosofía gonzaliana, temáticamente coherente (desde su adolescencia hasta su muerte), como viaje experiencial y reflexivo desde la causalidad hasta la libertad, desde la representación hasta la Intimidad.

Asumiéndose desde su instintividad más elemental, sin encubrimientos, esguinces, ni huidas, Fernando González no hizo otra cosa que convivir con el universo, a la búsqueda de Dios. Toda su vida luchó por un solo propósito: realizar su existencia en el Ser; llegar a actualizar en el Ser su latencia existencial. Su obra es el itinerario de su viaje, en la pasión, la meditación y la oración, desde la representación existencial hasta la Intimidad del Ser.

Sin embargo, no es infrecuente la obstinación de muchos de los estudiosos de su obra en minimizar o invalidar su búsqueda trascendental, que deviene en experiencia mística como caminar hacia Dios en convivencia con las criaturas, viviendo – padeciendo – conociendo – amando – muriendo – haciéndose las Bienaventuranzas.

Mientras el acercamiento a la obra de González se realice al margen de sus viajes pasionales, itinerario existencial, vivo, gozoso, angustioso, guerrero, sonreído, contradictorio, beato, imprevisible, siempre creciente, raizalmente latinoamericano; mientras no se asuma el rigor nocional, crítico, analítico, metódico, coherente y progresivo con que en sus viajes mentales desnuda sus vivencias pasionales; mientras no se trate de verificar la validez de la experiencia de Dios como metafísica vivencial, su filosofía permanecerá, como hasta hoy, enigmática, confusa, inextricable, generadora de reduccionismos y mitos deformadores.

De la vida de González nos queda su filosofía, caracterizada por el sentido de la nocionalidad libérrima, pero orgánicamente creciente, que la expresa; la rigurosa lógica vital que la orienta; la implacable dialéctica libertadora que la conduce; el consistente aparato crítico que la sustenta; la teoría o método de los viajes, que la vertebra como metafísica de las vivencias, que Fernando González encarnaba como sabiduría viva, coherente, desbordante de una rara fuerza que se imponía suave y poderosamente, sin que uno pudiera saber en qué consistía.

Es doloroso que a un siglo de su nacimiento se sigan multiplicando las imágenes míticas, fragmentarias, melosas, maliciosamente deformadas, reduccionistas, europeizadas de un Fernando González desfigurado: el filósofo de Otraparte, el brujo de Envigado, el repentista incoherente, el humorista desorganizado, el antiintelectualista sin rigor mental, el asistemático sin organicidad, el esoterista excéntrico, el loco irreverente, el provinciano vulgar, el crítico arbitrario, el rebelde sin causa, el crítico procaz, el fascista conservador, el panfletario resentido, el iconoclasta anticlerical, el hereje exaltado, el devoto revestido de rebeldía, el ateo disfrazado de místico, el copiador solapado de pensadores europeos.

Como Fernando González era un maestro, el único método que conozco para entender su obra consiste en recorrer, ordenada y sistemáticamente, su itinerario vital, leyendo sus libros, y luego verificar la validez de su filosofía haciendo los viajes que él hizo, entre luchas y contradicciones, y que patentizó, gozosa y apasionadamente, a lo largo de su vida.

Viaje pasional

Viajar pasionalmente es vivir la reactividad fisiológica, instintiva, emocional, afectiva, valorativa, dentro de los determinismos de la conciencia orgánico-emocional, en el tiempo y el espacio.

Agonía, dolorosa y difícil, del complejo mundo fisiológico-emotivo, en la que González se asume a sí mismo y asume a los seres, tal como viven y se representan en su yo conviviente pasional.

El viaje pasional es la vivencia de sí mismo, de los otros y de lo otro, desde lo que representan para el yo pasional, o sea, desde lo que cada uno vive de sí, de los otros y de lo otro, según la instintividad, la fisiología, la reactividad y las formas elementales de la conciencia; desde lo que uno mismo y los otros y lo otro significan para el yo, según la imagen apasionada que el yo se va formando de ellos, en cuanto los vive temiendo, dudando, agrediendo, despreciando, gozando, insultando, sufriendo, valorando.

Al recorrer el itinerario de los viajes pasionales de González, vivimos la lucha entre las embolias hereditarias y la voluntad de superación por el método y la heroicidad; la sensualidad desbordada, que lucha entre el deseo y la disciplina, el amor posesivo y el amor sacrificial; el combate entre la avidez de gloria y figuración, y la búsqueda de libertad e intimidad; el enfrentamiento entre el deseo de acomodamiento y la exigencia permanente de contención, dominio de sí, renuncia y sacrificio, de la belleza y el goce, al espíritu; el afrontamiento de la contradicción entre la voluntad de dominio, que utiliza, y la voluntad de convivencia amorosa, que respeta al otro en su padecer y en su ser; la confrontación entre el instinto de espaciotemporalidad, encarnado en el miedo a la muerte, como voluntad de eternización en la existencia fisiológica y el goce sensual, y la conciencia creciente de la voluntad de ser, en la categoría de eternidad.

El mundo pasional o de la conciencia fisiológica, y los viajes pasionales que en él se realizan, pertenecen al universo de los contrarios: bien y mal, bello y feo, agradable y desagradable, deseable e indeseable, y es lugar donde aparecen las contradicciones irreconciliables de la obra de González.

El padecimiento de las vivencias contradictorias no sólo no es evadible, sino que tiene que ser asumido hasta que se logre consumir la pasionalidad, agotada la cual es posible realizar el viaje mental, que pone al descubierto los constructos contradictorios de la pasión.

Por razón de la estructura misma de su filosofía, no es posible entender el universo filosófico de González sin las contradicciones; pero, por razón de esa misma estructura, tampoco es posible permanecer en las contradicciones pasionales, pues sería anclarse en el viaje pasional, con exclusión de los viajes mental y espiritual, lo cual equivale a la destrucción de la dialéctica fundamental de la filosofía gonzaliana.

Viaje mental

Viajar mentalmente es vivir la actividad lógica, conceptualizadora, judicativa, raciocinadora, inteligenciadora, concienzadora, según los determinismos propios de la mente humana en el tiempo y en el espacio, para desentrañar, mediante el trabajo mental, los contenidos o imágenes o emociones o formaciones pasionales generadas a lo largo de los viajes pasionales y vertidas en los conceptos con los que, a medida que se fueron viviendo, se fueron expresando las vivencias pasionales.

El viaje mental es trabajo de desnudamiento, objetivación o concienciación, que permite descubrir qué pasionalidad encierran y expresan los conceptos, aparentemente inocuos y pretendidamente objetivos, pero vivencialmente portadores y expresivos de las pasiones que los originaron, las cuales ignora el hombre que los emplea como si fueran puramente racionales y objetivos.

El viaje mental, al desnudar los conceptos de las pasiones que portan y expresan, permite comprender la pasionalidad operante en los diversos mundos espacio-temporales y pasional-mentales, a través de la conceptualidad y los valores que los rigen; superar la oposición entre contrarios, pasionalmente generada y conceptualmente transmitida; entender la realidad viva que integra, más allá de toda oposición, los contrarios pasionales y mentales.

El universo generado por los viajes mentales de González es un universo dialéctico, ascensional, en el que no hay contradicciones, sino crecimiento dialéctico generado por la inteligencia al hacer la crítica de la pasionalidad conceptual.

La filosofía de González no tiene por objeto la construcción de un sistema conceptual, sino la comunión con la Intimidad o el Ser; pero no se realiza sin pasar por la fase o viaje mental, que purifica los conceptos de la pasionalidad que los generó y que ellos contienen.

Es posible, pues, desentrañar el desarrollo dialéctico de la conceptualidad de González, cada vez más clara, más amplia y más exacta, y discernir cómo, a través de un proceso de experiencias vitales, claridades mentales y precisiones formales, la conceptualidad de la filosofía gonzaliana crece y se estructura cada vez más.

Viaje espiritual

Viajar espiritualmente es vivir, fuera de pasiones y mente, tiempo y espacio, divisiones y contradicciones, multiplicidad y apariencia, y cualquier otra forma de pasionalidad, pensamiento y juicio. Es intuir o entender vivamente («inteligenciar»), sentir o realizar interiormente («concienciar»), la reconciliación o superación de toda contradicción entre opuestos. Es superar la conciencia fisiológico-pasional y mental-conceptual, en la forma superior de conciencia: la Amencia, que más allá de pasiones y mente, es, en la Intimidad de la Realidad, y no en la apariencia de la representación. Es ver con el Ojo Simple, o sea, llegar a la realización del principio de la sabiduría: Saber es Ser. Es ser la Beatitud o Bienaventuranzas, en la que todo es Unidad o Realidad o Sustancia o Ser o Dios o Nada de lo que existe. Es el Segundo nacimiento, o Reconciliación de contrarios en la plenitud de la Realidad, Presencia o Intimidad. Es la Beatitud, en el Silencio y la Amencia, por medio del Suicidio, dentro de la categoría de Eternidad, por obra de la Inteligencia, Presencia o Intimidad que hay en el hombre.

Realizados los viajes pasional y mental, se vive, se conoce vivamente, que pasiones y conceptos son imaginaciones y representaciones que no contienen ni expresan la realidad, sino las reacciones emocionales y mentales del yo que somete la realidad a su dominio y le impone los determinismos de la fisiología y el instinto, la pasión y el pensamiento, en categorías de tiempo y espacio.

Desnuda, ya, de asideros mentales y pasionales, gracias a los viajes pasionales que agotan los instintos, y a los viajes mentales, que desnudan la pasionalidad y la conceptualidad, la conciencia encuentra que la Realidad (así pueda percibirse manifestada fenoménicamente en el orden pasional o mental, temporal o espacial, granulada en individuos, dividida en opuestos, llamada con nombres), esencial o sustancial o íntimamente, no es nada representativo ni representable, y que por lo tanto, para llegar a vivir la Realidad, no puede haber nada de pasión, ni de pensamiento, ni de emoción, ni de conceptos, ni de juicios divisorios y calificadores, sino solamente la total superación de los conceptos, o sea, el Silencio; la total superación de los discursos y los juicios inductivos y deductivos, analíticos y sintéticos, o sea, la Intuición viva o Mirada del Ojo Simple; la total superación de la mente, o sea, la Amencia; la total superación de las coordenadas existenciales, o sea, el Suicidio Cristiano; la total superación de las representaciones o apariencias o formas existenciales, en la comunión o contemplación del Ser o Padre o Néant o Dios, lo cual, en categoría de Eternidad, constituye el Paraíso, la Beatitud, las Bienaventuranzas.

* * *

Objeto del presente estudio

El intento del presente estudio es recorrer sistemáticamente la vida, o brujería o teología o mística o filosofía o metafísica de Fernando González (que de todos esos modos llamó su búsqueda), para ver cuáles son los contenidos de su mundo pasional, en padeciendo; cuáles, los de su mundo mental, en entendiendo (conversión del mundo pasional en pensamiento, por el trabajo analítico, inductivo-deductivo de la mente conceptualizadora); cuáles los de su vivencia del mundo espiritual, en amando-orando, al llegar (superada, a través del Suicidio cristiano, la existencia pasional-mental-espacial-temporal) a la comunión con el Ser, Realidad unitotal, Esencia amor, Sustancia única, Presencia, Intimidad, Néant o Dios Padre, que fue la culminación de los viajes de Fernando González.

Se trata de trabajo didáctico, de «maestro de escuela» suramericano, para «libertos suramericanos»; es decir, de construcción didáctica, instructiva, transmisora de nociones portadoras de vivencias de sabiduría, que busca sistematizar los contenidos de la obra gonzaliana para ayudarle a entender a la gente que quiere conocer, recibir y vivir el mensaje de González.

Qué vivió, pasional, airada, gozosa y contradictoriamente, dentro de las categorías existenciales de espacio y tiempo, en la conciencia fisiológica.

Qué vivió mentalmente, qué pensó, que juzgó y qué crítica dialéctica, ordenada y progresiva realizó, dentro de la categorías mentales, para discernir los contenidos pasionales encerrados en los conceptos en los que fue vertiendo lo que había vivido pasionalmente.

Cómo pasó del existir al ser, o sea, cómo llegó de la contradicción y la convivencia con los seres, en la representación, el padecimiento y el pensamiento, a la comunión con el Ser, y cómo logró mirar, con la mirada del Ojo Simple, en el mundo de la Amencia, en la categoría de eternidad, fuera de las coordenadas espacio-temporales y pasional-mentales.

En el centenario de su nacimiento, quienes somos testigos de la lucha inconcebible, desmedida y solitaria que Fernando González sostuvo por llegar a la comunión con la Realidad, nos sentimos llamados al esfuerzo por realizar una presentación integral, orgánica, sistemática y coherente de su vida y de su obra, que tal vez aporte algo al rescate de su personalidad de hombre siempre veraz, caminante desnudo, luchador coherente, viajero hacia Dios, inmisericordemente sometido a reduccionismos atroces, mitologizaciones enfermizas, superficialidades y deformaciones lastimosas.

A riesgo de que esta obra resulte ser lo que González mismo llamó «Fernando González para niños y señoritas bien educados» (er), el presente estudio pretende constituir un manual propedéutico construido con base en superabundantes citas de la obra gonzaliana, muchas veces deliberadamente repetidas, como ayuda pedagógica a los posibles lectores que quieren comprender cómo estructuró González una filosofía orgánica cuyos temas y búsquedas fue madurando desde su niñez hasta su muerte, mientras los vivía gozosa, tormentosa y contradictoriamente en la conciencia fisiológico-pasional; los reflexionaba inteligente, crítica y progresivamente en la conciencia mental; y los consumaba, en la trascendencia contemplativa de la Amencia o Bienaventuranzas, en la conciencia espiritual.

Partiendo de su mundo ancestral, hasta llegar a la clarificación del hecho y la experiencia cristianos, trataremos de presentar, a manera de suma, cada uno de los grandes temas de la filosofía de Fernando González.

En una segunda parte atisbaremos su vivencia de Latinoamérica, su experiencia cristiana y su vivencia mística.

— o o o —

~ 2 ~
El ancestro

¿Cómo ve, Fernando González, el drama del mestizo latinoamericano? ¿Qué representa para él, y desde qué óptica lo mira? ¿Cómo asume su condición de blanco criollo? Esas son las preguntas que trataremos de responder en este capítulo, pues resulta evidente que la pregunta por el ancestro es fundamental para quien, como Fernando González, tiene un profundo y permanente sentido de la unidad vital entre los seres, y vive ascendiendo a sus raíces, como el pisquín de su casa de Otraparte. (t ii)

La noche misma de su muerte, en las últimas líneas que escribió, lo encontramos enfrentando el drama de la muerte y de la inmediatez del encuentro con Dios, desde su condición ancestral de González Ochoa:

1.º Yo soy una concreción de materia organizada que reacciona en el cosmos; 2.º Yo soy una concreción de materia organizada animal que reacciona en el mundo; 3.º Yo soy una concreción de materia organizada humana (hombre)… que… ídem; 4.º Yo soy un colombiano; 5.º Yo soy un envigadeño; 6.º Yo soy un envigadeño González Ochoa; 7.º Un González Ochoa Fernando…; y… yo soy el que conozco eso y sé que soy reacciones y que el Único o Todo no reacciona o es reacción sino Eternidad —Eternidad es categoría del Todo—.

Yo tengo o soy esa idea Todo.
Soy conducente, muriendo —naciendo—.
¿Qué soy yo? ¿Yo? Nada. Creatura. Acepte o no acepte soy nadie en Dios (1).

* * *

El afrontamiento de los
determinismos filogenéticos

González asume su ancestro desde la convicción de que cada individuo encarna y representa un drama necesario, determinado por la vinculación a seres y hechos pasados, en los que la representación futura de cada uno estaba presente como latencia:

¡Cuán innumerables son los caminos por los cuales puede ir nuestra vida! […] Cierto es que no puedes escoger entre ellos, que el pasado fija tu camino venidero. (pv)

La ley consiste en que toda apariencia estaba potencialmente en otra que le precedió en el tiempo, o mejor, en otras, porque todo, todo viene del coito de seres o acontecimientos. (dm)

Cada uno lleva en su estado actual toda su historia. Los individuos y los pueblos llevan en su felicidad o su desgracia los indicios de su pasado. (dm)

Cada hombre, único e irrepetible, es solidario con toda la vida pasada, y porta el alma de sus antepasados, en virtud de la necesidad lógica vital:

Aquí estoy, Lucas. Soy el instante presente. […] Al mismo tiempo soy toda mi vida pasada, todos mis ascendientes. Yo soy mi obra; soy el autor y la obra. Soy ahora nada más, pero también fui. (msb)

Indudablemente que Manuel es una resultante de fuerzas psíquicas; cuando penetremos bien en don Mirócletes, Abrahán y todos los otros parientes, sonreiremos y diremos: la vida es un serrucho en cuanto a la lógica. (dm)

Nuestro daimón natalicio es único. Nuestro ombligo de cada uno es único. […] Mi presencia fisiológica o daimón fisiológico es único. ¿Y quién otro tiene los «complejos psíquicos» que fueron mis padres y abuelos, mi gente, mis convivientes y los que nacieron de mis personales experiencias únicas? El daimón o presencia psíquica mía es única. (t i)

Por ello, entre los descendientes de una misma estirpe hay solidaridad de origen, acción y destino:

Cada hombre lleva el alma de uno de sus antepasados… El abuelo don Juan, el abuelo don José… (pv)

El camino de cada hombre se diversifica del común camino de los ascendientes, en cuanto deja de amar lo que ellos amaron:

Cuando uno se estudia a sí mismo, encuentra que su alma es hecha de pedazos del alma de los antepasados. Estos días he estado meditando en las historias que nos contaba nuestra madre y el abuelo Juan se me ha aparecido como una visión futura de mí mismo… […] ¡Todos ellos siguieron un mismo camino…! Hoy llega a mí, que me he separado de lo que ellos amaban, [el bordón con que caminaron los abuelos], y me acompaña por un nuevo sendero. «¡Ya no es la misma la senda!». (pv)

La tarea del hombre no consiste en reproducir la imagen de los antepasados, que en solidaridad de origen se remonta hasta el primer hombre, sino en autoexpresarse y patentizarse originalmente, en lucha con sus determinismos ancestrales:

Busca la manera de no parecerte a tu abuelo: esa es la máxima. La vida es como un papel que no tuviese ninguna forma por ser infinito. Y de ese papel indeterminado, cada hombre, por ser finito, recorta un figura determinada… Yo te aconsejo que no saques de ese papel el mismo muñeco que sacó tu abuelo. (pv)

¿Qué me importan los antepasados? Yo debo autoexpresarme. En los actos a que estoy habituado se manifiestan Adán, Eva y Mirócletes Fernández; ahora me toca a mí. (dm)

* * *

Ancestro y autoanálisis

A partir del análisis de la historia y la psicología de sus ascendientes, afrontó González el problema de la vitalidad continental:

El problema de la vitalidad. […] Hace cinco años y tres meses que toda mi actividad gira alrededor de este problema. Al estudiar a mis conciudadanos, al estudiar a mis parientes me guía el ansia de resolverlo. […] Resuelto, lo quedarán también el problema de América y sus gobiernos, el problema biológico. (dm)

En su ancestro materno, Ochoa, descubre el origen de su anhelo de unidad interior, que deviene en anhelo de experiencia mística:

De esta familia materna heredé mi anhelo ansioso de unidad anímica. Tú ves cómo Abrahán tiene gran impulso volitivo. En él, como en toda mi familia materna, un deseo y una idea perduran hasta realizarse. Les ocupa todo el campo mental y no hay lugar para la tentación. […] En tales individuos, la idea mística se presenta de un modo realista. Para ellos Dios es un socio comanditario, una ayuda para la realización de su ideal. (dm)

La sensualidad vigorosa, que lo acompañó hasta los días finales de su existencia:

Ahí voy con mi «yo», siendo mi «yo», […] a los setenta años soñando juegos juveniles, acariciando «esas manos enfermas»… Es mi abuelo, Macario Elías; son sus coordenadas en mí; tuvo cinco mujeres y muchos hijos en otras allá en lo que llaman la Casa Vieja, en el boscaje a orillas de la quebrada Circe. […] Entiendo que soy esas coordenadas que se disfrazan de «bondad», de «paterna castidad»…, para perpetuarse. (t i)

Yo soy el padre Elías, nieto de Macario Elías el engendrador, que engendra entendiendo, entendiendo… (t i)

¡Murciélago revoloteador! ¡Curita cocineril, velero, corruptor de menores! Porque eso eres; eso fue tu abuelo Macario Elías […]. [El padre Elías] condenado a su mundo que le apareció cuando fue puesto en la Tierra con «herencia» o individualidad, o sea, predispuesto. Una predisposición única formada por todo el pasado. (t i)

Su talante de hombre temático, dominado durante años por una idea o por un problema:

¿No recuerdas la historia del abuelo Juan, aquel viejo maniático y enfermo? Pues mira: cuando uno se estudia a sí mismo, encuentra que su alma es hecha de pedazos del alma de los antepasados. Estos días he estado meditando en las historias que nos contaba nuestra madre y el abuelo Juan se me ha aparecido como una visión futura de mí mismo… (pv)

De sus ascendientes paternos y maternos proviene su amor a la vida y a la grandeza humana:

De ambos padres heredé el amor por la vida grande y bella. (dm)

De la contradicción entre el anhelo de santidad, proveniente de los cromosomas González, y la sensualidad heredada de los Ochoas, su anarquismo sensual:

A pesar de que mi tatarabuela materna era hermana doble del mago José Félix, el espíritu Restrepo es muy ajeno a mí, por lo prevalente de los cromosomas González Ochoa, que por los primeros es una gana loca de ser santo, y por los Ochoas… ¡Los Ochoas somos muy negreros…! ¡Un anarquista, un viejo anarquista es esta piltrafa de loco sensual que habita en Otraparte! (jfr)

De la contradicción entre la autoafirmatividad de los Ochoas y la inseguridad de los González, su actitud antitética permanente:

De mi madre heredé la convicción celular de que soy yo, de que nada debe resistirme, de que soy el mejor de los hombres. Pero viene la tragedia. […] Como mi padre era un gran voluntarioso, su debilidad impresionó grandemente cada una de sus células, y yo nací sin unidad psicológica. Con una gran potencia volitiva y con un convencimiento subconsciente de mi impotencia. […] Ahí tienes explicado cómo los amigos me llaman el filósofo y al mismo tiempo los criados no me oyen, no me obedecen, llamo por teléfono y no me entienden. (dm)

En sus ascendientes Ochoa y Arango encuentra la raíz del espíritu airado que siempre lo acompañó:

Es difícil gozar del instante cuando uno desciende de gente irritable como los Ochoas. (msb)

Cuando no me domino, hablo del mismo modo que mis tíos y abuelos: dogmático, imperioso. (msb)

Mi letra del principio de este diario era diferente, más firme y voluntariosa. La última es el caballo desbocado de mi padre Juan de Dios. (msb)

¡Cuán fea y repulsiva es mi parienta… cuando habla! Siempre se desborda; parece un río de dogmatismo. Es una corriente nerviosa desenfrenada. Al oírla, me digo: «Recuerda siempre, Lucas, a tu tía, y no te enojes ni pierdas la serenidad». (msb)

Con estas cosas vivo airado. ¿No ve que tengo la herencia de los Arangos? ¡Qué duro parentesco! Por ello vivió atormentado, como serpiente en celo, aquel jesuita Fernando Arango. (ce)

La solidaridad ancestral, constituye, por decirlo así, una gran personalidad corporativa en la que pasados y futuros constituyen un solo hombre, cuya representación y agonía es casi patente:

Acaban de irse mis primas Petronila y Felisa. ¡Muy viejas! Petronila, Martina, Felisa… Yo soy, después de ellas, el más viejo de los Ochoas. Conversamos de cómo murieron y de qué todos los parientes. […] Tengo angustia por los Ochoas que han nacido, pero nada por los que murieron. ¿A qué vendrían estos nuevos? Cada vez que me hablaba del hijo de fulana, o de aquella prima, etc., me preguntaba a mí mismo: «¿A qué vendría ése? ¿A digerir qué? ¿A qué representación?». Y casi veía esas vidas, el sentido de esas vidas nuevas, y, hecho curioso, me parecía saber cómo iba a agonizar cada uno. (lvp)

En la solidaridad ancestral encuentra razones explicativas de su manera de actuar y vigorosas motivaciones orientadoras de su obra:

Todos mis actos son puras debilidades, / pues son los mismos actos de mi tío Jesús; / son los abuelos que actúan en mí… (dm)

Don Octavio Ochoa, mi tío abuelo, […] se distinguió por la blancura de los pies, por el amor a los caballos y por el celibato. Este mi tío abuelo amaba a los amigos mucho más que a los caballos, amaba piernas y brazos blancos, curvas disimuladas; amaba las raíces de los grandes árboles… Por ahí me he ido yendo para descubrir los orígenes de mi pasión por el Hermafrodita Dormido […]. Entre Tony y mi tío Octavio, acompañado por el recuerdo de ambos, estoy escribiendo mi libro predilecto, llamado Mademoiselle Tony. (ce)

* * *

El drama del criollaje
y del mestizaje

El drama latinoamericano es conjunto de múltiples y disimiles dramas, generados, todos ellos, por el drama común vertebrador de conquista, colonia y mestizaje: el del indio descubierto y conquistado, el del negro expatriado y esclavizado, el del criollo minusvalorado, el de mestizos, mulatos y zambos menospreciados y envilecidos.

Desde su situación de blanco criollo, mezclado de indígena, analiza González el mestizaje étnico-cultural, drama del hombre latinoamericano:

Criollos son los descendientes de los colonizadores españoles, que conservaron el color blanco, pues mezclados lo somos todos. (ant i)

Cristo en mí, descendiente de la hija del Cacique Ayurá. (cr)

No se trata de un gracejo; González alude al entronque del pueblo antioqueño con el pueblo chibcha, que se desentraña así, según las genealogías de Flórez de Ocariz y de don Gabriel Arango Mejía:

El general Pedro Martín, compañero de Gonzalo Jiménez de Quesada, en 1530, y una indígena chibcha, anónima, padres de Pedro Martín Dávila.

Pedro Martín Dávila y su compañera, de nombre desconocido, padres de Juana Martín.

Juana Martín y Rodrigo de Carvajal, padres de Mencia de Carvajal (la joven o la moza).

Mencia de Carvajal y Diego Ruiz de la Cámara, padres de Juana Ruiz de la Cámara.

Juana Ruiz de la Cámara y Juan Guerra Peláez, padres de María Josefa Guerra Peláez.

María Josefa Guerra Peláez y Alonso López de Restrepo, padres de Alonso de Restrepo Guerra.

Alonso de Restrepo Guerra y Catalina López Atuesta, padres de Alonso de Restrepo López.

Alonso de Restrepo López y Ana Vélez de Rivero, padres de Juan José de Restrepo Vélez.

Juan José de Restrepo Vélez y María Luisa Guerra Peláez, padres de Vicente de Restrepo Guerra.

Vicente de Restrepo Guerra y Catalina Vélez de Rivero, padres de Josefa María de Restrepo Vélez.

Josefa María de Restrepo Vélez y Miguel Uribe, padres de Petronila Uribe Restrepo.

Petronila Uribe Restrepo y Juan de Dios Ochoa (hijo de don Lucas de Ochoa), padres de Benicio Ochoa Uribe.

Benicio Ochoa Uribe y Domitila Estrada, padres de Pastora Ochoa Estrada.

Pastora Ochoa Estrada y Daniel González Arango, padres de Fernando González Ochoa.

Para González, que acepta gozosamente su mestizaje, es bueno y natural que manden los mulatos (mestizos), pues las minorías blancas son impropias para América, y el mestizaje es la fuente donde subyacen las fuerzas vitales autóctonas y está el futuro del continente:

El blanco no es de aquí. Desde tal punto de vista, es bueno y natural que manden los mulatos. (ant i)

Desde su conciencia de mestizo latinoamericano, González vive el drama racial, como crítico de la mentira de la transculturación de Europa a América, y como instigador de la manifestación de la originalidad racial y cultural latinoamericana. Desde su conciencia de blanco criollo, descendiente de vascos y asturianos, lo vive como hombre nostálgico, decadente, opinante y crítico inútil de banca de plaza pública, sepulturero de una vieja cultura y de un viejo hombre, desadaptados e inadaptables al universo latinoamericano.

Como suramericano blanco, prima en él la conciencia de cristiano vascongado, individualista, metafísico, ajeno al sentir mestizo de patrias y patriotismos:

… Lucas de Ochoa es vascongado. Ninguno de su familia, radicada en Suramérica desde 1768, ha sido «patriota». Los vascos, como los judíos, son gente separada por… Jehová. No sirven para eso de «patrias». (lvp)

En cuanto blanco, vive el drama sociológico de los criollos: minoría blanca de pueblo pobre, supervivientes agónicos, solitarios, desubicados e inoperantes, que viven de espaldas al futuro, entre el general mestizaje latinoamericano:

En Antioquia hemos quedado unos cuarenta [criollos blancos], casi todos culirrotos. Por Cali no pude ver ninguno; dicen que en Popayán hay muchos, pero muertos hace tiempos, sólo que no los han enterrado; los tienen dizque para mostrarlos al turista. De Bogotá no se sabe nada. (ant i)

Su drama psicológico es el de los blancos latinoamericanos: incapacidad de acción, por desadaptación; añoranza de la patria lejana, como conciencia de destierro; hiperestesia del sentido metafísico, a la búsqueda de indicios de la realidad de Dios y de los mundos posibles:

Barrera no sirve sino para hablar de la situación, siempre mala. Es de familia española, bellísimas uñas ovaladas y dedos puntudos, pero sucias y negras por el carbón y la mugre. […] Todos los Barreras son así, quejumbrosos, como desterrados de una patria bella que no saben en dónde queda; muchas ganas de trabajar, pero no saben. Los españoles degeneran por aquí en el trópico. Barrera y yo somos pájaros mancos. Parecemos dioses y somos opinantes de banca de la plaza. (me)

En las latencias del momento, por imperativo de las leyes genéticas y sociales que rigen el determinismo evolutivo, percibe la inminente desaparición del exiguo grupo de criollos que pueblan el universo latinoamericano:

No crea usted que existan ya «hombres blancos». Hay unos diez o treinta, muy culirrotos y muy degenerados, por ser hijos de primos, nietos de primos, bisnietos de primos y así, hasta aquellos barbudos y crueles que vinieron con Belalcázar, Robledo y Balboa. ¿No ve que la fuente blanca quedó segada con la Independencia? Cruzamientos, degeneración y vicios acabaron con los godos. Los que ahora dizque sostienen «las buenas ideas» son mesticitos, […] zambitos. (ant i)

Desapareceremos. Nuestros hijos tendrán que casarse con mulatas. Somos los últimos. (ant i)

* * *

Conclusiones

Es preciso conocer la actitud de Fernando González ante su mundo ancestral para poder explicarse su multifacética personalidad, airada, áspera, individualista, introvertida, anarquista, sensual, piadosa, religiosa, temática, metafísica, mística y enamorada de la vida.

Sin una clara visión de su posición y actitudes ante el problema ancestral, no resulta posible entender qué quería decir al repetir, incesantemente, que vivía, a la vez, la solidaridad ancestral y la lucha por la originalidad y el desnudamiento de los atavismos que encarnaron sus abuelos.

Su filosofía del ser, desde la representación latinoamericana, no puede ser entendida al margen del problema del mestizaje, que es el problema radical del continente.

Sin claridad sobre su condición ancestral y su actitud frente a ella, resulta imposible explicarse su conciencia de «filósofo de Suramérica» (n), que, como blanco criollo, vasco y asturiano, vive la desadaptación y la angustia del eclipse de los blancos, y como mestizo latinoamericano, descendiente de indígena chibcha, compañera del general Pedro Martín, es crítico implacable de los mestizos convertidos en híbridos estériles, por vergüenza de su mestizaje, e instigador permanente de la autenticidad continental y de la utopía de la autoexpresión latinoamericana.

— o o o —

~ 3 ~
La niñez

¿Fue Fernando González un converso tardío, realizador de una mística senil? ¿Los problemas filosóficos que afrontó, y las actitudes que tomó al hacerlo, son incoherentes e imprevistas? ¿Puede hablarse válidamente de un Fernando González senil, a la huida metafísica?

El objeto del presente capítulo es tratar de ver, escrutando sus obras, cómo aparecen en su infancia más temprana los rasgos fundamentales de su carácter, su personalidad, sus intereses y sus campos de lucha, y, como resultado de la búsqueda, poder avalar o improbar el postulado gonzaliano que dice:

Cada uno lleva en su carácter la ley que debe cumplir. Si atiende, desarrolla y cultiva eso, será grande como «El Ruiz». (er)

* * *

Perfil caracteriológico

En la niñez de González encontramos nítidamente definidos los siguientes rasgos de carácter y de interés existencial:

Espíritu de caminante

Infidelidad, como insatisfacción de quien anda siempre a la búsqueda de la verdad, por lo que González se autodefine como «cabezón e infiel», a natura:

«Mi madre me parió cabezón, pero infiel». ¡Infidelidad connatural! […] … cuando estaba ocupado con Teanós y con la hija de la propietaria del café «La Cigarra», iba a la iglesia de la calle Paraíso y me paraba contra una columna, buscando. […] Infiel, insatisfecho siempre, semejante a un viajero que llega y ya está de viaje, y cabezón, porque siempre, desde niño, estoy buscando la verdad. (er)

Capacidad introspectiva

Desde la infancia he vivido meditando, parado en los rincones o al pie de los árboles (er).

… no fui niño desgraciado sino hundido por mí mismo, el muchacho que vivió en la calle con caño en donde aparecí. (cr)

Espíritu agonista

… respecto de las muchachas no me han gustado sino las que no se acuestan; que las atizo, las atizo, y apenas me dicen que sí, ya no me gustan. También me acuerdo que no me gustaban sino los juguetes que no podían comprarme, los imposibles. Entonces, ¿qué principio hay detrás de estos hechos? Sencillamente que el placer lo causa la resistencia […]. (ce)

… yo agonizo desde que mi madre me parió cabezón e infiel y me dediqué a eso […]. (lvp)

Sensualidad contradictoria

Atractivo sensual y metafísico; amor y odio a la carne; lucha permanente entre el atractivo del goce sensual y el gozo de la experiencia metafísica:

… de niño metía el dedo en los frascos de perfume y chupaba, y a los siete años lo vio [su padre] pálido y tembloroso acariciándole los pechos a la negra Chinca. (dm)

¡Ay, que siempre, desde mi tierna infancia, he sido tentado duramente por la carne; ella ha sido mi gran amor y mi odio! (hd)

¡Soledad triste mi niñez, si no hubiera sido por la intensidad de los sueños solitarios, atisbando las muchachas entre las arboledas y en el huerto familiar! ¡Deleitaciones espiando a las muchachas que leían novelas mientras yo escuchaba a sus pies! (hd).

Cuando era niño, yo comía tierra y quería ver a las muchachas desnudas. Nos íbamos Conrado, Cipriano, Juan de Dios y otros, a escondernos en los rastrojos de la orilla del baño de la Ayurá para ver a las amigas que se bañaban en camisa. (hd)

Mi madre me parió cabezón, pero infiel; Dios me atrae, pero las muchachas no me dejan. (mc)

Tres son las mujeres con quienes he imitado a José: la criada Margarita, en mi niñez, cuando estudiaba donde los jesuitas y vivía con mi tío Baltasar. Con ésta fue por incapacidad material, que es el más cruel de todos los remordimientos. Teanós, de Atenas, y Tony, de Alsacia. ¡Variados remordimientos que me causan las tres mujeres que me amaron y de quienes no gocé, ya por impotencia, ya por estar enamorado de una imagen propia, o sea, enamorado de la superación! (er)

Espíritu de soledad y anarquismo

Con mi tío Silverio comía tierra; tenía doce años cuando murió. Alma pálida como su cara pecosa. Pasó como sombra. Todos lo olvidaron a mi compañero de banquetes terrenos. (hd)

Siempre he estado con los descontentos. Nunca satisfecho. (er)

Desde niño supe que de mí no emanaba virtud, es decir, que no era conjunto de maneras e instintos, sino un anárquico. (ant ix)

Sentido metafísico

Interés, admiración y capacidad de interrogación sobre los problemas metafísicos fundamentales: personalidad, conciencia, esencia, santidad:

Allí nació Manuel [Fernández], en 1895, a las tres de la mañana, con dientes, o sea el filósofo de Suramérica y de la personalidad. (dm)

No debería importarme ni el dinero, ni la fama, ni el honor, pues desde niño me apellido filósofo. ¡Cuán hermoso este nombre! Significa el esencial, despreciador de todo, menos de la conciencia. (msb)

Una mañana, durante mi niñez, amaneció una rosa en la punta de una vara alta y joven, en el patio de casa; el sol la acariciaba. Allí me quedé buscando, con el aspecto de quien busca, al menos. Cuando leí que Sócrates permanecía parado afuera, a la intemperie, durante horas y hasta días, me alegré mucho porque ya tenía un santificador. Durante la niñez y juventud me había creado motivaciones […]. (er)

Sentido moral

Voluntad de lucha y renunciación, y conciencia de responsabilidad:

¿No fui un niño monosilábico, parado en los rincones, suspenso, solitario? Mi niñez fue una preparación para renunciar. (er)

Desde la edad de ocho años busco el triunfo sobre mí mismo y desde tal edad no ha habido día que no haya una derrota. (ce)

… yo estoy podrido desde que nací y mi alma está tan insegura, que grito: ¡Ma… mamá…! (ant ix)

Dificultad para la síntesis y la afirmatividad

Desde mi niñez he vivido en el límite de sombra de la ciencia; entre ésta y lo desconocido hay siempre una zona atrayente, sombreada, pecaminosa, ilegal. Ahí es donde me ha gustado morar. La ciencia oficial no ha tenido mi amor. La revolución está entre las leyes y el porvenir, zona agradable… Entre la ciencia y la oscuridad completa hay otra, a media luz, como de amanecer; ahí he vivido. No me ha gustado lo que cualquiera puede saber si compra un libro y se sienta en un taburete. (er)

Sentido angustioso de la muerte

En nuestra aldea, allá en nuestro Envigado, nos atormentó la niñez la tumba del suicida liberal Burgos, que murió impenitente y cuyos huesos reposan en el muro sur del vetusto cuadrilátero de cipreses, en el lado que da a un platanar. Allí se apoderó el diablo de su cuerpo, el diablo convertido en musicales y dulces abejas angelitas. (vp)

¿Sabe que desde niño yo tenía el siguiente mal?: meditaba en el instante en que moriré, lo actualizaba, y me desvanecía en angustias horrendas. (rpo)

Conciencia nítida del llamamiento de Dios

Dios me llama a gritos. Desde mi infancia me está llamando a gritos, y, cuando me pongo a escuchar, parezco un diosecito. (er)

Te he llamado desde la niñez. […] ¿Qué has hecho de mis voces? (ant viii)

… y sobre todos los seres he amado desde que nací a Jesucristo y a Sócrates. Han pasado milenios y aún continúan siendo la aurora de la humanidad. (er)

… soy un nadie, un yuquero envigadeño, un transeúnte, peón azadonero que desde que lo parieron está subido en aguacates, mangos, guayabos, atisbando para «conocerlo de vista». (rpo)

¡Qué bueno escribir un librito o vivir una vida que no huela a yo, al medidor! Esa fue mi ambición desde niño. Un librito que huela a Gracia del Espíritu Santo. (t i)

… fui desde niño una inmundicia inenarrable, pero desde que dije yo fui también una gana de conocerlo de vista, tan grande, que mi patrono amado como a mi padre ha sido siempre Zaqueo… Y es tan inmenso este amor, que a veces digo, para consolarme: «¡Sí, sí, yo fui Zaqueo!… ¡Yo Lo vi de vista de ojos en Jericó!». (cr)

Dentro de la conciencia del llamado por Dios y del anhelo de hallarlo, se inscriben su tempranas búsquedas de santificación, por el conocimiento y la experiencia viva y personal de Dios:

¡Las estatuas y pinturas vestidas! ¡Qué desilusión fue la nuestra cuando hace veinticinco años le alzamos el vestido al intrépido Pablo de Tarso allá en la sacristía de la iglesia de nuestro pueblo y vimos que su cuerpo era un tablón de madera ordinaria! Comenzó así lo que ha llamado nuestra anciana tía la pérdida de nuestra fe. Desde entonces no creímos en los santos de Envigado [y] le perdimos el miedo al brioso Pablo; le perdimos el respeto y nos hicimos jefes liberales en nuestra aldea. (vp)

Sentido de vinculación radical a la comunidad eclesial

… nací teólogo; me considero gente de iglesia. Cuando me paseo por los atrios de los templos, me parece que estoy en casa. (er)

Fui a la misa de la iglesia de la calle Paraíso, a pedirle muchas cosas a la Virgen María, así: que yo estiraría mi brazo —la voluntad— y que ella me llevara para donde quisiera… «Hágase tu voluntad». Esto me lo enseñó la hermana Belén, en Envigado. (sal)

Yo creo, vivo, que así yo estoy segurísimo en la Iglesia. ¿Quién puede arrojarme si Él no quiere, y Él no lo quiere, porque desde niño, sucio como el más pintado, lector de todo lo prohibido, viajero por vericuetos, me siento amarrado a la Iglesia…? (cr)

* * *

Conclusiones

La reconstrucción de la niñez de Fernando González, a partir de sus obras, deja en claro cómo, desde sus primeros años, en la antítesis, el agonismo y el amor a la vida, vivió a la búsqueda de Dios.

Agónica y contradictoriamente, González crece como hombre proclive, por una parte, a la introversión, a la pasionalidad desbordada, a la antítesis, a la sensualidad, a la crítica implacable y al anarquismo, y, por otra, a la lucha incansable por la liberación, a la capacidad desmedida de renunciación y sacrificio, a la búsqueda permanente de la verdad, a la convivencia amorosa con la vida manifestada, a la realización de la santificación en la comunión con Dios.

Hasta el día de su muerte reiteró con firmeza la unidad de búsqueda, espíritu, actitud y propósito de su vida y de su obra.

Nada de repentismos, ni de contradicciones inexplicables: a lo largo de toda su vida y de toda su obra, dentro de un mismo espíritu, en total coherencia de actitudes y acciones, Fernando González enfrenta, asume y madura unos mismos problemas hacia un mismo objetivo: la comunión con Dios.

Los mismos cuestionamientos básicos:

… sólo interrogo lo mismo que en mi niñez. (msb)

Los mismos ideales:

… eso es lo que vengo buscando desde niño; un hombre seco, varonil, capaz de no traicionar su ideal, aunque tenga que sacrificar a todos los hombres; uno que encarne un ideal bello y todo lo supedite a ese ideal. (dm)

La misma conciencia angustiada e ingenua:

… desde la infancia me apareció la conciencia de la vejez. (dm)

Todos dicen que soy como un niño. En verdad, no puedo obrar sino como eso; mi actitud, mis modales e intenciones son de niño. (n)

A la hora de la muerte, González era el mismo de su niñez, en cuanto desde la infancia, sin cambiar jamás de objetivo, no hizo otra cosa que irse pariendo a sí mismo, a la búsqueda de Dios:

¡Yo todavía estoy vivito, está vivito aún aquel niño de la calle con caño, calle envigadeña que moría en la mangada El Guáimaro! (cr)

… soy la calle con caño que muere en El Guáimaro. (cr)

Y no he cambiado de objetivo: desde niño u óvulo atisbo la juventud eterna y la busco y rebusco en caños, albañales, cuevas, muchachas y viejos. Desde niño me definí o conocí como el que atisba a Dios desde su letrina: por eso, para cumplir la misión, nací en mí, una letrina, y nací en Colombia, otra letrina. Yo no soy converso: me repugnan los convertidos: ¿para dónde se convierte uno? Uno, un hombre, es cagajón que flota en El Océano de la Vida. Por eso dijo Pablo, patrono de los viajeros: en La Vida somos, nos movemos y vivimos. (cr)

Con su cuento, padre Ripol, usted acabó de partear a «este viejito» que habita y está pariendo hace 68 años en los aledaños de la quebrada La Zúñiga. (cr)

— o o o —

~ 4 ~
Los jesuitas

En el mundo envigadeño, de su primera infancia, y en el colegio de los jesuitas, a donde llegó a los ocho años, y estudió ocho más, Fernando González descubrió sus embolias congénitas; tomó conciencia del vicio solitario o perversión mental e imaginativa; se planteó los grandes problemas filosóficos y existenciales; definió sus actitudes fundamentales ante sí mismo y ante la vida; orientó, definitivamente, el camino de sus búsquedas.

¿Conservó González un recuerdo vivo, grato y amoroso de sus maestros jesuitas, o, por el contrario, recordó con dolor, menosprecio, rechazo y sentimiento condenatorio a sus maestros de infancia y adolescencia?

Durante toda su vida González volvió, una y otra vez, a sus años de jesuitismo para reencontrar las raíces de su drama, reafirmar sus principios, criticar su camino y luchar contra la inautenticidad y la perversión latinoamericanas; de ahí la importancia de responder el interrogante sobre la posición de González ante los jesuitas.

Objeto del presente capítulo es tratar de aclarar, desde los textos gonzalianos, cuál fue su experiencia de sus años de jesuitismo, cuál su valoración de esa vivencia y cuál la apreciación de sus maestros jesuitas.

* * *

El drama

Avergonzamiento por la incontinencia nocturna

Debido a que en el Envigado de 1903 difícilmente era posible terminar la escuela primaria, a costa de grandes esfuerzos, dada la pobreza familiar, Daniel González envió a sus hijos Alfonso y Fernando a Medellín, como alumnos internos del colegio de los jesuitas, de donde en los días libres iban a la casa de uno de los tíos paternos.

Fernando se encontró, entonces, enfrentado al drama de la micción nocturna, que compartía con Marco Aurelio, el paje de la casa, que tocaba guitarra:

Me había ido a pie por el camino para Robledo a recordar a Marco Aurelio, el paje que tenían en casa cuando mi niñez, y que se orinaba en la cama como yo. (dm)

Ya anciano, al reflexionar sobre la transitoriedad representativa del yo, recuerda todavía vívidamente la dolorosa conciencia de su yo de interno del colegio de los jesuitas, humillado y asombrado a causa de las micciones nocturnas:

… donde los jesuitas vivió humillado y meado en la cama, asombrado por el padre Aguirre. (lvp)

El afrontamiento de la embolia de la micción nocturna, y del avergonzamiento que le causaba, hizo del drama infantil de González una lucha heroica que lo llevó a descubrir el hechizo del método y la filosofía de la lucha por el crecimiento en conciencia:

[Lucas Ochoa tenía] ocho años cuando lo mandaron don Juan de Dios y su madre doña Petronila al internado de los Reverendos Padres. Lucas, en aquel entonces, se orinaba en la cama dormido. El padre Aguirre, un gigante rubio, vascongado, le dijo una vez: «No beba agua, muchacho, ni tome sopa». Ahí comenzó Lucas a reconcentrarse, a rumiar sus tristezas. Y a tal extremo llegó su obsesión que culminó en un sistema heroico que desde entonces comenzó a hacer de Lucas el hombre de los métodos, hasta llegar a ser el que pronuncia esta palabra por sílabas: mé-to-do. Quitaba el cordón a uno de sus zapatos y se amarraba heroicamente. En cinco experimentos quedó curado Lucas. Y entonces, a la edad de ocho años, escribió su primer ensayo psicológico acerca del Dolor. En él sostenía que cada célula es una conciencia. Hay que buscar el origen de las grandezas en los incidentes pequeños en apariencia. Pero no alarguemos esto; por sí mismo es demasiado trascendental. (msb)

Sentimiento de abandono paterno

Para Fernando González, su padre Daniel era un Dios:

En mi niñez, cuando mi padre me castigaba, recuerdo que, acurrucado en un rincón, detrás de una cama, me estaba horas enteras murmurando: «Viejo tripón». Y, sin embargo, mi padre era Dios para mí. Es un modo de gastar la energía, cuando sale a borbollones, en palabras gruesas y sápidas. (lvp)

Para el niño de ocho años, tímido, aldeano y solitario, el drama del envío al internado, el avergonzamiento por la incontinencia nocturna y la dureza de carácter del tío se convirtieron en sentimiento de abandono paterno.

En sus obras encontramos, persistente y dolorosamente reconstruida, la vivencia infantil del sentimiento de abandono paterno.

Crueldad el tío paterno, en cuya casa residía:

… el ebrio de don Mirócletes lo abandonó al trato cruel del tío materno, Abrahán Urquijo. (dm)

Muy niño [Manjarrés] quedó huérfano y fue criado por el tío que ya dije que le tuvo de paje aprendiz de triquiñuelas. (me)

Cuando murió el borracho, por haber bebido alcohol impotable en feria de Itagüí, el tío jurisconsulto se llevó al niño. (me)

Apego a los animales y amor elemental a la criada de su tío, como paliativo a su sufrimiento:

En las tablas de una de sus ventanas [de la casa paterna] se lee lo siguiente, escrito con lápiz y muy borroso: «El 24 de abril de 1905 murió el ternero de Manuelito». La letra es infantil, y el sentimiento que trasciende de la casa abandonada, las puertas decaídas y el letrero, es metafísico. […] Fue lo primero que escribió. […] Se revela que […] el ebrio de don Mirócletes lo abandonó al trato cruel del tío materno, Abrahán Urquijo. (dm)

El verdadero padre de Manjarrés, si lo es el que ama y no el que engendra, fue un perro, mezcla de danés y de lobo, llamado Holofernes. Parecía un ser humano, sin los defectos de éste. […] Pero el amor intenso de Holofernes fue el huérfano. […] Esa noche Holofernes salió en carrera loca hacia el riachuelo, y al otro día lo encontraron destripado por un ómnibus: «Parece que mi padre se suicidó», fue la única frase que obtuve de Manjarrés acerca de su familia. Al decir «mi padre» se refería al perro. (me)

… Margarita, / la ojiverde dentrodera de la casa / situada en la calle «San Antonio», / dentrodera / de mi tío, el cruel Ubaldo Ochoa… (ce)

Esfuerzo metódico de crecimiento personal a través de la búsqueda de razones trascendentales para afrontar su drama:

Estando de curial [en casa de su tío] dio principio a eso tan en boga entre los tímidos, que llaman «educación de la voluntad». (me)

El mundo de los sentidos es una apariencia desvaneciente, y detrás está la esencia, dice el que se hace filósofo con el primer dolor. A costa de lágrimas es como se intuye a Dios. Así, yo perdí a los siete años un ternero en quien había puesto mi amor filial, y escribí una frase sincera y profunda. (dm)

* * *

Descubrimientos positivos

Afrontando el doloroso drama de su niñez y viendo vivir a sus maestros jesuitas, González realizó los descubrimientos fundamentales que no sólo reforzaron sus determinismos ancestrales y sus rasgos caracteriológicos de infancia, sino que orientaron y maduraron sus búsquedas. Con los jesuitas descubrió las posibilidades y el valor del método; en su vida los jesuitas y el método constituyen una unidad vivencial.

Descubrimiento del método

El significado y el valor de la disciplina como camino de superación:

El jesuita es el hombre de la regla; el hombre que disciplina su inteligencia y sus pasiones; el hombre interesante; en algún sentido es el hombre superador que buscamos. Las normas de san Ignacio para unos ejercicios espirituales y para una vida son método científico y completo para hacer del alma lo que la voluntad desea. Viven los jesuitas conforme a normas preestablecidas para cada uno de sus segundos, y todos sus actos, todas sus abstenciones tienen por finalidad controlar la carne y el espíritu, doblegarlos, esclavizarlos, para llegar a ser una obra de arte, un hombre perinde ac cadaver. El hombre de la regla es el interesante. ¿Cómo pueden serlo los conformes, los que no inhiben sus pasiones, los que vibran reflejamente a toda solicitud? El hombre de la regla va cincelando día a día, en noches de insomnio, en luchas interiores trágicas y durante toda su vida, su alma conforme a su ideal. Y estos ignacios quieren ser parecidos a la imagen que tienen de Jesucristo. Los amamos y los admiramos: de entre ellos salió François-Marie Arouet, y nosotros vivimos con ellos. (vp)

El afrontamiento del dolor como método libertador de las embolias, que embellece interiormente:

Los jesuitas ejercen gran atracción en nosotros. Únicamente en los monasterios se tiene un ambiente de vida del espíritu. Allí hay tentaciones, luchas, caídas y arrepentimientos; allí hay disciplina; vive el hombre perfeccionándose conforme a un método. Las consolaciones espirituales y los estados de sequedad, esas delicias sólo las experimenta el que lucha con sus tendencias. El alma del místico es interesante como selva del trópico. […] Son figuras interesantes; son monstruos de fealdad o bellezas espirituales desarmónicas; pocos son los mediocres; santos o sátiros; espirituales o satánicos… (vp)

El método. ¡Francamente que el método es lo más conmovedor! Yo no puedo dejar de querer a los jesuitas, porque allá hablaban mucho de eso. (msb)

La posibilidad del propio perfeccionamiento a través de la introspección:

Nosotros, bachilleres jesuíticos, hemos premeditado, hemos abusado de nuestra razón desde aquel lejano año de mil novecientos dos hasta esta cima dorada en que nos encontramos. Y nada hemos ejecutado; premeditábamos en los sutiles labios de las primas y en la dulce sonrisa volteriana. Nos recordamos acurrucados en el rincón penumbroso de la capilla, al lado del confesionario, de esa severa casilla en donde tuvo sus orígenes la psicología introspectiva, revisando nuestra alma, desplegando sus dobleces, atentos, buscando los animalillos de nuestra premeditación, con fruiciones de placer superiores a las que experimenta la mujer hermosa que recorre con sus dedos sensitivos las medias de seda. Nuestro mayor pecado estaba en el goce del examen; agrandábamos el animalillo para asombrar al padre Cerón. El pecado es lo que hace interesante al hombre. […] Y nuestras almas se perfeccionaban así en el pecado; allí fue donde aprendieron los veinte tomos de los siete pecados capitales. […] Sí; nosotros somos los hijos del confesionario; esa fue nuestra universidad; allí fue nuestro maestro de psicología el diablo que con su cola prensil hurgaba y revolvía nuestras almas… (vp)

¡Qué cosa tan deliciosa es la membrana pituitaria! Para recordar los pecados, por ejemplo, nosotros olíamos; por eso, siempre conservábamos un fragmento de la ropa o de la cabellera (¡aquellas cabelleras de antaño en que se ahogaba uno!), y cuando llegaba el momento del examen de la conciencia, en el rincón del confesonario reburujábamos los bolsillos y olíamos. ¡Era como reburujar la conciencia! Se nos aparecían vivos, palpitantes, nuestros pecados, esos sueños prolongados como un mar soporífero. (vp)

Todos vosotros, queridos maestros, estáis en nuestras membranas pituitarias. ¿Cuál es ese olor? ¿Por qué no podemos definirlo? Es grueso y al mismo tiempo rápido. Al sentirlo la carne se encabrita, surge, y, al mismo tiempo, el espíritu siente dolor de contrición. ¡Eso es! No conoce la delicia del pecado sino quien peca contra la voluntad, o sea cuando el Mundo, el Demonio y la Carne, que son uno, la Mujer, tientan al espíritu […]. Gusta del pecado quien lo aborrece o lo teme. (vp)

La literatura ha sido mi panacea; es una necesidad espiritual, sucedáneo del confesonario. Tanto me confesé donde los jesuitas que si no lo hago ahora, me extingo. Mis lectores reemplazan hoy al padre Mairena y, curioso, en uno y otros he hallado incomprensión. Pero ambos han sido instrumentos y nada importa que no entiendan: la cuestión es confesarse. (er)

Descubrimiento de la moral

La moral como lucha y heroísmo:

¡El jesuita! Indudable que es la comunidad religiosa más interesante, por castos, por estudiosos y por las disciplinas psíquicas. […] El aire ignaciano es propiedad de ellos […]. Imperan en todas partes. Madrugadores, activos, completamente sugestionados de que La Compañía es el Cielo o el camino más recto para él. Tienen razón. Santa Teresa lo afirma. Son insuperables en el respeto a la castidad, inflexibles. De ahí, creemos, su triunfo. Sólo el que siga a Ignacio puede triunfar de la carne. Ninguno de ellos sobresale en originalidad, pues ésta es contraria a su espíritu, pero todos ellos son ilustrados, metódicos, gente heroica. (db)

Descubrimiento de la noción de «ancha presencia» o grandeza de alma o egoencia o personalidad o espíritu inmortal

Ancha presencia es la capacidad de vivencia de realidad y esencialidad, o sea, de humanidad:

Ancha presencia […]. Todos hemos tenido experiencia mayor o menor de lo que es ancha presencia. […] [Ser] esencial. (ant xiii)

Los jesuitas fueron para el adolescente González modelos vivos de belleza y honradez humana:

… conocí al padre Elías, que usaba un pequeño sombrero; era un gorrito sobre su gran cabeza. Fue la primera vez en que vi cómo una prenda de vestir, fea de suyo, se hacía bella por la personalidad. El alma del padre Elías irrigaba el sombrero, echaba raíces en el sombrero. ¡Cuán bello iba el jesuita! […] Entonces comprendí que era la grandeza de alma la que embellecía todo lo exterior, incluso los vicios. (dm)

Recordamos, revivimos a nuestros maestros y confesores […]. Pero el que más influyó en nosotros fue el padre Quirós, flaco, limpio, pausado y agradable en toda su persona. […] Sus dientes eran largos y gruesos, blanquísimos, y las encías, muy grandes y muy sanas. ¡Qué curioso! ¡Era el director del infierno! En el infierno de los jesuitas están los buenos libros prohibidos; es la biblioteca de los libros buenos. Así continúa el maestro Voltaire viviendo con los jesuitas, pero… ¡en el infierno y en compañía del agradable padre Quirós! (vp)

Algo de ancha presencia tuvieron aquí en Medellín el doctor Uribe Ángel, los padres Quirós y Muñoz, jesuitas. (ant xiii)

Descubrimiento del espíritu de la tesis y el espíritu de la antítesis

El espíritu de la tesis, propio de los jesuitas y de los representantes del establecimiento social, se expresa como seguridad de sí en la afirmatividad social y la integración al statu quo. El espíritu de la antítesis, que es el espíritu agonístico de González, se expresa como enfrentamiento social:

… el espíritu Restrepo es social; […] siempre todo el que sea Restrepo está visible y como en su medio en el statu quo social; […] hay una simbiosis entre lo reinante en determinado momento y el espíritu Restrepo […]. Por eso entre la Compañía de Jesús y los Restrepos hay parentesco siempre: todo padre de familia Restrepo es suegro de la Compañía de Jesús. […] Expresándome en términos hegeliano-marxistas diré: el espíritu Restrepo es un gran parásito de la tesis… (jfr)

Descubrimiento de la posibilidad de una filosofía diferente del aristotelismo occidental

A partir de la crisis del primer principio filosófico de la filosofía aristotélico-tomista, presentada por sus maestros como paradigma de verdad por estar cimentada en primeros principios evidentes por sí mismos e indemostrables por argumentos de razón, y del estudio de la filosofía moderna, presentada por sus maestros como portadora del sofisma, González intuyó la posibilidad de un nuevo camino de búsqueda de la verdad:

Cuando teníamos doce años y comenzamos a agacharnos sobre la filosofía moderna para buscar en ella esos animales repugnantes que se llaman sofismas, según hermosa expresión del padre Garcés, nos dijo nuestro maestro: «La metáfora es la madre del sofisma; no filosoféis con metáforas». (vp)

Nosotros somos jesuitas; los años de nuestra formación los vivimos en busca de sofismas, hasta el punto de que el doctor Quevedo (Tomás) dijo, cuando examinaba a uno de nosotros a causa de la estrechez pectoral: «Si este joven no abandona su odio por el sofisma, llegará a ser santo, pero morirá muy pronto». […] Durante dos años refutamos todos los argumentos sofísticos que se han inventado contra esa hermosa composición de los seres: «Materia prima y forma sustancial». (vp)

Descubrimiento del goce vital

Con los jesuitas descubrió González lo que llama los «buenos sentimientos de su corazón»: amor por los paseos a pie, alegría de la convivencia con los fenómenos, goce de la vida, sentido del diálogo, valoración de la mesura y la frugalidad, amor a las muchachas, es decir, a la belleza inocente y tentadora:

También reviviremos aquí a los reverendos padres, a quienes les debemos los buenos sentimientos que hay en nuestro corazón: de ellos tenemos el amor por los paseos a pie; la pasión por los diálogos peripatéticos, en los jardines y patios de los caserones; el ansia de tener finca raíz […]. De nuestros queridos maestros tenemos esa pasión por convertir a las muchachas, por llevarlas a casa para tocarles el corazón e impedir que sean engañadas por hombres miserables… (db)

Descubrimiento del sentido de la muerte como camino

Los jesuitas sí saben enterrar. No hay flores, porque el jesuita muerto es una flor. Van a pie los ignacios, porque el jesuita muerto ya no se apresura: comprende. No hay automóviles. No lloran ni ríen y, sobre todo, no hay mujeres que se manosean echadas en las camas, que se inducen, emanando opiniones. No hay mujeres que comen y que a un mismo tiempo ríen, lloran y se manosean, consolándose. Como en todo, es el jesuita quien posee la noción de enterrar; parece, cuando llevan un cadáver, que llevaran a guardar un vestido inútil ya. (ant ix)

* * *

Descubrimientos negativos

Fernando González descubrió que el mundo jesuítico, así como era fuente positiva de crecimiento humano, también era fuente de la perversión imaginativa mental, emocional y social, porque generaba el vicio solitario y la mirada bizca.

El vicio solitario

Entiendo por vicio solitario toda manera de efectuarse la descarga nerviosa sin que sea excitada por la realidad. (dm)

En los colegios de frailes aprendimos el miedo y la vergüenza de la realidad; nos hicieron hábiles para poseer las cosas a distancia. (ce)

La mirada bizca

El vicio solitario imaginativo mental, emocional y social es causa de la mirada bizca, o sea, de la pérdida en el mundo imaginativo-conceptual de pasiones desatadas, opuestos conceptuales e insolidaridad social, que impiden conocer vivamente la realidad una:

Un amigo mío tiene un ojo desquiciado desde que estuvo en las lecciones de cuarzo; mira siempre para adelante, mientras que el otro ojo es ágil, agarra tenazmente las imágenes. ¡Qué horrible ese ojo sin voluntad! (dm)

Las expresiones de la perversión

El vicio solitario o perversión imaginativa se expresa de tres maneras:

Perversión mental-conceptual

Es conceptualización elaborada por medio de lógica inductiva-deductiva-conceptual, o de ideas generales producidas por la mente razonante, con prescindencia de la experiencia viva y personal:

Algunos han dilapidado su juventud en los alcoholes y nosotros la dilapidamos en medio de estas graciosas mujeres desvergonzadas, las ideas generales. Los primeros principios de todas las ciencias son ideas generales. ¿Cuál de esas proposiciones amplias, cuál de esas muchachas no ha sido nuestra, no ha estado en los brazos envolventes de nosotros, bachilleres jesuíticos? (vp)

El padre Torres nos enseñaba mineralogía en el Seminario, así: «El cuarzo es blanco, de sabor tal, inodoro y abunda en…». No lo veíamos por ninguna parte. (dm)

Perversión imaginativa pasional

Es la habituación a reacción imaginativa emocional, inducida por sugestión que impide la aprehensión de la realidad y genera las inhibiciones psicológicas o embolias, y la falsa moral o moral de la culpa, que se caracteriza así:

Voluntad de encubrimiento, o miedo a la desnudez:

Manuel fue seminarista durante doce años. […] El seminarista no puede verse desnudo. (dm)

Hipocresía, generadora de suposiciones imaginativas, resultantes de la ausencia de experiencias vivenciales:

Tú extractaste mi libro, extractaste de él los himnos y las conclusiones y le pusiste camisa púdica; abandonaste la vida. […] No; así queda hipócrita; se presta para las suposiciones de estudiantes jesuíticos. […] Por eso, la historia del padre Izu es esencial en mi libro. Mi polémica con ese jesuita es la misma que tengo contigo. A él le preguntaba: «¿Por qué va a ser malo oler la ropita de Toní?». Y tú suprimiste tal escena y dejaste las conclusiones […]. […] Y suprimiste las escenas con Jorge, los celos porque Jorge pudiera mirar a la Toní. Suprimiste la escena en el café «La Cigarra». Suprimiste las frases en francés […]. […] Tú capaste a la novilla. Así como los jesuitas a la Historia Natural en que nos enseñaban a ser perversos: ¡le recortaban las páginas en que se describían los órganos genitales! (er)

Inhibición culposa, originada en complejos de moral punitiva que incapacitan para la expresión del amor:

[Manjarrés estudió] donde los jesuitas; con ellos se graduó en introspección, en creerse «condenado», «perseguido». […] … los Reverendos educan a los jóvenes de modo que cuando aman, piensan en el remordimiento y el infierno, quedando asociado el hecho del amor con tantos dolores y miserias que resulta una inhibición. (me)

Perversión social

El vicio solitario, en cuanto perversión social, se sintetiza en la mentira socio-cultural latinoamericana, amalgama de poder político-económico-social-religioso, de la que son fiel expresión los actos de clausura del colegio de los jesuitas:

Donde los Reverendos Padres habían traído una campana neumática, y, cuando «el acto público de fin de año», el hijo mayor del señor Restrepo salía al estrado y, ante las mujeres admiradas y los señores gobernadores, cogía un afrechero, lo colocaba sobre la plancha, lo cubría con la campana, manipulaba para hacer el vacío, y el afrecherito iba muriendo, hasta que el Restrepo levantaba la campana y lo mostraba, cadáver, a la concurrencia. El Reverendo Padre Rector hacía una señal, y entonces otro Padre leía: «Primer premio de física…, Juan Restrepo y Mariano Ospina Pérez, mérito pares…». Rifaban el premio, una medalla…; la ganaba el nieto de don Mariano Ospina […]. «Premio de filosofía […]». […] Estos de las medallas, estos Ospinas, Pachos y Restrepos eran los que iban al Congreso […]. (ant i)

* * *

Fernando González,
jesuita suelto

Cuando González afirma, repetidamente, que es un jesuita suelto, no se trata de gracejos, sino de la expresión de una experiencia vital de carácter signante: la expulsión del paradisíaco mundo de la inocencia envigadeña y jesuítica de su niñez, luego de la experiencia originaria del vicio solitario (perversión mental y pasional), que signa, a nivel individual, para la pérdida de la mirada simple que ve y vive la unidad de la realidad, e introduce a la mirada bisoja, que ve multiplicidad de contrarios irreconciliables y desata la angustia de la lucha dialéctica de la existencia.

La profunda y contradictoria experiencia de la pérdida de la comunión viva con la Realidad una, y la búsqueda metódica de la comunión con la Realidad hizo a Fernando González jesuita por el resto de su existencia.

Jesuitas son:

La familia agonizante de los Ochoas, a la que pertenece san Ignacio:

Nada más activo que lo ignaciano. A nosotros, vascos (en la familia de san Ignacio había Ochoas; su abuelo era Ochoa de Loyola; yo soy Ochoa), nos llama Dios por el lado de la guerra, en su verdadero sentido. (rpo)

Su egoísmo de hombre segregado:

Nosotros, los jesuitas, somos egoístas como los gatos. Es la esencia en la comunidad de los reverendos padres hermanos de la infortunada Cunegunda… Damos muchos consejos, pero el jesuita es hombre segretatus a populo. […] Nada sabe el jesuita de hambres e infortunios, sino por los libros y el confesonario. No conoce la moneda. No compra mercado. No sufre crisis. Está parado al pie del árbol de la vida, consolando a Tony… ¿Por qué no insistiría el padre Torres? ¡Qué gran jesuita hubiera sido yo! (er)

Su sentido de egoencia, independencia y anarquismo:

No; no soy derechista ni izquierdista, esto o aquello; no soy amancebado. Soy F. G. […] «… soy anarquista y jesuita». (ant ix)

Su sentido de la moral y del método, como lucha para el crecimiento interior:

… nosotros, jesuitas sueltos, somos pecadores. ¿Por qué? Porque no hemos observado las cautelas de nuestro padre Ignacio: no tocar, no mirar, etc. Hemos querido ser jesuitas sin las cautelas y sólo hemos logrado refinar el pecado. (db)

Un verdadero jesuita soltado era ese consulito, jesuita que renegó de «las cautelas» del padre Ignacio, que siempre deben llevarse en el bolsillo, a saber: no tocar; no mirar a las mujeres; doblegar los sentidos. (n)

… nuestra gran tristeza es no pertenecer a La Compañía sino por la gana. Somos jesuitas soltados, que de vez en vez vamos donde el padre Zameza a lamentarnos de nuestros negros pecados, debidos a que no llevamos, como ellos, las cautelas del padre Ignacio entre el bolsillo. (db)

… y yo como jesuita suelto […] creo que el padre Ignacio es gloria del hombre, amor y método. (rpo)

Su sentido del heroísmo y de la virtud:

En mis heroísmos y virtudes he sido jesuita expulsado de la comunidad: lo he sido en el confesonario, en la limosna, en el amor y con los sapos. Alguna vez me dio la manía de coger sapos, porque me repugnaban y quería sentirme héroe. Otra vez fue con las mujeres, para vencer la timidez. (er)

Su sentido cristiano de la tarea:

Esta revista [Antioquia] es jesuita, es decir, cristiana, pero nada tiene que ver con la política de Roma, aliada del fascismo. (ant xi)

Soy teólogo —político— jesuita soltado. No gano elecciones, pero soy partero. (ant xvi)

Su misión de «filósofo de los mulatos palanganas»:

Yo no nací seductor; soy un desgraciado gato sensual que comprende lo que no tiene. Soy el filósofo de los mulatos palanganas. (ce)

Yo soy un jesuita soltado por estos pueblos de Colombia para mejorar a mis conciudadanos. (dm)

* * *

Conclusiones

La presencia de los jesuitas en la niñez y adolescencia de González no es hecho adjetivo: sin los intensos y difíciles años de jesuitismo que vivió, no habría sido el que fue.

En el colegio de los jesuitas vivió los grandes dramas de infancia, que solidificaron su talante filosófico; adquirió el sentido del método, de la personalidad, de la disciplina, del amor a la verdad; vivió el doloroso drama del rompimiento con la filosofía aristotélico-tomista, alma de la cultura occidental; descubrió y estructuró, vivamente, los fundamentos de su filosofía; hizo la experiencia de la moral, camino de crecimiento en libertad y personalidad al margen de inhibiciones y complejos de culpa que frustran para el amor.

Con los jesuitas se perfeccionó como el hombre de la disciplina, del método, de la introspección, de la lucha moral, del goce de las cosas bellas, de la filosofía de la vivencia, de los viajes a pie.

Al romper con el mundo de la filosofía aristotélico-tomista, con el método de conocimiento mental-imaginativo, con la vivencia de la pasionalidad inhibida y fantasiosa, se hizo «jesuita suelto».

Fernando González nunca rechazó, ni odió, ni menospreció a sus maestros jesuitas; al contrario, los amó inmensamente, y siempre:

… estos ignacios quieren ser parecidos a la imagen que tienen de Jesucristo. Los amamos y los admiramos: de entre ellos salió François-Marie Arouet, y nosotros vivimos con ellos. (vp)

Para González los jesuitas son hombres admirables y providenciales, como fuerza cultural, para Colombia y Suramérica:

El único lugar en Colombia en donde nuestra juventud recibe disciplinas varoniles, con grandes deficiencias, eso sí, es en los colegios de jesuitas. El jesuita es varonil, realista, posee el orgullo cristiano y practica plenamente el celibato. Las deficiencias jesuíticas proceden de Roma, no de Ignacio ni de España. Todos hemos observado que el jesuita es generalmente varonil y de continente digno: desprecia enfermedades y muerte; enferma y muere en silencio. Al dulzarrón y manoseador, generalmente lo expulsan. Tienen grandes defectos, pero que proceden de Roma y no de Cristo. San Ignacio, duro y varonil, no tuvo un ápice de la falsedad romana. Así pues, en Colombia apenas si en los colegios de jesuitas hay algo de cultura. (ant xi)

Parece que los ignacianos fueron predestinados para Suramérica: ellos estaban creando una civilización en el Paraguay y otra en Colombia, en los llanos de San Martín, pero fueron interrumpidos por envidiosos. Hoy los únicos centros culturales que tenemos son de los jesuitas. Lo sabemos, porque entre ellos vivimos ocho años y allí estudian nuestros hijos. Los jesuitas son admirables: a) Porque practican la selección humana, único caso en el mundo […]; b) Porque practican y defienden la castidad entre ellos; de tal modo que son muy varoniles; el que resulta dudoso, lo expulsan; y c) Porque son realistas. (ant xi)

El espíritu latino de los jesuitas, antítesis del espíritu utilitario anglosajón, encarna la sabiduría y los valores humanísticos que han dignificado a América:

Ahora los persiguen solapadamente, en Colombia. ¡Eso es!: ¡arrojen al espíritu latino e introduzcan expertos, mineros y pastores sajones! ¡Arrojen a los maestros de monsieur Voltaire, a los que abrieron y embellecieron la gran hacienda de los llanos, a los que dieron al Paraguay el espíritu heroico…! ¡Arrójenlos, a nuestros maestros, para que no queden en Colombia sino los putos y putas de la gran familia liberal! (db)

¿Qué amor a la filosofía quedará por aquí, si arrojan a los jesuitas? (db)

Todo lo que los jesuitas significaron en su vida lo expresó, lapidariamente, al escribirle a Antonio José Restrepo:

Les hacen falta a ustedes ocho años de jesuitismo para poder comprenderme (ce)

— o o o —

~ 5 ~
Los problemas fundamentales

La filosofía de Fernando González nace, vivamente, del afrontamiento de tres grandes experiencias de los años de adolescencia en su Envigado natal y en el colegio de los jesuitas:

La conciencia de límite, que impide la comunión viva con el universo y origina el sentido místico de su vida y de su obra.

El vicio solitario o perversión imaginativa, que consiste en reaccionar pasional y mentalmente, de espaldas a la Realidad, y origina el método emocional y el ontologismo moral.

La negación del primer principio filosófico aristotélico-tomista, que frustra la experiencia vivencial y origina la metafísica de las vivencias.

* * *

El problema del límite

Puede decirse que el aforismo «existo, luego soy limitado», es el punto de partida y el determinante de la postura existencial, los interrogantes, las búsquedas y los hallazgos filosóficos de Fernando González.

Desde las primeras páginas de Pensamientos de un viejo encontramos ya, clara, amplia y profunda, su vivencia de la condición limitada de la existencia.

La vida es limitación fundamental:

La limitación es la gran tristeza, y la vida se fundamenta precisamente en ella. (pv)

Por razón del límite, el ser humano está determinado a ser de un único modo, entre la infinitud de vidas posibles:

Considera la infinidad de vidas posibles, y luego, considera que tú no podrás ser sino de un solo modo, que no podrás ser sino una de esas vidas, y caminar por uno del infinito número de senderos que existen… (pv)

La condición individualizada de la existencia humana origina la voluntad de sentido y de dominio:

… comprendió que mientras fuese una individualidad, trataría de dar un sentido a las cosas, trataría de dominar… (pv)

La limitación del conocimiento impide al hombre la aprehensión y enunciación de la verdad absoluta:

Considera que tu idea tiene que ser limitada, y que es consecuencia de tu modo de ser. Considera que por lo tanto es tan definible como lo eres tú. Considera que la defiendes y la afirmas como la verdad, no siendo sino tu verdad. (pv)

En las limitaciones del espíritu se originan el carácter esencialmente comparativo de la conceptualidad, las formulaciones doctrinales y estéticas y la creación de valores:

Los conceptos nacen por comparación, tienen su origen en el límite. (pv)

Con nuestro espíritu definido podemos inscribir todos los valores que deseemos en esa enorme tela incolora que llamo La posibilidad infinita. (pv)

De la limitación del espíritu surge la creación de los entes denominados el misterio, el absurdo y la nada:

No hay misterio ni absurdo sino porque nuestro espíritu es limitado. (pv)

En el deseo de superación del límite se origina el ansia de posesión, que termina en el anhelo de un infinito equivalente a la nada:

Esto que siento es el ansia de poseer más monstruosa; es la tristeza infinita de ser de un modo; de no poder gozar todas las filosofías, todas las bellezas, todas las tristezas… Ya sé yo que el ser en quien están reunidas las tristezas de Jesús, y la alegría de los niños, y el amor de Magdalena, y los odios de Swift, eres tú, tú, el lago verdoso de la nada, tú, el no ser, la muerte. Ya sé yo que tú eres la bebida extraña, desconocida, donde están reunidas todas las cosas… ¡La nada! (pv)

La tristeza radical de la existencia, como frustración de la posibilidad de infinito, es la tristeza de ser limitado:

Así mismo presenta la vida al hombre un infinito número de caminos. Y cuando uno se ha decidido ¿cómo no vivir triste al ser de un solo modo? ¿Cómo no entristecerse al no poder ir por todas las sendas y al pensar en los misterios de tantas vidas posibles? La gran tristeza es la tristeza de ser limitado. (pv)

Fundamentado en el anhelo de posesión y comunión infinitas que hay en el hombre, Fernando González enfrenta la superación del límite por medio de la ensoñación:

En el hombre hay un anhelo infinito: el anhelo de poseerlo todo, de hacerse alma de las cosas. (pv)

Inicialmente, González entiende la ensoñación filosófica como la acción del pensamiento y de la imaginación que liberan de la esclavitud de las determinaciones de la vida, por medio de creación y vivenciación de mundos y vidas posibles, más allá de representaciones y limites:

¡Oh! ¡El sueño! Por él vivimos muchas vidas distintas; él nos liberta de la esclavitud del ser. (pv)

Y tu único consuelo ¡oh soñador! es soñar las vidas posibles… […] Y mientras pasan las nubes, tirado bajo el árbol frondoso, ¡oh soñador!, suéñate todas las visiones posibles, todos los amores, y todas las tristezas… (pv)

La ensoñación conduce a la superación del límite en la disolución del alma en el universo entero, más allá de entes y palabras:

Yo disuelvo mi alma en el universo todo, y así amo todo el universo. (pv)

¡La nada! ¿Cómo gustar esta palabra? Un lago verdoso, con el verde de las algas, eternamente tranquilo… y allí la completa desaparición de todas las cosas y los seres. (pv)

¿Ser o no ser? No; ser nada y serlo todo… (pv)

Realizar la filosofía de la ensoñación, o sea, superar todos los límites por la intuición o sabiduría viva o comunión con el Ser (Universo, Sustancia única), más allá de fenómenos, formas y conceptos, en la pura nada, será la tarea de Fernando González desde sus días de adolescencia en Pensamientos de un viejo hasta sus días finales en Las cartas de Ripol.

* * *

El problema del
vicio solitario

Desde que descubre el vicio solitario, González se entrega a clarificar la noción, precisar la naturaleza fundamental, analizar las manifestaciones individuales y sociales del vicio solitario, y a buscar el método para libertarse de la limitación que es el vicio solitario en cuanto perversión imaginativa mental, pasional y social.

El vicio solitario, la doble miseria de la perversión imaginativa que desvincula al hombre de la convivencia con las manifestaciones de la vida y lo lleva a vivir de reacciones imaginativas y de vivencias y conceptos ajenos, por carencia de experiencia propia de la realidad, es, como vimos,

… toda manera de efectuarse la descarga nerviosa sin que sea excitada por la realidad. (dm)

En el colegio de los jesuitas vivió la experiencia de la perversión imaginativa y mental en un proceso de aprendizaje imaginativo-conceptual en el que, al margen de toda experiencia personal de la realidad, los conceptos procedían de la autoridad de los profesores:

Yo, señores, fui el niño más suramericano. Crecí con los jesuitas; fui encarnación de inhibiciones y embolias; no fui nadie; vivía de lo ajeno: vivía con los Reverendos Padres… De ahí que la protesta naciera en mí y que llegara a ser el predicador de la personalidad. (n)

Con el Mono de Marceliano, en sus diálogos infantiles de esquina de pueblo, descubrió la perversión imaginativa pasional, o sea el arte suramericano de poseer las cosas a distancia y hallar el placer en los sueños:

… el Mono de Marceliano, en la esquina de la casa de don Diego Uribe, a una cuadra de la plaza de Envigado, una mañana […] me enseñó el arte suramericano de poseer a distancia todas las cosas de la vida, a Fernanda, a María Lucía y a una prima nalgona que fue mi tormento… Desde entonces mi tacto se pervirtió; aprendió a encontrar la resistencia, causa del placer, en los sueños y no en los frutos delimitados, turgentes, concretos de la tierra. Desde entonces fui proclive a ideas generales… ¡Dios le haya perdonado al Mono de Marceliano! (ce)

El descubrimiento de la perversión emocional resultó ser el descubrimiento de la versión pasional de la perversión mental, conocida en las aulas del colegio de los jesuitas:

… también para mí la mujer fue semejante al cuarzo. Recuerdo muy bien que fue en Bello, sentados en la acera de una esquina, en donde el mono Marceliano me repitió, refiriéndose a la mujer, la lección del cuarzo: «La mujer es…, para el tacto…, etc.». (dm)

Fernando González emprende la lucha contra la perversión imaginativa mental y emocional como «viaje a pie», o sea, como búsqueda de conocimiento y emoción desde el propio Yo, en convivencia con los fenómenos, y estructura métodos para abandonar el vicio solitario por el ascenso en capacidad de convivencia con la realidad:

… deseo abandonar el vicio solitario de la imaginación filosófica. Ésta nos conduce hacia abajo; es el origen del pesimismo […]. (msb ii)

Desde su dimensión fisiológica, agotando sus instintos, se enfrenta con sus inhibiciones y embolias afectivas, a la búsqueda de la autoexpresión.

En su poema «El Cielo», en Don Mirócletes y en El maestro de escuela narra González la frustrada experiencia inicial del afrontamiento de sus embolias emocionales, originadas en la perversión:

Eres, cielo, como aquella dentrodera Margarita
que no sé por qué quería dárseme
una noche en que le mostré laminitas
de cigarrillo, en la calle «San Antonio».

[…]

Le mostré las laminitas y apagué…
                              Se dejó agarrar
                              pero no acostar,
                              y así pasó,
                              sin nada,
ese amor de una noche en la calle «San Antonio»,
cerca del convento de los padres franciscanos…

[…]

Igual fue a Margarita, la dentrodera
en la casa de mi tío Ubaldo Ochoa… (ce)

Cuando salí del Seminario y me di cuenta de que toda mi niñez había sido vicio solitario, me fui por ríos y quebradas en busca del cuarzo, y lo traje a casa y lo olía y acariciaba, exclamando: ¡Que no venga a mi mente la especie cuarzo en la soledad, sino al tocarte, a causa tuya, hermosa piedra! […] A propósito, también para mí la mujer fue semejante al cuarzo. […] Cuando crecí un poco pensé que no era buena mi soledad y me fui en busca de Eva… Eva fue la coja Matea, cabe un muro del cementerio de Bello, el muro donde está enterrada la madre Dionisia, autoritaria y gorda, superiora de las Hermanas de la Caridad. […] La coja mía, mi buena coja, mi Eva coja, perdonó mis desarreglos imaginativos, mis apresuramientos […]. […] Esta intemperancia imaginativa me ha atormentado mucho […]. (dm)

Su primera experiencia amorosa fue con una joven mulata, fortísima y virgen; ella fue la incitadora y él fracasó en el trance, debido a que los Reverendos educan a los jóvenes de modo que cuando aman, piensan en el remordimiento y el infierno, quedando asociado el hecho del amor con tantos dolores y miserias que resulta una inhibición. Esto fue lo que tuvo Manjarrés con la mulata y se tornó más solitario. Una coja le salvó. La coja Elena; coja de la cadera derecha; alegre y vital. Esta buena mujer le volvió un poco a la realidad. (me)

Para González toda Latinoamérica es vicio solitario, pues íntegros el continente y el país son víctimas de la alienadora perversión imaginativa:

… pornográfica es toda esta Suramérica hija de clérigos, hombres tapados por la vergüenza a la vida. Por eso, nuestra raza es estéril, avergonzada: raza de hombres que hacen las cosas y se esconden, avergonzados de estar vivos. (er)

En Colombia, los hombres han sido educados por frailes, de sotana o no, y por eso carecen del sentido de la realidad; tienen el gatillo débil y se disparan en el bolsillo. (ce)

González encarna su lucha contra el vicio solitario continental, en la negativa a aceptar la falsedad conceptual de la interpretación social y cultural del discurso latinoamericano tradicional:

Hubo un misionero, Fernando González, que no quiso beber babas, y por eso murió en las Américas, tristemente… Este misionero no supo o no pudo vencer el mal carácter heredado de sus abuelos, Lucas Ochoa y un orejón Arango; negóse a beber las babas americanas, y murió culirroto y nuestra Compañía lo presenta como ejemplo de falta de mortificación del mal carácter… (db)

* * *

El problema del primer
principio filosófico

El principio de contradicción de la filosofía aristotélico-tomista dice: «Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en un mismo sentido».

Sobre ese primer principio de contradicción, que en fin de cuentas es la formulación negativa del primer principio de identidad: «Una cosa es lo que es», se estructura todo el sistema filosófico racional y fixista, aristotélico-tomista, que para el adolescente Fernando González parte de una incongruencia fundamental: construido como sistema de razón discursiva, se apoya sobre un primer principio cuya evidencia es indemostrable a través de la razón discursiva, y debe ser aceptado como evidente por intuición.

En el contexto de la filosofía tomista, la enunciación del primer principio ontológico y la afirmación de la existencia de Dios son equivalentes, ya que en Dios, perfecta unidad de idea y realidad, se identifican esencia y existencia, verdad y ser, por lo que la negación del primer principio filosófico conlleva la negación de la existencia de Dios.

Ante el rechazo de la validez del principio de contradicción, como primer principio válido de toda filosofía, el padre Quirós, su profesor de filosofía, le planteó a González la negación del primer principio como la negación de Dios: «Niegue a Dios; pero el primer principio tiene que aceptarlo».

González negó el primer principio filosófico y, con él, el Dios de la filosofía aristotélico-tomista:

… le negué todo al padre Quirós. ¡El primer principio! Negué el primer principio filosófico, y el padre me dijo: «Niegue a Dios; pero el primer principio tiene que aceptarlo, o lo echamos del Colegio…». Yo negué a Dios y el primer principio […]. (n)

La decisión de González de negarse a aceptar la filosofía aristotélico-tomista, dogmática, fixista, intelectualista, conceptual, y consagrarse al estudio de los filósofos modernos, determina su expulsión de los claustros jesuíticos. Dice la carta, enviada en 1911 por los jesuitas a Daniel González, el padre de Fernando:

… desde el año pasado se dio Fernando con sumo ahínco a la lectura, primero de obras literarias y luego este año de obras filosóficas principalmente. […] Comenzando apenas sus estudios de filosofía y no bien cimentados aún sus principios religiosos ha leído con verdadera pasión obras de Voltaire, Víctor Hugo, Kant y sobre todo Nietche (sic), las cuales han apagado en su entendimiento la luz de la fe y han secado en su corazón todo temor saludable. No cree absolutamente, afirma él a sus compañeros, en la divinidad de Jesucristo ni menos en la Iglesia Católica. Imbuido en las ideas de Nietche (sic), sostiene que hasta ahora los hombres han estado cegados con falsas preocupaciones, como el infierno, que un genio ha de hacer desaparecer para sustituirlas con otras nuevas y mejor fundadas. Así lo dice, casi de continuo, a sus compañeros; esto ha sostenido a su profesor de filosofía, el padre Quirós, y en parte también al reverendo padre Rector, sin admitir razones de ninguna clase. […] Por todos estos motivos tengo la pena de comunicarle que la Junta Directiva del colegio ha resuelto que Fernando queda excluido del colegio, y en consecuencia suplico a U. tenga la bondad de enviar por el pupitre y los libros al colegio. […] De U. atento y seguro servidor, Enrique Torres S. J. (2)

La decisión de rechazar el primer principio de un sistema filosófico, que equiparaba la negación de un enunciado conceptual y la negación de la realidad de Dios, convirtió a González en exiliado de la filosofía occidental, fundamentada en el sistema aristotélico-tomista, y en viajero extraviado a la búsqueda, desde sí mismo, de nuevos caminos de verdad:

Mucho tiempo anduvimos por un sendero de rumiantes, sin saber para dónde íbamos. Tampoco sabemos para dónde vamos al vivir. No era, pues, grande nuestra tristeza por estar perdidos, pues perdidos estamos desde que allá, en compañía de nuestros queridos amigos los jesuitas, no pudimos encontrar el primer principio filosófico. Cuando le decíamos al reverendo padre Quirós que cómo se comprobaba la verdad del primer principio que nos daba, nos decía: «Ese es el primero; ese no se comprueba». Desde entonces estamos perdidos. (vp)

Amar y abandonar el camino ha sido toda nuestra vida. […] Es que vamos irremediablemente perdidos desde aquel año aciago de mil novecientos cinco en que no pudimos encontrar el primer principio filosófico, allá en la grata compañía y colaboración del reverendo padre Quirós S. J. (vp)

La negación del primer principio fue el origen de la filosofía de las vivencias, construida emocionalmente, desde la propia instintividad, hacia la autoexpresión por el crecimiento en conciencia hasta la comunión viva con Dios:

Mi vida ha estado dedicada a devolverles a los Reverendos Padres lo que me echaron encima; he vivido desnudándome. Soy el predicador de la personalidad; por eso, necesario a Suramérica. Dios me salvó, pues lo primero que hice fue negarlo, donde los Reverendos Padres. Tan bueno es Dios, que me salvó, inspirándome que lo negara. […] Yo negué a Dios y el primer principio, y desde ese día siento a Dios y me estoy librando de lo que han vivido los hombres. Desde entonces me encontré a mí mismo, el método emotivo, la teoría de la personalidad: cada uno viva su experiencia y consuma sus instintos. La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en auto-expresarnos. (n)

¡Morir! El mismo terror tan infinito que experimento al pensar en la muerte; el vértigo que me da al posesionarme de que moriré, del día en que entraré a la sepultura, ¿no me indican, acaso, que no moriré, sino que me iré? Pero estos no son sino indicios leves de que hay otra vida, y yo quiero saber que la hay; pero no ese saber sacado como conclusión de un libro de premisas, uno de esos libros en que todo es verdad, porque son eslabones de una cadena cuyo principio se cometió la tontería de aceptar. Y el autor dice: «¿Fue aceptado el principio? Pues esto otro está pegado a aquél, o mejor, salió de él, fue sacado de su seno, así como sale el niño del útero oculto…». (msb)

* * *

Conclusiones

El itinerario filosófico de Fernando González resulta incomprensible, a menos que se capte cómo la concienciación, planteamiento y afrontamiento de los problemas del límite, el vicio solitario y el primer principio filosófico constituyen el punto de partida de su búsqueda.

Cuando se conoce cómo González partió del afrontamiento de tales problemas, entonces se entiende por qué, desde el comienzo mismo de su itinerario hasta el final de sus días, su filosofía constituye una metafísica de las vivencias, como esfuerzo incesante de convivencia con las manifestaciones de la realidad viva en la conciencia, hasta llegar a Dios.

— o o o —

~ 6 ~
Las raíces

El problema de
la originalidad

El problema de la originalidad dice relación a los contenidos y al sujeto de la originalidad, y se resume en dos grandes cuestiones: ¿en qué consiste la originalidad?, ¿quién es original?

La incapacidad de convivencia y comunión reduce la existencia a la insularidad, el aislamiento y el autismo; por ello, la originalidad no consiste en un vano ejercicio de extravagancia y excentricidad, sustitutivas de la incapacidad de articulación de la vida y el pensamiento propios con las experiencias vitales y las realizaciones culturales de las generaciones pretéritas y contemporáneas.

La originalidad no consiste, tampoco, en la capacidad de invención desaforada de entes, sino en la acción creativa, que permite el hallazgo y la realización personalizada de la novedad a partir de la convivencia con la realidad.

La originalidad, antes que una invención atrabiliaria, es una articulación tan inédita, enérgica, personal y auténtica de los hallazgos propios con las manifestaciones de la vida y los hallazgos de la cultura universal, que sólo desde la interioridad de quien la realiza puede ser explicada y entendida.

Para González, la originalidad es el poder creador de la coherencia vital, que, al penetrar en el caos de la posibilidad, lo convierte en camino:

Crear es indicar un camino con un dedo prognata que chorree vida, con voz penetrante en el caos de la posibilidad y con neta imagen mental. (dm)

Fernando González no fue original por razón de excentricidades comportamentales, desarraigo existencial, insularidad de pensamiento, cultivo estrambótico de humorismo procaz y escatologismo conceptual, voluntad de agresividad arbitraria, pasional, acrítica y condenatoria de individuos, ideologías, sociedades y culturas.

La originalidad de González radica en su vitalidad desbordante, capaz de convivencia y comunión amorosa con las más variadas manifestaciones de la vida; su don de vivir, sin un segundo de alienación o escapismo, en tarea de crecimiento interior a través de la autoobservación y la autocrítica permanentes; su rara virtud de sentir, pensar y vivir el Ser y el universo desde las nimiedades de su medio ancestral, aldeano y latinoamericano; su decisión de asumirse a sí mismo, patentizar su propia experiencia vital, y recorrer su camino a partir de la realidad ancestral, histórica y social que encarnaba; su aguda penetración crítica de la psicología, la historia, la filosofía, los valores, la sociedad, la teología y la cultura toda; su inusitado poder de universalización de la conciencia; su coherencia metodológica para buscar la verdad viva por el padecimiento, la meditación y la inteligenciación, concientizadores; su esfuerzo por integrar la experiencia vital y cultural latinoamericana a la búsqueda filosófica universal; la novedad de su propuesta filosófica, enraizada en todas las formas de la sabiduría universal y unificadora de todas ellas, en la Teoría de los viajes o Metafísica de las vivencias, generadora de nuevas vías metafísicas, luego de la clausura de la metafísica mental-racional, realizada a partir de la filosofía kantiana.

A la búsqueda de sí, viajando en sí, dentro de sí, hacia su intimidad, González rechazó toda forma de imitación, nunca fue discípulo incondicional de alguien, se negó pertinazmente a las sistematizaciones mentales y conceptuales de escuela, jamás se matriculó en filosofía alguna.

Aunque resulta imposible encasillar la filosofía gonzaliana dentro de sistemas, escuelas o corrientes de pensamiento, sin embargo, el seguimiento de su itinerario existencial, filosófico, religioso y moral, padecido, meditado y entendido a través de los viajes metafísicos, que con sinceridad y autenticidad absolutas fue presentando a lo largo de sus obras, permite establecer, sin confusiones, los múltiples enraizamientos y articulaciones de sus vivencias, reflexiones filosóficas y experiencias ascético-místicas con la sabiduría de Oriente, Occidente y América indígena, en cuanto formas de vida, indicios de la presencia de Dios y caminos para la expansión de la conciencia.

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Las raíces nativas

Fiel al principio de autenticidad, Fernando González vivió el universo desde su yo y su mundo raizal envigadeño, aldeano, individualista, áspero, airado y, muchas veces, prosaico. Viviendo, padeciendo y meditando su cotidianidad; sintiendo como su gente, hablando el lenguaje de su pueblo, realizó, día a día, su proceso de liberación interior y se expresó desenfadadamente a sí mismo como colombiano, latinoamericano y ciudadano del universo desde su Envigado nativo:

Mi lenguaje será el de mi tierra y de mi gente, el de mi patria. Escribiré como hablo y como pienso, pues la vida del idioma y de las ideas es la del pueblo de cada uno. Se burlan de los modismos de los pueblos débiles, pero imitan los de los pueblos de carácter. ¡Mi pobre patria! Todo lo suyo es despreciado por sus hijos. El sombrero de Aguadas nos tiene que venir de Panamá. (msb)

Tampoco mutilaré mis libros. Los escribo para confesarme y si tienen expresiones crudas, es porque así soy yo, así éramos en Envigado, en donde crecí; así pienso y siento. (ce)

Es [Envigado] lugar predestinado para grande epifanía. Vi a Grecia y vi a Florencia y me volví para Envigado, a La Huerta del Alemán, que ahora se llama Otraparte. […] En esta capital de Colombia hay originalidad humana […]. […] Porque Envigado es la patria de los grandes agonizantes. (lvp)

Envigado es escenario muy propicio para padecer y meditar: la gente es individualista y no se mete en nuestra vida. El valle es solemne y muy anchas y de muchos verdes las montañas que lo enmarcan. El clima es propicio a la edad vieja. Estoy bien en Envigado. Los dioses, muchos, están cerca y aman estas noches que son como días dormidos. Estoy mejor que en París o en Roma, que tanto me agradaron. (lvp)

Para el caminito éste, y para el tropezón en guijarros, y para el jaleo con los caminantes, el Señor me dio un grito de arriero envigadeño que me ha dado excelentes resultados: «¡Ánimo, envigadeño descalzo!». (cr)

Contra el parecer de academias e intelectualidades, que se negaron a aceptar la posibilidad de trabajar los grandes problemas metafísicos y construir un universo filosófico coherente y válido a partir de personajes, lugares, situaciones, interrogantes y vivencias elementales y aldeanas, típicamente latinoamericanas, González buscó la conciliación de los contrarios y la universalización de su conciencia desde su intimidad personal y social aldeana envigadeña, nacional colombiana y continental latinoamericana:

Estamos sembrados a la patria y sus jugos deben nutrirnos. La grandeza no es posible sino absorbiendo la de la tierra. ¿Qué importan culturas extrañas? Pero en Colombia comemos lo que producen otros suelos, importamos qué leer y quien nos preste dinero y nos lo gaste, y también importamos quien nos enseñe la biografía de Bolívar. (vp)

En esos apuntes veremos funcionar la dialéctica vital con los materiales propios de esta república de Colombia, pues ella fue el lugar físico y pasional del drama. Cada inteligencia elabora con los materiales que le afectan en su lugar de habitación. Estos son, por así decirlo, la leña para el horno. En el caso presente, los materiales son el gato, los gatos vecinos, el dueño del café, el campesino Blandón, de Salgar, el expresidente Ospina Pérez y su mujer, el Rojas Pinilla y la sirvienta Lucía, que unas veces es «la mujer buena» y otras «la mujer mala». Un cualquiera dirá: «¿Y qué puede resultar de semejantes materiales?». ¡Pero, chico, si los materiales son estímulo apenas! Lo real, lo valioso está en la elaboración y en lo elaborado, que es la reconciliación de «feo», «bello», «bueno», «malo». (lvp)

En [el Libro de los viajes o de las presencias] expresé dramáticamente, dialécticamente, partiendo de mí y de mi Envigado, cómo se hace el viaje desde sus raíces, desde su yo hasta el Cristo y el Padre y el Espíritu Santo. […] Este librito […] lo viví siguiendo a Cristo con mi cruz, es decir con mi personalidad de envigadeño airado, lleno de amor y remordimientos […] (3).

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Las raíces indígenas

González se siente existir como latinoamericano.

Su metafísica vivencial se enraíza con la sabiduría intuitiva de los indígenas, capaces de comunión amorosa con la vida y sus manifestaciones, penetración de las intenciones humanas, desentrañamiento de las latencias de futuro operantes en el presente y capacidad de vivir la realidad como unidad Dios-Vida:

Padres de Suramérica, caciques que recorristeis nuestros ríos y que sabíais coger el pescado sin violencia, ¡protegedme! Indios que sabíais vadear los ríos. Indios silenciosos que mirabais de soslayo al efluvio que emana de los ojos y de todo el cuerpo humano, para conocer las intenciones, ayudadme. Indios silenciosos y sufridos que sabíais curar con las plantas de Suramérica; que ablandabais el oro, que oíais los ruidos lejanos en la selva… Padres míos, que estabais unidos a Suramérica y a su Dios como la pulpa del coco a su envoltura, libradme del mulato y del blanco que no saben de dónde vienen y para dónde van. […] Invoco vuestra sangre, padres indios. En Venezuela sonríe la aurora; allí comienza vuestra conciencia a injertar la civilización que nos precedió en Oriente a la olvidada y despreciada de Suramérica. (mc)

Su metafísica es expresión de la vivencia dramática del alma mestiza, en la que están latentes todos los mitos, místicas, supersticiones y tormentos, complejamente operantes:

Mi alma es suramericana. En mí encuentro al conquistador, al indio, al negro y a los Reverendos Padres hermanos de la desventurada Cunegunda. […] Es que somos complejos, un ensayo de la mezcla de todas las razas y en nosotros están latentes todas las supersticiones y tormentos místicos. (msb)

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Las raíces místicas orientales

Desde niño, como vimos, anduvo González a la búsqueda de Dios.

Apenas adolescente, se puso en contacto con el pensamiento y la mística orientales, incorporados a la cultura occidental por Arturo Schopenhauer, señor del mundo de la representación fenoménica cognoscitiva y de la ultrafenoménica voluntad de vivir:

Propicio es el tiempo para meditar los pensamientos de Spinoza, de los Vedas y de Schopenhauer… «El Uno Primitivo…». «Todas las cosas son fenómenos del Ser Único…». «Todo cambia, pero el Ser permanece eternamente…». (pv)

Tenemos ahora a Buda: genio de la libertad, porque todo lo aceptó; de él nos viene el conocimiento de que al Espíritu se llega por todos los caminos; que hay la oración, la acción, la meditación, para llegar a Dios. Su doctrina no es misionera; comprende que cada hombre y cada pueblo tienen las formas religiosas que les son posibles. A Sidarta Gautama le debemos el Gandhi, que ora en todos los templos y en todos los libros santos. […] A Sidarta Gautama le debemos El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer; le debemos los conocimientos del subconsciente y del superconsciente; toda la ciencia nueva del espíritu, Kant, Fichte, Schopenhauer, Nietzsche, Freud y Einstein; Bergson y Espinosa, son hijos de Buda. (n)

Desde su enraizamiento en la sabiduría oriental, González vivió la unificación intuitivo-contemplativa con El Ser, o el Universo o la Vida o Dios o el Néant, por la superación de apariencias o representaciones, pensamientos y juicios, yo y mente, por la universalización de la conciencia.

El descubrimiento del Uno Oriental (Cosmos-Conciencia-Dios) orientó su búsqueda filosófico-existencial a la superación del pensamiento lógico-racional-conceptual-inductivo-deductivo, característico de la filosofía y la ciencia occidentales; a la universalización de la conciencia, por la comunión con el Universo, a través del saber intuitivo; a la conquista de la quietud contemplativa, de la mística; a la experiencia de la magia, en cuanto participación de los poderes de la naturaleza, que desde los tiempos medievales, por medio del elixir de la vida, la fuente de la eterna juventud y la piedra filosofal, fuente de la sabiduría, buscaba la conquista de la inmortalidad y del hermafroditismo del conocimiento perfecto, en el que confluyen las conciencias cósmicas del Oriente budista y el auténtico cristianismo de Occidente:

En sus bolsillos van los tratados acerca de los budas, de los astros lejanos, teologías, magias y libretas… (msb)

Desde que el cristianismo se entregó a Aristóteles, dejó de ser oriental. Las conciencias cósmicas que ha tenido son aquellas que no abandonaron a Jesús. Aquí nos encontramos con Francisco de Asís: se unificó con todos los seres; llegó a compadecerse del diablo y a implorar por él. ¡Negó el mal! ¡Suprema conciencia! (msb)

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Las raíces cristianas

La existencia de González fue existencia cristiana, en cuanto fue viaje desde la vivencia del Paraíso y la Perturbación Original hasta las Bienaventuranzas y el Cristo: «Camino, Verdad y Vida», Presencia de la Intimidad, «El Entendiendo», «La Inteligencia» patentizada en espacio y tiempo:

El Libro de los Viajes o de las Presencias fue para hacer viajeros; es propedéutico, y allí se anunció que seguirían los viajes propiamente dichos. […] Tal libro fue para hacerse, porque sabiendo es siendo; viajando es siendo. Este de la Tragicomedia es siendo las Bienaventuranzas. Es un viajecito al Cristo. (t ii)

Cuando cesa la presencia de «la muerte» en nosotros, nacemos de nuevo: ya no vivimos en nosotros sino que vive La Inteligencia (o Cristo) en nosotros. (t ii)

González jerarquizó así el universo cristiano, camino que va desde las vivencias fisiológico-instintivas hasta las Bienaventuranzas:

Superior a todos, como Intimidad, más allá del espacio-tiempo de la representación, Jesucristo:

¿Creéis que Jesucristo tenía que enseñar y elevar a los hombres? Era sabiduría y cima. (msb)

Allá, en el Sancta Sanctorum, en donde no hay arriba ni abajo, de donde brota la intimidad, está Jesucristo. (lvp)

Superador, como Jesucristo, del mundo de los fenómenos y del temor a la muerte, pero desconocedor de la resurrección; maestro del conocimiento, a partir del propio conocimiento; cristiano de la era precristiana, Sócrates:

El método es un camino. Por eso Jesucristo, cuando quiso manifestar su infinita importancia, dijo que Él era El Camino. […] Hay en el corazón humano el deseo extraño de librarse del límite. ¿Será este el secreto de la grandeza de Jesucristo y de Sócrates? Los dos dominaron el universo, dieron normas al mundo, y ninguno de ellos escribió. […] ¿Qué escritor es comparable a esos dos que nada escribieron y que dominan la humanidad como dos infinitos caminos invariables? […] ¿Cuánto hace que le dieron la cicuta a Sócrates o que crucificaron a Jesucristo? De ahí para acá no hay sino sudor y deseos de rapiña. (vp)

Viajeros que vivieron la experiencia cristiana, por haberse hecho el drama de la Perturbación Original y el Paraíso: Moisés, Pablo y Kierkegaard:

Que sepamos, estos son los que han vislumbrado, vivido o sido más o menos el Paraíso y la Perturbación, a saber: […] Moisés: Fue el primero que vivió el Paraíso y narró el origen del mundo mental como la pérdida de la Presencia por haber comido el hombre del fruto dialéctico: El Bien y El Mal; la nada y el ser; los contrarios, los conceptos. San Pablo: Que vivió el Paraíso y oyó palabras inefables que no podían ser comunicadas sino en esta frase: «No vivo yo, sino que vive Cristo en mí». Kierkegaard: Intuyó la vida paradisíaca y la Perturbación; que El Hombre era allí «libre», era Libertad, y era Posibilidad o Tentación de la Inocencia; posibilidad del brinco a la dialéctica o esclavitud. Vivió los inteligibles llamados Angustia y Tentación. (t ii)

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Las raíces filosóficas occidentales

Articulación con la filosofía renacentista

La filosofía de González se articula con la filosofía occidental del Renacimiento desde dos vertientes:

Desde la ruptura con la filosofía racional-conceptual, aristotélico-tomista:

La intuición es el conocimiento directo. El que intuye dice: Lo sé —¿por qué?— porque sí; así como sé que existo; lo que intuyo hace parte de mi yo y es evidente por sí mismo. De aquí la inferioridad de la civilización occidental cristiana ante el Oriente discípulo del gran Hermes Trismegisto. El Occidente cristiano se entregó a Aristóteles, al conocimiento indirecto adquirido por deducciones, y abandonó el núcleo de la conciencia. De ahí el materialismo y la civilización mecánica. El Occidente cristiano tiene conciencia maquinista. Inventa el grafófono, la comunicación inalámbrica, el aeroplano, pero no tiene conciencia cósmica. Reinan la prostitución y la miseria moral. Aplicad el concienciámetro al hombre tipo del Occidente cristiano, Edison, y al tipo oriental, Gandhi, y veréis cuál es más elevado, cuál tiene más univérsitas. (msb)

A Platón y Aristóteles se les deben estos más de dos mil años de construcciones mentales, de creación de otros mundos, por esa definición del hombre: animal racional… (t ii)

Desde la opción por la vivencia místico-panteísta-intuicionista:

Alto, Benedicto Spinoza, el hombre más bien dotado para La Sabiduría, y sus maestros-satélites, Bruno y Maimónides, buscadores intuitivos de la realidad una y única, la verdad viva, universal y sustancial: Sive Deus sive Natura, sub specie æternitatis:

Creo, González, que tienes ya una insinuación de la jerarquía espiritual […], y… algún día te enseñaré mi biblioteca: hay unos diez; encima de ellos, alto, Benedicto Spinoza, con sus satélites, Bruno y Maimónides. (lvp)

Giordano Bruno

La vida y la obra de Giordano Bruno, experiencia viva de la universalidad de la conciencia y convivencia con los fenómenos de la vida, tienen para González gran poder consolatorio:

El filósofo, decía Giordano Bruno, tiene a la Tierra por patria; y aun al cielo, agrego yo. También afirmaba de sí mismo que era hijo del Sol y de la Tierra. […] El recuerdo de Giordano me consuela; sus palabras me calientan más que muchacha; su recuerdo me sirve para vengarme de que se marchiten las Toníes y las Taylor. En la librería Flamarión vi a una así, como Salomé, y puedo afirmar que me calienta más Giordano Bruno, a pesar de que aquélla hasta me hizo sufrir de gusto ansioso. (sal)

Su vida y su obra se enraízan y articulan con la vida y la obra de Bruno, a partir del sentido místico-panteísta del filósofo italiano, así:

Actitud de «amor a la vida en su potencia dionisíaca, en su infinita expansión» (4).

Rechazo de pedantes, gramáticos, académicos y gentes dedicadas al ejercicio libresco, que apartan los ojos de la naturaleza y de la vida, a las que Bruno satiriza en su obra Sátira del Candelaio.

Amor a la filosofía presocrática: día de los sabios antiguos; rechazo de la filosofía aristotélica y medieval: caliginosa noche de los temerarios sofistas (5).

Concepción de la realidad como unitotalidad sustancial o ser único, aparentemente múltiple, pues, como dice Ángel Vasallo, «Bruno inicia el panteísmo moderno, tanto el panteísmo de la sustancia (Spinoza) como el panteísmo del logos (Hegel)» (6):

El todo, según la sustancia, es uno […], y aunque se descienda por la escala de la naturaleza, existe una doble sustancia, una espiritual y otra corporal, al fin una y otra se reducen a un solo ser y una sola raíz (7).

Por más grande que sea la diversidad según el concepto propio, por lo cual una desciende al ser corporal y la otra no, una recibe cualidades sensibles y la otra no, […] sin embargo, aquélla y ésta son idénticas y (como a veces he dicho) toda la diferencia entre ellas depende de la contracción a ser corpórea y no ser corpórea (8).

Es pues el universo, uno infinito, inmóvil. Una digo, es la posibilidad absoluta, uno el acto, una la forma o alma, una la materia o cuerpo, una la cosa, uno el ente, uno el máximo y óptimo. No te aproximas más [a la identidad absoluta con el infinito] con ser hombre que con ser hormiga, no más con ser estrella que con ser hombre (9).

Concepción del universo desde la primitiva visión presocrática como realidad una, infinita, viva y animada:

«Primum animal et parens universorum»; «Animal sanctum et venerabile» (10).

Los otros globos, que son tierras, no son en ningún aspecto diferentes de éste (la tierra) en cuanto a la especie; la desigualdad se da sólo por el hecho de ser más grandes o pequeños, por las diferencias individuales, como en las otras especies de animales (11).

La tierra y tantos otros cuerpos que son llamados astros y miembros principales del universo […] tienen vida en sí mismos, y por ella, con ordenada y natural voluntad, a partir de un principio intrínseco se mueven hacia las cosas y los lugares que les corresponden […]. [Se mueven] por un principio intrínseco que es su propia alma […] intelectiva; no sólo intelectiva, como la nuestra, sino quizá más todavía (12).

Cualquier cosa, por pequeña y mínima que sea, tiene en sí una parte de sustancia espiritual, la cual, si encuentra dispuesto al sujeto, se desarrolla en planta o en animal […] porque el espíritu se encuentra en todas las cosas y no existe un mínimo corpúsculo que no contenga en sí una parte que lo anime (13).

El primer principio no mueve sino que, quieto e inmóvil, da poder de moverse a infinitos e innumerables mundos, animales grandes y pequeños colocados en la amplísima región del universo (14).

Digo además que este infinito e inmenso universo es un animal, aunque no tenga una determinada figura y sentidos que lo relacionen con las cosas exteriores, puesto que él tiene en sí toda el alma y abarca todo lo animado y es todo lo animado (15).

Unidad indisoluble Dios-Naturaleza, como dos infinitos que ni se excluyen ni se identifican, pues Dios es el entendimiento universal, el alma única, la forma Única del mundo; y la materia es el receptáculo único, el sustrato informativo del alma universal. Dios es todo en el mundo y todo en cada parte; mientras que la Naturaleza está toda en todo, pero no toda en cada parte. El ser es el todo, los modos del ser son las cosas: el universo es todo el ser y todos los modos; la individualidad es todo el ser, pero no todos los modos. Dios es el principio inmanente del universo, y todo ser natural es un centro del universo, pues en el Uno y Único coinciden los opuestos: máximo y mínimo, indivisible y cuerpo divisible, centro y circunferencia. El centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

La naturaleza es Dios mismo o es la virtud divina que se manifiesta en las mismas cosas (16).

Si dices (como, en verdad, me parece que de algún modo quieres decir, para evitar el vacío y la nada) que fuera del mundo hay un ente intelectual y divino, de modo que Dios venga a ser el lugar de todas las cosas, tú mismo te sentirás muy embarazado para hacernos entender cómo una cosa incorpórea, inteligible y sin dimensiones, puede ser el lugar de una cosa con dimensiones (17).

Llamo al universo «todo infinito» porque no tiene borde, término o superficie; digo que el universo no es totalmente infinito, porque cada parte que de él podemos considerar es finita, y de los innumerables mundos que contiene, cada uno es finito. Llamo a Dios «todo infinito» porque excluye de sí todo término y cada uno de sus atributos es único e infinito, y llamo a Dios «totalmente infinito» porque Él, todo entero, está en todo el mundo y está infinita y totalmente en cada una de sus partes, al contrario de la infinitud del universo, la cual está totalmente en todo y no en las partes (si es que al referirnos al infinito, se puede hablar de partes) que podemos incluir en aquél (18).

Noción de magia como conocimiento vivo, capaz de conducir a la reconciliación de los opuestos. Bruno, contra el método científico de Telesio, afirmaba que el conocimiento y la conquista de la naturaleza viviente, «pansíquica», no se logran por el método investigativo científico racional-conceptual, sino por el saber mágico-intuitivo, que utilizando las artes mnemotécnicas intuitivas de Raimundo Lulio era capaz de captar inmediatamente la realidad y llegar al punto de unión Dios-Naturaleza:

Profunda magia es saber sacar lo contrario después de haber encontrado el punto de unión (19).

Vivencia de la religión como unidad dinámico-progresiva; conocimiento natural, filosófico y revelado, a la vez, ya que para Bruno la religión es religión de la naturaleza viva y animada, y no la «santa asnalidad» de las creencias repugnantes y absurdas, útiles sólo «para la educación de los rudos pueblos que deben ser gobernados» (20).

Con Bruno y su contemporáneo, Pico de la Mirandola, comparte González la idea de que la religión de los filósofos, desarrollada por los magos de Oriente, ampliada por los filósofos clásicos y aclarada por los teólogos cristianos, es común a griegos, orientales y cristianos, y las verdades religiosas «son raíces podadas que germinan, cosas antiguas que rebrotan, verdades antiguas que se descubren» (21).

Enraizado en la unidad y el dinamismo progresivo mágico-filosófico-religioso de Bruno, González vivencia la universalidad religiosa cristiano-pagana en toda forma de sabiduría y belleza, hasta culminar en los iconos del sacristán Fabricio y el padre Elías, presencias pagana y cristiana de la cruz, que van a Cristo por caminos diferentes:

Al mismo tiempo que buscamos en Bergson, buscamos en las disciplinas hindúes, en los museos y en la práctica de rezar el rosario. (er)

Es curioso, dirán, que sean como uno solo el padre Elías y Fabricio: el uno, presencia pagana; el otro, presencia de la cruz. El padre Elías explica así: «Vías al mismo lugar; las presencias conducen siempre al Cristo. Praesentiæ semper ad Christum». (t i)

Lucha por la liberación del límite, por medio del crecimiento en conciencia hasta llegar a la conciencia de Dios, ya que al conocer partiendo de mínimos (tal como, según la filosofía de Bruno, lo hacen los matemáticos y filósofos), se va superando el límite y se retorna a la unidad divina, de la que por multiplicación de formas se generaron mónadas, números y figuras:

Filosofar significa para él luchar contra los límites y las estrecheces que apremian al hombre por todas partes para alcanzar una visión del mundo por medio de la cual el mundo no sea ya un límite para el hombre, sino el campo de su libre expansión (22).

Ascensión, por el conocimiento vivo, hasta la unificación saber-ser, que es la realización del conocimiento en la ascensión mística, consistente en la transformación de sí mismo en la naturaleza o Dios, al lograr en el «sigillus sigillorum», grado más alto de conocimiento, superior a sensación, imaginación, razón y entendimiento, la realización de la «contractio mentis» o concentración y unificación de todas las actividades humanas en la comprensión de toda la Realidad, o sea, en la plena unificación del hombre con la naturaleza o Dios, como Acteón, que, al ver a Diana, de cazador se hizo caza.

Unificación con la naturaleza como unificación con Dios, pues «si la libertad humana fuera perfecta sería como la de Dios: coincidiría con la necesidad de la naturaleza» (De immenso et innumerabilis), pues «necesidad y libertad se identifican (necessitas et libertas sunt unum)», ya que «Dios es la naturaleza» (Lo spaccio della bestia trionfante).

Conciliación o identificación de los contrarios en Dios y el universo, como en un solo principio, fin y realidad:

No es contraria a la razón nuestra filosofía que reduce a un solo principio, refiere a un solo fin y hace coincidir en una sola realidad a los contrarios, de manera que haya un sujeto primero de uno y otro. Por tal coincidencia, consideramos que al fin queda divinamente dicho y establecido que los contrarios están en los contrarios, por lo cual no resulta difícil llegar a saber que todo pertenece a todo, lo cual no pudieron comprender Aristóteles y otros sofistas (23).

Él (Dios) es toda cosa y puede ser toda cosa: potencia de todas las potencias, acto de todos los actos, vida de todas las vidas, alma de todas las almas, ser de todos los seres […]. Y aquello que en otras partes es contrario y opuesto, en Él es uno e idéntico, y toda cosa es en Él una misma cosa, ya se trate de diferencia de tiempos y duraciones, ya de actualidad y posibilidad: para Él no hay cosa antigua y nueva, por lo cual bien dijo el Revelador «primero y novísimo» (24).

Moisés Maimónides

Son raíces de la filosofía de Maimónides, en la obra de González:

La posibilidad única de la metafísica por vía intuitiva, pues el pensamiento sólo es útil para captar y expresar conceptualmente el mundo fenoménico, y no la esencia.

La teología negativa o apofática, es decir, la vivencia de Dios como total negatividad de cosa determinada, según la experiencia que durante la Edad Media había trabajado Dionisio: «No es verdad que Dios sea una esencia. Él es una esencia supraesencial y una nada superexistente» (25), y que durante el Renacimiento habían asumido Eckhart, Ruysbroeck y el mismo Maimónides, al sostener que Dios es el Ser de quien sólo puede decirse lo negativo, pues afirmar algo de Él sería atribuirle imperfecciones a quien es la negación de toda cosa determinada, el no-ser de cada cosa, el superser, el superessente, el sobreexistente.

La supervivencia de los hombres como El Hombre, o sea como el inteligible incorpóreo, pues la diferencia entre los hombres es resultado de las diferencias corporales, que desaparecen al desaparecer los cuerpos diferenciadores y supervivir la gran alma del Hombre, en lugar de la multitud de almas y cuerpos individuados.

González realiza la experiencia que lo lleva al mundo de la mística por el camino de la filosofía, enraizado en las vivencias de Spinoza y Maimónides, que superaron, cada uno por diferente vía, la contradicción entre razón y fe: Spinoza, al contraponer filosofía y revelación, como reflexión y camino de obediencia fiducial; Maimónides, al contrario, al unificar revelación y razón, en la reducción de ésta a aquélla:

Creo que el verdadero método, es decir, el método demostrativo, que elimina la duda, consiste en dejar sentada la existencia de Dios, su unidad y su incorporeidad, mediante los procesos filosóficos basados en la eternidad del mundo. Y ello no porque yo crea en la eternidad del mundo o haga alguna concesión acerca de ello, sino porque sólo por este método la demostración puede ser segura y se obtiene una certeza perfecta sobre estos tres puntos: que Dios existe, que es Uno, y que es incorpóreo, sin que sea necesario decir nada acerca del mundo, acerca de si es eterno o creado (26).

El principio de que Dios actúa según los méritos, la libertad y la razón del hombre, desde el cual elabora Maimónides la filosofía de la conciliabilidad entre la presciencia divina y el conocimiento, la libertad y la acción del hombre, y desde el cual construye González la teología de Dios Intimidad-Presencia, cuya categoría es la eternidad; y del hombre ser-existente-patentización-representación-de-Dios, que tiene categorías de espacio-tiempo y eternidad.

Baruj Spinoza

González ve a Spinoza como el hombre más bien dotado para la sabiduría que, a pesar de haber vivido la Perturbación Original y subido hasta el Paraíso, fue incapaz de superar las categorías lógico-conceptuales, y quedó en el vacío de las oposiciones mentales y conceptuales:

Los que no les ha sido dada la gracia de viajar o ser el Paraíso y la Perturbación Original, se quedan en el vacío… Ejemplo el más protuberante es Benedicto Spinoza, que subió al Inefable, y que murió prematuramente, desgastado por el esfuerzo de hallarle explicación «lógica», «racional» a lo que él llamaba Natura Naturata, o sea, a los mundos estético y mental (Natura Naturans manifestada). No fue, no pudo hacerse la Perturbación Original, y así quedó en el vacío el hombre más bien dotado para la Sabiduría que haya existido en la Tierra. (t ii)

Son raíces spinozianas de la filosofía de González, las siguientes:

Unicidad Dios-Naturaleza (Natura naturans-natura naturata). Sólo hay una única realidad: la sustancia divina; y un único conocimiento verdadero: el conocimiento de Dios:

Todo lo que puede percibir un entendimiento infinito como constituyendo una esencia de sustancia, pertenece a una sustancia única, y, por consiguiente, sustancia pensante y sustancia extensa es una sola y misma sustancia, comprendida tan pronto bajo un atributo como bajo el otro […]. De cualquier modo que concibamos la naturaleza, o bajo el atributo de la Extensión o bajo el atributo del Pensamiento, o bajo cualquier otro, siempre encontraremos un único y mismo orden, una única y misma conexión de las causas, esto es unas mismas cosas deduciéndose unas de otras (27).

Las cosas particulares no son nada más que afecciones de los atributos de Dios o, dicho de otra manera, modos mediante los cuales se expresan los atributos de Dios de una manera cierta y determinada (28).

Determinismo del orden universal, modo de la manifestación divina, necesariamente determinado por Dios mismo:

Nada hay contingente en la naturaleza, todo está en ella determinado por la necesidad de la naturaleza divina de existir y producir algún efecto de cierta manera (29).

Ausencia de causalidad finalista en el desarrollo del cosmos y la acción de Dios:

La Naturaleza no tiene fin alguno prescripto a ella, y todas las causas finales sólo son ficciones de los hombres […]. Si Dios obra por un fin, entonces apetece alguna cosa de que está privado (30).

Supremacía del conocimiento o ciencia intuitiva, conocimiento sub specie æternitatis, propio del alma que conoce en categoría de eternidad.

La percepción sensible, conocimiento por experiencia, y la imaginación, generada por la captación de signos, constituyen los «conocimientos de primer género»; el razonamiento, conocimiento nocional, logrado a partir de ideas comunes, constituye el conocimiento racional o «conocimiento de segundo género»; el «conocimiento que procede de la idea adecuada de la ciencia formal de ciertos atributos de Dios, al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas», constituye «la ciencia intuitiva»: (31)

Pertenece a la naturaleza de la razón percibir las cosas como poseyendo una especie de eternidad (sub specie æternitatis) (32).

La esencia del alma consiste en un conocimiento que envuelve el de Dios y no se puede sin él ni ser ni ser concebida (33).

Concepción de la filosofía como comprensión que libera de la pasionalidad, al permitir a quien ha conocido liberarse del odio, la risa y el menosprecio:

El que sabe con rectitud que todo se sigue de la necesidad de la naturaleza divina, y sucede conforme a las leyes eternas de la Naturaleza, no encontrará ciertamente nada que sea digno de Odio, Burla o Menosprecio, y no tendrá conmiseración por nadie, sino que en tanto lo permita la humana virtud, se esforzará en hacer bien, como se dice, y en mantenerse gozoso (34).

Comprensión del amor intelectual del hombre a Dios, como el amor mismo de Dios, presente en el modo de Dios que es el hombre:

El Amor intelectual del Alma hacia Dios es el mismo amor con que Dios se ama a sí mismo, no en cuanto es infinito sino en cuanto puede explicarse por la esencia del Alma humana considerada como teniendo una especie de eternidad (sub specie æternitatis); es decir, el amor intelectual del Alma hacia Dios es una parte del amor infinito con que Dios se ama a sí mismo (35).

Fundamentación de la acción moral y el derecho en el ser mismo, y no en el deber ser:

Por derecho natural e institución de la naturaleza no entendemos otra cosa que las leyes de la naturaleza individual, según las cuales concebimos a cada individuo determinado naturalmente a existir y obrar de un modo dado.

La naturaleza, considerada bajo un aspecto general, tiene un derecho soberano sobre todo lo que está bajo su dominio, es decir, que el derecho de la naturaleza se extiende hasta donde llega su poder. El poder de la naturaleza es, en efecto, el poder mismo de Dios que ejerce un derecho soberano sobre todas las cosas.

Pero como el poder universal de toda la naturaleza no es sino el poder de todos los individuos reunidos, resulta de aquí que cada individuo tiene un cierto derecho sobre todo lo que puede abrazar, o en otros términos, que el derecho de cada uno se extiende hasta donde alcanza su poder.

Así cualquiera que esté obligado a vivir bajo el único imperio de la naturaleza, tiene el derecho a realizar lo que juzga útil, ora sea llevado a la satisfacción de este deseo por la sana razón, ora por la violencia de sus pasiones […].

Y esto no debe sorprender, porque la naturaleza no se encierra en los límites de la razón humana, que sólo atiende al verdadero interés y a la conservación de los hombres, sino que está subordinada a un sinfín de leyes que abarcan el orden eternal de todo el mundo, del que el hombre es una pequeña parte. Sólo por la necesidad de la naturaleza son determinados los individuos de un cierto modo a la acción y a la existencia (36).

Construcción de la ética del ser, como ética del conocimiento que se identifica con el bien, por lo que lo conducente al bien o conocimiento, es lo bueno; la ignorancia, que separa del conocimiento, es el mal; el conocimiento de Dios, Sumo Bien, la culminación del bien y la virtud:

No sabemos con certeza de cosa alguna si es buena o mala, a no ser de la que conduce realmente al conocimiento o puede impedir que lo poseamos (37).

El bien supremo del Alma es el conocimiento de Dios y la suprema virtud del Alma la de conocer a Dios (38).

La meditación como camino de liberación de la pasionalidad:

Una afección, que es una pasión, cesa de serlo tan pronto como formamos de ella una idea clara y distinta.

Una afección, que es una pasión, es una idea confusa.

Una afección está tanto más en nuestro poder y el Alma padece tanto menos a causa de ella cuanto esa afección nos es más conocida (39).

La Beatitud o culminación de la vida filosófico-moral-religiosa, nacida de la intuición, como unidad vida-verdad-ser, que es el amor mismo de Dios:

La beatitud no es el premio de la virtud, es la virtud misma. La beatitud consiste en el amor de Dios y este amor nace del tercer género de conocimiento […]. Cuanto más goza el Alma de este Amor divino o de esta Beatitud, más consciente es, es decir, mayor es su poder sobre las afecciones, y menos padece a causa de afecciones que son malas (40).

Articulación con la filosofía moderna de Occidente

La filosofía gonzaliana se enraíza y articula con la filosofía moderna de Occidente a través de dos vías:

1.ª – El encuentro con Ralph Waldo Emerson, cuyo pensamiento y actitud, regidos por el sentido estético de la vida, conmueven y marcan profundamente, desde su adolescencia, el espíritu y los caminos de la búsqueda de González:

Sólo en Norteamérica, la patria de Emerson, el filósofo de la belleza, está apareciendo la ciencia del embellecimiento humano. (msb)

… Emerson o Carlyle: […] no puedo leerlos, porque cada proposición repercute en mí, en serie de ecos espirituales…, como si yo fuera un atambor y ellos fueran bolillos. (dm)

En sus obras iniciales, Fernando González va presentando las posturas y hallazgos filosóficos, religiosos y morales, realizados fuera del marco escolar o jesuítico o seminarístico o universitario, que en su obra son uno y el mismo fenómeno.

En Viaje a pie alude, entusiasmado, al poder operativo del pragmatismo norteamericano:

Sólo el pragmatista que lo ha ensayado [el recogimiento] durante mucho tiempo sabe la fuerza de un alma metodizada, concentrada, cuando en el momento dado lanza su deseo y su pensamiento hacia un fin determinado. […] El joven pragmatista admira lo único que hay admirable en este esferoide: el método; la capacidad de perfeccionarse que tiene el hombre; la ló-gi-ca. […] El joven pragmatista es impasible. Dice: todo esfuerzo que hagas para atraer a ti los seres y las cosas es un desperdicio; la fuerza atractiva obra cuando está concentrada en el interior. (vp)

En Mi Simón Bolívar alude de nuevo a su encuentro con la cultura norteamericana, a través de la práctica de las ciencias ocultas:

Practiqué las ciencias ocultas en la América del Norte: la Ciencia Cristiana, el Yoga, la Teosofía… (msb)

En Don Mirócletes presenta su orientación hacia una filosofía de la vida, nutrida de subjetividad cartesiana, vitalismo bergsoniano y trascendentalismo norteamericano:

El reino es, por consiguiente, de la vida, del torbellino de Descartes, del impulso vital de Bergson, del it yanqui. (dm)

Los trascendentalistas

En su encuentro con la cultura norteamericana, González se topa con el trascendentalismo de Ralph Waldo Emerson, William Ellery Channing, Theodore Parker y Henry David Thoreau, cuyos principios bien pueden sintetizarse así:

Primacía de la conciencia sobre la naturaleza.

Unidad inconfusa Naturaleza-Espíritu, según la ley propia de cada uno de ellos.

Superioridad del espíritu sobre la materia, pues todo hecho natural es reflejo o signo de un hecho del espíritu, orientador del camino a las realidades trascendentales, presentes en el fondo de todas las cosas y de todas las almas.

Fidelidad a la naturaleza y al espíritu, como camino integral a la plenitud humana.

Vivencia de la religiosidad como facultad humana connatural, ya que el hombre, al realizarse a sí mismo en la fe y la confianza en la ley propia de cada ser, genera la evidencia inmediata de las verdades religiosas.

Vivencia de la moral como conformación del hombre con la Naturaleza y con el Espíritu, ambos conformes con la Divinidad.

Vivencia de la política como actividad conciencial-natural, generada desde la conciencia y la naturaleza, y no sólo desde la experiencia y la historia.

En un discurso de 1842, el mismo Ralph Waldo Emerson define el trascendentalismo norteamericano de esta manera:

Lo que entre nosotros se llama popularmente trascendentalismo, es idealismo. […] Como pensadores los hombres se han dividido siempre en dos sectas: materialistas e idealistas. La primera clase se basa en la experiencia, la segunda en la conciencia; la primera clase comienza a pensar partiendo de los datos de los sentidos; la segunda clase percibe que los sentidos no son decisivos y dice que los sentidos nos dan representaciones de las cosas, pero no nos dicen qué son las cosas en sí mismas. El materialista insiste en los hechos, en su historia, en la fuerza de las circunstancias y en las necesidades animales del hombre; el idealista, en el poder de Pensamiento y de la Voluntad, en la inspiración, en el milagro, en la cultura individual. El espiritualista al hablar de los acontecimientos los ve como espíritus. No niega el hecho sensorio, de ninguna manera, pero no quiere ver únicamente ese hecho; no niega la presencia de esta mesa, o de esta silla, o de las paredes de esta habitación, pero mira estas cosas como el reverso del tapiz, como el otro lado, y cada una de ellas es una secuela o terminación de un hecho espiritual que nos afecta muy de cerca (41).

La filosofía vivencial de González se enraíza y articula con la filosofía trascendentalista de Emerson, así:

Unitotalidad de la vida como patentización de la sustancia única:

Las apariencias indican que el universo está representado en cada una de sus partículas. Cada una de las cosas de la naturaleza contiene todas las fuerzas de la naturaleza. Todo está hecho de la misma sustancia desconocida (42).

Sentido del hombre como dios y microcosmos:

Todo hombre es una divinidad disfrazada, un dios que se hace el loco (43).

Todas las criaturas son el hombre, agente o paciente (44).

Aceptación y asunción del espíritu y de los instintos como condición de la realización de la universalidad del hombre:

Nada es en fin de cuentas más sagrado que la integridad de nuestro propio espíritu (45).

Si cada hombre se afirma inflexiblemente en sus instintos, girará a su alrededor todo el vasto mundo (46).

Crecimiento de adentro hacia afuera, hasta el infinito, por el camino de la autenticidad que conlleva la contradicción:

El hombre es noble planta endógena que, como la palmera, crece y se desarrolla de dentro para afuera (47).

El hombre está adaptado a lo infinito (48).

Si quieres ser un hombre di lo que piensas hoy con palabras fuertes como cañonazos y mañana amplíalas también para decir lo que pienses ese día, aunque tuvieres que contradecir lo que hayas dicho hoy (49).

Búsqueda de la liberación, la independencia, la simplicidad y la belleza, como tarea esencial del hombre que quiere llegar a ser lo que es:

Librarse de los falsos lazos; tener valor para ser lo que se es; amar lo sencillo y lo hermoso; tener independencia […]. Estos son los puntos esenciales (50).

Anarquía, como ideal:

Cuanto menos gobierno tengamos, tanto mejor; cuantas menos leyes, mejor (51).

Americanidad como camino posible para el débil hombre americano, apasionado por Europa:

En América la naturaleza es sublime, pero los hombres no (52).

Día llegará en que reemplacemos la pasión por Europa por la pasión por América (53).

2.ª – Encuentro con el cogito cartesiano como primer principio de la filosofía de la libertad, que rompe con el primer principio racional-conceptual aristotélico-tomista:

Descartes, genio de la libertad, porque buscó el primer principio filosófico en el individuo: pienso, luego existo. Él nos libertó de esa cadena que parte del primer principio y que va de eslabón en eslabón hasta la divinidad del clérigo, y que llamaron escolástica. (n)

«Pienso, luego soy». ¿Es un juicio? Despachurremos los vocablos tan solemnes. ¿Qué expresó Descartes en pienso, en luego y en soy? Él estaba bregando por dudar de todo. Pienso es, pues: estoy bregando por dudar de que yo sea algo, de que exista este cuarto, estas cosas… Luego, es lo mismo que igual, es lo mismo que «traduzco aquello por esto», y soy es lo mismo que estoy dudando, y Yo es conciencia, es lo mismo que… Dijo en resumen: dudo, estoy dudando y lo sé: soy una duda sucediéndose y siendo consciente. Existo y soy consciente de que existo. El yo es un sucederse que se sabe tal. (lvp)

A partir del primer principio de la filosofía de Descartes: «Pienso, luego existo», entendido como primer principio vital-individual, González hace la crítica y construye su vivencia de la filosofía moderna de Occidente, fundada, toda ella, en el cogito cartesiano, y desarrollada desde las dos grandes vertientes antitéticas de la filosofía kantiana: el fenomenismo de la razón pura, que niega la posibilidad metafísica y magnifica la ciencia occidental; y el intuicionismo de la razón práctica, que postula la necesidad del cosmos, el alma y Dios, y fundamenta la filosofía trascendentalista-idealista e intuicionista-vitalista.

González articula su búsqueda con las búsquedas de Kant y Fichte, en cuanto estos son viajeros al paraíso, entre las brumas mentales:

Kant, Fichte, viajeros mentales, filósofos conceptuales, casi olieron el Paraíso, pero como en brumas, las brumas de la mente. (t ii)

Con la de Paracelso y Nietzsche, hombres de la antítesis, en cuanto brujos nostálgicos del paraíso, llenos de amor a la vida y a Cristo:

… mis hombres son Paracelso, Nietzsche, y ahora se me pone delante Hahnemann, con su ley del estímulo amoroso al ser vivo, para que reaccione y recupere el equilibrio perdido. ¡Es el universo de Cagliostro y de Ponce de León, el mundo de la eterna juventud, el Paraíso Perdido! (lvp)

Con la de Schopenhauer, como mediador entre Occidente racionalista y Oriente místico, cuya filosofía permite entender la necesidad de la representación histórica:

Con Schopenhauer se importaron los grandes conocimientos que a este respecto [poder psíquico] poseían los hindúes en sus escuelas y sectas esotéricas. El mundo como voluntad y representación fue verdadera revolución en Europa cristiana. «El mundo es voluntad, es representación». Esto quiere decir que la verdad es creación, apariencia. (n)

Los hombres intervienen en la historia como expresiones de la latencia, de lo que subyace y que brega por manifestarse. De ahí que el universo sea voluntad y representación. (s)

Con la de Søren Kierkegaard, como testigo de la vivencia cristiana en Occidente:

La gran contribución de Kierkegaard fue el haber vivido en el Paraíso que El Pecado fue en ese Edén: el salto de La Presencia a las presencias: Bien y Mal, a los contrarios gemelos, a la visión bisoja. Así quedó explicado vivamente que vivir en pecado es vivir la Ignorancia, vivir la Ausencia, pero que la ignorancia no es el pecado. Hasta Kierkegaard, la filosofía mental confundía pecado con ignorancia. Tal, la gran originalidad del nuevo Hamlet. (t ii)

Immanuel Kant

En su madurez, González sintetizó así la filosofía kantiana, cuyo estudio le había costado la expulsión del colegio de los jesuitas, en los días de su niñez ignaciana:

Manuel Kant fue la culminación del mundo mental. Mentalmente hizo crítica de la Mente y concluyó con esta tautología, pero que en su tiempo fue genial deposición del orgullo satánico: el mundo mental es humano; la Mente no conoce sino La Mente; no están a su alcance o en su jurisdicción El Ser, La Libertad ni La Eternidad.

Para los que hayan vivido La Tragicomedia, la Crítica de la Razón Pura trata de evidencias; dice:

Nada puede saberse mentalmente del Paraíso y de la Perturbación Original y del Cristo, porque el mundo mental fue precisamente la salida del Paraíso; la Perturbación nos hizo Mente.

Eso, y sólo eso es la Crítica de la Razón Pura de Kant. Expuesta en términos del entendiendo, es así:

El mundo de la Mente es la Mente. Ésta vive o es su mundo: no vive ni es El Ser, El Libre.

Kant, que no vivió sino la Mente, lo expuso así:

La Mente es viable en lo fenoménico; es infalible en los mundos estético y racional; no vale en el mundo del Ser; nada sabemos mentalmente del Ser, ni podemos saberlo, porque la Mente son categorías espacio-temporales y racionales. (t ii)

La filosofía de González se enraíza en la filosofía de Kant a partir de la concepción kantiana de la metafísica como estudio de los límites del conocimiento, que se limita, como Razón Pura, o entendimiento, al conocimiento fenoménico; y, como Razón Práctica, a la postulación de la necesidad del Cosmos, el Alma y Dios, como esencias, o sustancias o nóumenos, apenas inteligibles, pero no cognoscibles.

Enraizada en Kant, la metafísica que González propone y realiza, como la de Kant, es ajena a la búsqueda racional del Ser; pero, más allá de la visión kantiana, más allá de los mundos fenoménicos fisiológico-pasional, espacio-temporal, conceptual-mental-racional, en categoría de eternidad, es «Viaje» vivencial hacia el nóumeno o Intimidad, en la Amencia; a la Reconciliación de los contrarios pasional-mentales, en la contemplación de Dios; al Suicidio o Segundo Nacimiento, más allá de las coordenadas, en el Ser o la Intimidad o la Presencia o la Vida.

Son raíces kantianas en la filosofía de González, las siguientes:

La incapacidad de la mente para obrar más allá del mundo mental-conceptual, que explica los fenómenos, en las categorías del entendimiento y de los sentidos:

La Experiencia misma es una especie de Conocimiento, que exige la presencia del Entendimiento, cuya regla tengo que suponer en mí antes de que ningún objeto me sea dado, y por consiguiente a priori. Sólo conocemos a priori en las cosas lo que hemos puesto en ellas (54).

La circunscripción de la metafísica racional-conceptual al universo de la mente:

Simplemente me limito a ocuparme de la razón misma y de su puro pensar, para cuyo amplio conocimiento no tengo necesidad de ir muy lejos de mí, pues en mí la encuentro […]. Toda la cuestión se reduce aquí a saber hasta dónde puedo llegar con la razón, desde el instante en que me fueron sustraídos toda la materia de la experiencia y su concurso. La cuestión principal sigue siempre en pie, a saber: ¿qué es lo que Entendimiento y Razón, libres de toda experiencia, pueden conocer, y hasta dónde pueden extender ese conocimiento? (55)

La posibilidad de la razón práctica, para postular la realidad del nóumeno, o la cosa en sí, como cosmos, fundamento de los fenómenos del mundo físico; alma inmortal, fundamento de los fenómenos psicológicos, la libertad y la inmortalidad; Dios, fundamento del «imperativo categórico», origen de la racionalidad de los fenómenos de orden moral:

… nuestro conocimiento racional a priori […] sólo se refiere a fenómenos, dejándonos sin conocer la cosa en sí, por más que para sí misma sea real (56).

Existe una aplicación práctica y absolutamente necesaria de la Razón pura (la aplicación moral) en donde se extiende inevitablemente más allá de los límites de la sensibilidad, y para lo que en nada necesita del auxilio de la Razón especulativa, por más que deba empero guardarse de no oponérsela a fin de no caer en contradicción consigo misma. Yo no puedo, pues, admitir Dios, la libertad y la moralidad para el necesario uso práctico de mi razón, sin negar al mismo tiempo las inmensas pretensiones de la razón especulativa a vagarosos conocimientos […]. Me ha sido, pues, preciso suprimir el saber para dar lugar a la creencia (57).

Juan Teófilo Fichte

Según la crítica del mismo González, su filosofía se separa de la filosofía de Fichte, en cuanto concibe el yo como ausencia de la Presencia, y no como patentización de la Presencia, a la manera fichteana.

Sin embargo, se articula con ella como filosofía de la mediación del Yo entre el aparecer y el Ser:

Continuador de Kant que creyó encontrar explicación en el salto del Ser al Aparecer y concluyó con la soberbia ignorancia hindú de Yo igual a Ser; Yo soy Él. Cuando, precisamente, el yo es la ausencia de La Presencia, ausencia en presencia. Pero Fichte olió el entendiendo, el Mediador en nosotros. Estuvo cerca: podría decírsele, como en el juego del escondite de los niños: «¡Por ahí humea!». (t ii)

En cuanto lucha por la liberación de los límites, pues Fichte, poseído por la pasión fundamental de la superación de sus limitaciones, hizo la conversión de la razón práctica de Kant en acción moral, superadora de los límites:

Tengo una sola pasión, una sola necesidad, un pleno sentimiento de mí mismo: actuar fuera de mí (58).

En cuanto González comprende los seres como representación de la Sustancia única, y Fichte concibe la unidad Dios-Yo, en el sentido de que el Yo, la autoconciencia, el saber, son imágenes, copias, manifestaciones del Infinito, el Ser, el Absoluto o Dios, o sea que cada yo es representación de la Única Sustancia y Naturaleza, y, mientras sea yo, depende de la Sustancia y tiende hacia el infinito:

Aquello cuyo ser consiste sólo en ponerse como un ponerse a sí mismo como existente, es el yo como sujeto absoluto (59).

El yo de cada uno es él mismo, la única Sustancia Suprema (60).

Yo soy naturaleza y mi naturaleza es una tendencia (61).

El yo nunca puede llegar a ser independiente mientras deba ser yo; el objetivo final del ser racional se encuentra necesariamente en el infinito (62).

Arturo Schopenhauer

La novedad de la filosofía de Schopenhauer radica en el esfuerzo por realizar la filosofía de la intuición del nóumeno o realidad transfenoménica, que Kant había desdeñado, empeñado en hacer la filosofía de las manifestaciones fenoménicas, espacio-temporales, que era la única forma de conocimiento que veía posible.

A pesar de que González consideró la filosofía schopenhaueriana como imposibilitadora del hallazgo de la verdad, sin embargo, por razón de la naturaleza intuicionista y los nexos con la sabiduría oriental que ella tiene, la asume para la reflexión y el análisis de la historia.

Son raíces del pensamiento de Schopenhauer en la obra de González:

El mundo de los objetos como representación espacio-temporal, generadora de la pluralidad y de los opuestos:

El mundo como representación […] tiene dos mitades necesarias e inseparables. Una es el objeto. Sus formas son el espacio y el tiempo, de donde viene la pluralidad (63).

La pertinencia del mundo de la representación, dentro del cual existe el hombre, al mundo de la necesidad, en virtud de «la cuádruple raíz del principio de razón suficiente»: necesidad del devenir, que rige las relaciones entre las cosas, según necesidad física; del conocer, que rige las relaciones entre los juicios, según la necesidad lógica; del ser, que rige la representación, según la necesidad espacio-temporal; del obrar, que rige las acciones, según la necesidad moral (64).

El mundo de la intimidad del hombre, como mundo más allá de las categorías espacio-temporales, mundo de la integridad o unidad:

La otra mitad es el sujeto, y no se encuentra colocada en el tiempo ni en el espacio, pues existe entera e indivisa en todo ser que percibe […] (65).

La simultaneidad y reciprocidad del mundo de la pluralidad de opuestos, generados como representación por el sujeto pensante, y del mundo del sujeto pensante, que existe como tal por su voluntad de existir como pensante:

Pero con sólo que desaparezca este ser, el mundo como representación deja de existir. Ambas mitades son inseparables para el pensamiento, pues ninguna de ellas tiene existencia más que para la otra y por la otra; existen y desaparecen juntamente (66).

La vivencia del hombre como existente en conciencia, o sea, como cognoscente que capta la realidad dentro de su conciencia:

Nada más cierto que nadie puede salir de sí mismo para identificarse directamente con las cosas distintas de él; todo aquello de que tiene conocimiento cierto, es decir, inmediato, se encuentra dentro de la conciencia. (67).

La intuición como la fuente primera, y segura de captación de la realidad sustancial, que genera el conocimiento evidente e innegable, que representado en racionalizaciones, abstracciones, discursos y conceptos, fundamentados en la intuición directa, está, sin embargo, expuesto a múltiples errores:

Vamos a pasar de la representación intuitiva, directa, que se afirma por sí misma, a la reflexión, a las nociones de razón, abstractas y discursivas, cuya sustancia toda está tomada del conocimiento intuitivo y no existe más que con relación a él […]. La intuición se basta a sí misma; he aquí por qué no puede ser falso ni puede jamás ser refutado lo que exclusivamente procede de ella, y le permanece fiel, como una verdadera obra de arte, por ejemplo (68).

Hemos adquirido la convicción de que la fuente primera de toda evidencia es la intuición y que no hay verdad absoluta más que en la relación inmediata o mediata con la intuición. Sabemos, además, que el camino más directo es el más seguro, puesto que toda intervención de los conceptos expone a muchos errores (69).

La vivencia del conocimiento racional, como creación de la mente, que trabaja con lo que ella misma ha producido, generando, así, juicios verdaderos en el mundo mental-racional, cuya razón suficiente, que es la sustancia, es ajena a las posibilidades de la razón:

La razón es de naturaleza femenina: no puede producir sino después de haber concebido. En sí misma no contiene nada, a no ser los procedimientos del raciocinio, sin sustancia alguna. […] [E]n todas las demás ciencias, la razón toma sus contenidos de las representaciones intuitivas. Saber, en general, significa poseer en el espíritu, con la mira de reproducirlos a voluntad, juicios cuyo principio suficiente de conocimiento se encuentra fuera de ellos mismos, lo que significa que son juicios verdaderos (70).

La naturaleza no representativa ni representable de la realidad sustancial (esencia o nóumeno), que es la intimidad sustancial o núcleo de todo lo que se representa:

Fenómeno significa representación, y nada más; toda representación, todo objeto es fenómeno. La cosa en sí es la voluntad únicamente; a este título no es en manera alguna representación, y se diferencia de ella toto genere. La representación, el objeto, es el fenómeno, la visibilidad, la objetivación de la voluntad. La voluntad es la sustancia íntima, el núcleo de toda cosa particular […] (71).

La necesidad de la historia, en cuanto manifestación necesaria de la voluntad de vivir, o sea, el mundo como voluntad y representación:

Cuando se comprende que toda la ciencia del hombre no es más que voluntad, y que el hombre mismo no es otra cosa que el fenómeno de esa voluntad […], no se puede poner en duda la fatalidad de la acción, dados el carácter y los motivos (72).

La liberación de la causalidad, el espacio y el tiempo, como pura nada :

Sí, lo reconocemos abiertamente; lo que queda después de la supresión total de la voluntad, para aquellos a quienes la voluntad anima todavía, no es más que la nada efectivamente. Pero, a la inversa, para aquellos en quienes la voluntad se ha suprimido y convertido, este mundo tan real, con todos sus soles y sus vías lácteas, es verdaderamente la Nada. Esta nada es lo que constituye el Pratchna paramita de los budistas, el más allá del conocimiento; es decir, el punto en que no existe ni sujeto ni objeto (73).

Raíces filosóficas anárquicas o antitéticas

A pesar de que para la reflexión patrística cristiana había quedado claro que no existía desacuerdo entre ciencia y revelación, el antagonismo entre conocimiento sobrenatural y conocimiento natural (religión y filosofía) permaneció sin solución hasta los finales de la Edad Media, cuando, durante la crisis de la filosofía escolástica, Guillermo de Ockham y los ockhamistas replantearon el problema y acabaron por concluir que sólo la naturaleza era objeto adecuado de la investigación del entendimiento humano, mientras la revelación, o los artículos de la fe, constituía un objeto inadecuado a la razón humana, adecuado únicamente a la fe sobrenatural.

Debido al vacío de lo sobrenatural en el orden natural y racional, generado por la crisis de la escolástica, en el Renacimiento se empezó a entender la naturaleza como realidad animada, no ya por fuerzas sobrenaturales, sino empáticas; al hombre, como «naturaleza media», participe de la divinidad y de la naturaleza; a la mente, como realidad superior a la razón, capaz, sin ayuda de la gracia sobrenatural, de acción suprasensible; a la filosofía de la naturaleza, la ciencia y la magia, como vías válidas para el conocimiento de la naturaleza; a la magia, en particular, como método para lograr el dominio de la naturaleza por medio de la operación de la mente en el mundo suprasensible, como bien lo expresa la afirmación de Pico della Mirandola, en su Oratio de hominis dignitate: «La magia es la total perfección de la filosofía natural».

Así pues, durante toda la Edad Media y el Renacimiento, paralelamente a la mística o contemplación de Dios bajo la acción iluminativa de la gracia, y a la teología natural o estudio racional de la fe, la magia permanece vigente como una tercera forma de conocimiento o saber, reservado a los iniciados, que por la iluminación logran el saber esotérico o conocimiento de los arcanos del universo y del hombre.

El mago ejerce su sabiduría por medio de la alquimia, o poder de transmutación de los elementos, que produce el elixir de la eterna juventud, perpetuador de la existencia fisiológica; la astrología, o conocimiento de las correspondencias entre cuerpos humanos y cuerpos astrales, que en virtud de la unitotalidad viva del universo permite la predicción del futuro; la cábala o conocimiento de los números determinantes del universo, que permite prever los destinos universales.

Por talante ancestral, experiencias agonísticas de niñez y adolescencia, rechazo de la sistematización racional-conceptual de filosofía y ciencia occidentales, lucha contra los formalismos culturales y sociales de la inautenticidad social y moral de Colombia y Suramérica, Fernando González enraíza su vivencias en la sabiduría anárquica de alquimistas, magos y anarquistas:

Nosotros los solitarios, los de la Universidad selvática, pertenecemos más bien al Renacimiento. (n)

Vinculados con la sabiduría o magia renacentista, en cuanto expresión de la antítesis de la filosofía sistemática mental-conceptual, son iconos o prototipos del saber vitalista, intuicionista, antirracionalista, antitradicionalista y antiacademicista, Paracelso, Cagliostro, Ponce de León, Federico Nietzsche, en cuya sabiduría se enraíza la filosofía de González.

Paracelso

El núcleo de la novedad de la obra de Paracelso es el esfuerzo por superar en la experiencia de la teoría como práctica especulativa y de la praxis como teoría aplicada, la dicotomía entre teoría y praxis, especulación y acción, ciencia y sabiduría, generadas por la lógica racional-conceptual.

Paracelso investiga al hombre como perfecta correspondencia entre microcosmos y macrocosmos, que por medio de la unificación del saber empírico y el saber teórico realiza las obras de Dios.

Desde la unidad de teoría y praxis, Paracelso entendió la medicina, su profesión de iniciado, como cuádruple ejercicio de la magia: teología, filosofía, astronomía y alquimia.

La obra de González se articula con la obra de Paracelso, así:

Rechazo al engolamiento académico, que Paracelso denominaba «los rebuznos del asno».

Indomeñable decisión de originalidad, individualidad y autenticidad, expresada así, en palabras de Paracelso:

Alterius non sit, qui suus esse potest. (No sea otro, el que puede ser él mismo) (74).

Primacía de la intuición, la convivencia, la subjetividad y la experiencia vivencial, sobre la objetividad experimental, en la adquisición del conocimiento, según la doctrina alquímica que, por boca de Armand Barbault, afirmaba la irrepetibilidad de la realidad, y que Paracelso parafraseaba diciendo:

Esta ciencia es ante todo un arte que escapa a la experimentación objetiva y a la repetición banal (75).

Concepción del hombre como microcosmos (contra la concepción mecanicista de Vesalio, en la época de Paracelso, y los reductos cartesianos, en la época de González), cuya existencia culmina en la comunión materia-espíritu, en la reconciliación de los contrarios, que es el matrimonio hermético o encarnación en Melusina.

Unidad Magia-Sabiduría, como patentización del misterio de Dios:

Para él (Paracelso) la magia y la sapientia de la naturaleza se encuentran dentro del orden querido por Dios como en un misterium et magnalia Dei (76).

El hermafroditismo como símbolo de la realización de la plena sabiduría: el opus alquimicum, que separa del caos los dos principios de la materia primera: Hermes o Mercurio, que es el Sol, y el alma del mundo, que es la Luna, y los vuelve a unir en la coniunctio o boda química o hieros gamos, de cuya unión filosófica nace el Hermafrodita o Filius sapientiæ o hijo de la Sabiduría. En esta concepción alquímica del hermafroditismo, como generación de la Sabiduría, se enraíza la concepción gonzaliana del hermafroditismo como culminación o reconciliación, que en el Hermafrodita dormido tiene su arquetipo.

Federico Nietzsche

La presencia de Nietzsche en la vida de Fernando González fue la presencia permanente del maestro amado, que señaló el gran camino del gozoso amor a la vida y a la lucha, e instigó la búsqueda enamorada de Cristo:

[En Alemania] han aparecido los predicadores de la energía, de la guerra. Nietzsche —¡cómo se alegra la vida al recordarlo!— fue el goce dionisíaco. (vp)

Estuve leyendo la vida de Federico Nietzsche. Me entristece esta vida noble de un ser que buscaba el amor y el arte y sólo encontraba bajeza. Era muy bueno, muy alto, muy grande. Quien puede ser amigo como él, es muy grande. Su muerte, sus editores, su… ¡todo es conmovedor! ¿Odiaba a Cristo? No; era su gran amor. Así como su frase acerca de las mujeres y del látigo significa que la mujer es sacrificio, madre, mártir, asimismo en sus palabras acerca de Jesucristo quiere condenar la psicología del cristianismo europeo, con sus curas, su debilidad femenina, su capitalismo burgués. (msb)

Nietzsche, una mañanita en Turín, enloqueció de envidia del Cristo y escribió su última carta a unos amigos, carta loca, y la firmó así: El Crucificado. […] No le faltó sino el pasito, ese pasito milagroso y que viene por Gracia, de vivir que Cristo no es otro; que es nuestra Intimidad. Y como es de Gracia que uno se da, no es un do ut des, un concordato, pues estoy humanamente y por Fe segurísimo de que ese mi maestro de la niñez está en compañía del Señor, y diariamente digo: «¡Espérame allá, Superhombre, hombre de la flecha refulgente del anhelo humano!». Y al Señor le digo: «Acércalo a Ti, Señor, porque él me acercó a Ti. Nadie te ha envidiado tanto en la Tierra como él. Hasta que supe de él, no le faltaba sino eso de que Tú no eres “otro” y “nada niegas a los que te buscan”. Y eso de que no eres otro, sino nuestra Intimidad, eso tan grande, sólo Tú puedes darlo de Gracia al que se desnude de sí mismo…». (cr)

Desde su juventud más temprana, González encontró en la vida y obra de Nietzsche las pautas fundamentales de su metafísica, de su mística y de su actitud existencial:

El amor a Cristo y a Benedicto Spinoza:

Yo quisiera saber cuánto se debe perdonar a un pueblo que, no sin falta de todos nosotros, ha tenido entre todos los pueblos las historia más penosa, y al que se debe el hombre más digno de amor (el Cristo), y el sabio más íntegro (Spinoza), el libro más poderoso y la ley moral más influyente en el mundo (77).

La asunción de la realidad, desde la desnudez de la veracidad, virtud fundamental, generadora de la separación rigurosa entre metafísica y moral, desde la cual construye y vive González su metafísica de los viajes o de las vivencias, que conduce a la Beatitud, o intuición de La Realidad, más allá de la mente racional, el bien y el mal:

Todas las cosas están bautizadas en el manantial de la eternidad y más allá del bien y del mal. El bien y el mal mismos no son más que sombras intermedias y húmedas tribulaciones y nubes pasajeras (78).

No se me ha preguntado, pero debería habérseme preguntado qué significa, cabalmente en mi boca, en boca del primer inmoralista, el nombre Zaratustra […]. Zaratustra fue el primero en advertir que la rueda que hace moverse a las cosas es la lucha entre el bien y el mal —la transposición de la moral a lo metafísico como fuerza, causa, fin en sí, es obra suya— […]. Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral; en consecuencia, también él tiene que ser el primero en reconocerlo […]. Su doctrina, y sólo ella, considera la veracidad como virtud suprema —esto significa lo contrario de la cobardía del «idealista», que frente a la realidad, huye […]. La autosuperación de moral por veracidad, la autosuperación del moralista en su antítesis —en mí— es lo que significa en mi boca el nombre Zaratustra (79).

Desde raíces nietzscheanas, ética y metafísicamente, asume González la liberación del «deber ser» para llegar a la desnudez de la «inocencia» creadora, expresión del ser auténtico:

Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león. En otro tiempo el espíritu amó el tú debes como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo. Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo […], un santo decir sí (80).

La gnoseología gonzaliana se articula con la de Nietzsche en el amor al cuerpo y el sentido de la tierra, como raíz del conocimiento vivo, originariamente pasional, antítesis del conocimiento mental-racional y científico, vano «conocimiento inmaculado»:

El yo aprende a hablar con mayor honestidad cada vez: y cuanto más aprende, tantas más palabras y honores encuentra para el cuerpo y la tierra. Mi yo me ha enseñado un nuevo orgullo y yo se los enseño a los hombres: […] ¡llevar libremente una cabeza terrena, la cual crea el sentido de la tierra! Es mejor que oigáis, hermanos míos, la voz del cuerpo sano: es esta una voz más honesta y más pura (81).

¡Permaneced fieles a la tierra, hermanos míos, con el poder de vuestra virtud! ¡Vuestro amor que hace regalos, y vuestro conocimiento, sirvan al sentido de la tierra! Esto os ruego y a ello os conjuro (82).

Vuestro espíritu se avergüenza de estar a merced de vuestras entrañas, y a causa de su propia vergüenza recorre caminos tortuosos y embusteros. Así se dice a sí mismo vuestro mendaz espíritu: el conocimiento inmaculado de todas las cosas sea para mí el no querer nada de las cosas […]. ¡Oh, sensibles hipócritas, lascivos! A vosotros os falta la inocencia en el deseo: ¡y por eso, ahora, calumniáis al desear! (83)

… ver alguna vez las cosas de otro modo, querer verlas de otro modo, es no pequeña disciplina y preparación del intelecto para su futura «objetividad» —entendida esta última no como «contemplación desinteresada» (que como tal, es un no-concepto y un contrasentido)— […]. … guardémonos, por tanto, de la peligrosa y vieja patraña conceptual que ha heredado un «sujeto puro de conocimiento, sujeto ajeno a la voluntad, al dolor, al tiempo», guardémonos de los tentáculos de conceptos contradictorios tales como «razón pura», «espiritualidad absoluta», «conocimiento de sí»: aquí se nos pide pensar un ojo que de ninguna manera puede ser pensado, un objeto carente en absoluto de toda orientación, en el cual debieran estar entorpecidas y ausentes las fuerzas activas e interpretativas que son, sin embargo, las que hacen que ver sea ver-algo, aquí se nos pide siempre, por tanto, un contrasentido, un no-concepto de ojo. ¿Dónde está la antítesis de este sistema definido de voluntad de objeto y de interpretación? […] Nuestra ciencia moderna, que no tiene fe en sí misma y que ha tenido el valor de prescindir de Dios […], sin embargo, su voz no sale clara del abismo, porque hoy la ciencia es un abismo, es una vergüenza de los que la cultivan (84).

La ciencia es hoy el refugio del descontento, de la incredulidad, de los remordimientos, de la despectio sui (desprecio de sí), de la mala conciencia; es precisamente el dolor que causa la falta de ideal, la ausencia de amor, la carencia de libertad. ¡Oh, cuántas cosas disimula hoy la ciencia! El cerebro de nuestros sabios más eminentes, su cerebro que hierve día y noche, sus manos, ¡cuántas veces no tienen otro objeto que cerrar los ojos a la evidencia de ciertas cosas! La ciencia como medio de aturdirse. ¿Conocéis esto? (85)

Desde raíces Nietzscheanas, asume González la vivencia de la desigualdad entre los hombres, partícipes de la vida, superadora permanente de sí misma, y generadora de la individualidad humana, que consiste en la superación de sí mismo a partir de la aceptación y vivencia de las propias pasiones, camino al superhombre:

Con estos predicadores de la igualdad no quiero ser yo mezclado ni confundido. Pues a mí la justicia me dice así: «los hombres no son iguales». ¡Y tampoco deben llegar a serlo! ¿Qué sería mi amor al superhombre si yo hablase de otro modo? (86)

Este misterio me ha confiado la vida misma: «mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo» (87).

En otro tiempo tenías pasiones y las llamabas malvadas. Pero ahora no tienes más que tus virtudes: ellas han surgido de tus pasiones. Pusiste tu meta suprema en el corazón de aquellas pasiones: entonces se convirtieron en tus virtudes y alegrías. El hombre es algo que tiene que ser superado: y por ello tienes que amar tus virtudes, pues perecerás a causa de ellas (88).

Al hombre se aferra mi voluntad, con cadenas me ato a mí mismo al hombre, pues me siento arrastrado hacia arriba, hacia el superhombre: hacia allí tiende mi otra voluntad (89).

El sentido del hombre como viajero, camino a la liberación:

El que quiera llegar a la libertad de la razón, no tiene derecho durante mucho tiempo para creerse sino un viajero […], no puede vincular su corazón, con demasiada estrechez, a nada particular; es necesario que exista en él algo del viajero que encuentra su goce en el cambio y en la mudanza (90).

La vivencia de la belleza como ansia de posesión amorosa:

¿Dónde hay belleza? Allí donde yo tengo que querer con toda mi voluntad; allí donde yo quiero amar y hundirme en mi ocaso (91).

El sentido del instante como presencia de la eternidad en el hombre:

Esa larga calle hacia atrás dura una eternidad. Y esa larga calle hacia adelante es otra eternidad […]. Y aquí en este portón es donde convergen. El nombre del portón está escrito arriba: «Instante» (92).

La crítica de la modernidad:

Este libro es, en todo lo esencial, una crítica de la modernidad (93).

Articulación con la filosofía cristiana occidental

Søren Kierkegaard

La novedad de la filosofía de Kierkegaard es la dialéctica de la libertad, antítesis del determinismo de la dialéctica hegeliana.

La filosofía de Fernando González se enraíza y articula con la filosofía de Kierkegaard, desde la dialéctica de la libertad, así:

Concepción del devenir como posibilidad, a través de la elección interna, más allá de la representación necesaria de la dialéctica racionalista que, a partir de la identificación de realidad y pensamiento, ser y razón, sólo admite la dialéctica de los determinismos racionales, con total prescindencia de la dialéctica de la posibilidad, que opera a través de actos de elección de sí ante paradojas, según la ley de la alternativa existencial que dice: «O lo uno, o lo otro».

La posibilidad de la libertad consiste en que se puede (94).

En lo posible, todo es posible. En la posibilidad todo es igualmente posible (95).

El devenir nunca es necesario. Lo necesario no deviene (96).

El bien es la libertad (97).

Filosofía de lo cualitativo que, en oposición a los sistemas cuantitativos, generalizadores y conceptualizadores, opta por el individuo existente, la persona concreta, a quien sitúa en el centro del filosofar:

Lo que me importa es entender el propio sentido y definición de mi ser, ver lo que Dios quiere de mí, lo que debo hacer […]. ¿De qué me serviría que la verdad estuviera frente a mí, fría y desnuda, indiferente a si la reconocía o no, provocando más bien un angustioso estremecimiento que una entrega confiada? […] Lo que me hacía falta era llevar una vida completamente humana y no sólo una vida de puro conocimiento […] (98).

Sentido del hombre como síntesis alma-cuerpo-espíritu:

El hombre es una síntesis de alma y cuerpo. Ahora bien, una síntesis es inconcebible si los dos extremos no se unen mutuamente en un tercero. Ese tercero es el espíritu (99).

Búsqueda de Dios, en el universo de la posibilidad y la elección, desde la anticipación de la infinitud, en la honradez de la fe:

Ese interior actuar del hombre, ese lado de Dios es lo que me importa, no una masa de conocimientos, no como agregados causales, no como una serie aditiva de unidades yuxtapuestas, sin un sistema, sin un centro focal que reúna todos los radios. ¡Este eje de luz es lo que yo he buscado! Para que el individuo sea educado de un modo tan absoluto e infinito por la posibilidad, se necesita que él, por su parte, sea honrado respecto a la posibilidad y tenga fe. Por fe, entiendo yo aquí lo que con mucha exactitud consigna Hegel —eso sí, a su modo, siempre tan típico— en alguna parte de su obra, a saber, la certeza interior que anticipa la infinitud. Nunca alcanzará la fe el individuo que ande engañando a la posibilidad (100).

Sentido de la verdad, como apropiación de la verdad:

La apropiación de la verdad es la verdad (101).

Sentido de la inocencia como el existir anterior a las categorías de bien y de mal:

La inocencia es la ignorancia […]. El espíritu está entonces en el hombre como soñado. Esta concepción concuerda perfectamente con la de la Biblia, la cual, al negarle al hombre en el estado de inocencia el conocimiento de la diferencia entre el bien y el mal, condena todas las meritorias fantasías católicas (102).

Sentido del instante como la irrupción de la eternidad en el tiempo:

Si el tiempo y la eternidad se ponen en contacto, ella tiene que acontecer en el tiempo, y henos aquí ante el instante (103).

Vivencia de la existencia humana como nada y soledad absoluta en el mundo, que sólo llega a realizarse en el encuentro del hombre consigo mismo en Dios infinito, de quien no se puede hablar porque no lo permite la finitud de la subjetividad:

Lo que yo soy es una nada (104).

Como singular, como individuo, el hombre está solo: solo en todo el mundo, solo ante la presencia de Dios […] hasta que el individuo se encuentre a sí mismo en Dios (105).

* * *

Conclusiones

La filosofía de González es una experiencia viva de búsqueda de la Realidad, que incorpora, unificándolas, todas las formas de sabiduría universal; un esfuerzo (que culmina en la contemplación mística) por rescatar como vivencia la experiencia metafísica, imposible como proceso del entendimiento racional; un intento indeclinable de expresión de la verdad y de comunión con el universo desde el ser latinoamericano; una propuesta de asunción desde la cotidianidad aldeana de Suramérica, la sabiduría universal, precursora de la postmodernidad en Latinoamérica.

La originalidad de la vida y la obra de González, al contrario de la pretendida insularidad de la que se la ha querido revestir, es un proceso vital de universalización de conciencia, que genera enraizamientos y articulaciones tan vastos que abarcan todo el universo vital, estético, místico y filosófico, en una filogénesis y una ontogénesis siempre crecientes.

La obra de González se enraíza y articula, también, con la gnosis antigua, en la vivencia del conocimiento como realización del ser y de la liberación; con la picaresca española, en la sabiduría sonreída de la comprensión; con santa Teresa y san Juan de la Cruz, en el sentido del despojamiento absoluto y de la contemplación como comunión en la Pura Nada; con Fernando de Rojas y Cervantes, en la capacidad de vivencia de lo sagrado en las nimiedades de la cotidianidad; con Bolívar y Gandhi, en el anhelo de liberación de las conciencias y los pueblos; con Stendhal y Dostoyevski, en la capacidad de penetración psicológica; con Bergson y Maeterlinck, en la unificación de naturaleza y conciencia, como fuentes de la moral, la religión y la comunidad política; con Max Stirner y Carlyle, en el sentido del poder de la individualidad y el heroísmo; con Max Planck, en la vivencia de la teoría cuántica como categoría de conocimiento; con Unamuno y Kafka, en el sentido y la capacidad de agonía; con Teilhard de Chardin y Einstein, en la búsqueda de la plena unidad de la Vida en Dios como el Punto Omega y la ley del campo unificado.

A la inversa de lo que acríticamente se ha creído y pregonado, la filosofía de González ni es insular, ni está enraizada en el egotismo y el solipsismo del idealismo absoluto.

Si de veras se desea entender la propuesta filosófica de González, es preciso estudiar minuciosamente sus raíces y articulaciones, pues como filosofía de la intuición y metafísica de las vivencias, a su naturaleza más íntima le corresponde la convivencia amorosa con toda forma de vida verdadera y de verdad viva.

— o o o —

~ 7 ~
Comunión vital, rebelión, agonismo
moral, reconciliación de opuestos

El caminar de González, desde la instintividad hasta la Intimidad, constituye un agonismo moral en el que se encarna y desarrolla un proceso dialéctico entre la receptividad o aquiescencia, apacible y tierna, que convive amorosamente con las más disímiles patentizaciones de la vida, y el apasionamiento, implacable y airado, que se rebela, critica y demuele personajes, instituciones, doctrinarismos y dogmatismos, manifestativos de la vana apariencia.

La lucha entre la aquiescencia a toda forma de afirmatividad vital, y la rebelión contra toda forma de vanidad, vivida por Fernando González como una permanente agonía, se resuelve dialécticamente en la contemplación de la Intimidad, o «Nuevo Nacimiento», o Reconciliación, que es la superación de la oposición entre los dos grandes contrarios: manifestación auténtica de la vida y representación de la vana apariencia individual y social.

Objeto del presente capítulo es presentar la dialéctica de la liberación en la vida de Frenando González.

* * *

Convivencia con
los fenómenos vitales

Al descubrir, en su adolescencia, que el sentido del mundo es posible, puesto que el hombre es capaz de dar su espíritu a las cosas, y el universo es espejo en el que el hombre se ve a sí mismo, González decide hacer de la vida el objeto de su meditación, y de la disolución de su alma en el universo, su tarea:

El hombre da su alma a todas las cosas; el hombre se ve a sí mismo en las cosas. […] El espíritu del hombre echado sobre el mundo es lo que se llama sentido del mundo. Este es el espejo en que el hombre se ve a sí mismo. (pv)

… vivía en las montañas entregado a meditaciones sobre la vida. (pv)

La vida de Fernando González es convivencia amorosa con todas las manifestaciones de la vida, con las que se siente en gozosa comunión de origen y destino:

Se siente vivir en comunicación con todo lo creado. «Hasta allá —dice—, hasta el sol más lejano está unido a mí». Muchas veces despierta durante la noche y siente la solidaridad con las estrellas, siente que el sol está calentando el otro hemisferio y ve a la tierra que va por su camino, tan bella. (hd)

Yo no puedo vivir sino ebrio de amor por la vida. (er)

Necesito uno que ame la vida como yo, o sea como un parto. (ce)

En la conciencia de la unidad sustancial de la vida, conviviendo con los seres, realiza el viaje metafísico hacia la experiencia de comunión con la realidad esencial, más allá de representaciones sensibles y fenoménicas:

La vida es una unidad; si aislamos un hecho psíquico, lo desnaturalizamos; la vida no es fragmentaria. Nos parece fragmentaria porque la conciencia es apenas el retrato de una partícula de ella, la más saliente, pero no la principal de nuestro vivir, de nuestro devenir. ¿Hemos experimentado esta emoción? Sí; pero ella es la cresta de una de las olas del mar interior. En éste, todo es uno, no se puede concebir una parte sin el todo. (vp)

… yo soy un metafísico. (ce)

Desde su visión de la unitotalidad de lo real, en la que vida, muerte y eternidad constituyen un todo, busca la conciencia viva de su supervivencia:

La vida aún no tiene sentido para mí, pues no estoy seguro acerca de mi supervivencia. Tengo seguridad de lo que veo, oigo y toco. Quisiera saber del mismo modo acerca de mi supervivencia. […] ¿En dónde hay un argumento? Todos son débiles indicios. […] Yo no quiero comprobar mi supervivencia; quiero ser consciente de ella. (msb)

Espíritu prisionero entre la carne, filósofo, teólogo y hombre moral, atisba con fruición y fidelidad, a través de los sentidos, a la verdad desnuda (verdad viva, más allá de toda representación), cuyos indicios aparecen en las innúmeras formas de manifestación de la apariencia cambiante:

Me definiré: creo ser detective de la filosofía, de la teología y de la virtud. Mi madre me parió cabezón, pero infiel; Dios me atrae, pero las muchachas no me dejan. Me explicaré: unas diez veces he creído acercarme a la verdad, y las muchachas me han hecho caer. Ocho por ciento tengo, pues, de filósofo. El resto está entregado al mundo y al demonio, pero nunca he dicho una mentira. Resumiendo, diré que soy un hombre, espíritu que desde la carne y por medio de los sentidos atisba con fruiciones a la verdad desnuda. (mc)

Un texto del Libro de los viajes o de las presencias sintetiza el logro del arduo trabajo metafísico de Fernando González:

[Lucas Ochoa] tenía el don de vivir el drama vivo y universal de que son apariencias fragmentarias los diarios sucesos sociales, políticos, artísticos o religiosos. Todos ellos son aparentes urgencias. (lvp)

* * *

Rebelión contra la
vanidad de la apariencia

Desde niño, Fernando González vivió en contradicción permanente, insatisfecho, incapaz de síntesis:

El padre Torres sostenía [en la clase de álgebra] que nosotros éramos absolutamente incapaces de encontrar el término desconocido. […] Lo que pasa es que nuestro interior es un hervidero de contradicciones. (vp)

Siempre he estado con los descontentos. Nunca satisfecho. (er)

Apenas adolescente, ya había llegado a la convicción de que el hombre que no lleva en sí mismo la contradicción, es esclavo de un sueño:

El hombre que no se contradice, tiene el alma esclavizada por un sueño. (pv)

El dualismo razón-vida le imposibilita el hallazgo de la verdad:

Hay en el hombre una especie de dualidad que engañó a Platón y a los místicos, llevándolos a decir que el hombre es cuerpo y espíritu: por una parte, somos vida, es decir, es necesario para nosotros el fin, y por otra, el pensamiento nos dice que el fin no existe… Por una parte, somos limitados, afirmativos, y por otra, la razón nos lleva a la nada, a la ausencia de vida, de conceptos… En verdad que el pensamiento es el cáncer de la vida. El animal hombre es el más atormentado porque lleva en sí mismo su contradicción… (pv)

Vivimos de la contradicción. ¿Y cómo no hacerlo? ¿No veis que ya no existe la verdad? (pv)

La contradicción entre las exigencias fisiológicas y espirituales le dificulta la elección y le oscurece la conciencia de fin:

Todo en nosotros se enreda y contradice. Adoramos a Dios y queremos al diablo; cantamos al espíritu y espiritualizamos la carne; lloramos y reímos y no sabemos hacia dónde vamos. (vp)

La contradicción interior entre creer (aceptación de enunciados no vividos, forma de perversión imaginativa mental) y sentir (conciencia, intuición viva, vivencia de la verdad), le dificulta el progreso y la afirmatividad:

¡No progreso! No sé afirmar; sólo interrogo lo mismo que en mi niñez. Creer es lo que me ofrecen, y yo quiero sentir. (msb)

Desde su juventud se entiende como un yo en descomposición:

Mi alma es un terreno en descomposición, y por eso me gustan los sacerdotes suspensos, los excomulgados, las formas religiosas en descomposición también. Ahí siento más el misticismo. (dm)

En el Libro de los viajes o de las presencias, mirando retrospectivamente su largo camino de búsquedas y contradicciones, señala la antítesis como su lugar propio dentro del proceso de la dialéctica histórica:

[La homeopatía es] filón riquísimo, muy pariente mío, pues se trata de ciencia no oficial, de la antítesis, que es el lugar propio mío en los componentes de la dialéctica histórica: los unos viven «normalmente» en la tesis, y son los sabios oficiales, los que poseen este mundo y sus honores; los que llaman en la Unión Soviética «explotadores». Otros nacimos para la antítesis, y somos los anarquistas, rotos y pobres. Somos el «coco» y nos entierran en hoyos, y los de mañana, cuando triunfe la síntesis, nos llamarán «precursores» y nos harán bustos. […] [Yo] hallo mi deleite y descanso en las antítesis. (lvp)

* * *

Agonismo moral

La vida de González no es tragedia adusta, sino tragicomedia sonreída; pero su sonrisa no es la del cínico, refugiado en la burla por incapacidad de afrontamiento liberador; sino la del luchador que goza la pasión del combate, la alegría de la superación, la esperanza del triunfo, encarnado en el superhombre, el hermafrodita, el comunista, el beato, el bienaventurado.

El Fernando González dionisíaco, burlón, cínico, repentista y humorista, ajeno a la lucha y al sufrimiento, es otra de las falacias surgidas en torno a su figura.

Desde su adolescencia ya era una conciencia atormentada:

¡Cuán interesante, por atormentada, la conciencia adolescente de Lucas Ochoa! (msb)

En Pensamientos de un viejo plantea la lucha dialéctica entre la posibilidad de llegar (partiendo del estudio de sí mismo) a la realización del superhombre, en la comunión con el universo; o de sucumbir (como sujeto efímero, en búsqueda inútil) a la apariencia de representación y a la fugacidad de la vida:

¿Por qué no estudiarme a mí mismo, sentado apaciblemente, y no perder los ojos contemplando vidas que no son la mía? (pv)

… amo de tal manera la meditación, que jamás concibo alegría en donde ella no esté. (pv)

Estoy fatigado… Toda esa comedia de la vida me repugna. ¿Qué me importa el superhombre? ¿Seremos, acaso, más felices? No hay felicidad si no hay dolor… ¿Seremos, acaso, más grandes? No hay grandeza si no hay pequeñez… Todas esas palabras son engaños de la vida… (pv)

¡Cuán efímeros somos! […] [Si] el sujeto es efímero, todo predicado de él lo será igualmente o más. ¿Qué buscamos, entonces? ¿Para qué buscamos? (vp)

Su vida y su obra fueron combate permanente:

Siempre he sido guerrero. Mis libros son guerra. (er)

… yo predico el sacrificio, la renuncia, el heroísmo. (ce)

Desde 1926, hace diez años, vengo predicando la continencia y la dureza. (ant vii)

Todos sus actos, observaciones y experiencias, aun las más simples, se le convertían en un interrogante, en una exigencia, en un afrontamiento:

… eres [Lucas] el tipo de las nimiedades trascendentales. (msb)

Lo atormentaba la falta de claridad sobre el ideal a seguir:

… vivo según un ideal confuso y me siento intranquilo. (msb)

La conciencia de la propia pequeñez:

¡Ay! Yo no soy grande. Nada hay grande en mí sino el deseo de serlo. […] Soy un pobre juez colombiano que siente fruiciones al pensar en cualquier ser grande, en cualquier belleza, bondad o heroísmo. Soy un enfermo. (msb)

La falta de vitalidad:

Yo soy la persona que más quiere esas virtudes vitales y que carece más en absoluto de ellas. (dm)

La capacidad de bajeza, por carencia de personalidad unificada:

¡Personalidad que me atormentas y me soplas bajezas, maldita seas! ¡Hija de puta! ¡Hija de puta! (dm)

Las derrotas en su lucha por la unidad interior, la afirmatividad, la continencia y la libertad:

Ningún resultado he obtenido. Cada vez, en cada derrota, queda más débil mi poder afirmativo, mi voluntad. (dm)

Confieso que no hay día de mi vida en que no levante los ojos al cielo y en que no caiga en el pecado. Vivo levantándome y cantando la gloria de la continencia. (hd)

Cada día me hago más cobarde, porque cada día me trae una derrota. Desde la edad de ocho años busco el triunfo sobre mí mismo y desde tal edad no ha habido día que no haya una derrota. […] Otra derrota la castidad, pues en un año de ella no pude ver a Dios y oír sus órdenes. Nadie, ni Dios, me quiere por soldado. Nadie quiere emplearme en obras: soy un desocupado del espíritu, un chomeur de la inteligencia: voy ofreciendo a todos los ideales mi gran capacidad para desear ser bueno y héroe, y nadie me oye. (ce)

González vivió en guerra permanente por el desarrollo de su potencialidad volitiva:

Yo soy el animal sometido a milicia. Deseo ser una voluntad. […] Podré llegar a tener esa voluntad que casi se materializa en el cuerpo y que produce impresión de misterio. (msb)

Por el ascenso constante:

La cuestión está en ascender constantemente, mediante la lucha. Mientras más guerra, más triunfos. No deseo la paz; quiero guerra constante, constante crecimiento. (msb)

Por la conquista de la capacidad de contención:

—¿Qué deseas, Jacinto? —Que te contengas siempre, en toda circunstancia. Que sufras, Lucas, mientras te llega la respuesta a la pregunta que ansiosamente lanzaste al espacio. (msb)

Por la adquisición de la plenitud vital:

Me podría definir con éxito: el que siempre busca una cosa. Caín, condenado al movimiento, engañado por mirajes de este desierto que se llama Tierra. (er)

Hoy, víspera de la operación, me mata el remordimiento. […] Pero entiéndase que lo que me está matando es el remordimiento de haber dejado virgen a la vida. (er)

Para libertarse de la lucha entre el dolor, que acrecienta, y el goce, que disminuye, buscaba el desarrollo de la capacidad perceptiva, por medio del sufrimiento (renuncia a la satisfacción):

No quiero gozar (entiendo por gozar dar lugar a la emoción celular llamada satisfacción). Quiero sufrir para aumentar mi capacidad perceptiva. El sentido superador del sufrimiento es grande, y el poder destructor del goce es infinito. El goce destruye imperios y hombres, y el dolor los crea. El ritmo que preside la vida se compone de ascender por medio del sufrimiento y bajar por medio del goce. Yo quiero librarme de ambos: dolor y alegría. Librarme de la ley de crecimiento que preside todo lo humano. (msb)

La liberación de la conciencia fisiológica y sensual, que genera la pasionalidad e impide ascender al espíritu:

[Lucas Ochoa es] un gran sensual. Casi puede decirse que ahí está su fortaleza, pues ella le sirve para rebotar como la pelota de caucho. Es una inmundicia que mira para el cielo. (hd)

Un espíritu presa de la carne pasional, loco entre la carne. (hd)

Esta mañana pensé que hace tres años escogí espíritu y que no he obrado de acuerdo con mi decisión; una vez decidido, no se puede retroceder, so pena de muerte. Por eso es mi gran tristeza continua. Hay que progresar día a día cuando uno se decidió por el espíritu, o por el cuerpo. No se puede dudar ya durante la marcha. (hd)

¡Virgen María, líbrame de las pasiones impetuosas mías y de Salomé; deseo ser hombre controlado; no me dejes! (sal)

Entré a pedirle a la Virgen que me libre del alma fisiológica; que no me deje ir con ansia de volver; que no me deje recaer en un útero, cualquier primavera, de aquí a mil años, en algún jardín público… (er)

La liberación de la mala conciencia o conciencia del pecado, nacida de la identificación atávica entre las nociones de libertad y de culpa, para lograr, así, la perfecta inocencia, que es la sabiduría:

En mi alma encuentro todo el oscuro tormento de las amenazas y las prohibiciones. El espíritu de nosotros, los librepensadores, sufre el atavismo: somos libres, pero miramos la libertad como un pecado y como a éste la queremos. Tenemos la conciencia del pecado. […] Deseo librarme de la mala conciencia […]. El verdadero pudor consiste en la perfecta inocencia proveniente de la sabiduría. (msb)

Vivo pues, como hombre moral, en lucha conmigo mismo, derrotado casi siempre; hace cuarenta años que vivo derrotado, en angustia, amando a un santo que yo podría ser y siendo un trapo sucio. (er)

No digiero, a causa de este anhelo de ser bueno y de incapacidad para ello. Nosotros, los destructores, lo que desearíamos destruir es a nosotros mismos. […] Los hombres nos distinguimos unos de otros por el poder para efectuar la bondad. (ce)

González no se aprobó nunca, porque sabía que era apenas un esbozo de hombre:

Yo soy un esbozo de hombre, bebo y fumo. Sólo por días, después del cinematógrafo, soy una lejana promesa. […] [Durante] mi grandeza soy casto y duro como una definición bien hecha. (dm)

… eso es lo que vengo buscando desde niño; un hombre seco, varonil, capaz de no traicionar su ideal, aunque tenga que sacrificar a todos los hombres; uno que encarne un ideal bello y todo lo supedite a ese ideal. (dm)

A partir del regreso de los consulados europeos, en la década de los 30, luego de cuarenta años de enfrentamiento solitario con hombres e instituciones, en lucha contra la perversión latinoamericana, González vivió la duda de la validez de su vida y de su obra.

Teme haber errado el camino:

[Yo] estoy bajo; estoy más bajo que antes. ¿Dónde fue que equivoqué el camino? (n)

Haberse causado mal a sí mismo, y haberlo causado a otros, con sus obras:

… tengo dudas acerca de mi vida (obra). A ratos me parece que hice mal al publicar El Hermafrodita dormido; que debí atender al Gobierno colombiano a ese respecto: viviría en Francia. Mi literatura, desde Don Mirócletes, nos ha causado «males» a mi familia y a mí. Hoy me tienen por «alocado» y me odian. A ratos, deseo «virar»: ser prudente. Que la literatura sea un medio para «triunfar». Escribir lo que la gente desea. […] La revista Antioquia me ha producido unos ocho individuos que me han dicho: «Está buena la revistica». […] Además, hoy tengo como dos mil enemigos más que se alegrarán con mi muerte… ¿Soy loco o qué? ¿Por qué no rehacer mi vida? Puedo muy bien dedicar estos cortos días posibles a mejorar la imagen que tienen de mí. Pero… no es posible que yo sea un Jesús María Yepes. (ant vi)

No haber buscado a Dios con la intensidad con que debió haberlo hecho:

Mi conciencia es cristiana. Todo lo que he escrito me causa remordimiento. ¡Cógeme, Señor! ¡Tranquilízame! En mi interior oigo una voz que me reprocha y que me dice que Cristo es el único cimiento. (ant vii)

Ser un hombre inactual:

Si no me hago prudente, me aplastarán; mis enemigos están triunfando. No debo escribir: soy inactual. (ant ix)

En los años de El maestro de escuela, vive la angustiosa experiencia del complejo del «grande hombre incomprendido», o sea, el proceso de disolución del yo, o vivencia del agotamiento de los instintos de sensualidad, posesión, figuración y dominio fisiológico-temporal:

… a los cincuenta años soy iluso solitario desengañado. (me)

He bregado, pero mis actos son como huevos de gallina beata, que no echan pollos. Desde esperma he sido inactual. (me)

… hace tres años (cuatro años) que vivo en derrota, «a causa —me digo— de tener que mantener a la familia». ¡Sofismas! Debí seguir adelante, diciendo la verdad… Todo esto me atormenta. (rpo)

Superada la crisis de la disolución del yo, González vive la agonía de la solidaridad con el universo y con los hombres:

… en el fondo, yo sé que vine para la agonía. (lvp)

Sigo sucio. Bregando, bregando por ver en esa oscuridad a que descendí en ese pasaje, me pareció oír una voz que decía en mí: «Imaginar las bajezas es cometerlas, pues no se puede imaginar lo que no está en uno». […] El que imagina un adulterio o cualquier suciedad, ya lo cometió, o lo parió, o lo malparió. […] ¿Y es que no somos el diablo? ¿No somos el mineral, la célula, el batracio? (lvp)

¿O pretendes que haya alguna «inmundicia humana» que no seas tú? (t i)

Finalmente, en oración, vive la agonía del instinto de eternización espacio-temporal del yo, raíz misma del Yo, en la cual, agotado el temor a la muerte, se llega al desnudamiento del núcleo mismo del Yo, o glorificación del yo o vida eterna:

Se trata […] de la fenoménica de la glorificación del núcleo del «yo», que es la vivencia de «lo mío» y «lo tuyo», la cual lleva implícito «el deseo de vivir eternamente», que, por ser la raíz misma del «yo» (el diablo), sólo se glorifica con intensa y constante oración (oración es abrirse en forma de nada a… lo Inefable). «El deseo de ser», de «eternidad del «yo», es el Rey de los demonios mudos de que nos habla La Verdad, El Camino y La Vida. Es… ¡Luzbel! (t ii)

Esa final agonía es «el Suicidio»:

… desde que me conozco, habito en el mundo del suicidio que tiene en su centro, en un montículo, como a su Rey, al Crucificado. (t ii)

* * *

Síntesis,
en la conciliación
de los contrarios

A través de procesos de síntesis provisionales, camino a la trascendencia, se superan las contradicciones en la reconciliación de los contrarios:

Y los hay que viven las síntesis sucesivas y las van trascendiendo; están más allá de bienes y males, como idos, como locos en absoluto, tal Einstein, que a todas las tesis las llamaba provisionales, y a estos pertenece mi hombre, el Lucas de Ochoa. (lvp)

Al final de sus días, en su estudio sobre José Félix de Restrepo, resumió su vida como lucha dialéctica vital, batalla de la Inteligencia, por el padecimiento y la meditación, para superar la apariencia y hallar la Realidad:

¡Eso! ¡Eso ha sido mi vivir […]! […] He vivido, dicho, repetido, predicado que el hombre no conoce sino porque padece y medita […]: quiere decir, porque trabaja inteligentemente. (jfr)

Dos breves y densísimos textos de La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera sintetizan perfectamente la existencia de González como convivencia con las manifestaciones de la vida, rebelión agresiva contra las pretensiones de realidad de los entes conceptuales, y plena identificación final con la Vida, en la amencia:

Yo soy la amencia; quiero ser las Bienaventuranzas, el que no piensa, pero es las Bienaventuranzas; quiero ser eso despreciado en vuestra Universidad, porque se asemeja a la perfecta idiotez, las Bienaventuranzas. No hay nada sino La Vida, y nosotros somos La Vida sucediéndose. (t i)

¡Oh, Vida! ¡Nada deseo, porque te tengo! ¡Soy Vida! Contigo siempre, siempre… Lo que Tú no eres no es; ¡el deseador es imbécil! ¡Imbécil, que posee un tesoro y se angustia por un centavo falso! ¡Hideputas ideólogos, conferenciantes, escritores, filósofos, teólogos! ¡Sólo Tú, sólo existes Tú y todo eres Tú, amor mío, que eres yo mismo! ¡Te tengo tan cerca! ¡Aquí te tengo! ¡Estoy reposando en Ti, sobre Ti, dentro de Ti! ¡Eres yo mismo, amor mío…! (t ii)

* * *

Conclusiones

La filosofía de González es filosofía dialéctica. A la vez, convivencia con la vida en devenir fenoménico y lucha contra la vanidad de la apariencia, cuya síntesis, más allá de toda representación o apariencia, se realiza en la reconciliación de los contrarios.

Su vida, encarnación o vivencia de su filosofía dialéctica, constituye un agonismo moral o lucha interior por la verdad, la belleza y el amor.

A menos que se lean y entiendan como viaje a pie, o sea, como proceso de liberación o dialéctica de la libertad, la existencia y la obra de Fernando González se convierten en una concatenación de contradicciones irresolubles e ininteligibles.

— o o o —

~ 8 ~
Los campos de la lucha

La agonía existencial o filosofía vivencial de Fernando González se concretó, predominantemente, en tres grandes campos: lucha por la superación del mundo pasional, a través del dominio de la sensualidad y la conquista de la castidad; lucha por la superación del mundo mental-conceptual, en la manifestación «desfachatada» de la originalidad vital; lucha contra la perversión latinoamericana, por la autoexpresión continental y la autenticidad cultural.

* * *

Lucha entre
sensualidad y castidad

Para González la castidad es el punto de partida para la ascensión a planos superiores de realidad: contención del deseo sensual para llegar al amor, más allá del mundo fisiológico o pasional:

¡Mejor que el calor del sol en la mañana eres tú, Castidad! Porque las glándulas seminales son el origen de la vida. Y la vida es deseo. La castidad hace crecer el deseo y el corazón rebosa de alegría. ¡Te amamos, castidad de ojos provocadores, porque el amor es bueno cuando tú presides! […] ¡Somos castos para poder amar! ¡Esta es la verdad! ¡Una verdad nuestra…! […] ¿Quién dijo que hay placer en el dolor? Sólo un gran casto puede gozar cuando se raja su carne. ¡Cuán bueno es el dolor de las heridas cuando las células están tonificadas por las glándulas seminales! ¡Todo viene de ellas! El amor a todo, dinero, amigos, patria, gloria y hembras… Somos el joven casto porque queremos amar todo lo que existe en nuestra madre la tierra. Castidad es paladearlo todo, acariciarlo todo sabiamente, y no dilapidar. Somos el joven que no se deja poseer por nada, para no yacer como saco vacío. Para estar siempre activos y ser siempre amantes. […] Todo el universo es nuestro. Poseemos el universo con los sentidos. (vp)

La sensualidad gonzaliana es una mística de la continencia, como goce y lucha por la superación, hacia la sabiduría y la belleza:

La sensualidad de Lucas es la continencia, un fenómeno español y suramericano. Efectivamente, el misticismo español es sensualidad contenida. (hd)

¡A cambio de todos los goces sensuales, dame, Señor, sabiduría y belleza! (hd)

González asume la lucha por la castidad desde múltiples perspectivas:

Como lucha entre el deseo de eternidad y el amor sensual, que así porte la energía vital entorpece el paso del tiempo a la eternidad:

Queremos ser castos a causa de la eternidad y para ser siempre los deseadores de ti, Julia, del océano vivificante, de la atmósfera conductora de las corrientes de energía sideral… (vp)

Mi primer deber de filósofo es dominar el amor sensual. Por ejemplo, tengo que dominar esta muchacha que se ha entrado en mi vida […]. […] Dios mío: ¡que nada me posea! (msb)

Sólo estoy sano cuando me parece que las muchachas me quieren y yo resisto. (er)

Como lucha entre la atracción instintiva al amor fisiológico-pasional (evolutivo, carnal, reproductivo), encarnado en la mujer, y la atracción emocional a la belleza (vitalidad y divinidad), patentizada en la muchacha:

A veces tengo la manía de seguir a las mujeres, pues me parece que ellas tienen en alguna parte algún secreto. (hd)

La mujer sigue siendo para mí como larva de coleóptero; me produce náuseas. (hd)

Pero qué cosa tan curiosa es haber nacido, haberse encarnado, amar los pechos, gustar de los besos y del restregarse de los cuerpos. Indudablemente que somos antiguos gusanos, antiguos escarabajos, comedores de carne y de excrementos, no satisfechos aún. De ahí esta dualidad mía terrible: me gustan los pechos duros y erectos y después de apretarlos contra mi corazón, grita el espíritu encarnado: ¡Hijo de puta! (hd)

En mí encuentro los siguientes instintos: amor inmenso por las cosas terrenas, ríos, fuentes, plantas, minerales, muchachas. Otro inmenso amor por llegar a Dios, o sea, a muchacha que no envejezca, a la belleza modelo. (er)

Como lucha entre la tendencia instintiva al goce sensual de la belleza manifestada en las formas y el anhelo de contemplación de la belleza esencial, más allá de toda forma y de toda apariencia:

En realidad, soy un enamorado de la belleza, pero también hombre que persigue a las muchachas, que piensa a lo animal, etc., 99% hombre vulgar. Apenas si de vez en cuando puede mi alma mirar con hermosos ojos verdes a través de la inmundicia de mi conducta. (er)

¿Por qué no llevo conmigo las cautelas de mi padre Ignacio: primera, no tocar; segunda, no mirar…? Pero… ¡yo amo la tentación! En ella está el arte, la euforia. Yo moriría, si no mirara, y no tocara y no oyera a las muchachas. Dame, Señor, una ley nueva; haz excepción conmigo, así: que pueda abandonar las cautelas de mi padre Ignacio, y que no me acueste. Es lo que odio: acostarme con ellas, y esta mi amiga florentina quiere venir a dormir aquí, a esta soledad… (n)

Como lucha entre el instinto fisiológico-pasional de fecundación y perduración fisiológica y el instinto de redención y espiritualidad:

soy impropio para Venus. Veamos. Mi instinto de fecundación está contradicho en mí por el muy fuerte de redención, de espiritualidad. Así, cuando me he visto arrastrado por aquél, éste me critica tan ásperamente que me impide obrar. Obro, ¡pero de qué modo! Mis ojos son entonces de ladrón, de pecado; mi caminar, ídem. La mujer, ni me oye; no me quiere ya; huye asustada, como si la indujera mi sentimiento de pecado. Por eso he dicho que un ángel me tiene vedadas las puertas de Venus y de la política. Resulta que nunca he podido gozar con esto de la fecundación a que los hombres llaman amor. Primero, por el instinto divino, tan poderoso en mí. Procedo en todo ello con sentimiento de pecado. Segundo, porque mi sentimiento de pecado induce a las mujeres y me dicen, como Toní: «Ne fais pas ca!…». (er)

Como lucha entre el goce de la búsqueda de la verdad, en la convivencia sensual con las manifestaciones fenoménicas, y la beatitud de la intuición inmediata de la verdad desnuda, más allá de toda experiencia sensible:

Cada vez me llama más la filosofía. Con las mujeres fracaso; no sé acostarlas; me enredo; pierdo la naturalidad. (mc)

Como lucha entre el amor carnal y la conciencia de la muerte:

La conciencia del morir me ha hecho imposible el amor carnal. En el coito veo a dos próximos esqueletos que se estrujan. Además, el olor a cadáver me invade el mundo. (ant vi)

Hasta el final de sus días afrontó González esta dura lucha:

Por momentos hasta llego a creer que mi vocación verdadera son las muchachas que tienen la sinergia bien llamativa, por ahí de los 14 a los 17 años. (lvp)

¡Yo todavía estoy vivito, está vivito aún aquel niño de calle con caño, calle envigadeña que moría en la mangada El Guáimaro! ¡Qué miedo! No me lleves «vivo», sino «muerto». O sea, ¡no me lleves sino muerto del todo! ¡Aquella niña del lago Como! ¡Aquella otra de Bilbao! ¡Ay, ay, ay, ay […]! (cr)

* * *

Lucha por la originalidad
de la manifestación vital

Clarificada la imposibilidad de la metafísica mental-racional-conceptual, de la ilustración memorista, del universo mental de Occidente, Fernando González emprendió la lucha por una metafísica como expresión vital inteligente, generada desde la intimidad de cada uno.

Para lograrlo, leyó el mundo desde su yo:

Cada uno se lee a sí mismo en las cosas de la vida. (pv)

Buscó la originalidad de su representación:

Nosotros, pobres penitentes, necesitamos la originalidad para el espíritu. (vp)

Luchó por crecer en personalidad, humanidad y conciencia, engendrándose, realizándose, pariéndose, en el seguimiento implacable de sí mismo:

… deja de hablar de tu libertad y está atento a seguirte a ti mismo con la contemplación devota del sabio… (pv)

Por todas esas cimas […] voy en los días sin trabajo, detrás de Lucas, espiando al hombre apasionado, aconsejándolo… (msb)

Luchó contra las limitaciones instintivas, buscando el crecimiento en conciencia, para mejorar cada día en la capacidad de belleza, amor y sacrificio:

Sólo admiramos la energía. Admiramos únicamente lo que indica al superhombre; aquellos hechos y modos de ser que nos consuelan de nuestra miseria. (ant ii)

Porque me odio mucho en cuanto soy persona, o sea, odio y lucho contra mis instintos. No he logrado aprobarme un solo día. Nada de lo que hice me parece bien. Es otra la vida que quisiera para mí. Quiero ser otro. Padezco, pero medito. Tengo abundancia de instintos. (er)

Yo quiero mejorarme a cada instante. (msb)

Ansia de belleza, belleza social, belleza interior, aspiración a lo perfecto. (dm)

Yo deseo vivir muchos años para concienciarme. Mi único deseo es la conciencia. (msb)

Lo que me gusta es sentirme alto, cerca del calor solar, eufórico, pletórico, capaz de amor y de sacrificio. (hd)

Luchó contra el conformismo y la limitación, en rebeldía contra los caminos establecidos:

Pero nosotros sentimos en casa de doña Pilar la rebeldía contra el camino, contra esa línea por donde van todos los hombres, por donde van los arrieros, los agentes comerciales. Sentimos odio por la limitación. (vp)

Luchó contra las ideas generales, generadoras del saber común y del tradicionalismo, que impiden la manifestación de la originalidad:

Oigan, señoras [ideas generales], […] nosotros estamos hastiados de ustedes; venimos desde muy lejos en busca de una idea nuestra, sólo nuestra, aunque sea por el espacio de diez segundos. (vp)

Luchó contra la vanidad imitadora, promoviendo una concepción de la cultura como proceso autoexpresivo, por el crecimiento de dentro hacia fuera:

Llamamos vanidoso a un acto, cuando no es centrífugo, es decir, cuando no es manifestación de individualidad. (n)

La vanidad está en razón inversa de la personalidad. Es social, o sea, no puede existir en el hombre solitario. Es simulación, hurto de cualidades. (n)

La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en auto-expresarnos. (n)

A través del ascetismo de la renunciación y de la quietud de la contemplación, luchó por salir del mundo de las representaciones para llegar al mundo del espíritu, o sea, a la unificación con la Vida una y única (ser dios en Dios):

No me atrae ninguna obra, sino el supremo egoísmo de trabajar sobre mí mismo para abandonar el mundo. ¿Ser presidente? ¡Nada! ¿Ser rey? No. ¿Sabio? No. ¿Qué, pues? Es una intranquilidad constante, un amor constante por mí mismo, más allá de mi cuerpo y de los seres. Así: hay para leer en ti. Tú eres lo importante, pequeño dios apasionado. (n)

¡Un triunfo! Ya varias veces estaba en mi conciencia esta pregunta; pero ahora la formulé, ahora salió más bella que el huevo de la canaria. Es mi parto. De pronto me pregunté: ¿por millones aceptarías dar un poco de tu progreso espiritual o detenerte? No. Un no clarísimo, evidente como el huevo. ¿Y por todos los millones? No. Fue como un derramarse de preguntas. ¿Qué pides? Espíritu a cambio de todo, riquezas, triunfos, amores, alegrías. ¿Nada prefieres al espíritu? Nada. Oye bien: vas a sufrir mucho… Pues echa acá; trae el plato y trae el don. Desenfúndame, quema mi carne, arranca mis dientes, enceniza mis cabellos, arrúgame, pero dame tus pechos, belleza escondida. (sal)

Hasta sus últimos días, vigilándose y pariéndose a sí mismo, desde sus condicionamientos y limitaciones, persistió en su lucha por llegar al espíritu:

¡Yo no quiero ser esto que soy hace muchos años, tan bajo, tan nada, tan hijo de la paja, hijo del desgano, cagajón aguas abajo! (lvp)

«El perro soy yo mismo». Y el «¡cuidado con el perro!» es una advertencia a mí mismo […]. Tengo que vigilar al perro que soy. (t ii)

Pero yo le dije eso para que supiera que yo venía de un caño largo, cenagoso, en que hay albañales, muchos de los cuales he narrado en mis escritos, pero todavía hay muchos más… (cr)

* * *

Lucha contra la
perversión latinoamericana

Al descubrirse, interpretarse y enfrentarse a sí mismo como suramericano, Fernando González interpretó y enfrentó en sí mismo la realidad sociocultural latinoamericana, toda ella discípula del Mono de Marceliano y de los jesuitas.

González se entiende como latinoamericano por origen étnico y por experiencia cultural:

Mi alma es suramericana. En mí encuentro al conquistador, al indio, al negro y a los Reverendos Padres hermanos de la desventurada Cunegunda. (msb)

Hay experiencias a las que he llegado tarde, debido, sin duda, a mi vida en Suramérica. […] Yo he vivido intensamente, pero el medio ha sido mi gran mal. (msb)

Ve al hombre latinoamericano como plebe pasional y fisiológica que, a causa del hibridismo y la invitación tropical a la ensoñación, se ha quedado sin realizaciones:

Hace días que me siento mal. No hay estímulos vivos en este pueblo. Los hombres son plebe y plebe son las pasiones e ideas de aquí. El amor se reduce, en las mujeres, al marido por atrapar y a la castidad forzada. En los hombres se limita al coito. […] ¿Por qué naciste aquí, Lucas? (msb)

… espero que la humanidad perdonará a los ardientes mulatos de Suramérica su falta de realizaciones. Esta falta de realizaciones proviene del hibridismo y de la ensoñación a que invita el trópico con sus bellos ríos y las sombras maternales de sus árboles. (dm)

Suramérica es híbrida y ensoñadora porque ha tenido por maestros a los mismos de González: los jesuitas y el Mono de Marceliano, con quienes aprendió a reaccionar imaginativa, y no viva y creativamente ante la realidad:

Suramérica es como el muchacho de los jesuitas, capaz de sugestionarse hasta sentir el olor de las trenzas, hasta sentir que se electrizan en agradable cosquilleo las terminaciones nerviosas. El suramericano se habituó a que la masa nerviosa reaccionara con la imaginación y no con la realidad; no puede poseer ya la realidad. Es como mi amiga Ángela, que soñó que había parido mellizos. ¿De dónde pudo parirlos, si es virgen y soltera? (dm)

Me da risa pensar que este Mono fue el maestro de todos los que han gobernado por aquí, menos de Bolívar, pues a éste lo crio aquel Simón Rodríguez que olía a semilla, a polen, a yaraguá cuando lo pisan las novillas. (ce)

De allí su rechazo de la perversión, su lucha por lograr su autenticidad de hombre suramericano, y su guerra por la autenticidad de los suramericanos, signados por la perversión imaginativa:

Desde mis primeros años juré enemistad a mis compatriotas nacidos y criados en ambiente de liberalismo y conservatismo; juré luchar sin tregua para que venga a Colombia la buena conciencia, la sobriedad, el desenfado con que los hermanos cristianos caminan por las colonias. (ce)

Ya dije que amo mi Patria, pero no a sus actuales habitantes. (ce)

Me desesperan los reproches que suben en mí contra mi patria a quien amo tanto. ¡Y casi no la puedo amar, porque allá viven esos animales que se parecen al hombre apenas en la corrupción! (sal)

Su lucha de suramericano educado en la perversión contra la perversidad mentirosa, avergonzada y simuladora, lo llevó a entender su tarea como una misión, a vivir a la enemiga y a asumir su condición de hombre solitario, anárquico y odiado por sus conciudadanos, como un deber:

Un hombre como yo, que odia el ochenta y nueve por ciento de los procedimientos humanos en boga y de las opiniones en boga, pues al hombre en sí lo desprecio y a veces lloro por él (el pobre está sujeto a la muerte), no puede vivir sino a la enemiga, o sea, del anatocismo. (dm)

Mi situación moral. Hechos: 1.º—Estoy absolutamente solo. No tengo patria humana. Por consiguiente, mi soledad es peor que la de los judíos. 2.º—Socialmente no puedo esperar nada. No tengo semejantes en Suramérica. Conclusión: Debo vivir a la enemiga. (er)

¿Por qué afirmo que vivo a la enemiga? Porque he luchado contra todo lo existente. No puedo tener amigos sino cuando mueran los colombianos de hoy y desaparezcan los intereses actuales. (er)

Pero yo, el solitario que renunció a honores fáciles, que vive en pobreza, para no verse obligado a juntarse con López, Laureanos y Olayas, yo soy artista de la vida, pintor de animales en celo. (er)

Bueno, pero ¿qué somos, políticamente? Somos anarquistas. El objeto de la vida es disciplinarse hasta no necesitar gobierno. Un filósofo está por encima de las leyes. […] Somos anarquistas porque el hombre culto no necesita que otro lo gobierne, y derechistas, porque a la libertad se llega por la disciplina. […] Personalmente vivimos en la anarquía. Hemos conseguido la buena conciencia; decimos todo lo que pensamos y hacemos todo lo que sentimos; para nosotros no existe el gobierno sino como tema para escribir. Nadie nos importa ni se cruza en nuestro camino. No tememos, no odiamos y amamos la Vida por sobre todas las cosas. (ant v)

Creo firmemente que yo soy el filósofo de Suramérica; creo en la misión; me veo obligado a ser áspero y seré odiado, pero ¿podría cumplir mi deber con dulces vocablos? (n)

Fernando González no está con nadie, no es copartidario de nadie. Es anarquista ex-sanguine. Ni siquiera su mujer e hijos piensan ni sienten como él; ni siquiera sus ropas se someten: los sombreros se tuercen y los papeles y libros se desordenan. Es anarquista hasta en el modo de amar. Fernando González no puede esperar nada, absolutamente nada, de la sociedad. Para ésta es un pereque. Todo lo social, el amancebamiento, le está vedado ex-sanguine. Muchas veces ha querido F. G. asociarse y no ha podido; es como si alguien se lo impidiera. No ha podido conseguir un amigo que le dure. Y no es por honradez, como dicen, pues quisiera simular y ser amado, pero no puede. No se siente bien si no es solo y en la anarquía. F. G. está perdido para el «éxito» desde que lo parieron cabezón pero infiel. (ant ix)

— o o o —

~ 9 ~
La brujería

Filosofía como brujería

«El Brujo de Otraparte» y «El Mago de Envigado», dos lugares comunes que expresan más una referencia folklórica a un personaje etéreo, que una vinculación seria con el pensamiento, la filosofía o la vivencia metafísica y mística de Fernando González.

La noción de brujería en la obra de González no es ni trivial ni humorística; está enraizada en la experiencia de la intuición vivencial de la Realidad, en la aplicación del método de los viajes y en la voluntad de unificación de las grandes formas del saber universal, todas ellas portadoras del saber intuitivo.

Para González no hay otra Realidad que la Esencia amorosa o Sustancia o Vida o Presencia o Intimidad o Néant o Dios. Lo que no es la Realidad misma sólo es apariencia o manifestación o representación o patentización de la Realidad, que sin la Realidad como su intimidad, nada sería.

Lo que existe, seres o presencias (con minúscula), son múltiples representaciones o manifestaciones espacio-temporales, pasional-mentales de la Sustancia o Presencia en devenir. Lo que es, es la Realidad (con mayúscula) o la Sustancia o la Presencia o la Intimidad, que no se manifiesta inmediata y directamente como objeto o fenómeno del devenir porque sólo es, en categoría de eternidad, más allá de espacio, tiempo, deseo, pensamiento y conceptos.

El Ser, Dios, es, sin representación fenoménica alguna. Los seres existen siendo representación o patentización espaciotemporal de Dios, que es.

Entre los existentes, el hombre es dios (con minúscula) porque manifiesta, representa, patentiza al Ser o Dios en categorías de espacio, tiempo, pasionalidad y mente, y se hace Dios en categoría de eternidad al pasar del existir representativo al ser íntimo o atemporal.

Una vez agotada la representación humana, y superadas, por la Inteligencia en entendiendo y el Amor en amando, las categorías espaciotemporales y pasional-mentales en las que se realizó la existencia como patentización de Dios, el yo, el núcleo del Yo, en la Amencia (más allá de pasiones y mente), actualiza la plena unión con la Intimidad o Presencia, es decir, realiza lo que había de Realidad o de Dios en su representación: ya no existe, sino que es.

A través de la convivencia con las criaturas, González buscó metódicamente el paso del existir al ser, o dicho de otra manera, la comunión con la Realidad o Esencia o Sustancia o Intimidad o Dios, subyacente a la representación viva, que constituye el devenir.

González vivió tratando de superar, en la comunión con la Unitotalidad Viva (reconciliación de los contrarios), la limitación de conciencia que fragmenta la realidad en apariencias contrarias: bien-mal, aquí-allá, fenómeno-esencia, sujeto-objeto, espacio-tiempo, pasado-presente-futuro, vida-muerte.

González es brujo o mago por cuanto logra liberarse del límite, superar las apariencias representativas, realizar la conciliación de los opuestos, universalizar la conciencia, vivenciar la Realidad como unidad sustancial única, supratemporal y supraespacial.

* * *

Los brujos

Son brujos los hombres que han unificado su conciencia con el Universo o la Realidad o la Vida o Dios: el anarquista, el comunista, el santón, el mahatma, el hermafrodita, el superhombre, el esencial, el místico, el teólogo, el hijo de Dios, el dios, el mago, el maestro, el cristiano, el de mirada de Ojo Simple u Ojo Redondo, el amente, el beato, el bienaventurado.

El brujo, bajo cualquiera de las anteriores denominaciones que se le tome, es el hombre que está en armonía con el universo:

El mago está en armonía con el cosmos: ninguna inhibición, ningún exceso en el aura nerviosa, lo cual se resume en el término salud. (ant xiii)

El hombre, que por el conocimiento vivo ha trascendido las categorías espacio-temporales, ha vencido el deseo, ha superado el pensamiento y el discurso, contempla receptivamente la realidad, es manifestación viva de Dios, vive en el infinito, es beato:

No desea: el deseo es saliente voluntaria de la fuerza anímica, que, si no armonizare con el devenir del cosmos, es fuerza perdida; el deseo es impotente contra la voluntad divina. El brujo está en solemne reposo receptivo: el rey de la creación tiene la cara ancha, irradiante; en su físico se muestra la divinidad. No anhela: por eso no está al lado de ninguno en ninguna empresa, sino al lado del Señor; sabe muy bien que es la voluntad del Señor la que se realizará. El alma del brujo está en el infinito, como la gota de agua en el río: es el estado beato, del cual participa aun en esta vida. (ant xiii)

Brujos son los grandes sabios, santos y conductores de pueblos. Unos son los realizadores de la comunión viva con lo existente, en el perfeccionamiento espiritual; otros son buscadores del acrecentamiento vital egoísta.

Han sido grandes brujos Buda, Moisés, Elías, Samuel, Sócrates, Pablo, Francisco de Asís, Paracelso, Spinoza, Ignacio de Loyola, Rasputín, Gandhi, los caciques de América, Juan Vicente Gómez:

… los magos son los sabios, los santos y los conductores. (ant xiii)

… cada brujo tiene su fin. Unos quieren perfeccionamiento espiritual, y otros buscan únicamente acrecentamiento vital, egoísta. (msb)

* * *

Itinerario de Fernando
González a la brujería

Fernando González se entendió a sí mismo como mahatma o «dios cagado», o hijo de Dios o beato o brujo, y llamó a su filosofía magia o brujería o hermafroditismo o anarquismo o comunismo o sabiduría viva o teología o cristianismo.

Como latinoamericano mestizo, «descendiente del cacique Ayurá» y criollo cristiano, descendiente de blancos vascos, en comunión con los grandes brujos de Occidente, Oriente y América, hizo, viviendo, una filosofía de la intuición como gracia cristiana, iluminación oriental, magia occidental y brujería indígena americana, caminos a la superación de las categorías espacio-temporales y al conocimiento intuitivo o vivo de la energía fundamental, que permite presentir o adivinar el futuro que pugna por manifestarse en las latencias del presente y llegar, más allá de formas, deseos y pensamientos, a la Beatitud o Comunión amorosa con la Realidad Viva o Dios Vivo.

En Pensamientos de un viejo inició González la lucha por superar el límite y realizar la comunión con la Vida, una y única, en la unificación con el universo:

Todas las ideas y todos los sentimientos existen en potencia. Cualquiera cosa que imagines, todo sentimiento que supongas, es posible, no es absurdo, ni es misterioso, ni es bello, ni es feo… […] La vida es un infinito campo indeterminado, sin ningún sentido ni color, en donde es posible ver todos los sentidos y limitaciones… […] La vida es como un papel que no tuviese ninguna forma por ser infinito. Y de ese papel indeterminado, cada hombre, por ser finito, recorta un figura determinada… (pv)

Siento una infinita tristeza por tantas cosas que ya se murieron, y siento un deseo grande de ser todo. ¡Oh, en esas noches siento la tristeza de ser limitado, de ser solamente el solitario que está echado bajo su árbol…! (pv)

A partir de la intuición de la posibilidad de la unificación de la conciencia con el universo, González se empeñó en articular su filosofía de la Unitotalidad sustancial y viva de la Realidad con todas las expresiones de la sabiduría universal, en cuanto portadoras del saber intuitivo o brujería.

Articula su filosofía intuitiva con el cristianismo, en cuanto camino a la experiencia de la reconciliación o segundo nacimiento o liberación, en la contemplación de Dios, o unificación del núcleo del Yo con la divinidad, por la gracia del amor.

Con la filosofía occidental, mental-racional, desde dos vertientes: 1.ª Como reflexión crítica sobre las grandes aporías del pensamiento occidental: unidad o pluralidad de la sustancia, significado y posibilidad de las causas, posibilidad o imposibilidad de la demostración racional de la existencia de Dios, posibilidad o imposibilidad de la metafísica, validez o invalidez del conocimiento intuitivo, validez de la lógica racional en el proceso filosófico, criterio de verdad, verificación del conocimiento, relación saber vivencial – saber científico, objetividad o subjetividad del valor, etc. 2.ª Como brujería o saber vivencial-intuitivo de la realidad, que subyace a la filosofía racional y a la ciencia empírico-racional de Occidente, en la magia, la mística, la alquimia, la cábala y demás saberes ajenos al universo científico.

Con la filosofía oriental, sabiduría intuitiva-mística-contemplativa, en la búsqueda de superación de los mundos de la apariencia fenoménica, la fenoménica del yo y la causalidad kármica; la vivencia de la «reconciliación de opuestos» y la comunión de la conciencia con el Universo, por la unificación del núcleo del yo con Dios, más allá de toda representación formal, todo pensamiento y todo deseo.

Con la sabiduría indígena latinoamericana, como armonización con el universo a través de la captación del vaho o energía vital, que permite lograr cierto empoderamiento sobre el universo, gracias a la capacidad de convivencia emocional con las manifestaciones de la vida y cierto don de adivinación del futuro por la capacidad para leer las energías vitales (vaho), latentes en el presente.

En 1926 llegó a vivir la conciencia del mago:

Ayer releí el tratado del Deleitantismo, que escribí en 1926 (¡hace 12 años!), en un tiempo en que me sentía mahatma, cuando escribí también el tratado del brujo, dos años antes del Viaje a pie. ¡Pero cómo me parecieron abismales esas vivencias! (lvp)

Hasta el final de sus días anduvo luchando angustiosamente por superar el desbordamiento pasional y llegar a la comunión con Dios, esencia de la magia o brujería:

¡Oh, mi vida interrumpida de brujo! Porque yo propiamente no soy novelista, ni ensayista, ni filósofo (¡qué asco la filosofía conceptual!), ni letrado, sino brujo: brujería, el mahatma, el dios, el hijo de Dios. ¡Oh felicidad! (lvp)

… porque eso de ser mago, o sage, o volver a nacer no es como soplar y hacer botellas. Me jacto de mago, y soy vulgar colombiano aún: hasta un 50 por ciento, por lo menos, vivo ese jaleo pasional del Rojas Pinilla, pobre sucediéndose en quien representarán todo el genocidio del sucediéndose Mariano Ospina, Gómez, López, Mussolini, Hitler, Franco Bahamonde… ¡Ah, hideputas! ¿No veis? Vivo pasionalmente. (lvp)

¡Qué alegrías y qué dolores! Pero la balanza queda siempre justa, compensada. […] Hay una época larga en que se quiere viajar con alas de murciélago, y entonces se habla de castigo exterior, y lo que hay es justicia. Entonces es cuando aparece el animalón unto de la angustia, que es el que cierra la puerta de la reconciliación y del cielo. (lvp)

Al lograr la reconciliación de contrarios, en la contemplación de la Intimidad, tuvo la certeza de haber llegado a la Brujería o Nuevo nacimiento:

Para el mago reconciliado, todos son reinos sagrados en que no hay una sola injusticia, reinos para el Superhombre, para que habite en toda la casa del Señor. ¿Cuál es el misterio que entonces se posee? Que la Nada existe, que es apartamento deleitable de la casa del hombre. (lvp)

En la Amencia o las Bienaventuranzas, perfecta idiotez o plena universalización de la conciencia que trasciende el juicio, llegó a la perfección de la Brujería:

Yo soy la amencia; quiero ser las Bienaventuranzas, el que no piensa, pero es las Bienaventuranzas; quiero ser eso despreciado en vuestra Universidad, porque se asemeja a la perfecta idiotez, las Bienaventuranzas. No hay nada sino La Vida, y nosotros somos La Vida sucediéndose. (t i)

* * *

Formas de brujería

González, precisamente por su voluntad de unificación cósmica y sapiencial, vivió múltiples formas de brujería o experiencia intuitiva de la Realidad, originadas en las diversas formas de la sabiduría universal:

Brujería suramericana

Es la sabiduría intuitiva del indígena latinoamericano. Es la adquisición de poder sobre el universo por la armonización de la voluntad propia con la voluntad cósmica; la compenetración con el infinito, en la total apertura del alma, lograda por la superación de pensamiento y pasiones:

Magia es el arte de acordar nuestra voluntad con la cósmica, consiguiendo así cierto imperio divino sobre el universo. […] El mago está en armonía con el cosmos […]. El alma individual juega entonces en armonía con la cósmica. […] Hay que dejarse poseer, que el alma se bañe en el infinito. Reposo potencial: entonces todo vendrá al brujo. […] Con este arte de la magia se consigue la beatitud y conocer el futuro, pues cesa el tiempo. (ant xiii)

[El brujo] no anhela: por eso no está al lado de ninguno en ninguna empresa, sino al lado del Señor; sabe muy bien que es la voluntad del Señor la que se realizará. (ant xiii)

Hay mucha diferencia entre la brujería europea y la suramericana. Yo he sido iniciado por los indios, durante mis viajes a pie. He aquí las diferencias: 1.ª El indio somete todo al ritmo; el vaho está sometido a la lentitud medida; no sufre violencia. «Piense usted en el vaho, véalo como una cabellera que emana de sus tuétanos (centros nerviosos) y haga movimientos curvilíneos y reposados, con mente y brazos, para envolverse en él. Una vez envuelto, el vaho obra solo; adivina solo; enamora solo; trae bienes. Sólo en casos urgentes, como en peligro de muerte, lance voluntariamente el vaho como una flecha: entonces mata…». 2.ª «Por eso no se debe fijar la mirada, como hacen los blancos; los ojos son delicadísimos… Deben estar guardados, como las uñas del tigre, entre la felpa. ¡Cuidado con los ojos!». Quien así me inició se llamaba «El Indio ladino y armonioso». Era de Urabá y lo conocí en Carolina, en Colombia, de curandero. Recuerdo que trataba algunas enfermedades metiendo a los pacientes dentro del vientre de un toro recién degollado. «Absorben el alma del animal», me decía. (mc)

El indio de Urabá se reconcentra y se comunica con Ságuila (Dios). (dm)

«Ancha presencia»

Participación del ser o esencia que subyace a las representaciones; participación del Ser Esencial, más allá de la existencia accidental y fenoménica, por la universalización de la conciencia:

Ancha presencia: detengámonos a paladear el significado de estas palabras. Todos hemos tenido experiencia mayor o menor de lo que es ancha presencia. […] [Ser] esencial. (ant xiii)

Ancha presencia significa que alguien tiene mucho de la realidad como presente. […] Moisés, por ejemplo, era tartamudo, pero entre los humanos ha sido el que produjo la mayor impresión de anchísima presencia. (lvp)

Teología

Capacidad de conocimiento de la realidad más allá de las coordenadas de la apariencia, como conciencia de eternidad y relación de intimidad con Dios, realidad única:

Hace cinco años que la teología era para mí una patraña y hoy me parece lo esencial. El mismo fenómeno del rayo de sol y los corpúsculos: no existen sino las cosas que ocupan la conciencia. ¡Cuántas alegrías y existencias habrá que no las abarca mi conciencia! (msb)

… hay un entierro, que es el de mi inocencia, que se llama Manjarrés, y hay un pajarito que está emperrado cantando y que es lo mejor, la síntesis, ese algo que va a quedar después de la muerte. ¿Qué sería de mí sin ese cucarachero, alias ruiseñor, alias teología? (106)

Adivinación del futuro

Poder de desentrañar el desarrollo futuro de las latencias presentes, no como resultado de esfuerzos lógico-racionales, inductivo-deductivos, sino por el don de la posesión de verdades vivas, no conceptuales, sino vivenciadas espontánea e instantáneamente:

[El brujo no] adivina porque se lo proponga, sino que la verdad viene a él: «Al que tiene le será dado». Por eso dicen que hay «hombres ayudados». (ant xiii)

Sentimiento de libertad y plenitud de vida

El sentimiento de libertad, euforia y exuberancia es la piedra de toque de los genios o magos. (ant xiii)

Vivencia de la realidad en categoría de eternidad

Sabiduría viva, en categoría de eternidad, que no puede ser enseñada ni transmitida conceptualmente, ni entendida por quien no la ha vivido, por no ser filosofía conceptual-racional, producto de la mente que piensa, razona y conceptualiza en tiempo y espacio, pero no puede conocer y vivir más allá de la mente y la pasión, y sus categorías:

Pero hay cosas que no puedo comunicarle, no porque no quiera, sino porque no se puede; sería inútil insistir; se necesita tiempo y experiencia, y usted tiene su camino sólo suyo, pero cuando sea necesaria la ayuda, vendrá. «Llamad y se os abrirá». (lvp)

El autor no espera que esto lo entiendan, pero sí que lo entenderán después, y ya hay muchos que lo entienden, pero no se ven. Cuando uno principia a entender esto, se hace invisible para «este mundo», que es a lo que llaman «morir». (t i)

[He repasado la Tragicomedia…], y veo que sólo yo, que la viví, puedo entenderla a duras penas y mal: porque es la novela del entendiendo, y la mente no funciona ahí. (t ii)

Amencia, reconciliación, ojo simple, puerta sin alas, beatitud o bienaventuranza cristiana

Visión de la totalidad en la comunión con la Intimidad o Presencia, que es el nuevo nacimiento, o sea, la superación de las coordenadas —fisiológicas, pasionales y mentales— y de las categorías existenciales espacio-temporales; llegada a la categoría de eternidad o infinito o intimidad, donde se realiza la reconciliación de los contrarios:

El alma del brujo está en el infinito, como la gota de agua en el río: es el estado beato, del cual participa aun en esta vida. (ant xiii)

Lo que sí es verdad vivida y hecha presencia en mí es que, luego de una reconciliación de opuestos, el mago conoce al dedillo el mundo en que vivió antes, y puede entrar en él a voluntad y ayudar a los prisioneros o habitantes allí. Estos son los llamados maestros. (lvp)

Anarquía o Comunismo o Inocencia o Hermafroditismo o Sueño sáfico o Reconciliación de contrarios o Nuevo nacimiento o Cielo o Paraíso o Suicidio o Silencio o Amencia o Beatitud o las Bienaventuranzas son nociones que expresan una y la misma realidad: la Brujería como realización de la identidad entre Ser y Saber, paso del existir al Ser, de las presencias a la Presencia, de las coordenadas a la Intimidad, de la representación a la Realidad, del juicio a la contemplación:

¡Cielo eres, pobre Elías!
¡Cielo del ojo simple!
¡Cielo hermafrodita!
Ni Bien ni Mal:
¡El sueño sáfico! (t ii)

¡Mire qué pequeño quedó, Fabritius…! Parece un viejito y parece una viejita… Un viejito-viejita, la Inocencia Hermafrodita… (t ii)

* * *

Conclusiones

González es brujo por lo mismo que es metafísico o místico.

La Brujería, como proceso, es la búsqueda de superación de la filosofía occidental, racional-conceptual, aristotélico-tomista y moderna, producto de la mente, que ha reducido la unitotalidad de la Vida a la estrecha dimensión del yo y su quehacer mental, que al atomizar el conocimiento vivo unificador, en ciencia, filosofía, moral, religión, etc., ha privado al hombre de su capacidad de convivencia intuitiva con las formas de la vida, de su poder de intuición del futuro y de liberación de las apariencias fenoménicas; que ha confundido el ser con el ente, y anda inútilmente enfrascada en la búsqueda de respuesta a la pregunta vacía por el ser del ente; que lucha, también inútilmente, por medio de raciocinios, inducciones y deducciones, por aclarar el deber ser del ser.

La brujería es intento de superación de la filosofía oriental (budismo, hinduismo, taoísmo, etc.), en cuanto búsqueda de salvación de la unidad de la Vida por la aniquilación del Yo en el Nirvana; por la negación de las manifestaciones representativas de la vida, como ilusión, al desconocer la Presencia en las presencias, la Intimidad en las intimidades, la Realidad en las representaciones, la Vida en los vivientes.

La brujería es esfuerzo de construcción de una filosofía unitiva de la sabiduría intuitiva del indígena americano, la magia subyacente a toda la cultura occidental y la cruz y resurrección cristianas, ajenas al racionalismo mental de las filosofías occidentales y al indiferentismo ante la realidad de la Presencia en los fenómenos de las filosofías orientales.

La brujería es búsqueda de integración entre la capacidad de armonía cósmico-contemplativa de la sabiduría indígena, el anhelo de supervivencia eterna de la magia, la fuerza libertadora de la Cruz y la beatitud de las Bienaventuranzas cristianas.

La brujería, como realización, es la vivencia de una filosofía mística o de una mística filosófica, que como saber vivo permite el logro de la armonía con el universo y la contemplación de la esencia subyacente a las apariencias, como intimidad fundante, y no la dominación por el conocimiento; una filosofía comprensiva y no analítica de la vida, que permite presentir (vivir en la conciencia) el futuro en la energía del presente; un pensamiento libertador y una convivencia espacio-temporal que conducen a la contemplación atemporal o conocimiento vivo y amencia, más allá de coordenadas de juicio y valor.

— o o o —

~ 10 ~
El comienzo de la búsqueda

Un escrutinio de los problemas planteados en Pensamientos de un viejo nos permite ver, con meridiana claridad, cómo desde su comienzo la búsqueda filosófica de Fernando González fue orgánica, sistemática, larga y difícilmente madurada, y no ocasional, repentina, desvertebrada y contradictoria, como frecuentemente se ha sostenido.

Aunque a lo largo del presente trabajo prácticamente todos los temas se analizan partiendo de Pensamientos de un viejo, aun a costa de repeticiones se estudia específicamente esta obra con el fin de precisar y sistematizar el inicio de la búsqueda gonzaliana.

En Pensamientos de un viejo, obra iniciada por González cuando aún era prácticamente un niño (de ella se conocen apartes, ya en 1910), encontramos, en embrión, la postura existencial y filosófica de Fernando González ante los grandes problemas que enfrentó, maduró y clarificó, en una lucha sin concesiones, a lo largo de toda su vida.

Objeto de este capítulo es analizar cómo desde 1916, año de la aparición de Pensamientos de un viejo, las intuiciones, nociones y concepciones fundamentales de la filosofía gonzaliana quedaron esbozadas, y cómo el empeño filosófico, totalmente coherente, de toda la vida de González, fue madurar y devenir, en el padecimiento y la meditación, los interrogantes y problemas que se planteó en la adolescencia.

* * *

El problema del límite

El límite es el primer hallazgo y el problema que origina todas las búsquedas de Fernando González. Puede decirse que el aforismo «existo, luego soy limitado» es el punto de partida de sus interrogantes, y la postura ante él la razón de ser de toda su existencia y de toda su filosofía.

La vida se fundamenta en el límite:

El fundamento de todo en la vida es el límite, la comparación. (pv)

Las múltiples determinaciones vitales humanas se originan en la condición limitada de la vida del hombre, que entre el mar de las posibilidades sólo puede ser de un modo:

Eres y tienes que ser de un modo; es necesario que seas definible. (pv)

Existe como yo y tú, en el espacio y el tiempo:

Somos limitados; siempre habrá y yo; es imposible suprimir el espacio y el tiempo. (pv)

Es individualidad, o sea, existente que trata de dar sentido y de dominar:

Y comprendió que mientras fuese una individualidad, trataría de dar un sentido a las cosas, trataría de dominar… (pv)

Conoce limitadamente y posee una verdad y una cosmovisión limitadas:

Si hubieses sido otra vida, si hubieses tomado otro sendero, otra sería también tu idea, tu visión del mundo… (pv)

Por incapacidad de expresar la realidad misma, genera doctrinas estéticas y morales, origen de los valores:

Llamamos bueno o malo, bello o feo, a un ser o a una acción, porque los miramos con el prisma de una doctrina. […] Así, pues, todos esos principios tienen por causa el que nuestro espíritu en un instante es de un solo modo, es limitado. Esas doctrinas nacen por culpa de la limitación del hombre. En las cosas no existen. (pv)

Vive en el ansia de poseer, que termina en el anhelo de un infinito equivalente a la nada:

Donde hay limitación no puede haber sino ansia de poseer, de borrar el límite. (pv)

Existe en la tristeza y el desconsuelo ante la realidad:

¿Cómo definir entonces la vida? Un anhelar perpetuo, y un gran desconsuelo ante toda realidad. (pv)

En las cosas reales hay siempre tristeza. La ninfa no existe sino en nuestros tristes corazones… (pv)

… renegar del límite es renegar de la vida toda, ¡hasta de la misma alegría! (pv)

* * *

La centralidad del yo

Desde su adolescencia se plantea Fernando González el problema de si la búsqueda debe realizarse de afuera hacia adentro o de dentro hacia fuera, y opta por la reflexión sobre sí mismo, como conviviente con el mundo externo vivenciado y presencializado en su conciencia:

Y un ser es tanto más inteligente cuanto mayor es el número de esas sus relaciones con el mundo externo. […] Admírate, pues, al considerar que la más pequeña sensación es bastante para modificar el colorido de tu alma. […] [Deja] de hablar de tu libertad y está atento a seguirte a ti mismo con la contemplación devota del sabio… (pv)

Dada la fundamentalidad del límite, que dificulta la relación del hombre con la realidad, sólo desde el yo es posible tomar posición ante el mundo y asumir la vida, sin esguinces. Para el hombre es imposible captar algo que no sea su yo:

… es imposible para el hombre ver otra cosa que no sea su alma, porque en el espacio que hay entre él y el ser contemplado, se interpone un sueño, que es la sombra del espíritu… […] Ya que no puedo contemplar sino mi propia alma, debo ser silencioso. (pv)

De la incapacidad humana de salir fuera del yo, se deducen múltiples consecuencias:

La interpretación del mundo y la creación de la lógica, como productos del yo:

Cada uno se lee a sí mismo en las cosas de la vida. (pv)

Se juzga al no-yo conforme al yo, o, mejor dicho, éste es creador de aquél. La misma lógica que rige nuestros razonamientos es una creación de nuestro yo. (pv)

La elaboración de los fenómenos de espacio y tiempo:

El espacio y el tiempo tampoco son conceptos en sí, pues uno sólo tiene conciencia de la duración de sí mismo (la cual cambia según sea el estado de alma), y según eso juzga lo demás. (pv)

* * *

La verdad, objetividad
y subjetividad

Dada la limitación humana, que sólo permite al hombre la captación de sí mismo y de todo lo demás a través de su yo, la pregunta por el significado de la verdad queda sin respuesta:

A. —Advierte que yo no digo: la verdad, sino: mi verdad. […] B. —De lo contrario, Pilatos te preguntaría: ¿qué es la verdad? (pv)

La búsqueda de la verdad universal resulta ser una inútil búsqueda de la razón:

¡Algo espantoso sucedió al animal hombre! Apareció en él la razón, facultad absurda que busca la verdad, y la verdad no existe… (pv)

La verdad no es un hallazgo definitivo de la razón, sino un estado del corazón, que cambia según lo que se vive:

Vivimos de la contradicción. ¿Y cómo no hacerlo? ¿No veis que ya no existe la verdad? ¿No veis que la verdad para mi corazón, ahora, cuando estoy triste, es el amor a la muerte, y después, cuando estoy alegre, es el amor a la vida…? (pv)

El hombre es el creador de los conceptos y de sus propias verdades:

¡Ya no hay nada por encima de mí, puesto que los conceptos sólo existen en mi alma: puesto que soy el creador de la verdad…! (pv)

Amor, belleza y gloria se identifican con la verdad, que a su vez se identifica con la vida:

Ya que estamos en la vida, la verdad para nosotros es la vida: el amor, la belleza, la gloria… (pv)

En este sentido, sólo en la sinceridad puede lograrse la unificación entre los hombres:

… la más pequeña mentira separa las almas, y, al contrario, se unifican en la absoluta sinceridad. (pv)

* * *

La vida, camino para
llegar al conocimiento

Dado que el hombre nada conoce fuera de sí, todo lo que vive, lo vive modificado por la experiencia del yo:

Siempre te ves a ti mismo. […] Toda ciencia es imposible, hasta la psicología en la cual te habías refugiado. Todo es un sueño, coloraciones dadas al mundo por la cajita de colores, variables hasta lo infinito, que llevamos en nuestro interior… […] Nada podemos conocer porque al llegar a nosotros una visión está vestida con las galas de nuestro espíritu. (pv)

El hombre da su alma a todas las cosas; el hombre se ve a sí mismo en las cosas. […] En todo ve su personalidad: en el murmullo del agua oye sus amores, y en la paz de la noche estudia su sentimiento. El espíritu del hombre echado sobre el mundo es lo que se llama sentido del mundo. Este es el espejo en que el hombre se ve a sí mismo. (pv)

El alma del hombre, dentro de la vida, está sujeta a la vida:

No tienes dos almas: una dominadora de la otra. Tienes un alma que es esclava de la vida. (pv)

El conocimiento no se origina en la razón, sino en las experiencias vividas:

Todas estas mis aventuras de la ciudad son sagradas para mí, pues de ellas saldrá, cuando vuelva a mi retiro, una nueva visión del mundo y un tesoro grande de verdades. Toda aventura permanece en el alma, y ocultamente se va transformando hasta convertirse en hermosa idea. ¿Pero de dónde me vino esta verdad?, se pregunta con frecuencia el pensador. ¡Y quién sabe de qué aventura que tú creías pequeña, y hasta impertinente, salió aquella juguetona sentencia…! (pv)

En consecuencia, las propias experiencias vitales son el camino para el conocimiento, que constituye el sentido de la existencia:

¡Pobre corazón loco! […] Cierto día te dije: desde hoy la vida sólo será para ti un medio de llegar al conocimiento. Si amas, será para saber más… Si ríes, para saber más… Si lloras, para saber más… Si sangras, para saber más y más… (pv)

* * *

La moral como
lucha entre instintos

Los valores morales son resultantes de la condición limitada del hombre:

La vida es un infinito campo indeterminado, sin ningún sentido ni color, en donde es posible ver todos los sentidos y limitaciones… Con nuestro espíritu definido podemos inscribir todos los valores que deseemos en esa enorme tela incolora que llamo la posibilidad infinita. Y puesto que no hay nada imposible, puesto que no hay nada absurdo (lo absurdo es la manera como tú no determinas lo indeterminado), ¿por qué no buscar nuevos conceptos, nuevos valores, nuevos ídolos? (pv)

No hay acciones buenas ni malas en sí mismas:

No concibo qué sea un hombre malo, ni he visto en mi vida una acción mala. Todo hombre y toda acción, cuando se miran bien, aparecen dignos de que uno se entristezca. (pv)

Para ti es bello ese paisaje, y para mí es feo. Luego en el paisaje no está la belleza ni la fealdad. Un acto tampoco es bueno ni malo en sí. (pv)

El remordimiento tiene su raíz en los instintos, y aun antes que ellos, en las sensaciones:

Toda sensación despierta tus instintos. Y viene el disputar de ellos, pues unos desean apropiarse la cosa sentida, mientras que a otros les es molesta. (pv)

El remordimiento consiste en la lucha entre los instintos vencedores y los instintos vencidos:

[Ese] dolor que se experimenta después de toda acción, no es otra cosa que los lloriqueos de los instintos que se oponían a ella. Y esa tristeza hace que los instintos que nos impulsaron al acto se pongan a filosofar, a buscar razones para justificarse. La tristeza del pasado nos vuelve cazadores de verdades. (pv)

Una acción es el triunfo del motivo más poderoso. […] El remordimiento es el dolor de los instintos vencidos. (pv)

En el afrontamiento de la dolorosa lucha entre los instintos está la posibilidad del crecimiento humano, por lo que el remordimiento es el generador de la filosofía:

Hoy ha dicho mi ansia de consolación: «Vamos a ver a tu amiga Carmen». Y entonces contestó mi deseo de atormentarme: «No vayas…». Se trata de saber cuál de esos dos anhelos es más fuerte: suyo será el triunfo… […] Hay un gran placer en atormentarse a sí mismo… la vida… ¿Entendéis ahora por qué yo exclamo: ¡Viva el remordimiento!?… ¿Entendéis por qué yo alabo al remordimiento como al musageta de toda filosofía? (pv)

A través del cultivo de las pasiones y de los instintos, cuya lucha genera el remordimiento, la lucha, la guerra, el combate moral, constituyen el camino del hombre:

[Lo] primero que debe usted hacer para aprender a vivir, es penetrar bien el sentido de esta sentencia: no hay pasiones bellas ni feas; el temple de cada alma les da su valor. Ahora, siga usted por la vida, esperando siempre con sumisión lo que ella quiera ofrecerle. Y cuando a su alma llegue algún sentimiento, saboréelo devotamente. Aparte entonces sus sentidos de todo otro objeto, y ponga todas las fuerzas de su espíritu en la pasión del instante: en eso consiste el ser buen solitario. (pv)

¡Sean para mí, desde ahora, santos los tormentos! ¡Santo sea para mí el dolor! ¡Santo sea el remordimiento! (pv)

* * *

La existencia como
un camino de soledad

De la limitación de la condición humana se concluye la insularidad del hombre, que en sí mismo encuentra su tesoro cabal:

Aprende a hacer de tu alma tu tesoro: allí encontrarás lo necesario para vivir una vida divina. No permitas que tu corazón esté sometido, para alegrarse, como para entristecerse, al querer de los hombres… […] Sigue por este sendero que conduce a la vida divina… […] Y cuando encuentres uno que pueda vivir solo, di entonces: este debe tener un rico tesoro; se ha hecho divino, y por eso jamás mira hacia arriba como los perros humildes… (pv)

Mientras más cosas deseadas llegues a poseer, más pobre eres. La riqueza de un alma debe medirse por su soledad. (pv)

¡Qué más espectáculo que mi propio corazón!, se dice el solitario. ¡Qué más compañeros que mis propios pensamientos…! […] La imbecilidad de un hombre puede medirse por el número de sus amigos. Dios encuentra en sí mismo su contentamiento. (pv)

* * *

El fin

¿La existencia tiene un fin? ¿Existe una finalidad de los actos humanos? ¿Para qué existe el hombre?

… por una parte, somos vida, es decir, es necesario para nosotros el fin, y por otra, el pensamiento nos dice que el fin no existe… Por una parte, somos limitados, afirmativos, y por otra, la razón nos lleva a la nada, a la ausencia de vida, de conceptos… En verdad que el pensamiento es el cáncer de la vida. El animal hombre es el más atormentado porque lleva en sí mismo su contradicción… (pv)

Todo en la humanidad es sin finalidad alguna. Sólo que los hombres inventan fines, y así, aquellos que los cumplen se creen superiores a los pobres que tienen otros distintos, o que han comprendido la metafísica de la rueda, y se dejan llevar por la vida con una sonrisa indiferente en los labios… (pv)

[Juan Matías:] —¿Y hacia dónde va la humanidad? […] [Juan de Dios:] —Hacia ninguna parte. Los fines son los sueños de los hombres superiores. (pv)

Se me ocurre que este libro no tiene finalidad alguna… Así como no he podido descubrir para qué nací yo, tampoco he podido descubrir para qué nació este libro… —Mamá, ¿para qué nací, y para qué me despierto? Y mientras no se pruebe (¡qué palabreja!) que hay una finalidad última, todos los seres preguntarán a sus padres: ¿para qué nací…? (pv)

Pero ¿a dónde conduce este analizar…? Este pensar conduce al hombre a todas partes, es decir, a ninguna… Al final del camino puedes reír, o puedes llorar, o puedes blasfemar. Es un camino que no lleva a punto determinado. (pv)

* * *

La búsqueda de la libertad

La libertad es el medio propio de la inteligencia:

La gran inteligencia sólo puede vivir en la libertad. (pv)

El hombre es un ser determinado por la trama de sus sensaciones:

… la trama y naturaleza de tus sensaciones, desde la niñez hasta hoy, determinaron los matices de los temores, deseos, odios y amores que te ligan al mundo de los seres extraños… (pv)

Nunca es totalmente libre, pues está sometido a los otros, a su yo y a su deseo:

Mide la grandeza de tu esclavitud por el número de seres y de ideas que te detienen cuando quieres hacer algo. […] Es imposible la absoluta libertad, pues siempre serás esclavo del capricho de cada instante. Y si deseas vencer el capricho, eres esclavo de ese deseo. Sólo en la muerte se encuentra la absoluta libertad, porque entonces se liberta uno de sí mismo. (pv)

En el seguimiento y contemplación de sí, se lucha por la liberación:

… deja de hablar de tu libertad y está atento a seguirte a ti mismo con la contemplación devota del sabio… (pv)

* * *

Unificación con el universo

El hombre, contradictorio en sí mismo, y los objetos, también contradictorios entre sí, como resultado de la limitación, no pueden saciar el anhelo del hombre que busca siempre lo infinito, lo indeterminado, lo que no es producto de la limitación:

¡Qué tristeza se apodera de mi corazón de solitario al ver estos pequeños objetos que se contradicen unos a otros, y que encierran las limitaciones inventadas por los hombres! Recuerdo a Anaximandro de Mileto que nos habla de lo indeterminado. Estos libros me hacen desear lo indeterminado, lo infinito; y el tic-tac del reloj me hace desear lo indeterminado; y hasta mi propio deseo me hace desear el silencio absoluto. Y recuerdo también, en esta noche triste, a Heráclito de Epheso, que «lloraba siempre» por no poderse asemejar al ser que no cambia jamás. Tienen razón los místicos: todas estas cosas de la tierra hastían nuestro corazón, y nos traen el anhelo de un no cambiar eterno. (pv)

Ni cosa, ni concepto alguno, responden al anhelo humano de realidad y totalidad. Solamente, más allá de cosas y conceptos, en la nada, que es superación de toda cosa o forma de ser, «el lago verdoso de la nada», puede hallarse la respuesta al anhelo humano:

Siento una infinita tristeza por tantas cosas que ya se murieron, y siento un deseo grande de ser todo. ¡Oh, en esas noches siento la tristeza de ser limitado, de ser solamente el solitario que está echado bajo su árbol…! (pv)

Todo pasa, todo cambia y todo vuelve a renacer… Y el alma se va tornando silenciosa, melancólica… En aquellas regiones todo es crepuscular… Silencio, olvido… Presentimientos del Alma Única, infinita, que atrae entonces al pobre corazón. Es algo, algo así como un eterno crepúsculo. Allí termina todo lo que es… Alegría, dolor, bueno, malo… ¡No! Allí nada es. ¡Negación! ¡Eterno sueño, en el eterno lago de La Nada! (pv)

Y ¿cuáles son los placeres de la soledad? Los placeres de la soledad son muchos. Existe, por ejemplo, la alegría de ver cómo se mata un ideal, y cómo se crea un ideal; cómo se mata la verdad, y cómo se crea una verdad; y existe el terrible placer de ver cómo tiembla nuestra alma sobre el abismo de la ausencia de todo concepto, sobre el negro abismo de la nada. (pv)

Más allá de todo concepto posible, el silencio es el hallazgo de la verdad que sobrepasa toda otra verdad parcial o subjetiva:

… la palabra es la muerte de las cosas del alma. (pv)

… la verdad reside en el que tiene los labios inmóviles. (pv)

¡Bendice el día en que tus labios no pronunciaron palabras! Llevamos en nuestro corazón deseos infinitos, y al decirlos en palabras los determinamos… He allí que toda palabra empequeñece al hombre… ¡Qué triste todo lo que tiene un significado, una manera! (pv)

Juan de Dios. —¡No seas tonto! No afirmes. Toda palabra es una profanación de la nada. (pv)

Sólo al llegar a donde no haya contrastes, ni conceptos, ni juicios, ni valores, el alma habrá llegado a la comunión con la realidad total y única:

¿Dónde está el paisaje de la indiferencia absoluta, en donde no haya contrastes, en donde no florezcan los conceptos, las afirmaciones ni las negaciones? ¿En dónde encontrarte, mujer desarmónica, que estás más allá de la belleza y de la fealdad? ¡Oh, el país de las cosas sin sentido en donde nuestra alma se hace alma de todo! (pv)

* * *

Unificación con Dios

El anhelo del hombre es infinito:

En el hombre hay un anhelo infinito: el anhelo de poseerlo todo, de hacerse alma de las cosas. (pv)

El anhelo infinito del hombre es el amor:

En nuestro espíritu va el ansia de un amor infinito, va la tristeza por este límite, por estos contornos que nos definen, por estas afirmaciones y negaciones que no nos permiten unificarnos en amor con el alma del amigo… […] Esta lejanía perpetua de las almas era la tristeza desconocida de Jesús. […] El hombre no puede verse sino a sí mismo. Ansia de amor: eso es lo único que hay en el corazón… (pv)

El deseo y la insatisfacción infinitos del hombre no tienen otra explicación que la reminiscencia del infinito y el deseo de unirse a Dios:

Yo disuelvo mi alma en el universo todo, y así amo todo el universo. […] Sigue por este sendero que conduce a la vida divina… […] Mide la grandeza de un hombre por la disminución de sus dioses. (pv)

¿De dónde este querer continuar el movimiento que se llama vida? Del deseo. ¿Y el deseo? De que el hombre jamás está satisfecho de sí mismo. […] Y la única explicación que se ha dado hasta ahora de este perpetuo descontento del hombre, es la místico-panteísta: una reminiscencia de lo infinito, y un deseo inconsciente de unificarse a Dios. (pv)

¿Ser o no ser? No; ser nada y serlo todo… (pv)

* * *

El método

¿Cuál es el método para afrontar este cúmulo de problemas?

Compenetrarse con todo, convivir con todo, conocerlo todo:

Quiero gustar todos los dolores, placeres, melancolías y tristezas; quiero navegar sin rumbo fijo; quiero vivir todos los sueños; quiero inventar nuevas bebidas sutiles para mi corazón; quiero exclamar con el esclavo: «Nada me es desconocido en la vida». (pv)

Meditar sobre las propias vivencias:

Por mi parte, amo de tal manera la meditación, que jamás concibo alegría en donde ella no esté. (pv)

Cada uno debe vivir y analizar sus experiencias: así resultará original el tesoro de sus verdades. […] No hay dos personas idénticas, y, por lo tanto, jamás una verdad se presentará a dos por un mismo aspecto. […] He aquí lo esencial: vivir nuestra vida y sacar de ella el tesoro de nuestro saber. […] Cada verdad debe estar teñida con nuestra propia sangre. Entonces la amaremos con un grande amor. (pv)

Contenerse, a la espera del encuentro de la realidad que habrá de ser nuestra:

¡El hombre no debe correr! ¿Para qué apresurarse? […] He aquí la gran máxima de nosotros los lentos y los hastiados: las cosas que quieren dejarse coger esperan siempre… (pv)

Vivir intensamente la vida como una lucha:

¿Cómo puede analizar la vida el que no tiene el corazón repleto de vida? ¿Cómo puede conocer las pasiones, y los deseos, y los movimientos del alma, el que no tenga un alma atormentada? (pv)

Entrar en comunicación con la multiplicidad de los fenómenos externos:

Innumerables son los instintos, temores y deseos. Y un ser es tanto más inteligente cuanto mayor es el número de esas sus relaciones con el mundo externo. (pv)

Analizar y escribir lo vivido en el momento mismo en que sucede:

Es preciso escribir el sueño, la visión del mundo, durante el estado de alma en que lo concebimos, pues así le damos todo el amor, todo el dolor, toda la alegría de nuestro ser. Si lo dejamos para después, cuando nuestra alma haya cambiado, ésta influirá, haciéndolo a su modo, y resultará borroso y como hipócrita. (pv)

Buscar su propio camino, existir con originalidad:

Y puesto que no hay nada imposible, puesto que no hay nada absurdo (lo absurdo es la manera como tú no determinas lo indeterminado), ¿por qué no buscar nuevos conceptos, nuevos valores, nuevos ídolos? ¿Por qué no trabaja cada hombre por considerar la vida de una manera extraña, original, y no llevar siempre, como una fría y pesada losa, los moldes de los abuelos? (pv)

Es preciso que cada hombre busque una manera original para mirar la vida. Lo difícil está en hallar esa manera, pero es posible. La vida es como el maná de los hebreos… (pv)

Realizar un viaje hacia la superación de la pasión y de la palabra, que es expresión de las pasiones:

En la palabra se disuelven las pasiones. […] Toda pasión es un deseo que tiende a cumplirse: el deseo de poseer, que es al amor; el deseo de vengarse, que es el odio; el deseo de salir de sí mismo, que es la gran tristeza. […] El remedio para las pasiones es la palabra. (pv)

Superar el espacio y el tiempo, en los que la vida es modificada por el modo de ser de quien la vive:

Toda interpretación de la vida es verdadera, porque indica la forma y modo que la vida toma en el ser que interpreta […]. La vida en sí no tiene ninguna significación; según sea el ser, así es la vida. (pv)

… es imposible suprimir el espacio y el tiempo, y, por lo tanto, siempre seremos los soñadores de las cosas… (pv)

Superar los voluntarismos del yo, que deforman la vida:

Si eres voluntarioso, estarán siempre secas para ti las ubres de la vida. (pv)

Llegar a la absoluta desposesión, que permite la beatitud:

… la vida dice: en donde hay posesión no hay felicidad. (pv)

Hasta conquistar el silencio, superación del análisis, que posibilita la muerte:

Salir de sí mismo, buscar la muerte puesto que ya el silencio sólo es posible en ella: ese es el gran deseo y ese es el final del hombre que por mucho tiempo acaricia a la culebrilla del análisis… (pv)

Juan de Dios. —Sí, todo es una tontería. Toda manifestación de vida es un anhelo de alejarnos del vacío que nos persigue. Todo se reduce a puntos de vista… La visión perfecta consiste en no ver; el conocimiento perfecto, en la suprema ignorancia, y la vida perfecta está en la muerte. (pv)

Hasta llegar a Dios, que es la totalidad, la conjunción de pasado y futuro:

Las cosas son lo que deben ser, y serán lo que deben ser. Toda la vida futura está en potencia en la vida actual. Y la vida actual y la futura son determinadas por la vida pasada. Y todo ello es Dios. (pv)

* * *

Filosofía como ensoñación

La razón es enemiga de la vida:

En último término la filosofía es el camino de la muerte. La razón es esencialmente enemiga de la vida… […] La razón nos lleva a la negación completa. Es la enemiga de la vida. (pv)

No es en las pequeñas apariencias de la realidad, sino más allá de ellas, a través del sueño de los mundos posibles, donde el hombre puede encontrar caminos para el espíritu:

Mientras más numerosos sean tus deseos, mientras mayor sea el número de tus sueños y más pequeño el de tus realidades, mayor será la inquietud de tu vida, y más intenso el movimiento de tu espíritu. (pv)

Filosofar es, pues, soñar mundos y visiones posibles:

Placer divino es este de crear mundos. […] En todos cambia constantemente el yo, pero no todos son capaces de llevar su alma hasta los últimos y más vagos sueños… (pv)

Eres y tienes que ser de un modo […]. Considera cuántos caminos nuevos se te han presentado mientras ibas por el camino de tu vida, y que no los conoces […]. Y tu único consuelo ¡oh soñador! es soñar las vidas posibles… […] Y así, para consolar tu corazón, sigue soñando todos los caminos. (pv)

* * *

Conclusiones

Al recorrer los problemas fundamentales planteados en Pensamientos de un viejo se clarifica cómo Fernando González agonizó, desde la niñez hasta la muerte, en la resolución de los problemas que planteó al iniciar su trabajo filosófico: la realidad de Dios y la posibilidad de su contemplación por la universalización de la conciencia; la naturaleza de la verdad y el significado del conocimiento; el sentido de la libertad; la naturaleza y los contenidos de la moral; la búsqueda de un método para llegar a la verdad viva; la insuficiencia de la razón ante el drama de la vida; la vivencia de la filosofía como intuición o ensoñación.

Pensamientos de un viejo es obra clave para entender los viajes vivenciales de Fernando González, pues la actitud que allí asume será la actitud fundamental que mantendrá toda su vida:

La óptica desde la cual enfoca los problemas será la misma desde la cual los mirará siempre; los objetivos de libertad, universalidad y contemplación de Dios, los que buscará hasta el fin; el interés por el método, el mismo que mantendrá siempre, hasta lograr enunciarlo, maduramente, en la «Teoría de los viajes»; el sentido agonístico de la moral, como lucha entre instintos, a través de la cual el hombre crece en conciencia, el que lo acompañará hasta los años finales de la Tragicomedia; la vertebración de su reflexión alrededor del yo, la que mantendrá hasta llegar a lo que llamó «el núcleo del yo»; el sentido de la vida como camino de conocimiento, el que le permitirá llegar finalmente a la vivencia de que Saber, Vida y Ser son la misma y unitotal Realidad; el sentido de la metafísica como ensoñación, el que madurará hasta llegar a la vivencia de que la Realidad sólo es ensoñable, o sea, que sólo puede vivirse, en la amencia, más allá de conceptos y razonamientos.

Nada de repentismos, nada de contradicciones desvertebradas, nada de facilismos humorísticos, nada de divertimentos dionisíaco-hedonistas, nada de carencia de vertebración y organicidad. Toda una tarea de búsqueda coherente y angustiosa alrededor de unos mismos problemas, desde su adolescencia de pensador, en Pensamientos de un viejo, hasta la víspera de su muerte de brujo cristiano o contemplativo, en Las cartas de Ripol.

— o o o —

~ 11 ~
Noción de filosofía

Actitudes y posiciones
fundamentales

Desde un principio, Fernando González entiende la filosofía como vitalidad, procesualidad y libertad, y se define como filósofo aficionado, para quien la filosofía es convivencia con las manifestaciones de la realidad en la conciencia, a partir del yo limitado y limitante, hacia la comunión con La Realidad, más allá de la representación fenoménica en espacio, tiempo, pasión, mente, razonamiento y conceptos.

La filosofía es expresión de estados de alma, y no serie de procesos racionales; la reducción de la filosofía a la racionalidad conduce a la contradicción entre la razón y la vida, y se convierte en camino de muerte:

La filosofía explica al filósofo; es una consecuencia necesaria de su estado de alma… (pv)

En último término la filosofía es el camino de la muerte. La razón es esencialmente enemiga de la vida… (pv)

La filosofía, en cuanto función vital, es serie de hallazgos provisionales, camino, búsqueda que no termina jamás, amistad con la verdad, que no puede ser totalmente poseída a través de juicios que matan el proceso filosófico:

Este izquierdismo nuestro no vale sino porque es amor a la patria, no vale sino como acicate; son nociones en devenir; provisional es toda afirmación nuestra; sólo en la época teológica de la humanidad cree el hombre que tiene prisionera a la verdad en el bolsillo de los calzones. (ni)

… jamás cesamos de filosofar; quien posee otra cosa que opiniones, conclusiones provisionales, es un demente. (ce)

Lo único que sé es que la filosofía es un camino, una amistad, y no un matrimonio con la verdad. Ésta no se ha casado, es virgen, una virgen juguetona. Quien afirme que ha poseído la verdad es un… viejo sofista. (hd)

La filosofía es una afición, o sea, la vivencia metafísica, más allá del bien y del mal, como voluntad de vida, juventud y libertad:

No olvidemos que somos aficionados a la filosofía y que para nosotros no existen el bien ni el mal. (mc)

Nos llamamos filósofos aficionados para no comprometernos demasiado y porque ese nombre es mucho para cualquiera. (vp)

La juventud es bella aunque no se bañe. Por eso, por amor a ella, para no separármele, he querido permanecer siempre aficionado y no ser profesional. Así puedo contradecirme, no tengo obligaciones, me parece que estoy aún en el colegio de los jesuitas y que no he terminado mi documentación. […] Porque cuando uno cree que ya sabe una cosa, es porque ya se murió. (hd)

* * *

Vivencia de la filosofía

González vive filosofando, pues es lo único que realmente le gusta hacer:

… no me gusta ser abogado, ni gobernador, ni periodista, ni comerciante o industrial. Únicamente me gusta pensar, estar pensando por ahí, de pie bajo los árboles, sentado en el excusado o paseando despacio por lugares desiertos. (er)

Dos textos de Salomé patentizan la forma en la que realiza sus búsquedas filosóficas, analizando los pequeños acontecimientos cotidianos, entre incomprensiones, dudas, angustias y exigencias internas de sinceridad y verdad:

La filosofía es muy difícil; cuando estamos en observación atenta de un fenómeno, buscando el noúmeno, la gente dice que somos locos o lúbricos; ¿qué podemos hacer, si la Taylor y Salomé tienen escondido el noúmeno? Todo lo he sacrificado a la filosofía; ella es mi amante y si no fuera por su culpa sería «un hombre importante» en mi patria lejana y tan pendeja. ¿O seré «un loco», «un hombre lúbrico»? Los parientes de Bogotá me hacen dudar; tanto me lo han repetido, que ya estoy dudando… (sal)

¿Será la filosofía una envidia, una venganza, un subterfugio, un sucedáneo? Todos los filósofos hemos sido feos, desilusionados y pobres… ¿Será la filosofía un sustituto para impotentes y desposeídos? Eso del espíritu, de la esencia, ¿será invención a que nos conduce la envidia?, como diciendo tácitamente: allá gozaremos nosotros, los mirones, y vosotros, los que yacéis con la gata, no; vosotros desapareceréis con la muerte y nosotros tendremos celo eterno al lado de la eterna Salomé. ¡Qué horribles dudas! (sal)

González fue encontrando los elementos para construir su noción de filosofía, como filósofo-detective, tanteador y buscador de indicios de la Realidad transfenoménica, en la multiplicidad de las apariencias:

Yo me debí haber dedicado a detective, indudablemente. No soy filósofo propiamente, sino detective. Es mejor. (dm)

Penetrar en los secretos orígenes de las teorías filosóficas y científicas, es labor de detectives geniales. […] Y para la introspección, para cogerse objetivado y descubrir la pequeña causa que dio origen a una teoría, ¿no es preciso pararse al pie de los árboles? […] Los orígenes son siempre pequeños, sólo que nuestra vanidad lo niega, se resiste. De aquí la importancia que doy a la medicina legal y a las ciencias policiacas. […] En el mundo encontramos hechos y nuestro deber consiste en explicarlos. (er)

[Yo soy] 8% detective que le sigue los pasos a la verdad desnuda y 92% tentado por las muchachas americanas de ojos quemados y pechos duros… (mc)

Incoativa y crecientemente, paso a paso, vivencia a vivencia, en un proceso que abarcó desde la reactividad fisiológica hasta la beatitud de la contemplación; viajando a pie, o sea, viajando en sí mismo en convivencia dialéctica con los seres, al examen de la presencia de los seres en su yo, y de las reacciones de su yo en la convivencia con los seres, Fernando González fue construyendo su noción de filosofía.

* * *

Noción de filosofía

Las diversas nociones de filosofía que encontramos a lo largo de la obra de González corresponden a los tres grandes períodos, o mundos de coordenadas, en los que se realizó su trabajo filosófico:

Filosofía como ensoñación, en el mundo de la ideación mental, en el que la universalización de la conciencia se va logrando por la ensoñación de mundos posibles, anteriores a la limitación espacio-temporal, generada por la individuación existencial.

Filosofía como reacción, meditación y padecimiento de la necesidad, en el mundo de la causalidad, ajeno a la libertad, en el que únicamente hay lugar para la reactividad necesitada, dentro del devenir.

Filosofía como vivencia de la libertad, en el mundo de la Gracia: nuevo nacimiento, liberación del determinismo causal, vivencia de la reconciliación de los contrarios, comunión viva con Dios.

Las diversas concepciones de la filosofía que encontramos en las obras de González no son excluyentes, sino complementarias, pues su noción de filosofía se va generando a medida que él, al ir experimentando, profundizando y vivenciando las manifestaciones de la vida, va realizando sus latencias instintivas y deviniendo su conciencia.

Filosofía es ensoñación imaginativa de mundos posibles

Inicialmente, en Pensamientos de un viejo, la filosofía es, para González, la ensoñación de mundos y vidas posibles, que liberta al hombre de los límites existenciales que imposibilitan la penetración de la realidad, y lo conduce a la convivencia con la totalidad del universo:

Esa es mi diversión. Soñar mundos; filosofar, pues ¿qué otra cosa, si no aquello, es filosofar? (pv)

¡Oh! ¡El sueño! Por él vivimos muchas vidas distintas; él nos liberta de la esclavitud del ser. Ser de un modo, ¡qué triste…! […] Por el sueño vivimos todas las vidas que pudiéramos haber vivido en realidad. […] ¡Pobres de vosotros los que amáis lo que es; vuestro corazón morirá al peso de lo que es…! (pv)

El alma inventa sueños para abrevarse cuando no puede hacerlo en la realidad… (pv)

Filosofía es convivencia con los fenómenos

Dado que el hombre existe en la representación fenoménica y el conocimiento es función vital de convivencia con la energía vital, y no emisión y concatenación de juicios, producidos a través de procesos mentales, filosofar es anidar sobre los fenómenos de la vida, esforzándose por asimilar y comprender seres y sucesos:

Cuando un joven comprende que el secreto no está en lo que haga, en lo que diga, en el vestido, etc., sino en la energía interior, está maduro para la filosofía. (dm)

Este anidar sobre la tierra y sus fenómenos ha sido mi profesión, y me ha causado tantas alegrías y penas, que he llegado a llamar a la filosofía mi mujer o mi amante. (ce)

Desde este punto de vista, aclimatarse, la filosofía es función vital. Todos filosofamos. Todos bregamos por comprender, o sea, por asimilar seres y sucesos. (ce)

Filosofía es manifestación orgánica de la reactividad

La filosofía, antes que la expresión verbal, es reacción vital orgánica:

… la filosofía no es sino expresión escrita, hablada o vivida de la reactividad. (er)

Filosofía es «manifestación orgánica». (ce)

Filosofía es brega concientizadora

Filosofía es la brega vital por hacerse consciente:

… podemos definir la filosofía como la ordenación de los datos científicos para indicar el grado de evolución de la conciencia humana. Tal es el sentido único de los sistemas filosóficos […]. El papel del hombre en la Tierra es bregar (artes, ciencias, trabajo), con lo cual se hace consciente o filósofo. (ni)

Filosofía es lucha moral o combate entre los instintos

Porque la existencia humana es acontecer moral, en cuanto es combate interior entre instintos, que genera el remordimiento o dolor de la lucha interior, filosofía es lucha entre instintos, modelación de deseos:

Todo filosofar es una lucha interior de los instintos. (pv)

Se ha pretendido que el alejarse de la vida y ponerse a meditar es consecuencia de tener el corazón vacío de anhelos. No: toda filosofía no es otra cosa que los lloriqueos de los instintos no satisfechos. Porque tiene muy grandes deseos, por eso se aleja el filósofo. (pv)

La filosofía es la forma que los hombres dan a sus deseos. (107)

Filosofía es camino de serenidad

Filosofar es tratar de disipar los temores, buscar justificación a la limitación existencial y a las acciones que de ella se siguen, para apaciguarse y conquistar la serenidad del espíritu:

Yo siempre he creído que el hombre al filosofar sólo trata de apaciguar su interior, justificando sus acciones y modos de ser. (pv)

¿Qué es filosofar un temor? Disiparlo. (pv)

Serenidad y ecuanimidad. Serenarse es filosofar. Pero no sabe del valor de esta virtud sino el que ha sido impulsivo. (msb)

¡Cuán bella es la filosofía, que hace a los hombres inmutablemente dulces y tolerantes! (dm)

Cada uno filosofa según su medio ambiente, pues queda demostrado que filosofar es entrar en relaciones, para apaciguarse. Es como el toro o el gallo nuevo en la vacada o en el gallinero, que primero pelean, huelen, miran, escuchan, hasta que el estado del ambiente queda establecido. (ce)

Filosofía es sinergia terapéutica

La filosofía es proceso terapéutico de patologías individuales y sociales a través de la asimilación de energía, en convivencia con los fenómenos, y del apaciguamiento interior, por la incorporación a la sinergia universal:

El filósofo es un enfermo: incapaz del humilde deber de vivir, busca un deber trascendental. […] Eso son los filósofos, seres impotentes para vivir el humilde presente. (ant vii)

Entiendo por filósofo el que se rebruja en las cosas de la vida, las revuelve, parece que vaya a tumbar el edificio del universo, y luego se para al pie de los árboles o en los rincones de la casa, como a escuchar, bregando por encontrar una sinergia entre él, el universo mundo y lo desconocido que está por detrás o por dentro. (ce)

Filosofamos, pues, mis jóvenes y yo, entre paludosos y barrigas de sapo, paludosos y anémicos nosotros también, pero… tenemos un principio de salud. Nuestra filosofía es una defensa: predicamos caminar a pie, sobriedad, castidad, hígado, todas las glándulas en perfecta sinergia. Le componemos himnos al tejido especializado, y predicamos guerra al adiposo. (ce)

Medítese y se verá que toda filosofía es terapéutica. (n)

[El poema «Hiro-Shima»] presiente las «filosofías» (terapéuticas, defensas psíquicas de la derrota, de la herida) que van a nacer ahora, cuando «se acabó el conflicto bélico». Una «filosofía» es un remedio y es cosa parecida, en su génesis, a una cicatriz o a una compensación fisiológica. Adaptación. Defensa. Vadear. Buscar la comba al palo. (ant xvii)

Filosofía es unificación por la comprensión viva

La filosofía es comprensión vital de causas y semejanzas, que unifica los hechos y libera de la multiplicidad fenoménica:

[La madre de la soprano cubana Lydia de Rivera Lugo dice] que es filósofa desde los tres años, y yo digo que es puta desde los tres años, lo cual es igual, pues la filosofía es la pérdida de la inocencia. Un filósofo tiene mucha semejanza con estas viejas en la amplitud de la comprensión. (mc)

Así es el estudio de la filosofía, el hermoso estudio de las causas. (er)

… la filosofía es arte sencillo; es el arte de observar cautelosamente, agrupando hechos que luego se enuncian en proposiciones madres. […] También filosofar es buscar semejanzas. Por ejemplo, la vida filósofa y la vida ramera se parecen en cuanto ambas consisten en perder la inocencia, los bríos, a causa del tacto: una ramera llega a tal, porque la tocan, y un filósofo, porque la vida real lo toca. De ahí la profundidad de aquella frase del Lazarillo de Tormes: «La vida filósofa y la picaral son una mesma». (ant vii)

¿Y no es la filosofía el ascender, según la capacidad, a las colinas más o menos altas, desde donde se abarcan en conjunto los fenómenos? (s)

Filosofemos un poco. Es lo único que nos liberta del variado fenómeno de la vida. Por ejemplo, en la radio, cuando la emisión de noticias universales, nos sentimos tranquilos hasta que cesa la corriente y filosofamos para darles unidad a los hechos. (mc)

Filosofía es la búsqueda de la realidad esencial, más allá de la limitación sensorial

El mundo de los sentidos es una apariencia desvaneciente, y detrás está la esencia, dice el que se hace filósofo con el primer dolor. (dm)

[Los filósofos son hombres] ansiosos de que Dios los distinga con el honor de hablarles de hito en hito. Hombres que esperan a que Dios los secretee para obedecer. Eso son los filósofos, seres impotentes para vivir el humilde presente. […] La impotencia de los sentidos es la causa de esta locura que se llama filosofía. (ant vii)

Filosofía es el curso dialéctico de la vida interior

Filosofía es viajar dialécticamente por el universo presente en la propia conciencia, y por la propia conciencia en convivencia con el universo, desde la convivencia en el determinismo causal de la representación hasta la comunión en la libertad omnímoda de la Gracia:

… la filosofía o curso de la vida interior, curso dialéctico de la vida interior, tiene como instrumento principal la comunión, la convivencia. (lvp)

Filosofía es proceso de liberación

La filosofía es camino de liberación de las apariencias, de la instintividad pasional y del miedo, porque el hombre, al filosofar, vive y analiza los fenómenos, descubre sus causas profundas, unifica el mar disperso de los datos, se liberta de los instintos, las inquietudes y la multiplicidad de los fenómenos vitales, logra el goce de la vida y llega a la comunión con la esencia que subyace a todo fenómeno:

¿Qué hace el hombre en el mundo? Hambre, amor y muerte: es el resumen. […] Pero los tres motivos se mezclan y son la causa de todas las acciones humanas. Según predomine uno de ellos en la mezcla, así es la vida del individuo. Las muchachas montan una pierna sobre otra y yo filosofo, porque ellas tienen más amor y yo más miedo. (sal)

La filosofía es el arte de librarse de la primavera mediante la meditación ordenadora. Comprendiendo nos libertamos de los instintos e inquietudes. Las ideas madres nos permiten gozar de todos los fenómenos. A Toní la castigaré mediante una idea madre. Quiero ser filósofo, nada más que filósofo. Virtud, comprensión, conciencia de las leyes: eso te pido, Virgen mía. (sal)

Asisto a mi renacer. Como Salomé, tengo impulso; como las niñeras, estoy proclive al abrazo. Como todos, soy carne que sufre la caricia del sol que se avecina. Pero me objetivo: ¡he ahí la filosofía! (sal)

Las ideas generales nos libertan de las libretas, o sea, de la multiplicidad de hechos inconexos. La única libertad posible la da la filosofía. (mc)

Filosofía es la beatitud o comunión con Dios

La filosofía es el mismo Dios.

Por el hecho de abarcarlo todo y tener como objeto la Realidad infinita, la filosofía es camino para trascender los contrarios y llegar a la comunión con la Realidad. Filosofar es caminar desde el yo, a través del crecimiento en conciencia, hasta llegar a Dios:

La vida filósofa o beata no tolera compromisos. Estos son del político. El filósofo trasciende las apariencias. […] La beatitud o filosofía no está en el justo medio sino en trascender los contrarios. (ant viii)

Cuando se juntan dos cuerpos, reaccionan, luchan, ceden mutuamente y acaban por formar otro cuerpo. Así, la química, con sus afinidades, composiciones, repugnancias, etc., es el filosofar de los cuerpos simples. Y electricidad, magnetismo, fenómenos hidráulicos, ¿no son, por ventura, intranquilidad de fuerzas que buscan a su Padre, un centro de gravitación universal? Y el amor ¿no es tendencia a la unidad, nombre que damos a la atracción? Todo anida. Todo es filosofía. Ella, en resumen, es Dios. (ce)

Filosofía no es el estudio de las últimas causas, ni Dios es la última causa. Si Dios fuera causa, sería un eslabón, el último de la cadena. Un dios así es un fenómeno, el último fenómeno encadenado. Dios es creador de la nada; creó las causas, el tiempo, y el espacio y todo, y Él no es causa, ni grande ni pequeño, ni bueno ni malo… Nosotros, los hijos, somos en Dios y por Dios y nuestro vivir es en Dios. Filosofía es viajar en Dios, partiendo desde nuestro yo original, concienzándonos, y el viaje es infinito y de infinita beatitud. La filosofía es viva y es nutricia. El hombre nació para conocer y amar a Dios y ser beato en Él. (108)

Filosofía es la ensoñación como comunión con la realidad transfenoménica

En la etapa final de su vida, Fernando González vuelve a la noción de filosofía como ensoñación, pero no ya en el sentido de Pensamientos de un viejo, como ensoñación de los mundos posibles (apenas imaginables, ante la imposibilidad de asumir la realidad fuera de la individuación), sino como experiencia de comunión con la Presencia o Realidad, que por su realidad de Ser puro (Ser más allá de conceptos, pasiones, espacio y tiempo) no puede enunciarse conceptualmente, ni captarse mental y racionalmente, sino vivenciarse como comunión, u oración o ensoñación, en el silencio y la amencia, dentro de la categoría de eternidad:

Seguiré todos estos días ensoñando, y algo de mi oración y apertura ayudará a la suya, que debe ser anonadada, como quien va a verlo de vista inocente. (cr)

En Las cartas de Ripol, al final del camino temporal, las ensoñaciones no consisten, como sucedía en Pensamientos de un viejo, en pensar o imaginar mundos posibles, ante la muralla del límite que no deja conocer la realidad, sino en la comunión, en el silencio, más allá de pasiones y conceptos, con la Intimidad o Presencia supraconceptual y suprafenoménica:

… ensoñaciones-realidades […]. (cr)

* * *

Conclusiones

Siempre viajando a pie, o sea, dentro de sí, sobre sí mismo, desde sí mismo, en convivencia con las manifestaciones de la Vida; agonizando, experienciando, vivenciando por ampliación, profundización, universalización y liberación de conciencia, Fernando González fue construyendo vivencialmente su noción de filosofía.

Desde la fisiología hasta la conciencia universal; desde el yo hasta el nosotros; desde la representación hasta la pura nada de representación o Néant; desde la limitación del existente hasta la universalidad del Ser; desde la reactividad hasta la beatitud; desde la necesidad hasta la Gracia; desde la convivencia con los fenómenos hasta la comunión con la Intimidad; desde la fisiología hasta la conciencia universal; desde los indicios y nociones hasta la vivencia de la Realidad; desde la nada hasta Dios.

La filosofía de la ensoñación-imaginación de mundos del viejo pensador que era el adolescente Fernando González terminó en la filosofía de la ensoñación-vivencia-de-comunión con la Realidad Esencial o Sustancia única, no pasional ni conceptual (mística, contemplación, brujería o beatitud), del padre Elías, suspenso en su huerto de Otraparte, o Etza-Ambusha, el indígena brujo de América, que encarnaba el agonizante Fernando González, ya de retorno a la casa del Padre.

Todo el proceso de clarificación de la naturaleza del quehacer filosófico, entendido como una expresión de la propia energía vital, en comunión con los fenómenos, manifestaciones y representaciones de la esencia última, se resume bien, ya al final de su vida, en esta sentencia alusiva a los sistemas filosóficos conceptuales-mentales:

¡Qué asco las filosofías! (t i)

— o o o —

~ 12 ~
La lógica

La filosofía de Fernando González es filosofía de la Realidad, al ritmo del devenir vital, desde el Yo hasta la Intimidad; desde el determinismo absoluto hasta la libertad; desde la apariencia fenoménica hasta la Presencia; desde la multiplicidad de las manifestaciones hasta la Unidad Sustancial; desde la variedad de la palabra y el símbolo hasta la plenitud del silencio; desde la imaginatividad de la mente y la pasionalidad del deseo hasta la desnudez total de la amencia; desde la oposición entre contrarios hasta la unidad plena del Ser; todo ello regido por una lógica férrea a la que nada escapa, porque no es la lógica de la mente razonante y conceptualizadora, que sólo tiene espacio y validez en el mundo mental, sino la lógica del ritmo de la vida misma, que es la Realidad Unitotal.

* * *

Etapas del
desarrollo de la lógica

El proceso de desarrollo de la lógica se realiza en tres grandes etapas que corresponden a los tres grandes universos filosóficos en los que González desarrolló su filosofía.

Lógica idealista de las significaciones

Es la lógica de Pensamientos de un viejo, que ocasionalmente, mientras González precisaba la diferencia entre mente y conciencia, se prolongó a los días de Viaje a pie y Mi Simón Bolívar.

Es lógica del ludismo idealista que delega en el yo mental razonante, ideador de pretendidas leyes regentes del dinamismo universal, el establecimiento de la realidad o la irrealidad, la verdad o la falsedad.

La lógica es la expresión relativista y secundaria de significaciones y verdades individuales, derivadas de la forma en la que cada individuo interpreta el ser en el espacio y el tiempo, porque la vida, por sí misma, no tiene significado, sino que lo adquiere a través de las formaciones mentales, productos del yo, cuyo alcance es meramente circunstancial, individual y subjetivo, así sus constructores la pretendan necesaria, objetiva y universal:

Toda interpretación de la vida es verdadera, porque indica la forma y modo que la vida toma en el ser que interpreta: es como el viento, que al penetrar en una caverna, produce distinto sonido que al insinuarse en un bosque. La vida en sí no tiene ninguna significación; según sea el ser, así es la vida. Cada filósofo da su forma y modo a la vida; sólo que dice, engañado por su orgullo, que así es siempre. […] Se juzga al no-yo conforme al yo, o, mejor dicho, éste es creador de aquél. La misma lógica que rige nuestros razonamientos es una creación de nuestro yo. El espacio y el tiempo tampoco son conceptos en sí, pues uno sólo tiene conciencia de la duración de sí mismo (la cual cambia según sea el estado de alma), y según eso juzga lo demás. (pv)

Es la lógica del yo, que encarnan, como prototipos, el abogado y el rábula, amos del juego formal, mental-pasional, creador de verdades, certezas y pruebas:

… el abogado es el hombre que maneja los medios de probar; es el titiritero de la certeza, el creador de la verdad. […] Se ha distinguido entre abogado y rábula, llamando con aquel nombre a quien sólo se encarga de la verdad, de lo que llamaba san Agustín id quod est, y dejando este apelativo para el hombre de recursos lógicos en cuyos dedos, pegados a una pluma, aparece la verdad creada, el sofisma. […] Aquél, el abogado, es un severo moralista, un dogmático, un vertebrado lento, y es el rábula aquel hombre inquieto, vivo e ingenioso, ecuánime, que vende sus pasiones, que simula la ira, la compasión y el entusiasmo… ¡Es que no cree sino en los recursos lógicos! (vp)

Lógica del determinismo vital-causal

Es la lógica que encontramos desde Una tesis hasta El maestro de escuela. Lógica de la apariencia representativa-causal:

Se trata de la lógica del devenir determinista, regido por la dialéctica de la causalidad, en la que no hay espacio para la libertad, pues nada sucede en el universo fenoménico que no obedezca a la lógica de la dialéctica de la representación.

La vida es la representación del Ser único o Sustancia única en desarrollo lógico, que en cuanto se refiere al hombre se denomina historia:

Nadie es culpable ni tiene gracia: el Ser, el único, la sustancia, se representa en desarrollo lógico, que se llama vida y, en cuanto se refiere al hombre, historia. (s)

La vida, en cuanto es armonía cósmica de causalidad necesaria, a la que nada escapa desde el origen del universo, es lógica como un serrucho:

Nada hay en el universo que no sea una necesidad lógica, una cadena de causalidad. Pedro y Elena: él necesitaba una mártir, y ella, un martirizador. […] Nada se une, ningún mensaje nos alcanza, que no sea por la ley de causalidad. Todo lo que se junta tendía a juntarse. Todo lo que sucede iba a suceder desde los comienzos de la apariencia. (dm)

… todo es lógico; uno puede no comprender algunas cosas de la vida y admirarse, pero la vida siempre es lógica como un serrucho. (dm)

La vida es un serrucho en cuanto a la lógica. (dm)

… la vida es lógica como un serrucho. (dm)

El destino de los seres es irremediable, ajeno a la creación, la libertad o la gracia, pues en los fenómenos vitales todo está determinado por necesidad subconsciente:

Todos los seres que se ponen en contacto por primera vez luchan para decidir cuál sea el amo […]. Esta lucha es inconsciente. Pero está tan unida a la vida, que casi se confunde con ella. De esta brega terrible […] salen determinados los destinos individuales y el de la humanidad. De niños tuvimos intuición de esto, y grabamos como máxima: «Nuestro destino es irremediable y nadie tiene la culpa de él». (vp)

… siempre es la fuerza vital la que domina. (vp)

Todo es explicable, y por lo tanto nadie tiene la culpa ni la gracia. Nada es gracia. (msb)

Los amigos tenían razón al sostener que Job estaba leproso y sin hijos, hijas, asnos, camellos, etc., porque había obrado mal. […] Los amigos de Job eran grandes sabios […]; […] en el universo rige la ley inmutable. No hay caprichos. (dm)

Es la lógica de la vida y no la lógica del yo la que determina toda la representación o manifestación fenoménica, pues en el devenir o representación formal de la Sustancia única en sucesos, dentro de la armonía y el ritmo vital, los acontecimientos se suceden necesariamente engendrados los unos por los otros, en representación lógica o cadena causal:

Hay que someterse y aceptar los sucesos, los cuales son hijos de los precedentes, y así hasta el infinito, y todo es necesario en el devenir, porque la lógica es como el serrucho. (ant xii)

El acontecer, fundamentado en la fecundidad de la ley de causalidad, no es libre manifestación de los seres, ni creación de sustancias nuevas; es proceso de generación, múltiple representación, transformación determinada de apariencias de la Sustancia única desenvolviéndose en necesario y lógico desarrollo:

Su fundamento [de la lógica] es la ley de causalidad o paternidad: que cada apariencia se transforma determinadamente. Nos enseña que no hay sino la divina necesidad. (ant x)

La experiencia dice que los sucesos nacen como los organismos, de un huevo. Por lo tanto, donde no hay huevo no hay suceso. Dice la experiencia que nacemos con los huevos dentro. Por ende, nadie puede robarte tu destino y no puedes violentar la vida. El único esfuerzo que permite la sabiduría es el del parto […]. (ant x)

La vida fenoménica es representación, apenas aparentemente antinómica, a través de la cual se va desarrollando armónicamente, en espacio y tiempo, sin contradicción sustancial, la unitotalidad determinada, única y eterna, que estaba latente desde el primer instante de la vida. La legitimidad del acontecer vital radica en la condición lógica de cada ser, dentro de la lógica que preside los acontecimientos:

El asesino goza destruyendo, y el compasivo tiene su goce allí; cada ser es lógico, produce los frutos a que está destinada su savia, o mejor, cada ser es desarrollo en el espacio y en el tiempo de una unidad determinada, única y eterna. Lo que ha sucedido y lo que sucederá estaba latente en el primer instante de la vida. No hay pasado, ni presente, ni futuro. Al exponer esta grande idea de la unidad, cesa la antítesis entre el bien y el mal. Los adjetivos tienen su origen en nuestra limitación. (vp)

Las formas físicas y psíquicas son expresión de la unidad lógica de la vida:

… yo veo la necesidad suprema, la unidad lógica de la vida, en la forma del cuerpo de Abrahán. Ese complejo de ideas y de emociones que es Abrahán tenía que emerger en un busto así, en un bigote así, en unas piernas así. (dm)

… en virtud de la necesidad lógica de su carácter, [Manuel Fernández] pretende suicidarse o se va babeando detrás de una mujer cualquiera. (dm)

Puesto que el ser humano sólo puede actuar lo que porta en sí como latencia necesaria, ya que la opcionalidad es ajena al determinismo de la lógica vital, la idea del hombre-causa es falsa, y la libertad se excluye como desorden:

La lógica es un serrucho: por donde se mete un diente sigue el otro. «Debía ser así o de este modo» son palabras de ignorante. (ant x)

El hombre no es causa, sino que se actúa, se realiza a sí mismo. Si no fuera así, tendríamos que Jerónimo, el portero del Juzgado, podría a su antojo ser un Simón Bolívar. Esto es creer en la libertad, o sea, en el desorden. Si uno fuera libre de ser santo o diablo, imbécil o genio… ¡Sólo al padre Garcés puede ocurrírsele que habría quien escogiese su papel…! (msb)

El hombre es, pues, existente del mundo de la necesidad:

… todo es causado. Es la necesidad. […] El único compañero del hombre en la Tierra es la necesidad. Lo demás es opinión. (me)

La lógica es organismo en el que se expresa la energía vital en devenir. Los procesos lógico-racionales de la mente pensante sólo son legítimos en cuanto expresión de la vida única y enraizada en la subconsciencia:

Devenir es cumplir o manifestar lo que se es. (msb)

… apenas invoqué la subconsciencia, todo mi organismo y facultades se fueron concretando a la obra. […] Todo se va organizando, todo va llegando y me urge. Se forma un organismo lógico; los personajes adquieren su carácter; los sucesos se explican; todo se llena de la energía vital. […] Todo es unidad… (mc)

La lógica racional y los razonamientos especulativos y abstractos, derivados de ella como producto mental sin raíces ni antecesores vitales, carecen de legitimidad, constituyen sofismas, son mundo huero de enunciados conceptuales, ajeno al devenir vital, y superpuesto a él:

¡Aquí del deleite lógico! ¡Aquí del gran estilo!: las cosas por orden; las ideas una después de otra, engendradas legítimamente. Todo en la vida debe tener antecesores a la vista, o es hijo de ramera, mejor dicho, sofisma… […] ¡Vamos a enfrentarnos!: la ló-gi-ca contra la ilegitimidad. (ant ii)

Con la lógica mental-conceptual-imaginativa es posible pensar absurdos totalmente lógicos, dentro de la lógica mental:

Pasa la imagen de una hermosa hembra por mi mente… Rechazo esa bella imagen. Pienso en el tranvía que laminó ayer a don Rafael… y sigue así la mente, titubeando en un enredo lleno de lógica… (msb)

La vida es unidad lógica. Todo lo real está sometido a la fuerza de la lógica vital, que permite obrar (no sólo pensar) apropiadamente. La lógica dice relación a la vida, a los hechos y a la acción, antes que al pensamiento; no preside, primariamente, el discurso, sino el devenir:

… la vida es unidad lógica. (dm)

Atentaste contra la vida, suprimiste la lógica que preside al devenir. (er)

La lógica, antes que el pensamiento, rige la relación de interdependencia entre sucesos, agonías y sentimientos en devenir vital, o novela, que buscan su centro de convergencia real-vital:

¿Qué es novela, pues? La lógica desarrollada en imágenes que se dirigen a sus destinos. Los sentimientos de todos los seres del universo interdependen y buscan el centro de los centros de gravedad a través de la tragedia. (me)

Lógica es la capacidad de autoperfeccionamiento:

El joven pragmatista admira lo único que hay admirable en este esferoide: el método; la capacidad de perfeccionarse que tiene el hombre; la ló-gi-ca. (vp)

La capacidad de acción vital eficaz:

El buen lógico tiene su mente a todas horas como afilada cuchilla; a todas horas lleva consigo la facultad de hacer cosas asombrosas. (vp)

… ló-gi-ca es el arte de manifestarse y obrar apropiadamente; pensar, negociar, investigar, amar, odiar, asesinar, acariciar, caminar, etc. Es la ciencia de los modos; la madre de las artes. (ant x)

El subconsciente, aparentemente ilógico, en cuanto en él se gesta, vivamente, lo que el hombre expresa conscientemente:

… ¡qué lógica existe en la subconciencia! Yo, por ejemplo, deseo escribir acerca de Bolívar, y siempre soy y seré un teólogo. (msb)

La acción del yo, que así alguna vez parezca ilógica, siempre tiene la gracia de la lógica vital, propia del existente:

El egoente, haga lo que hiciere, tiene la gracia de la lógica; haga lo que hiciere, ya vaya roto o sucio, nos enamora, porque la vida es lo que nos subyuga. (n)

Las sociedades, en cuanto dinamismos generadores de individuos que representan los estados del alma social, según las necesidades del devenir:

… ¿cómo no bendecir a nuestra barragana, la Lógica, al ver que cada tierra tiene su mohán, parecido a ella? (ant x)

La historia, que mistifica, respondiendo a las necesidades del devenir:

… la historia es mistificadora, pero mistificadora lógica y que responde a necesidades vitales del devenir. (s)

Vida, estética y lógica se convierten entre sí, pues la lógica rige la manifestación de la belleza viva:

La salud es belleza, y ésta es prometedora [… ] Todo lo que es lógico es bello. (vp)

La vida es muy hermosa, es lógica. (ap) (109)

La lógica vital no se refiere primariamente al pensamiento y al raciocinio, sino a la belleza de la manifestación de la vida en el universo:

Todo lo que es lógico es bello. (vp)

… ló-gi-ca es el arte de manifestarse y obrar apropiadamente […]. Es la ciencia de los modos; la madre de las artes. (ant x)

La participación en la lógica vital es la fuente de la alegría de vivir:

Sea tu bello oficio el estudio y práctica de la lógica. Allí está el venero de la alegría. […] Y eso de querer los bienes que son de otras edades, juventud, niñez, es falta de lógica; posee el bien esencial, sobreponerse. (ant x)

En el universo del devenir necesario de la energía vital, sólo la muerte, que rige en las categorías de la representación, puede vencer al hombre organizado, es decir, lógico:

La lección, la única lección que debemos aprender de estos hechos es la lección de la sobriedad, de la ló-gi-ca. El hombre organizado es irresistible y sólo lo vence el destino, la ley a que está sometido todo lo aparente: la muerte. (ant i)

Lógica de la libertad

Es la lógica de la liberación del determinismo causal, en la Gracia, por la reconciliación de contrarios, que encontramos esbozada en El maestro de escuela y desarrollada a partir del Libro de los viajes o de las presencias.

Los cuatro primeros principios ontológicos de la filosofía occidental, aplicados al pensamiento, originaron los cuatro primeros principios lógicos, rectores del razonamiento:

Principio de identidad: Si en un juicio el concepto sujeto es idéntico al concepto predicado, el juicio es necesariamente verdadero.

Principio de contradicción: Si un juicio es verdadero, la negación simultánea de ese juicio no puede ser verdadera.

Principio de tercero excluido: Cuando dos juicios se contradicen, uno tiene que ser verdadero y el otro falso.

Principio de razón suficiente: Todo juicio, para ser realmente verdadero, necesita de una razón suficiente, real u objetiva.

Referentes, los cuatro, a la actividad mental; puramente lógicos, los tres primeros; el cuarto, surgido de la relación entre la lógica mental y la realidad ontológica.

A partir de la negación del principio aristotélico-tomista, ontológico de contradicción, por la indemostrabilidad racional de su evidencia, González estructura su crítica de la lógica racional-conceptual, construida sobre primeros principios lógico-mentales, derivados de los primeros principios ontológicos, y propone su lógica vital de la libertad.

Para González, la lógica mental, racional-conceptual, propia del yo mental o pensante, es insuficiente porque de espaldas al devenir vital, manifestación múltiple de la Vida, única sustancia real, pretende reducir a mera racionalidad lógico-mental la realidad y el conocimiento vivos, y negar la posibilidad de la libertad dentro del devenir vital, que no se agota en la necesidad, ya que la Vida, ajena a conceptos, juicios y raciocinios, excede, con mucho, las limitaciones mentales.

La lógica aristotélico-tomista, racional-conceptual, lógica del yo mental, pensante-razonante, mata la vida al absolutizar la razón y pretender someter a las exigencias de la mente la multiforme manifestación de la vida.

En Viaje a pie resume su experiencia jesuítica al contacto con la lógica aristotélica, como la experiencia del avergonzamiento del empleo de la metáfora para aludir a la dimensión vital inédita y apenas intuible de la vida, reducida, en las aulas jesuíticas, a la estrechez de la lógica mental-racional:

«Una cosa es lo que es y no otra». Esta es la piedra madre de la lógica. ¡Ay, amigo Bolaños, nuestra juventud jesuítica fue una continua vergüenza a causa de la metáfora! ¿Cómo no la hemos de odiar? (vp)

En La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera explicita su intuición vivencial del colegio de los jesuitas, expresada en Viaje a pie: que la lógica racional, nacida del principio aristotélico-tomista de contradicción, que desde las categorías espacio-temporales de la mente razonante pretende regir la totalidad del devenir vital, supramental y suprarracional, supraespacial y supratemporal, es tan sólo «lógica de infundio»:

¿Lógica? No esperéis lógica, ese menjurje mental con que construís vuestros artificios occidentales a los que llamáis «obras de arte». Esta a que asistís es La Vida. Vuestra «lógica» la construís con «un primer principio evidente por sí mismo», o sea, con una proposición que sencillamente es la enunciación de las coordenadas espacio-temporales humanas, así: «Una cosa no puede ser y no ser a un mismo tiempo». ¡Qué infundio! (t ii)

La lógica aristotélico-tomista es lógica inútil, cuyos enunciados carecen de validez, ya que todo lo que ocurre en el tiempo es patentización de los seres, que una vez realizada deja de tener significado y realidad.

La Vida, a través de sucesos, se va patentizando en existentes espacio-temporales, generadores de entes pasionales y mentales.

El tiempo es ente patentizado, o sea, hay tiempo en cuanto hay patentización de la vida; de lo contrario (sin proceso de patentización), así haya realidad, no puede haber tiempo.

Una vez que el ser vivo se ha patentizado en entes temporales, muere, o sea, se acaba como tal patentización, y la lógica mental-espacio-temporal, que regía su proceso de patentización, desaparece.

Lógica racional-mental, absoluta, por sí, sin sucesos de patentización temporal, no hay:

Sabemos ya […] que «tiempo» es la patentización del ente; es éste mismo, patentizado. Suceso o escena es la patentización. Apenas nos patentizamos, acabamos. Eso es morir. Algo como cumplirse o descargarse. Y cuando Adán (todos los individuos) se haya patentizado en su Tragicomedia, «se habrán cumplido todas las cosas». (t ii)

Tiempo y cosa, conceptos con los que se enuncia el primer principio, expresan lo mismo, porque el tiempo es la cosa misma patentizándose: si no hay cosas que se patenticen, cosas patentizándose, no hay tiempo; fuera del tiempo no hay patentización de entes; si no hay tiempo, tampoco hay patentización posible.

La lógica que se construye tomando los conceptos tiempo y cosa, como seres reales o como entes diferentes, es una lógica vana:

Así resulta que «el tiempo» y «una cosa» son idénticos. El tiempo es la cosa patentizada, y el primer principio de vuestra lógica desaparece, y desaparece ella. (t ii)

La lógica aristotélico-tomista, que rige el pensamiento conceptualizador y generador de entes, es apenas lógica mental y, por lo mismo, inoperante en la totalidad de la Vida, que no es mental, pues la representación, que es un aparecer de los seres en el tiempo, es dramática y trágica, y la Inteligencia o Espíritu Santo u origen (La Madre) de todos los mundos de la representación es inespacial e intemporal:

Es ciencia del mundo mental nada más, o sea, el mundo resultante de las coordenadas de los primeros principios. Pero… ¿la Tragicomedia? ¿Qué hacéis con la Unitotal? La perdéis. Las apariencias o escenas son nuestro tiempo. Nos vamos presentando; vamos siendo lo que somos y eso es nuestra dimensión espacio-temporal: pasado, presente, futuro, aquí, allí… Y eso no es la Inteligencia; eso somos nosotros en presencias o en cruz, sucesivos, conociendo el bien y el mal. ¿Y la Inteligencia o Espíritu Santo, que es el meollo de la Tragicomedia? No es presente, ni pasado, ni futuro. ¿Qué es? Sólo conocemos la Inteligencia como entendiendo, en gerundio. Por eso, no la conocemos ni es cognoscible; es vivible; es lo más íntimo nuestro, lo más cercano, como si fuéramos en Ella, como si fuera nuestra madre que nos gesta. Las presencias en coordenadas nunca son La Madre, la que creó de la nada las coordenadas todas y sus mundos, y estos son, en tal sentido, en Ella, por Ella y Ella. Todos los mundos existen al darse sus respectivas coordenadas, pero ningún mundo, ni el de la luz, es La Madre. (t ii)

La lógica mental es producto del yo, complejo abstraído y recordado de toda la experiencia espacio-temporal del hombre; obra de la mente, que elabora pensamientos, hace lucubraciones, abstrae, juzga, clasifica artificialmente en tiempo y espacio las reacciones ya sucedidas:

«El Pensador»: ¿Qué es eso que piensa? El Yo, el ente mental, que es un complejo abstraído, recordado de reacciones pasadas. (t i)

Las leyes de la lógica mental, producto del yo, en cuanto ente mental, son verdaderas, en cuanto al analizar mentalmente hechos ya ocurridos se encuentran cumplidas las leyes de la mente; pero la lógica mental es apenas elaboración del pensamiento humano, posterior al acontecer de los hechos vitales; se trata de expresión de lo que el complejo humano, en cuanto mental (pensador), puede ver en la realidad acontecida, manifestada; pero no de norma y ley de la vida misma en devenir, que acontece antes, más allá, fuera de la mente:

Las leyes de la lógica humana son «verdaderas» en el sentido de que al observar mentalmente un pensamiento o razonamiento o curso vital ya sucedido, las observamos allí… (t ii)

La lógica de la mente es lógica muerta, pues una lógica que apenas expresa cómo tiene que proceder el pensador al pensar y juzgar lo ya sucedido, no es lógica de la inteligencia viva, del acontecer vital:

Pero todo eso que se observa, ya está muerto cuando se le observa… Pero antes de suceder, en lo vivo, está el entendiendo, el orando, que en lo muerto no se hallan, pues son vivos, no mueren con los muertos. (t ii)

La pretensión de una lógica racional-conceptual, que reduciendo la Vida a razón y conceptualidad dirija la Realidad Unitotal, es una falsa lógica, producto de «el pensador», ente con presunción de ser que tapa y mata la vida al querer reducir al solo orden o mundo mental la infinita realidad que deviene en múltiples formas de representación:

… un muerto que se erige en Ser, clasifica, propone y tapa La Vida con sus elucubraciones. (t i)

Más allá de la mente, del pensamiento que abstrae y reelabora mentalmente los acontecimientos, con prescindencia de la Realidad (con mayúscula: Realidad), opera la lógica vital, ritmo de la vida que se representa de manera siempre nueva sin someterse a las leyes de la lógica mental:

Mientras que La Realidad es infinita y Unitotal, siempre nueva en su forma espacio-temporal. El pensador abstrae y con sus abstracciones piensa; por lo tanto, siempre repite. Pensar es perder la vida en vidas artificiales; pensar es huir de la Realidad. (t i)

Al margen de toda posibilidad de novedad y libertad, la filosofía occidental intentó hacer de la lógica racional, regente de las determinaciones de la mente pensante, dentro de las «coordenadas espacio-temporales», la lógica regente de la totalidad de la vida.

Pero, como lo había captado desde los tiempos de Don Mirócletes, no es la lógica vital la que está sometida a la lógica mental, sino al contrario: la mente es apenas una de las manifestaciones de la Vida, y la lógica mental está sometida a la lógica vital como un subproducto suyo:

La Vida no está sometida a vuestras lógicas; sino que las lógicas las abstraéis mentalmente de La Vida. (t i)

El ejercicio de la lógica mental de la filosofía de Occidente es un malgastar la vida, pues trata, vanamente, de imponer las leyes del pensamiento y de los determinismos mentales a la vida, que, más allá de la mente, es infinita posibilidad y libertad:

Y con vuestras lógicas pensáis mundos y pretendéis luego poner esos mundos a tapar La Vida, y perdéis vuestras vidas. Y por eso exclamáis con hastío: no hay nada nuevo; todo es necesitado. (t i)

La mente y el pensamiento están sujetos a los límites de las coordenadas mentales, y a los determinismos mentales, señalados por los primeros principios de la filosofía occidental, que ciertamente no pueden traspasar; pero la Vida, la Realidad, no tiene como categoría la necesidad sino la posibilidad y la libertad, y, por lo mismo, su ley no es la necesidad, sino la novedad:

Pero en La Realidad todo es nuevo. Es infinita posibilidad y libertad. (t i)

Como la lógica no se refiere al pensamiento sino a la Vida, que en formas vivientes es representación multiforme del Ser único o Sustancia única, la lógica es el orden del espíritu en acción, y no de la mente que piensa y hace juicios:

Nunca seré pajoso coleccionista de ideas, conocimientos y razonamientos. […] Pero tampoco huiré de mi mente, sino que la entenderé en su actividad astutísima… (t ii)

Lógica mental y lógica vital

La lógica mental sólo permite hacer enunciados conceptuales, válidos únicamente dentro del mundo mental; la lógica vital, en cambio, permite al hombre conocer y obrar, no sólo dentro de los determinismos mentales, dentro de los cuales se piensa la realidad y se enuncia lo pensado por medio de conceptos, sino dentro del dinamismo operante, vivo, creador de la multiforme manifestación vital, hasta llegar a participar, por el conocimiento inmediato, intuitivo, «adivinador» o «profetizador», de la Sustancia o Ser único; es decir, Dios:

La lógica (palabra que debe escribirse como la pronunciaba Stendhal: ló-gi-ca) es el orden en el espíritu. Con lógica se puede realizar cualquier proyecto. La lógica consiste en obrar de modo que cada acto encierre en sí el efecto apetecido; consiste en saber determinar cuáles partes componen un todo, y en qué partes se descompone un todo. Es el medio de conocer y obrar que nos suministró Dios para conocer y obrar aquello que Él hace y conoce por intuición. (vp)

… yo veo la necesidad suprema, la unidad lógica de la vida, en la forma del cuerpo de Abrahán. […] ¡Qué bella es la vida! ¡Cuán bello es todo ser para el que lo va comprendiendo! ¡Todos somos perfectos! (dm)

Un seminarista de verdad es el arte de las maneras. Sólo él sabe que la vida se reduce a medios y a fines; medios para llegar al fin propuesto. Es ló-gi-co. Jamás toma el medio como fin. (ant i)

La función de la lógica no es idear el futuro, porque la dialéctica vital lo es de la totalidad de la representación, y no hay de dónde enfocarla, ni se sujeta a los determinismos de la lógica mental-racional:

Es imposible idear el futuro; por aparentemente lógico que se construya el futuro de un espectro observado fielmente, será siempre falso, pues cada suceso de la dialéctica de un espectro es una serie de complejos incitados a manifestarse en el siguiente «paso», o «apariencia», o «escena», y no vale tener en cuenta los complejos de un solo actor del drama, o de dos, o de ciento, por primeros actores que parezcan, porque el siguiente «paso», o «apariencia», o «suceso» del espectro o espectros actores es la resultante de todos los complejos o espectros humanos de ayer y hoy. (t ii)

… la vida es unitotal; no hay de donde enfocarla. ¿A dónde se sale uno para enfocarla? (t ii)

La lógica mental-racional, haciendo vivir al hombre como esclavo de las ciencias, aniquila el proceso de liberación humana. Es la lógica vital intuitiva y atemporal, don de la gracia, la que rige el proceso de la liberación del hombre, que es «eternidad en cadenas»:

El mal de ahora es que, por las muchas «ciencias», el hombre general se vive como esclavo, como irresponsable, como efecto. Y realmente, intuitivamente, el hombre es eternidad en temporalidad; es libertad en cadenas. Eso no lo pueden ver los razonadores, porque todo razonamiento se fundamenta en la necesidad lógica o espacio-temporal. Eso lo ve la intuición u ojo de la Inteligencia. Cristo es la atemporalidad, la Libertad, El Libertador de los hombres. (cr)

La lógica mental, de pensadores, abogados y rábulas, permite saber cuáles sean los problemas construidos mental y conceptualmente:

«¿Cuál es el problema?». Esta es la perpetua preocupación del buen lógico y del Juez. Quien ha averiguado cuál sea el problema, ha ganado la partida. (vp)

La lógica vital, que preside el ritmo vital, y no la lógica mental, que garantiza el pensar correcto, es la que permite al hombre vivir integrado al ritmo vital del universo, del cual hace parte su yo:

Lo esencial en los programas de la escuela, es la lógica. Toda ciencia tiene un método, un ritmo; todo hombre tiene su método y su ritmo; he ahí cuál debe ser la base de las escuelas. Programa que no comporte curso de lógica en cada año de estudios, es fracaso. […] Un hombre culto vive en el universo como el pez en el agua: naturalmente. El universo hace parte de su yo. (n)

Método, lógica, capacidad de perfección, son términos sinónimos en el universo de la Vida:

El joven pragmatista admira lo único que hay admirable en este esferoide: el método; la capacidad de perfeccionarse que tiene el hombre; la ló-gi-ca. (vp)

La lógica vital es la única lógica real, por cuanto es la lógica de la dialéctica de la representación.

La lógica vital no es medio para ejercer poder racional sobre la vida, sino sabiduría que permite al hombre incorporarse al ritmo de la manifestación vital, y vivir en comunión con la Presencia, a través de la convivencia con las presencias, formas de patentización de la Vida:

En todos [los mundos] hay lógica real, con dialéctica cerrada… Para cualquiera de estos viajes, el secreto está en la vibración, el ritmo de la vibración: ponerse al unísono con la vibración de… ese mundo y de… esas gentes. (lvp)

El ritmo vital como lógica

La armonía cósmica es la lógica de la vida:

… meditando me he admirado de la armonía cósmica; todo es lógico. (dm)

Por eso, todo ser vivo participa del ritmo de la vida:

Toda célula, todo organismo está empapado en el movimiento rítmico y vital. (vp)

El primer principio moral del «viaje a pie», o caminar en sí mismo, en convivencia con los fenómenos, es vivir según el ritmo que permite a cada uno la propia manifestación de sí, dentro del ritmo de la vida:

A la media hora de caminar había nacido la idea de este libro y habíamos resuelto adoptar como columna vertebral moral del viaje la idea de ritmo. […] Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar. […] Por el ritmo podrían calificarse los hombres… […] … para no cansarse hay que descubrir nuestros ritmos. (vp)

Toda ciencia tiene un método, un ritmo; todo hombre tiene su método y su ritmo. (n)

Dentro del ritmo vital se asciende por el sufrimiento, y se desciende por el goce:

El ritmo que preside la vida se compone de ascender por medio del sufrimiento y bajar por medio del goce. (msb)

El hombre aquietado, o sea, que ha logrado participar de la armonía lógica del universo, se hace dueño de todas las cosas, convive con el universo, por el ritmo lento:

El movimiento rítmico es el distintivo del hombre aquietado. (msb)

He tenido el premio de un ritmo lento, las ventajas de la mesura y de la propia posesión. A medida que practico este ritmo, voy siendo dueño en mí de todas las cosas buenas. (dm)

* * *

Conclusiones

Si no es dentro del contexto de una lógica vital, entendida como la energía rítmica de la realidad en representación paradójica, irreductible a conceptualidad y matematización, cada uno de los afrontamientos de la realidad, en la filosofía de González, resulta arbitrario e ininteligible.

La metafísica de la vivencias, que es la síntesis de la filosofía de González, parte de la lógica vital: la vida es fisiología, instinto, pasión; pensamiento, reflexión, razón; intuición, conciencia, espíritu, comunión.

Para él, si no es en camino, viviendo la lógica vital que rige la dialéctica de los viajes pasional, mental y espiritual, la filosofía deja de ser camino de plena realización existencial y se convierte en reducción racionalista y conceptualista, que expresa el pensamiento, pero no expresa la vida.

— o o o —

~ 13 ~
El método

Punto de partida

Inicialmente, González atribuyó su asistematicidad teórico-conceptual, y su digresividad introspectiva, agonístico-moral, a su formación clerical:

Hacemos muchas digresiones; el lector tiene que perdonarlo, pues es defecto de nuestra educación clerical. (vp)

Pero bien pronto intuyó que la unidad vital estaba más allá de la lógica formal; que antes que la formación recibida, era su personalidad inquieta la que no le permitía «tener vida de libro», y que, por lo mismo, no había razón para someterse a la forma didáctica:

Perdone el lector, pero en este punto la libreta de Lucas pierde su ilación. El hombre, y mucho menos Lucas, no tiene vida de libro. La unidad de una vida es apenas lógica y la unidad de un libro es casi siempre aparente. Sobre todo, los hombres de vida interior no pueden someterse a la forma didáctica. (msb)

El lector tiene que someterse a mi desorden aparente, pues los sucesos me estimulan y me embargan. (er)

Es mi defecto, que las cosas me hacen acordar de otras que nada tienen que ver en el asunto. Por ejemplo, el general Berrío me hace acordar de Julia, la cual murió […] en las faldas de la montaña para subir a Aguadas; su novio se casó con la hermana menor de Julia y ésta murió virgen. (ce)

En el análisis de su vida interior, más allá de la lógica formal, encontró que su carencia de unidad interior, su falta de personalidad y su incapacidad de autoexpresión y convivencia con la realidad se originaban en sus embolias psíquicas, agravadas por la perversión del vicio solitario.

Emprendió, entonces, la búsqueda de un método para liberarse de sus embolias; superar el vicio solitario, en cuanto reactividad imaginativa; llegar a convivir con la realidad manifestada; autoexpresarse, o sea, expresar desnuda y originalmente su individualidad; personalizarse, por el crecimiento en conciencia; llegar a la unificación con Dios:

Ahora, ¿cómo se consigue manifestar por canales abiertos, sin embolias, la individualidad? Mediante métodos. Yo soy el hombre destinado para hablar de método. Cuando pronuncio esta palabra, salta dentro de mí el alma, así como el feto en la preñada. ¡Qué bello y qué raro!; pero cuán lógico: Fernández, el de las embolias, el que no tiene personalidad, ¡es el nuncio de la personalidad y el destructor de las embolias! (dm)

* * *

Los dos «maestros de escuela»

A la búsqueda del método vivencial, González descubrió la existencia de dos tipos de «maestro de escuela», generadores de dos métodos, dos finalidades del saber, dos tipos de hombre y dos tipos de escuela, radicalmente opuestos:

El «maestro de escuela» repetidor de conceptos ajenos, cuyo método procura el crecimiento de afuera hacia adentro; cuya finalidad es la ilustración y la sumisión al orden establecido; cuyo resultado es el hombre imitador-vanidoso que se ajusta a normas y conceptos y se somete a modelo; cuya escuela es La Escuela de la Educación:

Educar es formar a los hombres conforme a modelo (éste es la verdad, la personalidad del genio). Hombre educado significa el que se ajusta a las normas. El tipo hombre educado es igual al perro sabio. (n)

… lo único vivo es el espíritu […]. Toda ley que se enseñe a un niño, sin que la haya vivido, descubierto en sí mismo, es vanidad. (n)

El «maestro de escuela» instigador de la personalidad, cuyo método es cultivar el crecimiento de dentro para afuera; cuyo fin es la autoexpresión; cuyo logro es el hombre egoente y creador; cuya escuela es La Escuela de la Cultura:

El secreto del progreso para Colombia está en el maestro de escuela: enseñar a los niños a creer en sí mismos, en sus fuerzas; hacerlos sensibles al orgullo racial y al sentimiento de propia expresión. (msb)

… pedagogo es quien comprende, no quien enseña letanías. (n)

Es preciso que la escuela sea creadora en vez de enseñadora. Que los maestros no enseñen a los niños, sino que los instiguen a la manifestación. (n)

Las escuelas deben tener por fin la cultura, la libertad de los individuos, para llegar a la anarquía, a la autoexpresión, al Paraíso o Culminación. (n)

González rechazó el método didáctico-educador de la escuela de la educación, y del maestro ilustrado e ilustrador (clérigo, con sotana o sin ella):

… yo no soy maestro de escuela; algún esfuerzo debéis hacer vosotros. (dm)

Entiendan los que puedan seguirme. No puedo poner aquí las premisas; resultaría esto como de maestro de escuela. Mis lectores serán mis iguales, los que sepan mis premisas. No soy maestro de escuela. (msb)

Y optó por el método creador, de la escuela de la cultura y del maestro instigador y padre espiritual, que ayuda a parir:

A mis jóvenes les ofrezco la cultura. Los haré dueños de los métodos, de sí mismos. Sus personalidades serán sus instrumentos. Los honores les vendrán de dentro para afuera. En una palabra, serán cultos, dueños de todo, porque poseerán el método. Sus cuerpos y sentimientos les obedecerán como autómatas. […] Porque el joven capaz de sacrificar las cosas buenas será dueño de todo […]. El que no sacrifica a la superación, no entre a esta casa, no lea mis libros, no profane a Toní. […] Las cosas son sus amos. (er)

Hay que trabajar por dentro. De dentro para fuera… Es la cultura. Ayudando a digerir los pleitos, o procesos o karmas. Esto es ser maestro de escuela y padre espiritual… Y en Colombia no hay. ¡Una escuelita y un cura de almas, González! […] Cuando lo que le pasa a uno en concreto está en uno, es decir, es la representación propia de uno, sólo un maestro en el drama o karma puede intervenir, o se vuelve a presentar en otra forma, quizá peor. (lvp)

* * *

Finalidad del método

Sin ninguna claridad sobre la posibilidad de hallar un método que respondiera a sus problemas psicológicos, y sin idea alguna sobre la posible estructura del método buscado, pero decidido a hacerse una personalidad unificada, capaz de trascender la apariencia, Fernando González emprendió la lucha de toda su vida por perfeccionar un método original para lograr la egoencia, personalizarse, conquistar la ancha presencia, hacerse superhombre o esencial, llegar a la comunión con la Sustancia o Realidad o Ser o Vida o Dios Único, en la Beatitud o Bienaventuranzas.

Tempranamente, en los días iniciales de Pensamientos de un viejo, logró la certeza metodológica que lo acompañaría toda la vida: aquello que ha de ser nuestro, esperará; no es necesario apresurarse:

No corras, dice el filósofo a su alma inquieta; las cosas que quieren dejarse coger esperan siempre. (pv)

He aquí la gran máxima de nosotros los lentos y los hastiados: las cosas que quieren dejarse coger esperan siempre… (pv)

Aquí nos tienes, vida, diosa de los ojos maliciosos, tranquilos, sentados sobre esta dura piedra, seguros de tu amor; los celos no desbaratan nuestros corazones. Tú eres la infiel entre las infieles, a pesar de que no retrocedes ni abandonas al amante. Aquí nos tienes, sentados sobre la dura piedra, oliendo la grama olorosa a inocencia, llena de vitalidad, esperando tus dones. Las mujeres que han de servirnos de almohada, las que han de llorar por nosotros, vendrán a buscarnos en donde estemos, si han de ser nuestras. ¿Para qué correr tras ellas? Vendrá también el oro que ha de ser nuestro, y vendrá a esta dura piedra, al escondrijo más oculto, la muerte, y vendrá el deshonor, el dolor y el odio. ¿De qué huimos? ¿Para qué escondernos? ¿Por qué lamentarnos? ¿Para qué remordernos la conciencia? Con recogimiento recibimos lo nuestro; nadie nos pide cuenta y a nadie se la pedimos. Somos el que puede afirmar: el hombre tiene lo que merece; no tendrá lo que no merece. Venga, pues, a cada uno lo suyo. (vp)

Apoyado en el principio metodológico fundamental, la serena espera de lo que ha de ser nuestro, se entregó a la búsqueda del método:

El joven pragmatista admira lo único que hay admirable en este esferoide: el método. (vp)

Nada puedo probar, y no me importa sino el método. Las afirmaciones se comprueban y eso es difícil, mientras que el método se comprueba con el resultado. (msb)

Al considerar que hay tantos libros y que lo esencial es vivir, pido al espíritu que me dicte un librillo que sea un método, un camino. (msb)

Ha sido mi deseo escribir un librillo duro, tan castigado que las palabras sean como piedras de un bastión y que contenga un método para vivir. ¿Habrá un método? (msb)

Es necesario hacer un croquis rápido y esencial, formar una imagen, con el método de Jehová, el estatuario: rasgos generales; el tamaño, la anchura; luego ir determinando cada rasgo, y después soplar, infundir el vaho. El método. ¡Francamente que el método es lo más conmovedor! (msb)

Mis métodos consisten en un gran cajón de fórmulas. (dm)

Se trata de un método para desarrollar la conciencia y lograr el conocimiento vivo, esencia de la sabiduría, que sólo se logra viviendo:

El desenvolvimiento de la conciencia, que es la verdadera sabiduría, se adquiere viviendo y no hay maestro que pueda enseñarlo. (msb)

Es cierto que se aprende estudiando; pero se aprende mal y nada acerca de los hombres y de la vida. Se aprenden enumeraciones. La vida es preciso vivirla. (msb)

Para vivir rítmicamente, o sea, en armonía con la economía del dinamismo del universo:

Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar. Indudablemente cuando un hombre y una mujer se atraen, eso se verifica por sus ritmos; es porque unidos son importantísimos para la economía del universo. (vp)

Para libertarse del pasado hereditario:

La virtud del método está en él mismo, en obligarse uno a vivir de un modo que no sea el heredado, aquel a que acostumbraron nuestras células los antepasados. ¿Qué me importan los antepasados? (dm)

Para liberarse de la mala conciencia:

Deseo librarme de la mala conciencia y para conseguirlo no retrocederé ante ningún método. (msb)

Para autoexpresarse:

El mejor método es el que cada uno tiene dentro. (n)

Yo debo autoexpresarme. (dm)

Para poseerse a sí mismo:

El fin de la naturaleza es crear el hombre poseído. Poseerse es el último de los triunfos. Cuando uno se posee, es un hijo de Dios. […] La palabra de oro es poseerse. (msb)

Indudablemente, el fin de Lucas [Ochoa] es controlarse. (msb)

Para crecer en conciencia:

La vida del hombre es paja; los oscuros instintos ocupan todo. […] Lo importante es amplificar la conciencia, pasar de la conciencia orgánica a la conciencia cósmica. (msb)

Para existir metafísicamente, o sea, viajar ascensionalmente desde el existir fenoménico, representativo, pasional, mental, hasta la comunión con el Ser o la Vida, más allá de toda representación:

La vida es una ascensión o un descenso, a la larga siempre un ascenso, y cada uno ocupa su puesto. (msb)

… porque somos entre dos caminos, el que hunde en las apariencias, cada vez más, y el que sube cada vez a mayor soledad en Dios. Aquí no tienen paz ni el sabio ni el perverso. Es inquietud de viajeros. (n)

* * *

Los recursos del método

Viviendo y buscando, González descubrió cuatro grandes recursos metodológicos, que mantuvo toda la vida y con los cuales hizo sus grandes hallazgos existenciales:

Atisba y escucha

Auscultación, conocimiento de sí y enfrentamiento consigo mismo, a la atisba y escucha, o sea, en convivencia con las manifestaciones de la vida:

… me comprenderéis mejor contando el modo como he llegado a estas vislumbres de la vitalidad y describiéndolas una a una. El modo ha sido vagando por las calles, observando a mis amigos y parientes, asistiendo a tumultos, sermones, ejercicios espirituales, mesas eleccionarias, teatros. (dm)

Durante muchos meses efectué metódicamente mis observaciones […]. Pero lástima que mi laboratorio haya consistido en pararme en un pie en el puente de Junín de la ciudad del Aburrá, a ver y oír. (dm)

Lo cierto del caso es que lo mejor que hay en la vida es seguir a la gente por las calles. Por ejemplo, en esta primavera he aprendido muchas cosas, sobre todo secretos que no están en los libros. (sal)

Atisbando muchachas, agonías, muertes y entierros, y meditando en el significado de tan disímiles fenómenos, intuyó y vivió González que la patentización, aparentemente contradictoria, de las múltiples manifestaciones de la Vida, constituía la Unitotalidad Sustancial en devenir:

… la actividad vital enérgica hace evidente que no hay antítesis entre vivir y morir, entre la cadaverina y el brillo de los ojos. (vp)

… yo percibo la muerte en la primavera. Me gusta la esperanza que hay en el invierno. Lo bueno es la promesa y en el verano hay promesa de muerte. (sal)

Veo a la muerte en las mujeres tan bellas y en los árboles que echan renuevos. (sal)

El amor que dirige mi actividad es a las agonías y entierros. Eso me embriaga. Cuando voy detrás del muerto, o cuando estoy atisbando desde un rincón del cuarto del agonizante, me siento en «otra parte», no peso y comprendo. (me)

Lo que más me interesa en la vida son las muertes. En las biografías, siempre comienzo a leer por la muerte. Los entierros, agonías y muertes me atraen y me angustian; me parece que no valdremos nada, sino cuando no creamos en la muerte. (rpo)

Al regresar a mi tierra y gente me sentí como en casa y me di nuevamente a callejear, caminar por la carretera, sentarme en las barrancas y en los cafés de las aceras, para atisbar agonías, entierros y mujeres, que son mi vocación. Primero son las agonías; segundo, los entierros; tercero, las muchachas y, como si en ellos estuviesen estos temas, los tipos como idos, que se quedan por ahí parados, mirando sin ver y de quienes la gente se aparta desde lejos y dicen que vinieron no se sabe de dónde y les atribuyen todo lo que les asusta y presienten. Son agonizantes. En realidad, las cuatro son una sola vocación. (lvp)

En vísperas de su muerte (Las cartas de Ripol), González insiste en su método de atisba y escucha de Dios en sus manifestaciones:

… venía yo por la carretera, atisbándolo [a Dios] en sus criaturas, que es la profesión mía […]. (cr)

Las libretas

En su adolescencia, Fernando González empezó a escribir sus vivencias y pensamientos en las libretas que siempre llevaba consigo:

Hoy he leído el cuaderno en donde voy escribiendo mis impresiones de mi vida, y lo he encontrado tonto. Hoy he bostezado ante mí mismo… […] Cada estado de espíritu trae en pos de sí, como una sombra, su justificación. (pv)

En sus años de madurez, persiste en anotar sus vivencias y exigencias:

Diariamente anotaré si he vivido según… (¿Según quién, según qué?). (msb)

… al ponerle el vestido de los domingos al cadáver de Manjarrés, hallé en el bolsillo de atrás de los pantalones unos cuadernitos de esos que usan los carniceros para apuntar los fiados. (me)

En los años de su vejez, de Otraparte, persiste anotando lo que vive y siente, minuto a minuto:

Apunté el número de la libreta última, porque él las numera, y se trataba de la 535. (lvp)

Horas antes de su muerte escribe, por última vez, en su libreta:

… yo soy el que conozco eso y sé que soy reacciones y que el Único o Todo no reacciona o es reacción, sino Eternidad —Eternidad es categoría del Todo—. Yo tengo o soy esa idea Todo. Soy conducente, muriendo —naciendo—. ¿Qué soy yo? ¿Yo? Nada, Creatura. Acepte o no acepte soy nadie en Dios. (110)

En las libretas consigna, desordenada, minuciosa e inmediatamente, en el instante y lugar mismos en los que los va viviendo, problemas, experiencias, reacciones, padecimientos, dudas, juicios, interrogaciones, propósitos, meditaciones, imprecaciones, oraciones y hallazgos.

El desorden de las libretas es expresión de la multiplicidad de vivencias y datos aportados por la experiencia.

Las ideas madres, intuiciones comprensivas, nacidas en el subconsciente, vertebran, organizan y unifican los contenidos de las libretas; permiten llegar a la vivencia comprensiva de la unidad sustancial, manifestada en la multiplicidad fenoménica; libertan de la multiplicidad de los datos y de la variedad de la vida:

Las ideas generales nos libertan de las libretas, o sea, de la multiplicidad de hechos inconexos. La única libertad posible la da la filosofía. ¡Qué capacidad dominadora tienen, el mar, que atrae todos los ríos, estos, que atraen a todos los riachuelos! ¡Qué capacidad castigadora que tienen las ideas madres, que atraen a los hechos! ¡Qué suprema dominación ejerce el centro de la tierra, que nos retiene y retiene a los elementos según sus densidades! ¡Qué imperio el del sol sobre sus planetas y el de otro sol sobre los soles y el de la verdad desnuda sobre la apariencia! ¡Benditas sean, pues, las ideas madres! (mc)

La anotación inmediata y constante, en las libretas, tiene como fin lograr la fidelidad, la claridad y la sinceridad:

Es preciso escribir el sueño, la visión del mundo, durante el estado de alma en que lo concebimos, pues así le damos todo el amor, todo el dolor, toda la alegría de nuestro ser. Si lo dejamos para después, cuando nuestra alma haya cambiado, ésta influirá, haciéndolo a su modo, y resultará borroso y como hipócrita. No hay que olvidar que toda idea es la explicación de un estado de espíritu […]. (pv)

Ayudarse en el mantenimiento metódico de la disciplina que busca el dominio, la contención y la euritmia:

… tengo libretas donde anoto el modo como debo obrar en cada circunstancia. Me insultan, por ejemplo: abro el libro y consulto cómo debo reaccionar. […] [Yo] no reacciono heroicamente, sino mediante consulta de mi libreta. (ant ix)

Expresar, con entera desnudez y sinceridad, las angustias y sentimientos íntimos:

Indudablemente que la verdad de lo que piensa, siente y desea un pueblo oprimido por dictadura, ya sea violenta o solapada, se halla en esos cuadernitos de notas que los oprimidos llevan en sus bolsillos y que no son para publicar sino para desahogarse en el papel. […] Por eso, también, en los pueblos acogotados abundan cuadernitos ocultos en que se narran las tristezas y se cuentan las ganas muy grandes de que se mueran de cualquier modo los opresores. Esto se explica porque el hombre es por natural verídico y la expresión de sus verdades le es necesaria. (ant xiv)

Escucha de los súperos

En cuanto camino de crecimiento en conciencia, el método exige la escucha de los súperos o celícolas, manifestaciones de la Sustancia única, en coordenadas superiores.

A través de múltiples experiencias, intuyó González la existencia de seres superiores que se compadecen del hombre y se comunican con él:

El pensamiento como ensoñación:

¡Cuán sabroso es pensar en las cosas que agradan! Rumiar. Detenerse al pie de un árbol y pensar, pensar… Es un sueño… Se oye la voz de alguien que interrumpe nuestro silencio interior, y esa voz es como una herida. […] ¡Nada hay como soñar! (msb)

La vivencia religiosa de la fisiología humana:

Esta mañana mientras defecaba miré al cielo hermoso y azul. Me pareció percibir, intuí a los seres espirituales que compadecían al ser encarnado, al que, mientras defeca, mira para lo alto en busca de Dios; al que se harta de carne y llora; al hombre, el que está en disciplina. (msb)

La primera visión cósmica que tuve fue precisamente por la religiosidad con que defeco: «Ayer, mientras defecaba, miré al cielo y tuve la intuición de seres superiores que compadecían a la criatura encarnada» (msb)

La experiencia de la escucha de las voces interiores, o palabras intelectuales o espirituales de que hablan los místicos:

Siento que mi obra y mi fortaleza están en la cima. […] Mucho más que en El Noral, pero mucho más, oigo unas voces que no se oyen con los oídos; despierto a las cuatro y siento la seguridad de que me llaman. (ce)

La experiencia viva del poder libertador del remordimiento:

Experimento el santo dolor (remordimiento) que nos eleva, así como el duro cemento a la pelota rebotante. Sin el Ángel, los golpes de la suerte son como los de bola de caucho en el fango, que la hunden más y más. (me)

La experiencia culminante del nuevo nacimiento:

Así pues, resumiendo hoy el camino recorrido desde el día en que, desesperado, les pedí a mi hijo Ramiro y a Zaqueo una idea madre, algo vivo que me sacara del hoyo en que me había enterrado desde El maestro de escuela y desde aquella niña (un ángel) que encontré en el lago Como…, vino un súpero en la forma de conciencia del sucederse. Ese fue el instante en que nací de nuevo… (lvp)

La vivencia del «milagro», como acción comunicativa amorosa, dentro de coordenadas superiores en las que actúan las conciencias superiores:

Los celícolas (conciencias superiores a nosotros) vienen frecuentemente a esta tierra, a nosotros, y actúan amorosamente. No los «vemos» ni «oímos», porque ellos comunican la desnudez de sus conciencias por medios que para nosotros son la desnudez misma, pero su operar es magistral y de eficacia «milagrosa» (eso es lo que llaman «milagros»: el operar de cada mundo con respecto al mundo inferior es llamado así en éste). Todo esto lo saben los que tienen «ojos», «oídos», y presencia ya muy preparada para el mundo que sigue en la jerarquía. (lvp)

En sus años finales, la certeza de la acción bondadosa de los súperos se convirtió en una experiencia vivida:

Los súperos nos visitan y ayudan magistralmente. Violencia no hacen. (lvp)

… así como hay que atisbar en el silencio de las noches para ver las estrellas viajeras, yo me he dado a atisbar en soledad, y he recibido en casa la visita de misteriosos viajeros. No hay tal soledad; lo que así llaman es precisamente la compañía, y viceversa. (t i)

Los dobles

A través de los dobles, González lucha por el conocimiento y la posesión de sí mismo, la superación de las limitaciones existenciales y la realización de la grandeza posible, en el autoconocimiento, la disciplina y la contención:

Hay quienes son grandes de suyo y quienes por libro. Los demás son el homínido. Desde niño supe que de mí no emanaba virtud, es decir, que no era conjunto de maneras e instintos, sino un anárquico. La personalidad o grandeza consiste en la sinergia, en organización de facultades e instintos. Por ese conocimiento, resolví desdoblarme y ser grande por nota. […] Así es como he llegado a simular al hombre que no se pudre, al hombre enamorado, al que no robó a la patria. (ant ix)

En El maestro de escuela explica, detalladamente, el proceso de la generación de los dobles como medio de autoconocimiento objetivante, que ayuda a superar las dificultades de la introspección:

Nadie puede verse a sí mismo infraganti. Hasta el descubrimiento del cine nadie se conoció en acto, pues en el espejo no se observa el movimiento ocular, que es lo expresivo. El cinematógrafo casi nos permite cogernos corporalmente. Ahora se trata de mi invento para autocapturarnos psíquicamente en flagrante: objetivarnos. Con la introspección logramos hacerlo, pero como entes sucedidos; los actos ya sucedieron cuando tenemos conciencia de ellos. Se logra apenas producir el remordimiento. Se trata ahora de un invento que permita al hombre estudiarse como actual. Pues bien, creyó haber hallado el secreto divino que le permitiría rehacerse, dirigirse, ser el amado y honrado por todos, el triunfante. El mecanismo fue el siguiente: la inteligencia sería Manjarrés, y el ejecutor, Jacinto. […] Jacinto era el que dormía en duras tablas; permanecía en agua helada, zambullido hasta el cuello en alberca, o quieto bajo la cruel ducha. (me)

González creó y vivió dos tipos de dobles:

1.º Los personajes que encarnan los determinismos, fallas y debilidades constitucionales y circunstanciales, y le permiten la objetivación y el análisis superadores.

Son: Juan Matías, el atisbador, escéptico y extremista que no quiere medias tintas. Juan de Dios, el hombre del sentido común. Manuel Fernández, el abogado plagado de embolias, carente de voluntad y unidad interior. Lucas Ochoa, la conciencia fisiológica, portador del talante metafísico ancestral, a la atisba de Dios, camino a la unificación con el Universo. Eulogio y Manjarrés, los maestros de escuela, yoes en descomposición, bajo el régimen liberal santanderista. Atehortúa Ochoa, incapaz de convivir con las conciencias fisiológicas colombianas, exiliado en la Patagonia. Fabricio, el sacristán, presencia pagana de la cruz, tentado por la gloriola de la representación.

Juan Matías y Juan de Dios

En Pensamientos de un viejo, Juan Matías y Juan de Dios, los primeros dobles, multiplicadores del yo gonzaliano, a través de los cuales González concreta su lucha por mirarse objetivamente, instante a instante, acaban convertidos en muñecos conversetas, sentados en sus sillas:

¿Sabéis quiénes son Juan de Dios y Juan Matías? Al comienzo fueron una imaginación; al principio eran sólo una multiplicación de mi yo. Pero ¿ahora? Ahora, amigos, me he hecho una vida filosófica. He aprendido de Nerón a hacer guisos con la vida. Construí dos muñecos de trapo y los senté en dos sillas, uno en frente del otro. Llevé a ese cuarto un sillón Voltaire para mis horas eternas. Y en ese sillón paso los días enteros oyendo las conversaciones de mis dos amigos. ¡Oh, qué divinas charlas estas de mis Juanes…! (pv)

Juan Matías encarna a González, que vaga a la atisba:

… yo me considero el primer vago de la tierra, y el hombre más escéptico bajo el cielo… (pv)

Todos me miran de mal modo como enojados por mi vagancia. […] Mis parientes y amigos dicen que soy un ser despreciable […]; que es preciso hacer algo útil… […] Así pues, el oficio de nosotros los vagos puede con el tiempo, cuando se cambie de ideal, llegar a ser el más noble. […] ¡Dentro de poco seremos los grandes hombres! (pv)

Odia los fixismos, definiciones y sistemas:

No me definas. Nada hay más odioso. Tú sabes que yo no amo ninguna idea ni modo alguno de ser. Y me irrita el verme obligado, puesto que no he muerto, a ser de una de esas maneras ya clasificadas y conocidas. (pv)

Quiere, sin término medio, el suicidio o la santidad:

Estoy seguro de que si esperamos que nuestra vida se acabe por sí misma, moriremos de rodillas… Por lo tanto he resuelto que nos suicidemos un día de estos… (pv)

Entonces te propongo que nos hagamos buenos… (pv)

Juan de Dios encarna al González antitético, a quien le cuestan la acción, la motivación y las solidaridades:

… y mi incapacidad para obrar es tan absoluta, que hasta soy incapaz de morir. No encuentro motivos para nada, y aborrezco todo… (pv)

Pero conoce el corazón humano, y sabe que los escépticos juveniles acaban siendo creyentes:

Y por eso mismo [por escéptico], amigo Matías, vas a morir de rodillas diciendo que crees hasta en la luna… (pv)

… que la humanidad marcha de sueño en sueño:

Hacia ninguna parte. Los fines son los sueños de los hombres superiores. (pv)

… que antes de suicidarse, es mejor preguntarse:

¿Y si hay diablo? (pv)

… que es mejor no hacerse bueno, para no parecerse a los tíos:

¡Sería un tormento parecerme a mi tío Rómulo! (pv)

Lucas Ochoa

En Mi Simón Bolívar, Lucas Ochoa es el doble de González, conciencia fisiológica, incapaz del bien y del espíritu:

Mi ilustre amigo dice a la miseria fisiológica, a Lucas Ochoa, que Manuelito (el pobre abogado borracho que había jurado no beber más) está ebrio hasta más allá de la ebriedad. ¿Por qué se alegra Lucas, la fisiología? ¿Por qué goza con el mal ajeno…? ¡Cuán corrompido soy! Me gusta que los hombres no sean capaces de actos heroicos; me gusta que sean inferiores. ¿Qué gano con ello? ¿Acaso la dignidad de los demás no nos dignifica? ¡Cuán malo soy! Es preciso que él me dirija y piense y ordene. Yo seré un ejecutor. […] Lucas, el pobre hombre, va bien, y si continúa lentamente y obedeciendo a Bolaños, llegará muy alto. (msb)

Lo que debo dominar ahora es la irritabilidad. Que cada acto lo ejecute yo, dirigido por mi querido amigo Jacinto. Es preciso ser duro con Lucas Ochoa, entendiendo por Lucas los deseos y la mente desordenada. Indudablemente lograré desencarnarme. (msb)

En El Hermafrodita dormido, Lucas es el González luchador, que a través de reacciones fuertes, enervamientos tensos y depresiones severas, busca realizarse en la comunicación con Dios:

Reacciona demasiado fuertemente y luego se enerva. Oscilaciones terribles de inervamiento tenso y depresiones. De ahí que sus juicios sean tajantes, y que luego se contradiga, para terminar por irse para un templo a buscar a Dios y decirle que lo saque de las apariencias. (hd)

Vive en Francia. Está canoso y hace dos años que cada mes pesa menos. Se está consumiendo, porque el fin de la vida es luchar para hacerse consciente. […] Después de airarse y de arrepentirse, durante días salía al sol y entraba a las iglesias, pensando: Cada día me consumo. No debo quejarme de estas experiencias, porque ellas me hacen doctor. El fin de la vida es llegar a la muerte con el cuerpo consumido por la jornada y el alma como luna llena que se asoma. (hd)

Manuel Fernández

Manuelito Fernández, el abogado borracho que aparece en Mi Simón Bolívar, y cuya biografía desarrolla González en Don Mirócletes, no es propiamente un doble de González, sino un personaje creado para exorcizar el demonio interior del complejo de abandono paterno, vivido durante los duros años del internado de los jesuitas:

Quise formar un personaje y rodearlo de gente y de vida observada hace tiempos. (dm)

Eso no es mío, o mejor es la enfermedad que había en mi cerebro. Es un hijo mío monstruo. (dm)

Manuel Fernández es Fernando González, pero éste no es Manuel Fernández. Mejor dicho: en mí vive, frustrado, reprimido, borrado por otras tendencias más fuertes, el amigo Fernández. (dm)

¿Por qué lo atraían la juventud, la unidad anímica y la fortaleza? Porque carecía de ellas. Era combinación absurda de complejos. (dm)

Manjarrés

Manjarrés, el maestro de escuela, es González que vive la descomposición del yo, mientras padece, en angustia y soledad, el fenómeno del grande hombre incomprendido:

¿Era «un grande hombre»? Sólo puedo afirmar que en él podía estudiarse el sentimiento de «grande hombre incomprendido». […] No sé si me entienden: el que tuviera conciencia de que «la culpa» es suya, de que no es rico o funcionario de categoría elevada, por incapaz, se anonadaría. Esta noción es la llave de los secretos vitales. (me)

Manjarrés se cree «un filósofo» y un «postergado». En el fondo goza con sus vestidos rotos. (me)

Como era cariserio de nacimiento, seriedad nativa que se confunde con la santidad o con la investigación, y como todos sus movimientos eran de asustado (bruscos, con vergüenza), las mujeres no le amaban. Lo más remoto para ellas era que Manjarrés pudiera amarlas y perseguirlas. (me)

Este maestro que fui yo y que ya enterramos, no hizo sino dificultarme el camino. […] ¡Qué amarga es la vida de los «solitarios maestros», amancebados con «sus viejas verdades incomprendidas»! (me)

Manjarrés está enterrado, pero se remueve en el hoyo. […] Yo, señores, no creo ya sino en la plata, la salud y el amor. (me)

Eulogio

Es González, «anarquista universitario», opositor al régimen liberal de los años 40, o sea, maestro de escuela, conservador en la oposición, padre de cinco hijos, autor de duros cuadernos de crítica social, que sobrevive de un salario de miseria en un país de poderes mentirosos que excluyen del marco cultural a los opositores al régimen:

Don Eulogio es conservador. Hace bien en admirar a Laureano Gómez en cuanto conservó su independencia y no colaboró en estos gobiernos; pero también hay que afirmar que la oposición suya ha sido apasionada; no supo frenarla con la inteligencia. En todo lo que se refiere a los conservadores, hay que tener en la cuenta que don Eulogio es gran oprimido, de esos que en sus pechos le tienen altar a Laureano Gómez. En cuanto al editor de estos monólogos, Fernando González, siempre ha dicho que es anarquista universitario. (ant xiv)

… desayuna y come nada más. […] Eulogio es [maestro] de tercera, y no gana sino sesenta y la carne está a dos pesos. (ant xiv)

Así fue como me hice a los cuadernos «Bolívar», en que don Eulogio ha ido expresándose. Esto que sigue, pues, es la Colombia que hay en lo íntimo de un maestro de escuela. (ant xiv)

Atehortúa Ochoa

Atehortúa Ochoa es el Fernando González de los años subsiguientes a El maestro de escuela: solitario, marginado, ajeno a los intereses y ajetreos sociopolíticos de Colombia, o sea, patagón, antípoda de sus conciudadanos; hombre absorbido en la lucha por la sobrevivencia, interesado en los bienes inmediatos, o sea, medellinense; hombre asustado por no hallar lugar en el mundo, ya superado, de los determinismos de la causalidad, ni en el mundo, apenas entrevisto, de la libertad en la gracia, que lucha por no perder la fe en el hombre:

Atehortúa habita en Punta Arenas, muy rico, pero algunas noches se me entra por el ventanuco, y estoy sospechando que él soy yo; que yo tenía una necesidad de irme y que, entonces, se fue Atehortúa. Pero él es hijo de misiá Martina y sabe negociar. (ant xvii)

Por horrible que esté el ambiente patrio, no pierda la fe en el hombre. Perder la fe es la víspera de morirse. Por eso, váyase a la Patagonia, a Punta Arenas, a negociar en «ganado». (ant xvii)

Estos cuatro últimos números de Antioquia los escribió íntegramente Atehortúa, el patagón hijo de misiá Martina, mohatrero por nota, un medellinense a quien odio y que, a pesar de habitar en Punta Arenas, se me entra por la ventana, de noche, a escribir. Yo soy hombre amoroso, pero en diez años arreos en Colombia me relacioné íntimamente con Atehortúa. Lo cierto del caso es que estoy asustado. (ant xvii)

Fabricio

Es el doble que encarna el alma pagana de González:

… Fabricio Sacristán, el ídem y acompañante de toda la vida del padre Elías […]. (t i)

Diremos de Fabricio Sacristán que es entremontesino, nacido el mismo año que el padre Elías, 1895, abril 24, mes y día en que nacieron Shakespeare y Cervantes, de cuyos horóscopos hubo indudablemente su amor a la novela, pues de la genialidad corresponde a los de Salónica el decidirlo. Entró al seminario de la Arquidiócesis de Medellín el mismo día que el padre Elías y recibió las órdenes menores; pero el arzobispo Cayzedo y Cuero y el rector Ulpiano resolvieron que no continuara a mayores, porque era cojo de nacimiento, feo también, por la poliomielitis que tuvo su madre cuando estuvo gestándolo. (t i)

… el padre Elías le dijo: Fabricio, esto te sucede porque tú serás y has sido mi alter-ego. Tú serás mi sacristán y mi inseparable aquí, allá y acullá; lo mío es tuyo y lo tuyo, mío; tu cruz es mi cruz y la mía es tu cruz, y uno solo seremos en la vida eterna: Fabricio-Elías; prosigue con tus presencias helénica, romana y de Montalbán. Lo último fue porque Fabricio, en el seminario, se esmeró apasionadamente por «aquellos dioses» y «sus moradas» (idiomas), y por ciertas reminiscencias del sefardita Fernando de Rojas… (t i)

Es curioso, dirán, que sean como uno solo el padre Elías y Fabricio: el uno, presencia pagana; el otro, presencia de la cruz. El padre Elías explica así: Vías al mismo lugar; las presencias conducen siempre al Cristo. Praesentiæ semper ad Christum. (t i)

2.º Los dobles que encarnan el hombre ideal y sirven de punto de referencia para el crecimiento en conciencia.

Encierran las ansias espirituales superiores del Fernando González ideal y posible: vital, enérgico, personalidad plena, unidad interior, voluntad capaz de acción, hombre espiritual.

A través de ellos, el González falto de vitalidad y personalidad se observa y critica; de ellos recibe órdenes.

Son: Bolaños, Jacinto Salazar, Lucas Ochoa, el maestro de los años finales; el padre Elías, presencia cristiana de la cruz, heredero de confusiones ancestrales, solitario y tragicómico, que llega a ser las Bienaventuranzas en su huerto del pueblo de Entremontes.

Bolaños

Al término de Viaje a pie, en «la casa de un pelabolsillos italiano», como «maestro de ceremonias», aparece Bolaños, «zambo suramericano», convencido de que «en América hay grandes escritores y artistas». En Mi Simón Bolívar, Bolaños se convierte en «mi querido amigo Bolaños»; un doble: el yo fuera de los deseos, rebosante de energía, dominador, frío, asexual, portador de todo lo bello y bueno de González, que delega en él el juicio y la racionalidad para que mirando, decidiendo y orientando, desde más allá de los deseos, lo dirija y lo salve, haciéndolo según su ideal:

Ahí está mi doble. Es el único que puede salvarme, porque está detrás y me mira, critica y dirige. Él es todo lo bueno en mí: voluntad, deseo de belleza, etc. Si lo olvido, pierdo.

¡Grandes noticias! Para hacer mi persona como lo quiere mi yo o socie tuve que adoptar medidas violentas. Desde las cinco de la tarde del 8 de junio no volveré a sorprenderme. ¡Cuán sucio y miserable soy! Es preciso rescatarme.

He logrado desdoblarme y percibir a mi yo fuera de mis deseos, y por lo tanto como juez imparcial y a quien no afecta la lucha.

Mi yo va detrás de mí y me dirige en todo. Lo llamo «mi querido Bolaños».

A ratos, por ejemplo, el ansia de nicotina se lamenta y sofistiquea. Entonces grito: «Oiga, amigo Bolaños, dice éste que la vida sin fumar es una estupidez…». Bolaños sonríe, pues comprende que es la necesidad fisiológica pasajera la que se expresa en esos términos, y que muy pronto el pobre cuerpo con sus instintos elementales será feliz.

(Bolaños es ancho de cara, ágil; con tanta vida que produce la impresión de que está derramando energía por ojos, por sonrisa, por todo su cuerpo).

¿Cuál es el oficio de mi querido amigo Bolaños?: dirigir a Lucas y hacerlo a su imagen, según su ideal. Es el crítico personificado. Cuando algún movimiento nace en Lucas, se lo lleva a Bolaños para que lo juzgue como hecho ajeno. Y es segurísimo el acierto. No se puede uno juzgar a sí mismo; debe ser otro el juez. Cuando uno está solo, se pierde, pues la razón se confunde con el deseo. ¿Cómo podría uno dirigirse, si el que desea y el juez fueran uno mismo? ¿En dónde podría admitirse un juez que fuera interesado en la decisión? Si yo soy la razón y yo soy el deseo, estoy perdido, pues el deseo arrastrará todo.

Por eso he sacado afuera todas mis facultades críticas y racionales, personificándolas en el frío y dominador, en el dandi y asexual Bolaños. Él, a todas horas, va detrás de mí, criticando y ordenando, burlándose a veces, pues Lucas, enamorado, mujerero, blando, amigo del gusto, hace mucho caso de las burlas de Bolaños.

¿Qué será del hombre solitario? No es bueno que el hombre esté solo, dijo Dios. Todo esto ha dado nacimiento a «mi querido Bolaños».

¡Camina despacio, come despacio, vive despacio!: estas son órdenes terminantes. Creo que dentro de poco, yo pasaré a ser Bolaños y podré dirigir mejor mi persona. (msb)

Jacinto Salazar

En Mi Simón Bolívar, Jacinto es el doble que personifica la armonía vital y la voluntad de poder, y, con la dureza con la que se educa a un perro, va educando a González (Lucas Ochoa) en la libertad:

Estoy pensando en cambiarle el nombre a Bolaños por Jacinto. Mi yo se llamará Jacinto desde hoy. (msb)

Lucas progresa. Es indispensable que no tenga miedo a hombres, acontecimientos, perros… Lucas tiene miedo, pero obedece a Jacinto; es poltrón, pero teme a Jacinto; es un puto, pero tiembla ante Jacinto. ¿Cómo se educa un perro? Así hay que formar a Lucas. ¿Cuándo será un perro sabio? (msb)

Yo soy el animal sometido a milicia. Deseo ser una voluntad. Se puede llegar a donde no imaginamos; todos los comienzos son oscuros. Podré llegar a tener esa voluntad que casi se materializa en el cuerpo y que produce impresión de misterio. (msb)

Jacinto tiene la cara ancha y los ojos separados. La voluntad hermosea su rostro y cuerpo, porque mantiene elásticos los músculos que regulan los poros y todos los esfínteres. Su boca está delineada por la constante voluntad; los músculos que forman las mejillas y crean la expresión humana, están empapados en dominio y por eso su cuerpo es tan atrayente. Llegaré a vivir en medio de un mundo muy agradable, en las vecindades de la esencia que subyace bajo los fenómenos. (msb)

Mi amigo Jacinto ha dicho hoy lo siguiente: «Te atormentaré, querido Lucas, hasta que nada de tus oscuros deseos se perciba sobre mis voluntades. No quiero que el ruido de tus aullidos borre mis órdenes claras. Cuando sólo yo, Jacinto inespacial y sin amos, libre absolutamente, impere en los dominios de tu vida, tú gozarás, porque estarás muerto. No puede haber paz entre tus instintos y mi ansia de belleza […]». (msb)

En El remordimiento, Jacinto Salazar es el hombre que González, en cambio permanente, desea llegar a ser, hasta libertarse de sí mismo:

En cuanto conocemos, deseamos, y en cuanto deseamos, estamos descontentos de la realidad. […] De ahí viene mi antigua práctica de echar delante, materializado, a Jacinto Salazar, el hombre carón, risueño, fornido pero muy ágil: es la persona que deseo llegar a ser, y cambia cada semana. Obrar, meditar, arrepentirse, anhelar: ahí me tenéis la vida del hombre. El fin es irnos libertando de nosotros mismos. (er)

Es el maestro, creado como doble para tener a quien imitar, en su soledad de latinoamericano que quiere realizar su ideal:

Todo ideal es maestro. Maestro es aquello que despierta la emoción y nos incita a devenir. El maestro nos incita, nos hace a su imagen. El hombre debe escoger sus maestros, si no quiere extinguirse. Jesucristo es el maestro. Para que aproveche, el maestro debe estar encarnado, debe ser un hombre. Y como vivo en completa soledad, como en Colombia no hay a quién imitar, me he creado a Jacinto, el hombre que deseo llegar a ser. Va delante de mí en mis paseos; le consulto en mis propósitos… Me he desdoblado para salvarme. Como el hombre es hechura, no puede estar solo; necesita de un ideal y es llevado a crearlo. De ahí mi teoría de que Dios es padre e hijo del hombre al mismo tiempo. Ya lo veremos más adelante.

En la cara de Jacinto está el ideal de la mía; en sus ojos, los míos; camina como yo deseo hacerlo, reacciona en cada circunstancia como yo desearía reaccionar y no como lo hace este Fernando de pierna temblona que está prisionero en cuerpo detestable. ¡Qué seguridad la de Jacinto en todas las cosas! Y es al mismo tiempo gran maestro de soledad…

Así, yo puedo soportar mi soledad. Ningún ser humano comparte mis problemas y mis cargas.

Solo; a nadie le importa mi bien y mi mal. No hay en el mundo un hombre tan solo… Pero tengo a Jacinto. Me he desdoblado para defenderme y nuestros diálogos serán eternos y benefactores. (er)

En la revista Antioquia es el hombre vital, que vencerá la muerte:

Hay un ser que va detrás de mí, viéndome actuar, criticando y dirigiéndome; se llama Jacinto, hombre carón y vital, tanto, que no lo enterrarán los hombres de telegramas y de oraciones fúnebres. ¡Vayan a opinar a sus madres, a erectarse sobre los féretros de sus madres! (ant ix)

En El maestro de escuela, Jacinto es el ejecutor del remordido Manjarrés, cuyo yo se descompone:

Parió su doble; le puso el nombre de Jacinto. […] El mecanismo fue el siguiente: la inteligencia sería Manjarrés, y el ejecutor, Jacinto. Así quedó desdoblado el hijo de Holofernes. (me)

Lucas Ochoa

El Lucas de Ochoa del Libro de los viajes o de las presencias no es ya ni una conciencia fisiológica, ni el hombre de la antítesis, sino que ha logrado la desnudez, la síntesis, la trascendencia de las apariencias, y se ha convertido en un maestro:

Este hombre, me dije, está como desnudo. Es hermético. Isabelita dice que nadie sabe nada de él. No habla, pero está desnudo. Sabe uno quién es, qué piensa y siente, si le mira los ojos. Ahora está desocupado, está ido. Si le hablo, se irá. (lvp)

Es un niño. Cuidado le habla de libros, ganancias, negocios, autógrafos, retratos…, y verá cuántas cosas le enseña, porque tiene muchos secretos, de plantas, minerales, aguas… Son los mundos, dice él. Vive como soñando y tiene como mil mundos. Verá que todo eso se lo enseña… (lvp)

¡Es un maestro! Me hizo vivir que todo yo soy mentira y que no continuaba desnudándome porque me anonadaría; que por compasión dejaba el muñequito que estaba sentado ahí […]. (lvp)

Lo que sulfura a Lucas de Ochoa es la idea de que una intimidad, una agonía verdadera se coja para adobarla y ganarle dinero. Como es esencialmente maestro de escuela, no atiende sino al crecimiento de dentro para fuera. (lvp)

El padre Elías

En Viaje a pie aparece el padre Elías, «personalidad magnética» que embellece cuanto llega a él e incita al desarrollo del propio ser por el cultivo sincero de sí mismo:

Conocimos también al padre Elías, un jesuita interesante cuya personalidad magnética estaba en el pequeñísimo sombrero colocado sobre su cabeza grande. El sombrero era un absurdo; pero ¡cuán elegante iba el padre Elías cuando nos llevaba de paseo! Ese sombrero estaba empapado del espíritu del padre Elías; formaban un todo. (vp)

Yo, señores, conocí al padre Elías, que usaba un pequeño sombrero; era un gorrito sobre su gran cabeza. Fue la primera vez en que vi cómo una prenda de vestir, fea de suyo, se hacía bella por la personalidad. El alma del padre Elías irrigaba el sombrero, echaba raíces en el sombrero. ¡Cuán bello iba el jesuita! Sentí deseo de usar un sombrero así… ¡Terrible error que todos cometemos! Lo bello es la individualidad, el soplo divino que al manifestarse por modos propios embellece todo lo exterior. (dm)

En Mi Simón Bolívar el padre Elías es el hombre que encierra las ansias espirituales superiores de González; el hombre que él quisiera haber sido y llegar a ser, porque encierra todo lo que él ama:

Le he cambiado el nombre a Jacinto por Elías, el padre Elías. En ese monte silencioso escribiré la biografía del padre Elías, el hombre que yo quisiera haber sido y ser. El padre Elías es todo lo que uno ama […]. Amor, en su verdadera acepción, es la tendencia etérea y lo demás se llama El Mal. El padre Elías son todas mis ansias espirituales, superiores, que no han aparecido por causa del Mal. ¡Cómo quiero a Elías! Es mi espíritu en el cuerpo que anhelo. Y deseo realizarlo en un libro para ayudar a su aparecimiento en mí. […] El padre Elías que mora en mí, me ha citado para una montaña. Una cita conmigo mismo. (msb)

En La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera el padre Elías es González, que termina su lucha en la vivencia de la reconciliación:

Soy hijo de Dios, hijo pródigo que, llagado y raído, al parecer de los entremontesinos, voy de retorno a la casa paterna, al juicio de identidad. (t i)

El padre Elías fue una grandísima inmundicia glorificada por la Inteligencia. (t ii)

* * *

La dinámica del método

El método nunca está terminado. A medida que González, por superación de ausencias, vivencia de nuevos mundos y realización de nuevas presencias, va avanzando desde el mundo del idealismo de la ensoñación, a través del mundo fenoménico determinista de la causalidad, hasta llegar al mundo esencial o sustancial o presencial o íntimo de la libertad y la Gracia, van apareciendo nuevos elementos metodológicos con los que, a partir de su experiencia, va construyendo un método dinámico-vivencial como proceso triádico de convivencia con las manifestaciones de la vida, en la conciencia:

1.º Vivencia fisiológica, pasional y emocional, en total desenfado y desfachatez, sin traba alguna, hasta su agotamiento, de la instintividad subconsciente.

2.º Realización, con entera sinceridad, de los procesos reflexivo-analíticos del yo mental sobre las vivencias fisiológico-pasionales.

3.º Ascensión activa, por el ascetismo de la disciplina, la contención, la renunciación y el sacrificio, a la intuición de mundos suprafenoménicos, y allí, pasiva, quieta, desnuda, aquiescentemente, vivencia de la comunión con la Presencia o Realidad o Dios.

La desnudez, generada por el sacrificio; y la comprensión, generada por la meditación, liberan de los determinismos causales de los mundos de la apariencia pasional y mental, permiten la superación de las dicotomías pasionales y mentales, y conducen a la plenitud de la personalización, o sea, la comunión viva con la Presencia o Intimidad, más allá de las categorías de tiempo y espacio.

Se trata de un método para viajar por los mundos fenoménicos o de las coordenadas de representación, en convivencia con los seres, en la propia conciencia, hacia mundos superiores en los que, agotadas la representación fenoménica y sus categorías de espacio y tiempo, pasionalidad y mentalidad, en la categoría de Eternidad, en el silencio de la Amencia, por el suicidio de arriba, se pasa de representación o existencia, a ser, en comunión con la Sustancia o el Néant o Dios.

Eso es lo que expresa, en clarísima síntesis de madurez, en su carta al padre Jaime Vélez Correa:

Y meditando en cómo puede un hombre o un conglomerado de hombres que vienen habitando determinado suelo tener conciencia del espíritu que son, se ve muy claramente que mediante lo siguiente (y no hay otro camino para ello): 1.º No mentir (no aparentar ser otro; no pretender ser otro; o sea, matar toda vanidad). 2.º Conocer y aceptarse (toda apariencia es voluntad del Padre, tan divina como cualquier otra apariencia). 3.º Cumplir la Voluntad de Dios impresa en uno y realizarse en el universo (concienzarse). Así se acaban los hombres-colonias, los países-colonias; los hombres-caballeros y los hombres-peones, y todos seremos señores, dioses: «¿No oísteis que de antiguo se dijo: dioses sois?» (Jesucristo). (111)

El rechazo de la propuesta filosófica de Fernando González, muy generalmente, está fundado en la negación de la coherencia y el valor de su método.

¿Es coherente el método que propone González? ¿Se da una relación válida entre las nociones de filosofía y lógica y la propuesta metodológica de González? ¿No hay una contradicción en su propuesta metodológica ascético-activa: contención, renunciación, disciplina, por una parte, y contemplativa: quietud, escucha, aquiescencia, por otra? ¿Son realmente concordantes las diversas presentaciones del método que hace González a lo largo de su obra?

Responder los interrogantes que plantea el método de González, mostrando su fundamentación y las diversas presentaciones que de él hizo, es el objeto del presente capítulo.

* * *

Fundamentación del método

Fundamentación filosófica del método

El carácter de las búsquedas metodológicas de González se apoya sobre las tres opciones que determinaron su filosofía:

El rechazo de la filosofía aristotélico-tomista, que a partir de la diferenciación entre Sustancia primera (Dios) y sustancias segundas (cada uno de los seres) entendía la totalidad de la realidad como la suma de una multiplicidad de sustancias independientes, y no como unitotalidad sustancial, lo que, en contra de la voluntad de realismo del sistema, conducía a asumir el género (el Hombre) como la sustancia primera, y cada individuo específico (este hombre concreto) como una sustancia segunda, lo que equivale a la afirmación del primado del ente genérico, conceptual-racional, sobre el existente real, específico e individual.

La negación del primer principio filosófico de no-contradicción, generador de la filosofía conceptual, en detrimento de la filosofía vivencial.

La concepción de la filosofía como participación de la Vida o Realidad o Sustancia única, manifestada como energía vital en los seres.

Fundamentación antropológica del método

De la naturaleza misma del hombre nace el viajar como método, pues el hombre, en cuanto existente, o apariencia en representación dialéctica, es viajero que en la transformación tiene su poder:

En cuanto somos apariencia, no podemos ser inmutables; nuestra virtud consiste en la transformación. (hd)

El hombre es padre e hijo del camino:

Revivid el camino. ¿Quién eres tú? Hoy, ahora, ¿quién eres…? Eres el punto de un camino, punto a un mismo tiempo padre e hijo del camino. (ant xvii)

El hombre es aprendiz de viajero, que viajando en sí mismo aprende a caminar:

… aprender a caminar, caminando. (lvp)

… porque cada uno viaja montado en sí mismo. (lvp)

Se viaja haciéndose uno el viaje y el viajero: siendo. De otro modo, nada se cumpliría. (t ii)

Hombre que renuncia a ser viajero permanente, se pierde:

Y cuando un sucediéndose se detiene en una presencia (concepto) se hace idólatra y pierde la Presencia (mundos infiernos o inferorum). Hay que ser viajeros, eternos viajeros al Padre, en beatitudes. (lvp)

* * *

Características del método

El método que González descubre y aplica para viajar del existir al Ser es vivencial-dialéctico, ascético-activo, en cuanto proceso de desnudamiento y búsqueda de caminos y experiencias de convivencia; es pasivo, contemplativo, en cuanto escucha, receptividad y apertura a la acción de la Vida o Realidad.

El método de González está constituido desde una doble vertiente: inicial, de dominio de sí y desnudamiento de apariencias, a través del esfuerzo ascético; y culminativa, de comunión con la esencia, más allá de las apariencias, por la reconciliación o la gracia.

El método gonzaliano, ascético-contemplativo, tiene características bien definidas:

Vivencialidad

Prescindencia, absoluta y deliberada, de la sistematicidad teórico-conceptual intelectualista.

No se trata de conocimiento intelectual, conceptual, judicativo, memorista, dogmático, que establece verdades absolutas por medio de un sistema mental-conceptual, según exigencias lógico-racionales; sino de saber vivencial, instintivo – reactivo – emocional – afectivo – comprensivo – conviviente – agonístico; de acrecentamiento vital que conduce a la eterna juventud, o sea, a la comunión en la Vida:

Diré, pues, a la juventud, que en todas las manifestaciones humanas, filosofía, arte, ciencias, pasiones, triunfa la energía. Es la vida manifestada la que domina. Estando persuadido de esto, el objeto de mis estudios no puede ser otro que la vitalidad. ¿Cómo obra? ¿Cómo se adquiere? Sus manifestaciones; métodos para adquirirla. (dm)

Nunca seré pajoso coleccionista de ideas, conocimientos y razonamientos. (t ii)

Centralidad del yo

A partir del principio de que en el yo está todo el universo, es decir, todo lo real, González optó por la búsqueda de la Sustancia única o Realidad viva o energía presente en toda manifestación vital, a partir de la experiencia del yo en el universo y de la conciencia del universo en el yo.

El quehacer humano es contemplación atenta de sí mismo:

… la vida del hombre es una perpetua contemplación de sí mismo. (pv)

El hombre debe buscar y sacar del propio yo y del propio vivir su sabiduría y su modo de expresarla:

He aquí lo esencial: vivir nuestra vida y sacar de ella el tesoro de nuestro saber. […] Estad atentos para recoger la imagen que la vida deje al pasar por vuestro ser. […] En el yo debéis buscar la sabiduría, y el modo de expresar la sabiduría… (pv)

La única posible grandeza humana, dentro de la armonía universal, está en el conocimiento de sí, el cultivo de sí, y la plena manifestación de sí, a partir de la técnica jesuítica del autoexamen:

Sirve […] el considerar el yo como un prisionero en casa cerrada y que, mediante labor, fuera abriendo miradores y salidas al mundo. (vp)

Nuestra única posible grandeza y belleza, ya que no tenemos la exuberancia vital, está en el cultivo constante de nuestras facultades características. (vp)

… nosotros somos los hijos del confesionario; ésa fue nuestra universidad. (vp)

El estudio de los fenómenos de la vida (el estudio del fenómeno de Bolívar, por ejemplo) es búsqueda de sí, en enfrentamiento consigo mismo, desde la propia interioridad:

Tengo un lugar umbrío; boscaje muy agradable, para refugiarme: es mi interioridad. (msb)

Sabe que no me importa Bolívar; me importo yo; él es un índice que se dirige a mí. (msb ii)

Al biografiar a Bolívar yo trato de mí mismo. (msb ii)

A Simón Bolívar lo tuve que buscar dentro de mí. (ce)

El crecimiento de fuera para adentro es autoengaño y vicio, opuesto al autoconocimiento y al cultivo metódico de la propia individualidad, que posibilita la automanifestación y genera la realización de la personalidad:

Lo primero es conocerse, y lo segundo, cultivarse. Nuestra individualidad es nuestro huerto, y la personalidad es nuestro fruto. (n)

Quien busca fuera de sí mismo, se engaña. (n)

El que busca la bondad fuera de sí mismo es vicioso y no encuentra sino vicio. (n)

El proceso de crecimiento y ascensión humanos, como proceso de libertad en acto, tiene que ser proceso vivo, de dentro hacia afuera:

Si uno pretende «elevarse», «profundizar» artificialmente, la obra pierde todo valor. Respeta tu vivencia tal como es y no abuses de ella. […] Vive tu vida, cauto y atento, sin vergüenza de otros y sin pretensiones. (lvp)

En esta vida real todo crecimiento es de dentro para fuera. A nadie se puede ascender o descender por las malas, violando la ley. […] Es proceso vivo. (lvp)

Sólo dentro de sí es posible lograr la comunión con la Realidad o Sustancia que subyace a la múltiple representación fenoménica:

Oye, Ochoa: no busques eso, ello, lo, la ni en el océano apacible, inmenso, soberbio, iracundo; ni en la atmósfera misteriosa y elástica y vehículo de las influencias siderales y de las corrientes de energía vital; ni en el libro, molde de las ebulliciones de la intranquilidad humana; ni en las estrellas, ni en los infiernos… Búscalo en tu interior. Apacigua la intranquilidad de tu corazón y el bullicio de tu sangre, y apenas haya silencio lo verás. (msb)

Y, finalmente, la única lección de esta Tragicomedia es: No lo busques ni en este librito ni en ningún otro. Lo hallarás en ti mismo. Él es lo más cercano de ti, lector; es más cercano que tu yo; pero es lo más lejano de ti, a causa de tu yo. Búscalo muriendo: ¡Leve cadáver en insomne vida! Fin del itinerario. (t ii)

Autoexpresión como patentización original de sí

El rechazo del primer principio filosófico y de la lógica racional-conceptual, propios del intelectualismo aristotélico-tomista, implicó el rechazo del método inductivo-deductivo y determinó la necesidad de hallar un método nuevo que en lugar de posibilitar la construcción de sistemas de enunciados conceptuales, obtenidos discursivamente, como producto de la mente razonante o lógica racional, permitiera, por la convivencia con los fenómenos en devenir, llegar a la comunión con la energía vital de la realidad viva.

Dado que cada existente, como manifestación viva, nueva e irrepetible de la Sustancia Unitotal, es sujeto de experiencias propias y únicas, es preciso que el método, por medio de la convivencia con la vida fenoménica, permita la autoexpresión, o sea la expresión de la originalidad de la propia vida:

Es preciso que cada hombre busque una manera original para mirar la vida. (pv)

Cada uno debe vivir y analizar sus experiencias: así resultará original el tesoro de sus verdades. (pv)

La regla es: sé lo que eres en tu representación. El tímido, séalo, y el descarado, también. (lvp)

Convivencia con los seres

El método que, partiendo del yo, personaliza por el crecimiento de adentro hacia afuera, no es la metodización del solipsismo, sino la metodización de la convivencia con los seres, existentes que manifiestan fenoménicamente la Vida o Sustancia única que se representa.

El conocimiento, el análisis y la expresión de sí se realizan dentro de la vida y en convivencia con sus manifestaciones.

Tienen lugar dentro del marco que imponen al propio yo los prejuicios y el medio geográfico:

Estoy cansado de viajar alrededor de mí mismo, limitado por el cerco de mis prejuicios, limitado por las cimas que enmarcan este valle. (msb)

Porque el hombre encierra en sí todas las personalidades y formas de la vida, es preciso convivir con todas las manifestaciones de la vida:

… no tengo la menor duda de que soy «anormal», tan anormal que me he dedicado a viajar y convivir con todas las personalidades, porque entendí que las tenía todas: del asesino, del cleptómano, del estuprador, del sacristán, del santón, del hipócrita, del ladrón, del perseguido-perseguidor, del coleóptero, del chacal, del Gandhi y del Buda. (lvp)

La observación sistemática de los fenómenos y la convivencia con las criaturas permite ir entendiendo y superando, progresivamente, las formas inferiores de representación, hasta llegar a vivir la comunión con el Ser único o Sustancia única, cuya presencia íntima es lo que se manifiesta o representa vitalmente en la multiplicidad de las formas fenoménicas:

¡Qué bueno vivir y trabajar muchos, muchos años! La vida es un don inapreciable: ver, oír, tocar, oler, sentir, padecer; reaccionar y conocer a Dios y, en consecuencia, amarlo. ¡Esto es todo! (rpo)

Integración al ritmo de la armonía de la vida

Puesto que la lógica vital es la manifestación del ritmo de la vida, el método es la manera de vivir lógicamente la propia vida, o sea, la manera de vivir el propio ritmo, al ritmo de la armonía universal.

Cada vida tiene un ritmo propio:

Es necesario conocerse y cultivar sus propios modos y posibilidades […]. Desde el principio dijimos que cada individuo tiene un ritmo para todo, hasta para pecar. (vp)

Hallar el propio ritmo, o sea, descubrir la lógica vital que rige los propios actos, es el problema y el programa:

El ritmo, hijos míos […], es nuestro programa […], y así pagaremos todo el dinero que han robado y seremos cultos y no gritaremos: ¡Silencio, hijos de puta!, ¡nos hacemos matar! (hd)

Hoy tengo remordimiento. Hay gran combate. La manera de vivir que deseo desde que filosofo me está criticando los actos ejecutados ayer y hoy. Conozco un ritmo para mi vida y no lo he podido coger. (er)

Por el padecimiento y la meditación se llega a descubrir la lógica o ritmo vital de nuestra existencia y de nuestra acción:

Ritmo viene de un verbo griego que significa fluir. ¿Cuál es tu ritmo? Ahí tienes un problema vital. Según tu ritmo, así será tu vida en todos sus aspectos de duración y modos. (ant xv)

… porque aún es posible coger el ritmo, pues no he muerto. Aún padezco, pero medito. (er)

Disciplina y contención

El hombre, manifestación de la Sustancia única en coordenadas espacio-temporales-pasional-mentales, existe como viviente, acumulador de vitalidad, en un universo ordenado, metódico y alegre:

Toda la vida cósmica es ordenada, metódica y alegre. (vp)

En el universo, armónico y ordenado, el hombre vive apresurado, urgido por el deseo del goce; para liberarse del deseo se precisa de la contención metódica, que no es ni huida ni rechazo de la vida, sino goce posesivo y controlado de la energía vital:

¡Échame a Baco, que ya no quiero a los santos descarnados y tristes! ¡Échame la copa llena de todos los instintos terrenales! Oye mi doctrina, nacida en las quebradas de Sonsón: somos contenidos para ser potentes; castos, para poder amar; sobrios, para poder comer y beber; reposados, para poder caminar; tranquilos, para poder matar con un amago de acto. (ce)

La contención permite conservar la alegría, resistiendo la urgencia del goce:

El único método para vivir que conserva la alegría, es vivir resistiendo al deseo que nos urge por el goce; vivir despacio, inervados. Pascal dijo que el método liberta el espíritu. […] ¡La esclavitud del alma por los deseos es de temer como la muerte! ¡Peor que la muerte eres tú, apresuramiento! (vp)

Quien viva como si algo le fuera indispensable, es indigno. (msb)

Lograr que la acción no sea dilapidación, sino manifestación de la divinidad, que es la esencia del hombre:

El hombre contenido no se dilapida, y su fuerza, sus órdenes, sus estímulos y sus oraciones surgen de su esencia. […] Contenerse: esta gran fórmula para ascender en conciencia, consiste en no dejarse poseer. (msb)

El hombre concentrado es muy hermoso, está más allá de la belleza animal; hace parte de la divinidad. […] Decimos: Parece que el hombre sea un animal, pero divino. (er)

Ningún mayor bien que la sinceridad y la posesión de sí mismo, sometiendo a mesura y a razón los impulsos: porque eso somos, impulso hacia Dios, impulso que se desvía, cuando sale de la razón. (n)

El heroísmo y la virtud consisten en la capacidad de enfrentar las dificultades y encauzar la energía por caminos nuevos para el desarrollo de las latencias ancestrales:

Heroísmo y virtud consisten en atacar la dificultad, y, vencida, atacar otra y que durante la muerte se esté aún atacando. La vida del hombre es disciplina. […] Pelear, el que teme; abstenerse, el que necesita. No tiene dificultad sino el que se contradice. (er)

¿Qué hacer con esta necesidad, pues yo no me amo? ¿Será posible hacer brotar herencias latentes, yemas que no se han desarrollado? Quizá, controlando mi habituación, para obligar a la energía a coger por otros cauces… Si no lo hiciere, moriré, pues me siento con una gran melancolía y completa esterilidad. (lvp)

Padecimiento, renunciación y meditación

El hombre, por ser existente pasional-mental, sólo conoce lo que vive, y sólo vive lo que padece y medita; por ello, sólo asciende por el padecimiento y la meditación:

No hay ascensión sino mediante lucha; en ella se perfecciona el hombre. (msb)

… padezco, luego asciendo. (ant xv)

El padecimiento, como renunciación o Cruz, es camino inevitable para ascender hasta llegar a la Verdad, en lo cual consiste la realización de la vida:

… el camino de la verdad es la renuncia. Les repito a los jóvenes guerreros, que una renuncia, por pequeña que sea, nos eleva muy alto, por allá, a la aurora. El camino es el renunciamiento, o sea, la Cruz. (er)

… pero que a mundo superior nadie podía entrar sino llevando su cruz a cuestas, imponderable ya. (lvp)

El hombre es individuo agonizante que a la comodidad prefiere el ascenso, e individual y socialmente asciende por el dolor:

El hombre no es marranito engordado de Nochebuena. Prefiere hambre canina y dolores de parto a tener seguridad de engordar, de dormir cobijado y de morir atendido. El hombre duerme solo y muere solo. Nunca se logrará que muera en sociedad. La gran blasfemia es renegar del dolor. Este es el pan específico del hombre, y es la felicidad. Ahí está el problema: el que el dolor es preciso y precioso, y que todos los planes sociales han querido acabar con él. (ant xiv)

Resumiendo: cada uno tiene el negocio suyo, el enredo que vino a desenredar, que es lo que desarrolla y representa realmente en este mundo; lo que digiere en sus varias representaciones que cree que son sus asuntos. Y casi todos creen que es con los demás, y que son varias actividades, pero se trata íntimamente de un negocio personal, con uno mismo, digiriendo su persona para encontrar su originalidad. Y, como apenas apura la agonía, el pleito se va haciendo dolorosamente consciente, salta entonces la originalidad, y por eso es por lo que sostengo que la mejor profesión es la mía, atisbador de eso. El agonizante cada vez huele más a sí mismo, camina, orina y hace todo como sólo él puede hacerlo, en fin, va siendo él mismo. (lvp)

Pero el padecimiento, efecto y manifestación de la pasionalidad, no genera por sí mismo la liberación; para ir siendo cada vez más hasta llegar a ser, simple y desnudamente, dios en Dios, es preciso meditar el padecimiento; existir padeciendo-entendiendo:

¡Qué angustia me causan las jóvenes bellas! Porque no son mías. Soy muy carnal, muy carnal y padezco. Padezco, pero medito. (er)

Decididamente, es una escuela y el lema es el viejo que siempre he tenido: «Padezco, pero medito». (lvp)

El padecimiento y la meditación son el camino para entender intuitivamente, conocer vivamente y asumir inteligentemente lo que se vive fisiológica y emocionalmente:

He vivido, dicho, repetido, predicado que el hombre no conoce sino porque padece y medita, porque hace el viaje pasional y luego el mental, es decir, porque se enfrenta al medio y lo domina o humaniza: quiere decir, porque trabaja inteligentemente. (jfr)

No podemos no padecer o tener pasiones, pero debemos padecer y entender. «Toma tu cruz y sígueme». (lvp)

Nadie puede nacer de nuevo y efectuar los viajes […] sin haber padecido y entendido intuitivamente (ver en sí mismo) esas realidades provisionales. (lvp)

Desnudamiento total

Por el padecimiento y la meditación se va llegando a la desnudez, condición indispensable para lograr la egoencia, autoexpresión, personalidad, comunión con la Realidad, Amencia.

El seguimiento incansable de sí, instante a instante, y la convivencia cada vez más amplia y profunda con el universo, en la instintividad, la renunciación, la meditación y el conocimiento, va generando la desnudez, o sea, la liberación de los mundos de la representación temporal, espacial, pasional y mental, y de la atracción de los entes que los constituyen, como productos de la limitación existencial.

El desnudamiento total, o sea, la liberación de los límites (embolias, vicio solitario, atracción ejercida por los entes con apariencia de ser, generados por los procesos pasionales y racionales: pasiones, pensamientos, conceptos, juicios, ideologías; coordenadas existenciales o categorías de existencia, etc.), constituye el objetivo del viaje metafísico, desde la existencia hasta el Ser.

A medida que el hombre va consumiendo sus instintos, se va libertando de sus prejuicios, va superando las coordenadas pasionales y mentales de la existencia espacio-temporal; va expandiendo la capacidad de convivencia con el universo; va realizando más plenamente la vivencia de la Presencia o Intimidad que fundamenta o sustenta toda representación existencial, hasta llegar a la total desnudez, es decir, a Ser en la Amencia, lo cual constituye la realización de los viejos aforismos de El Hermafrodita dormido: «No pienso, luego soy», y de Mi Compadre: «Fornicar con la verdad desnuda».

El desnudamiento es la liberación de todo aquello que limita e impide realizar el paso de la existencia al Ser.

El método es medio para el desnudamiento de las pasiones:

¡Cuán divino es el destino último de lo creado, mi destino! ¡Qué resistencia me pone mi personalidad! Yo no deseo nada violento. Somos pasiones hasta que rompamos las cadenas de la causalidad física. No me enojo; no me exaspero; no me afano. (msb)

De las limitaciones y las embolias:

… todo aquello que nos estimula, aquello que nos liberta de nuestras limitaciones y embolias es libertador. (dm)

De costumbres, herencias e imitaciones:

Nos libertaremos por medio de los métodos. […] La virtud del método está en él mismo, en obligarse uno a vivir de un modo que no sea el heredado, aquel a que acostumbraron nuestras células los antepasados. ¿Qué me importan los antepasados? Yo debo autoexpresarme. […] Mi objeto es destruir en mí la costumbre, y, cuando lo haya logrado, mi alma se aparecerá y tendremos un niño nuevo, una danza nueva, y no estas eternas cosas viciosas, heredadas, imitadas. (dm)

De la mala conciencia:

Deseo librarme de la mala conciencia y para conseguirlo no retrocederé ante ningún método. […] El verdadero pudor consiste en la perfecta inocencia proveniente de la sabiduría. (msb)

Del fardo de las limitaciones mentales y del conocimiento conceptual:

El hombre vive dentro de una cárcel férrea que consiste en sus representaciones mentales. ¡Qué poder el de la formación mental! Ella hace el cuerpo; determina los actos. Hace curva o chata la nariz, recta o bizca la mirada… Yo estoy cansado de ser una víctima de mis formaciones mentales bajas. (msb)

Cuando ya no se es algo o alguien, dentro de las coordenadas, sino ninguna cosa, plena unidad con la Vida, Sustancia o Realidad, más allá de la mente, en la categoría de eternidad, el múltiple proceso desnudador o libertador del método ha llevado al viajero a la realización de sí mismo, en la total desnudez que es ninguna cosa, amencia, idiotez-sabiduría-beatitud:

Vivir es ir desnudándose, digiriendo la nada de uno. Un viaje, un desnudar indefinido. Buscar la nada, hacerse nada, confesarse y arrojar a los hombres el cadáver de su nada y vas sintiendo el terror, y temblor y beatitud de la infinita intimidad, que ya no es nada, sino ninguna cosa, pura desnudez. (lvp)

¿Que la sabiduría-beatitud no se parece mucho a la idiotez, y que la «ciencia» o sabiduría mental no se parece al choque angustioso de dos ejércitos enemigos? (t ii)

Sinceridad absoluta o fidelidad a la verdad

La belleza del hombre, existente en proceso, energía que se deshace y se va de las categorías de la existencia, consiste en la aceptación, desfachatada y orgullosa, de la propia existencia que navega hacia la muerte:

Acepta tu ser y al universo con orgullo y llévate a ti mismo desfachatadamente, así como las muchachas llevan las tetas. […] ¡Qué bello serás cuando creas que eres bello! El súmmum de la sabiduría es aceptarse a sí mismo, pues somos cagajón aguas abajo. (ant x)

La vida de González fue de una fidelidad inquebrantable a la verdad. No mentir fue la norma fundamental de su búsqueda:

El día en que vaya a morir, diré: «¿Qué? Yo dije lo que me dictaste; yo no mentí; yo me auto-expresé; cuando sentí en verdad que alguien era perverso, dije: “Hijo de puta”, y cuando vi santidad balbucí poemas infantiles». (msb ii)

No decir una mentira aunque nuestra vida se acorte. (ant xi)

… es tarea imposible la de que no digamos toda la verdad. (db)

Para decir toda la verdad, ya que es nuestra cónyuge […]. (db)

Decir lo que sentía y pensaba fue la inmunda práctica de Manjarrés. Eso lleva al nudismo y al vivir a la enemiga. (me)

Sí, Excelencia… Era, soy y voy siendo todo eso que brego por comunicar en las pláticas montañeras que su Excelencia dice… Es verdad todo eso de las tentaciones y pecados y conferencias-confesiones… ¿Cómo negar lo que voy siendo? Sería mentir y resistir a mi cruz o camino. […] Jesucristo nos dejó un mandamiento, no mentir, pues dice: «Toma tu cruz y sígueme». (t i)

La sinceridad y la verdad acaban por ser más que hecho moral o axiológico, una realidad ontológica: ir siendo la nada en la Presencia haciéndose las Bienaventuranzas:

Existiendo en la diafanidad del Padre, o sea, no mintiendo, siendo la nada que somos, vamos en viaje infinito participando de la Presencia, siendo menos ausencia, cada vez menos, y menos; siendo las Bienaventuranzas. (t ii)

Quietud receptiva

A medida que por la disciplina, la contención, la lucha y la renunciación el hombre trasciende mundos de representación y llega a universos no representativos, es preciso que tome una actitud de quietud, apertura y receptividad plenas.

Es preciso superar el pensamiento y los deseos egoístas, en cuanto son creación del individuo:

No pienso, luego existo. Pues sólo así soy dueño de mí, individuo. Las ideas obsesivas tienden a realizarse en movimiento acelerado. Mientras más te des al mundo, menos te abandonará el pensamiento; aun en el sueño te atormentará; y algún día sentirás el hastío de ti mismo; desesperado, querrás cambiar de vestidos, de lugar, de personas, pero tu pensamiento, tu creación no te abandonará. Esta es la regla: no pienso, luego existo. (n)

Semejante a Dios es el que siente que todo es suyo. Es cualidad muy fina, propia de quienes pasan de la etapa de la emisión de juicios. (hd)

¡Deja las puertas abiertas! ¡Nada busques! Recibe todo lo que llegare, el bien, y también el mal, transformándolo. Nada mejor que la ausencia del deseo incontrolado, o sea, egoísta. (n)

Vivencia del instante

El método que González descubre y aplica exige vivir atentamente sobre sí mismo, minuto a minuto, atisbando a las criaturas y conviviendo con ellas, padeciendo y agotando las pasiones, llevando su cruz, renunciando a los deseos, meditando lo vivido y padecido, escuchando las voces, creciendo en conciencia, pues en el instante está la realidad:

Soy el instante presente. Mi pensamiento presente, ese de que estoy impregnado y que es una resultante de lo vivido, eso soy, y por eso soy lo que soy, feliz, pobre, desgraciado o rico. (msb)

Pero el instante es actualidad-resumen de todo un ir sucediendo, que aún sucede; no la absolutización del instante como realidad única o totalidad absoluta:

Los infiernos son el politeísmo de la conciencia, el presentismo. Presentismo es aquel estado primitivo en que el instante, con su contenido, se endiosa, se vive como único, sin nexos con el sucederse. Es la atomización de la conciencia. Lo llamo politeísmo, en el sentido de que hay tantas presencias como instantes, y exclusivas. (lvp)

Seguimiento de Cristo

Al llegar al Nuevo Nacimiento o Reconciliación de contrarios: vivencia de la liberación del devenir determinista, y de la ley de causalidad que lo rige, el método agonístico para la liberación de la necesidad causal se convierte en método de la vivencia de la libertad o de la Gracia, y de camino de lucha y ascetismo se convierte en contemplación de Dios, culminación del Viaje infinito: unificación con la totalidad del universo, vivencia de la total solidaridad con los hombres, experiencia de comunión con Dios, Beatitud o Bienaventuranzas:

Es decir, «tomando tu cruz y siguiendo a Jesucristo», serás hermano suyo. Y como Él es uno con el Padre, todos seremos uno con el Padre y el Padre con nosotros. Esto es la totalidad del Viaje infinito. (lvp)

En la total desnudez, y sólo en ella, desde la conciencia de Gracia, que es aceptación de la propia nada, redimida por Cristo; saberse nada en representación, libertado por Jesucristo de la ley de la necesidad, puede viajar por el reino de Cristo:

Sólo será digno de viajar por el Reino de Cristo el que se sepa, se viva y se confiese como una nada, una nada redimida por Jesucristo y que el mérito de ello es de Jesucristo. (lvp)

Cristo liberta de las falsas presencias, o sea, de la presencia de las ausencias, de las ausencias que aparecen y se viven como presencias, y lleva a la Presencia, Intimidad, Realidad o Dios Padre:

¿No ven que todo vivir la cruz siguiendo a Jesucristo no es sino un ser arrojados los oscuros demonios por la Presencia que nos guía? (t ii)

* * *

Formulaciones del método

El método nunca está terminado: a medida que González, por superación de viejas ausencias, vivencia de nuevos mundos y realización de nuevas presencias, va avanzando desde el mundo del idealismo de la ensoñación, a través del mundo fenoménico determinista de la causalidad, hasta llegar al mundo esencial o sustancial o presencial o íntimo de la libertad y la Gracia, van apareciendo nuevos elementos metodológicos.

El método dinámico-vivencial que González va descubriendo y construyendo, a partir de su experiencia, es un proceso de convivencia integral con las manifestaciones de la vida, en la conciencia: vivir y agotar la instintividad subconsciente, reaccionando fisiológica, pasional, emocionalmente, sin trabas, con total desenfado y desfachatez; realizar con entera sinceridad los procesos reflexivos analíticos del yo mental; por la disciplina, la contención, la renunciación y el sacrificio, ascender a mundos de conciencia y de realidad, cada vez más altos; por la comprensión generada por la meditación, y la desnudez generada por el sacrificio, lograr la plenitud de la personalización, o sea la liberación de los determinismos causales de los mundos de la apariencia pasional y mental, la superación de las dicotomías pasionales y mentales y la comunión viva con la Presencia o Intimidad, más allá de las categorías de tiempo y espacio.

Se trata de un método para viajar por los mundos fenoménicos o de las coordenadas de representación, en convivencia con los seres en la propia conciencia, hacia mundos superiores en los que, agotadas la representación fenoménica y sus categorías de espacio y tiempo, pasionalidad y mentalidad, en la categoría de Eternidad, en el silencio de la Amencia, por el suicidio de arriba, se pasa de representación o existencia a ser, en comunión con la Sustancia o el Ser o el Néant o Dios.

El método, que tan laboriosamente fue elaborando González, a partir de la lógica vital, el conocimiento como sabiduría viva, y la metafísica como vivencia, es un método inútil para formular conceptos y elaborar teorías científico-conceptuales, cuya praxis es el ejercicio de la dominación sobre seres y entes; se trata de método vivencial para lograr la convivencia y unificación con los seres, presentir o leer el futuro latente en los hechos del presente; acceder, en la desnudez, a la comunión con la Vida o Dios, en la Amencia.

Se trata de método para convivir amorosamente con los seres, hasta la unificación, y para desnudar la realidad viva en los entes; no de método para imponer las categorías de la mente a los seres, por medio de conceptos y técnicas experimentales:

Nada de eso que llaman «método experimental», que no es más que imponerles nuestra mente. No, la convivencia va sucediendo, pero amistosamente, por entrega del ente: unificarse con el ente. (t ii)

Cuatro formulaciones diferentes hizo González de su método de toda la vida, consistente en viajar en sí, desde sí, sobre sí mismo, conviviendo con las manifestaciones de la vida, hasta concienzarse, o llegar por el desnudamiento, desde la representación hasta la Realidad, desde los fenómenos hasta la Esencia, desde las formas hasta la Sustancia única, desde el yo hasta la Intimidad, desde la multiplicidad de las presencias hasta la unidad de la Presencia, desde la Nada negativa (rien, ente vacío con apariencia de ser) hasta la Nada positiva (Néant, nada de ente, Ser total o Dios).

Primera formulación del método: viajar a pie

El Viaje a pie desde el Medellín de los mercaderes hasta las cumbres del Ruiz, donde el viajero, estimulado por la pura nada de la luz, enuncia su metafísica del amor, y la inmensidad del Pacífico, donde el viajero del mundo pasional, estimulado por las urgencias de la sensibilidad y regido por las leyes de la necesidad causal orgánica, se enfrenta con Dios, es un viaje propedéutico en el que Fernando González hace la primera formulación de su método: viajar a pie desde la conciencia fisiológica, dimensión orgánica elemental, hasta la conciencia cósmica, relación con Dios.

Viajar a pie es método dialéctico-vital de convivencia con la realidad en cuanto representación de los seres en el Yo, o sea viaje por la realidad representándose en la propia conciencia, y viaje por la propia conciencia conviviendo con los fenómenos.

Elementos fundamentales del método de viajar a pie

Punto de partida

Los estados orgánicos, pues los fenómenos morales consisten en conciencia de estado orgánico:

… la libertad es sentimiento u objetivación; otro es la salud; otro la belleza; la esclavitud y la fealdad lo son también. En otras palabras: todo fenómeno moral es conciencia del estado orgánico. Corolario. Las creencias son objetivación de sentimientos. (ce)

Dinamismo

Actuación metódica de la vitalidad de la que el hombre es manifestación:

El hombre es vitalidad, acumulador de vitalidad, y es preciso ser metódicos. La vitalidad conserva el organismo después de formarlo y lo defiende; cuando esa fuerza nos abandona, enfermamos y morimos. (vp)

Praxis

Descubrimiento amoroso de los contenidos de la conciencia:

La libertad no se aprende, ni se da, sino que se conquista junto con la salud. […] ¿Crees que se pueda ordenar así: «¡Cree!», «¡Ama!»? No; creer y amar son cosas involuntarias. Creemos lo que está en nosotros y amamos lo que deseamos. (ce)

Gasto metódico de la energía acumulada:

Eso nuestro, la energía, lo dilapidamos en el deseo desordenado. ¿Qué debemos hacer? Acumular fuerza y gastarla con método; porque el avaro de su fuerza es un miserable. Hay que darle a la fuerza su destino, que es gastarse. (vp)

Técnica

La contención y el sacrificio. Vivir la vida como camino, en la limitación y el sacrificio:

La fuerza nerviosa es una cantidad determinada en cada uno y hay que gastarla con método. Educar la voluntad no es otra cosa que crear llaves de contención para los nervios […]. (vp)

¡Quieto aquí, corazón! Esta boca nos devora y nos devoran estos corazones ansiosos. El método y la contención son los que pueden hacer del hombre un bípedo interesante. (vp)

La contención permite al hombre vivir inervado y alegre, resistiendo el deseo del goce y usando de las cosas sin dejarse poseer por ellas:

El único método para vivir que conserva la alegría, es vivir resistiendo al deseo que nos urge por el goce; vivir despacio, inervados. (vp)

En este correr apresurado de los segundos, nosotros, el hombre fiera, tenemos como primer mandamiento la contención. […] Nadie goza sino nuestro joven metódico que usa de las cosas y no se deja poseer por ellas. (vp)

El dominio de sí permite sacar el mejor partido del propio modo de existir:

Hay que aprender a dominarse, a ser uno mismo, a sacar el mejor partido de su propio modo. […] No aspiremos a ser otros; seamos lo que somos, enérgicamente. Somos tan importantes como cualquiera en la armonía del universo. Todos los seres pueden ser igualmente hermosos. (vp)

Pedagogía

La escuela disciplinaria, en la convivencia con la naturaleza y los maestros instigadores (manifestaciones de la belleza humana), genera hombres libres en la inocencia y la felicidad orgánica:

Mi programa es escuelas disciplinarias al aire libre; hombres bellos (maestros) que den su belleza a los niños. […] Pueblo libre será aquel en donde los niños sean criados en la inocencia y la felicidad orgánica. Hacer hombres es crear animales sanos. (ce)

Los regímenes propician la sinergia, expresión de la libertad, como alegría y ausencia de temor:

El sentimiento de libertad aparece mediante estímulos, cuando los órganos especializados funcionan en sinergia. Sentirse libre, sonreír y no temer. Esto se consigue mediante regímenes. (ce)

Mi deber consiste en explicar bien que predico la disciplina […]. (ce)

Finalidad

Conquista de la libertad, llegada al espíritu, o sea, realización del hombre libre o el anarquista o el Hijo de Dios:

[El Manual del viajero a pie es] manual del hombre libre. (ce)

… largo camino que hay desde la materia amorfa hasta el universitario anarquista o hijo de Dios […]. (ni)

Segunda formulación del método: el método emocional

En Mi Simón Bolívar aparece el método emocional como viaje hacia la universalización de la conciencia y la conquista de la libertad, por el conocimiento comprensivo, a través de la unificación emocional.

Nociones

La emoción es la conciencia del estado orgánico. (msb)

El método se denomina emocional, pues consiste en la comprensión de la realidad por la unificación emocional, cuya culminación es el sentimiento místico, o concentración de la conciencia en Dios, hasta llegar al éxtasis:

Emocional llamamos nuestro método. Comprender las cosas es conmoverse; hasta que uno logre la emoción intensa, no ha comprendido un objeto; mientras más unificados con él, más lo habremos comprendido. […] El supremo sentimiento místico es la concentración de la conciencia en Dios: una unificación tan completa, que llega a producir el éxtasis. (msb)

Fundamentos

El método emocional se fundamenta en la centralidad del hombre en el universo:

… Lucas y yo sostenemos como un primer principio que el hombre es centro del universo, el cual es alimento para su conciencia. (msb)

No me importa sino el método emocional: que el hombre se engrandezca. Todo se hizo para el hombre. Así debemos predicar. Es el panhumanismo. (msb ii)

La universalidad de la conciencia y la emocionalidad:

Nada habla, sino el hombre. Los árboles están sembrados y los mueve el viento, pero callan. Los animales no hablan, ni los minerales. Pero todo es consciente y se emociona. (msb)

La condición ascencional y universalizadora de la conciencia:

Somos diosecillos andrajosos que trepamos la escala de la conciencia. Sentémonos a la puerta de todo lo bello hasta hacerlo nuestro, por el método emocional. (msb)

La condición ambivalente de la acción, que esclaviza o liberta:

Hay acción absorbente y deprimente; la primera es emoción y la segunda, pasión. Contemplamos —por ejemplo— una mujer hermosa: si nos desordenamos, toda nuestra energía se la absorbe ella y quedamos temblones, ansiosos y enfermos. Abramos nuestra alma a los fluidos de la salud y la belleza de esa mujer y así nos tonificaremos armoniosamente. Estar pletórico o eufórico, significa lleno, dueño y tranquilo. La belleza es un reino y sus esclavos son los incontinentes que ignoran el método que conduce a la sabiduría. (msb)

La posibilidad de la comunicación emocional, sin necesidad de palabras:

… los grandes conscientes que ha tenido la humanidad han percibido, como una etapa próxima del hombre, la comunicación emotiva, sin necesidad del lenguaje articulado. (msb)

Ámbito

El ámbito del método emocional es el universo:

… no perdamos de vista que el universo es el objeto y que no debemos ser poseídos. (msb)

Praxis

Viajes por los fenómenos en la conciencia, o sea, consideración deleitada de emociones e ideas, hasta sentir viva la realidad:

¿Cómo absorbemos la energía? Una nota de Lucas, nos responde: «Considerando las emociones e ideas y paladeándolas. Ahora estoy tibio; siento circular por mi organismo todo el paisaje, todo el sol, todo el sonido y todo el silencio. Yo en la Tierra y la Tierra en el cosmos. Nada hala de mí […]». (msb)

Usaremos nuestro método, el emotivo: revivir la historia por el procedimiento de la autosugestión, según la técnica que expusimos en el tratado del conocimiento, que lleva por título Mi Simón Bolívar. (s)

Convivencia amorosa, o sea, sentir con los seres hasta asimilarlos y unificarse con ellos:

… la conciencia es todo en el hombre y el secreto de la sabiduría consiste en vivir con todas las cosas. Para entender al niño hay que tener la emoción infantil. Para entender a los astros hay que vivir con ellos… […] Todos recordamos nuestros instantes de amor. La compenetración con el ser querido la percibe uno sin saber cómo llegó a esa percepción evidente; es entonces como si ambos amantes pensaran y desearan del mismo modo, y ambos saben (¿cómo?) que se aman y lo que desean. Es una ley superior a la de las ondas eléctricas. (msb)

Método emocional. Vivir con el cosmos. Por ejemplo, el agua: que el niño hunda las manos en ella, y medite las sensaciones; que se sumerja en el remanso y en la corriente y medite; que la perciba correr a causa de su apego a la Tierra, deslizarse en busca del recóndito centro terrestre. ¡Eso es amor! Que siga su curso durante horas, oyendo sus rumores o rugidos; que se penetre de su labor aplanadora, fecundante. […] Saber no es otra cosa que convivir, que asimilar, que unificarse con los seres. (msb)

Si no trato con amor, con simpatía, no aprenderé, pues lo enemigo se repele. Eso es lo que llaman método emocional, y digo: 1.º El hombre se conciencia; 2. Por el método emocional, conviviendo. (msb ii)

Realismo y objetividad, pues se trata de crecer en la unificación con la energía universal, y no con entes mentales:

Hasta hoy estuve equivocado en la aplicación de mi método. Creaba yo el personaje, y resulta que éste debe ser real, independiente de nosotros, para asimilarnos su belleza. Primero fue Bolaños, luego Jacinto y después Elías; eran personajes creados por mí y, por lo tanto, sólo tenían lo mío. Pero claro está que en el método emocional los objetos que han de servirnos para nuestro acrecentamiento deben ser completamente objetivos. La belleza o energía está regada en el universo y podemos asimilárnosla. (msb)

Finalidad

La expansión de la energía:

La energía se expande, mediante el método emocional. (msb)

La alegría de vivir, por el poder de la conciencia:

El que se entrega al método emocional sabe que la alegría está en el poder de la conciencia. (msb)

El embellecimiento personal:

Sólo por la emoción podremos embellecernos a nosotros mismos. (msb)

La percepción de la voluntad y de las ansias de los seres, por la penetración de la conciencia en todo lo existente:

El sabio, mediante el método emocional, ha percibido la voluntad de todos los seres y las ansias de todo lo que existe. Mediante ese método ha hecho que su conciencia, por decirlo así, avanzara sus raíces, como inmenso árbol, a través de todo lo que existe, para nutrirse de ello. (msb)

La vivencia de la verdad, gracias a la reviviscencia del pasado, emocionalmente inervado y organizado en quien vive la verdad:

El método será el emocional: revivir la historia hasta sentir que se organiza e inerva, tibia como lo está mi mano. Nadie podrá decir que así no es, cuando yo sienta que está viva. (mc)

La predicción del futuro, pues en cuanto el acontecer histórico es manifestación de energía, mediante el método emocional es posible comprender el pasado y, a partir de su comprensión, prever el futuro manifestado como índice en los hechos pretéritos:

¿Qué es historia? La ciencia que de una sucesión de hechos sociales induce la energía que en ellos se manifiesta, y el futuro. Considera los hechos como índices de una voluntad. Es útil, por futurista; emocional, por adivina; estética, porque vivifica. Trabaja en las formas pasadas para prever las futuras. (s)

¿Qué señalan esos índices, materiales para la historia? Señalan el por qué sucedieron. Y como la energía que en tales fenómenos emergió no se extingue, también nos señalan el futuro fenoménico. (s)

La unificación con el universo, viviente en la propia conciencia, o sea, la percepción de sí mismo como Dios:

Nosotros llamamos sabio al que ha sentido vivir el universo y ha vivido con él. De ahí la gran idea trascendental de Lucas, que verá el lector más adelante, acerca de la conciencia. Por ella divide así a los hombres: fisiológicos, hombres maridos, hombres cívicos, patriotas, continentales y hombres de conciencia cósmica. Este último es el sabio; se ha unificado con el universo y percibe esa unificación; se percibe a sí mismo como Dios. ¿No somos hijos de Dios y, por consiguiente, dioses? (msb)

Continuará…

Notas:

(1) Revista Acuarimántima, n.º 28, julio-agosto, 1980, p. 6.
(2) Henao Hidrón, Javier. Fernando González, filósofo de la autenticidad. Marín Vieco, tercera edición, 1994, p. 51.
(3) Vélez Correa, Jaime S. J.; Jaramillo Uribe, Jaime. «Proceso de la filosofía en Colombia». En: Revista Universidad de Antioquia, n.º 143, noviembre de 1960, p. 930. Ver Fernando González visto por sí mismo.
(4) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo ii, p. 120.
(5) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos. Orbis, Buenos Aires, 1981, nota 98, p. 112.
(6) Ibíd. Prólogo. Cita A. J. Cappelletti, p. 19.
(7) Ibíd. Sobre la causa, el principio y el uno. Diálogo iii. Cita A. J. Cappelletti, p. 26.
(8) Ibíd. Diálogo iv, p. 27.
(9) Ibíd. Diálogo v, p. 28.
(10) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos. Nota 46, p. 70; nota 94, p. 109.
(11) Bruno, Giordano. La cena de las cenizas. Diálogo iii. Cita A. J. Cappelletti. En: Sobre el infinito…, p. 15.
(12) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos, p. 15.
(13) Bruno, Giordano. Sobre la causa, el principio y el uno. Cita A. J. Cappelletti. En: Sobre el infinito…, p. 18.
(14) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos, p. 79.
(15) Ibíd, p. 109.
(16) Bruno, Giordano. Summa Terminorum Metaphysicorum. En: Opp. Lat, iv, p. 101.
(17) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos. Diálogo i, p. 64.
(18) Ibíd. Diálogo i, p. 74.
(19) Bruno, Giordano. Opera Omnia i. Ver: Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo ii, p. 251.
(20) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos. En: Opera Omnia i. Ver: Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo ii, p. 302.
(21) Ibíd, p. 388.
(22) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo i, p. 127.
(23) Bruno, Giordano. Sobre el infinito universo y los mundos. Diálogo v, p. 181.
(24) Bruno, Giordano. Sobre la causa, el principio y el uno. Diálogo iii. Cita A. J. Cappelletti. En: Sobre el infinito…, p. 25.
(25) Obras. Pfeiffer, p. 318. Ver: Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo i, p. 565.
(26) Maimónides, Moisés. Guía de los perplejos. Primera parte, p. 17.
(27) Spinoza, Benedicto. Ética. Segunda parte, proposición 7, escolio. Aguilar, Buenos Aires, Biblioteca de Iniciación Popular, quinta edición, 1973.
(28) Ibíd. Primera parte, proposición 25, corolario.
(29) Ibíd. Primera parte, proposición 29.
(30) Ibíd. Primera parte, Apéndice.
(31) Ibíd. Segunda parte, proposición 40.
(32) Ibíd. Segunda parte, proposición 44, corolario ii.
(33) Ibíd. Cuarta parte, proposición 37.
(34) Ibíd. Cuarta parte, proposición 50, escolio.
(35) Ibíd. Quinta parte, proposición 36.
(36) Spinoza, Benedicto. Tratado teológico-político. Orbis, Barcelona, 1986, pp. 168-169.
(37) Spinoza, Benedicto. Ética. Cuarta parte, proposición 35.
(38) Ibíd. Cuarta parte, proposición 28.
(39) Ibíd. Quinta parte, proposición 3.
(40) Ibíd. Quinta parte, proposición 47.
(41) Emerson, Ralph Waldo. Ensayos. Americalee, Buenos Aires, 1943, p. 189.
(42) Ibíd, p. 72.
(43) Ibíd, p. 63.
(44) Ibíd, p. 64.
(45) Ibíd, p. 66.
(46) Emerson, Ralph Waldo. Discurso en el Templo Masónico de Boston (1841). En: Lee Masters, Edgar. El pensamiento vivo de Emerson. Losada, Buenos Aires, 1945, p. 179.
(47) Emerson, Ralph Waldo. Hombres representativos. Clásicos Jackson, México, 1963, p. 111.
(48) Ibíd, p. 134.
(49) Emerson, Ralph Waldo. Ensayos, p. 67.
(50) Ibíd, p. 196.
(51) Ibíd, p. 105.
(52) Ibíd, p. 186.
(53) Ibíd, p. 188.
(54) Kant, Emanuel. Crítica de la Razón Pura. Sopena, Argentina, p. 68, 1961.
(55) Ibíd, p. 63.
(56) Ibíd, p. 68.
(57) Ibíd, pp. 70-71.
(58) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 44.
(59) Ibíd, p. 47.
(60) Ibíd, p. 48.
(61) Ibíd, p. 53.
(62) Ibíd, p. 54.
(63) Schopenhauer, Arturo. El mundo como voluntad y representación. Orbis, Barcelona, 1985, Libro i, Sección 2, p. 19.
(64) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 128.
(65) Ibíd. Libro i, Sección 2, p. 19.
(66) Ibíd. Libro i, Sección 2, p. 19.
(67) Ibíd. Libro ii, Sección 1.
(68) Ibíd. Libro i, Sección 8, p. 45.
(69) Ibíd. Libro ii, Sección 15.
(70) Ibíd. Libro i, Sección 10, p. 60.
(71) Ibíd. Libro ii, Sección 21, p. 110.
(72) Ibíd. Libro iii, Sección 55, p. 110.
(73) Ibíd. Libro iv, Sección 71, p. 215.
(74) Hervás Marco, Ramón. Personajes enigmáticos. Bruguera, Barcelona, 1974, p. 58.
(75) Ibíd, p. 55.
(76) Ibíd, p. 66.
(77) Nietzsche, Federico. Humano, demasiado humano. Bedout, Medellín, 1982, aforismo n.º 475, p. 254.
(78) Nietzsche, Federico. Así hablaba Zaratustra. Bedout, Medellín, 1984, p. 235.
(79) Nietzsche, Federico. Ecce Homo. Bedout, 1982, p. 125.
(80) Nietzsche, Federico. Así hablaba Zaratustra. Bedout, Medellín, 1984, p. 51.
(81) Ibíd, pp. 58-59.
(82) Ibíd, p. 121.
(83) Ibíd, p. 182.
(84) Nietzsche, Federico. La genealogía de la moral. Bedout, Medellín, 1963, p. 122.
(85) Ibíd, p. 123.
(86) Ibíd, p. 153.
(87) Ibíd, p. 171.
(88) Ibíd, pp. 64-65.
(89) Ibíd, p. 208.
(90) Nietzsche, Federico. Humano, demasiado humano. Bedout, Medellín, 1982, p. 294.
(91) Nietzsche, Federico. Así hablaba Zaratustra. Bedout, Medellín, 1984, p. 182.
(92) Ibíd, p. 226.
(93) Nietzsche, Federico. Ecce Homo. Bedout, 1982, aforismo 288.
(94) Kierkegaard, Søren. El concepto de la angustia. Orbis, Barcelona, 1984, p. 19.
(95) Ibíd. Ver Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 168.
(96) Kierkegaard, Søren. De interpretatione. Ver Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 171.
(97) Kierkegaard, Søren. El concepto de la angustia, p. 20.
(98) Kierkegaard, Søren. Diarios. Citado por Demetrio G. Rivero en El concepto de la angustia, p. 7.
(99) Kierkegaard, Søren. El concepto de la angustia, p. 68.
(100) Ibíd, p. 193.
(101) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 164.
(102) Kierkegaard, Søren. El concepto de la angustia, p. 66.
(103) Ibíd, p. 117.
(104) Abbagnano, Nicolás. Historia de la filosofía. Tomo iii, p. 163.
(105) Ibíd, iii, 176, 165.
(106) González, Fernando. «El retrato que me hizo Pepe Mexía». En: Salomé. Ediciones Autores Antioqueños, Medellín, 1984, vol. 3. (N. del E.)
(107) González, Fernando. «El republicanismo». En: El Espectador. Columna de opinión «La Universidad», n.º XII, circa 1919. (N. del E.)
(108) Vélez Correa, Jaime S. J.; Jaramillo Uribe, Jaime. «Proceso de la filosofía en Colombia». En: Revista Universidad de Antioquia, n.º 143, noviembre de 1960. Ver Fernando González visto por sí mismo.
(109) Esta frase no fue incluida en: González, Fernando. Arengas políticas. Universidad Pontificia Bolivariana, Nueva Colección Rojo y Negro, vol. 2, Medellín, abril de 1997. (N. del E.)
(110) Revista Acuarimántima, n.º 28, agosto de 1980, p. 26.
(111) Vélez Correa, Jaime S. J.; Jaramillo Uribe, Jaime. «Proceso de la filosofía en Colombia». En: Revista Universidad de Antioquia, n.º 143, noviembre de 1960, p. 929. Ver Fernando González visto por sí mismo.

Fuente:

Restrepo González, Alberto. Para leer a Fernando González. Editorial Universidad Pontificia Bolivariana / Universidad de San Buenaventura, Medellín, 1997, pp. 1-353. Número total de páginas: 827.

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